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  • Alessandra Schwarz
    Una Lágrima
    Y heme aquí, solo nuevamente. Oh Dios, como me pesa esta soledad y el frío de la noche penetra hasta mis huesos, pero esto es insignificante ante lo que mi corazón intenta soportar; que triste realidad. Si supieras, amada mía, como te extraño. Aún sigo sin entender el porqué de tu repentina partida, ¿hice algo malo? La duda me carcome por dentro.

    Ven a mí por favor, y explícame en qué he fallado, te juro que arreglaré mi defecto. Seré quien quiera que seas, me convertiré en lo que anhelas, pero vuelve a mi lado, princesa, te lo ruego, ¡no! Te lo suplico. Siento que cada minuto que pasa desfallezco sin tu presencia, ¿cómo hacerte entender que eres todo para mí? Oh, vamos, más evidente no puedo ser.

    Quizás, amor mío, si te doy algo volverás a mi lado. Nada material poseo, y en el estado en el que me encuentro, solo una lágrima te puedo regalar, espero, de todo corazón, que sea pago suficiente para que vuelvas a mi lado.

    Una lágrima, amada mía, una lágrima hambrienta de tu amor.
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  • Alessandra Schwarz
    Isabella


    De rodillas cayó en el frío suelo de su azulada habitación y cerró los ojos con desesperación en un intento de que sus lágrimas cesaran, ya no quería llorar más, quería que el dolor se detuviera. Un ligero temblor sacudió su espina dorsal y el recuerdo de lo que experimentó hace minutos quebró su corazón. Bella estaba destrozada. De golpe abrió sus orbes negros y con mucho esfuerzo se levantó del suelo, a paso lento caminó hacia el baño de su habitación. Necesitaba darse una ducha con urgencia, se sentía asqueada, se sentía sucia. Y así estaba. Cuando sus pies pisaron la ducha, cerró la cortina tras ella con lentitud y con la mano temblorosa abrió el grifo del agua.

    Bella sentía como el agua viajaba a gran velocidad sobre su cuerpo, empapando la ropa destrozada que portaba. Decidió quitársela, esta era un obstáculo para limpiar su blanquecino cuerpo, el cual ahora estaba adornado por múltiples heridas que le ocasionaron. Ahogó un gemido de dolor cuando las gotas de agua recorrían su cuerpo con frenesí, se sentía como agujas que atravesaban su piel sin compasión alguna, pero ese era un dolor insignificante comparado con lo que su alma estaba sintiendo.

    Agarró la esponja blanca que siempre usaba para limpiarse, le juntó un poco de jabón líquido y empezó a restregar su cuerpo. Lo hacía con brusquedad, sin importar que sus heridas palpitaran por el brusco tacto, sin importar cuánto dolía, Bella anhelaba con desesperación borrar de su cuerpo aquella repugnante esencia que tanto aborrecía. Necesita que con sus bruscas caricias desaparecía el dolor, que el agua se llevará lo que estaba sintiendo. Necesitaba borrar la sensación de como su piel fue tocada sin permiso alguno, de cómo se adentraron en su ser sin compasión alguna, necesitaba que el dolor desapareciera y que los recuerdos se extinguieran. Necesitaba borrar la esencia de su violación.

    Su cuerpo tembló con desesperación, y amargas lágrimas recorrían sus mejillas confundiéndose con el agua de la ducha; se sentía tan mal. Pero nada podía hacer para eliminar o cambiar lo que hace minutos vivió; era la cruda realidad y tendría que vivir con ello por siempre. Pero Bella se rehusaba a tal cosa.

    Cerró el grifo del agua, y las gotas que en su cuerpo permanecían caían sobre el suelo en su sonido sordo e insignificante. Agarró la toalla blanca que residía sobre la barra de metal y secó lo más que puedo su cuerpo. Las heridas no sangraban, pero el dolor seguía latente. Se tapó con la misma y con pasos torpes se colocó frente al espejo del baño, y miró su reflejo a través del mismo.

    Una mueca de tristeza atravesó su pálido rostro, Bella se veía tan mal. Apartó con delicadeza el cabello castaño que a su cara se había adherido gracias al agua y se miró con más atención. Pequeñas heridas decoraban sus mejillas y mentón, y sus orbes negros irradiaban una tristeza profunda e inalcanzable. Esa no era ella, Bella se caracterizaba por irradiar felicidad a todo hora y en todo lugar, una chica muy extrovertida y amable, ahora, la había convertido en su opuesto, una chica en la oscuridad perpetua.

    Pero no, ella no iba a permitir tal cosa. Ella no iba a permitir que la anterior Bella se transformara en algo tan deprimente. Con determinación e ignorando por momentos lo que estaba sintiendo, agarró las tijeras que yacían aun lado del lavamanos, su mano temblaba de miedo y su corazón latía desenfrenadamente; era la mejor opción, ella lo sabía. Era la solución para salvar a la Bella que siempre fue.

    Un mechón tras otro caía su sobre el lavamanos y piso, cubriendo ambos de su cabello castaño. Se cortó lo más que pudo, demasiado a decir verdad. El cabello que antes le llegaba por las caderas ahora rozaba su mandíbula, en capas irregulares. Se veía diferente sí, y quizás con un cambio de color nadie la reconocería, y esa era la idea.

    Quería que su antigua Bella quedara como un recuerdo hermoso, y no como algo doloroso. Ahora haría lo posible para no ser más lo que antes fue, cambiaría a más no poder para no recordar el inmenso dolor que le provocaba ser como antes. Esta sería la única manera de olvidar, sabiendo que lo que experimentó lo vivió su antigua Bella, no ella.

    Y esta ahora parecía ser una buena circunstancia para usar su nombre completo, el cual en momentos anteriores se rehusó a usar, pero esa era cosa de Bella y ya ella pertenecía al pasado.

    Ahora Isabella viviría el presente.
  • Alessandra Schwarz
    Falsa sonrisa

    Ella respira profundamente y posa en sus labios una sonrisa.

    Todos creen que es verdadera, llena de felicidad, pues sus hoyuelos están presentes en cada mejilla. Todos ven sus blancos dientes resplandecer, su cuidada dentadura resaltar, y por eso todos creen que es verdadera.

    Pero no, nadie parecer ver la realidad. Detrás de aquellos hoyuelos, detrás de aquella dentadura bien cuidada, hay una niña asustada.

    Nadie parecer ver que lo que ella muestra al mundo, es una mascara. Y que detrás de esa mascara se esconde la más profunda tristeza.

    Porque nadie se percata que aquella sonrisa, aquellos hoyuelos son y siempre serán falsos.
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  • Alessandra Schwarz
    No, no quería
    La tenue brisa pasa entre mis cabellos marrones, misma que acaricia suavemente mi rostro, es lo único que me digno a sentir, no, es lo único que puedo sentir.

    Me lo han robado.

    Mis ilusiones, mi esperanza, mi fe, mi amor, mi energía, mi corazón… ¿Quién se los ha llevado?
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    A mis oídos llegaron las palabras de la verdad. ¿Cuándo fue? Ah si, hace tres meses. Vaya, ¿cuánto tiempo se toman las personas para superar las situaciones y seguir adelante?
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    Nunca me hubiese imaginado que fingir fuese tan fácil, quizás deba estudiar actuación. Todos los días poso en mis labios una sonrisa, y nadie logra ver que detrás de esos hoyuelos que se forman en mis mejillas, detrás de esa blanca dentadura, hay una tristeza profunda. ¿Sorprendente, no? Si supieran a cuanta gente le sonrio…
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    Cada día que pasa, tengo presente el pensamiento de que quizás hubiese sido mejor no saber la verdad.
    Nadie me preguntó si yo quería saberla.
    Y no, yo no quería.
  • Alessandra Schwarz
    Corto, falto de descripción, pero nah, me gustó :3


    ¿Desearlo?

    Y ahí estaba de nuevo, como todas las mañanas, aquel sabor y sensación posada en mis rojizos labios, el anhelo y el deseo impregnando en mi ser y mi pálida piel. ¿Acaso esta tenue sensación nunca desaparecería? Y un rotundo no, obtenía como respuesta.

    Lo sabía perfectamente, y aun así seguía con este absurdo sentimiento. ¿Acaso no podré olvidar tu nombre? Si tan solo pudiera y quisiera hacerlo, todas aquellas sensaciones se esfumarían, sin titubear, sin pensarlo, sin remordimiento.

    Quizás todo era cuestión de desearlo, pero… Ni tu eres un genio, ni yo tengo una lámpara.
    a Kentaurus y Inu Rinne les gusta esto.