One-Shot The Last Tears.

Tema en 'FanFics Naruto' iniciado por MaraLu, 10 Mayo 2018.

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    MaraLu

    MaraLu Creador del tema Cemzoonita

    Acuario
    Bien, esta historia la subí al blog de la cuenta.

    Aclaraciones:
    -La historia trascurre entre el final de Naruto y el principio de Boruto, agregando unos cuantos años entre ambas historias.

    ~ ~ ~


    Primero de Septiembre, una fecha que se repite constantemente en el calendario. Primero de septiembre, una fecha que siempre estará grabada en el fondo de mi corazón por más que los alegres festejos intenten reemplazarle: No porque sea una fecha que me emocione, sino porque no se necesita ser un genio para comprender su significado.

    ¿Quién soy yo?
    Quizás no sea la pregunta más brillante, obviamente muchos dirán que soy muy joven para comprender lo que a mí alrededor sucede: Lo dirán para protegerme, para intentar mitigar el dolor que cada primero de enero aflora en mis pensamientos.

    ¿Quién soy yo?
    Realmente no me siento muy seguro de la respuesta a aquella interrogante: Mamá dice que me cuestiono demasiado; Mi padrastro dice que me ahogo en un vaso de agua; Por lo que en ellos no puedo encontrar una respuesta…

    ¿Quién soy yo?
    Mis cabellos son pelirrubios, peculiarmente oscuros sin dejar de ser claros. Mis ojos llegan a dar miedo, o aquello pensaba cuando era niño por su color perlado. Mi piel es tan pálida que no importa que ropas utilice, nada podría darle brillo alguno, bueno, no es algo que me importe realmente.

    ¿Quién soy yo?
    Mi madre es Yamanaka Ino, mi padre es Hyuuga Neji: Y en estos momentos me preparo para ir a ver a mi progenitor en cementerio, como cada primero de enero…​

    Una puerta oscura se abrió de golpe, a lo que una hermosa mujer de cabellos rubios cenizas y brillantes ojos color jade entró sonrientemente a aquella habitación: Un muchacho con cabellos un poco más oscuro que los de ella, con perlados ojos grises le observaba un tanto avergonzado, en especial al mantener su mirada fija sobre el abultado vientre que aquella hermosa dama poseía.

    -Ryuu-chan, ¿Ya estás listo? –Preguntó la madre a su hijo, quien sólo logró negar para luego asentir- ¿Sucede algo, mi niño?

    -Es que… He ido muchas veces a ver a… -Poco a poco aquella hermosa dama se acercó a él y le entregó un sencillo ramo compuesto únicamente por narcisos azulados- ¿No vendrás tú conmigo, Oka-san?

    -Lo lamento, tengo una cita con Sakura-chan. –Ella sonrió al verle bufar por la nariz- Quiere ver qué tal se encuentra tu nuevo hermanito o hermanita: Tenten-san te está esperando afuera, ¿Por qué las haces esperar?

    -¿Nee-san viene con…? –Interrogó el muchacho un tanto exaltado antes de que su madre asintiese con tranquilidad- Pero: ¡Será algo muy incómodo ir solo! Nee-san y yo no nos llevamos bien y…

    Una amplia sonrisa se formó en el rostro de Yamanaka Ino al observar con detención a su primogénito: Su hijo era un buen muchacho, uno de corazón noble y reservado, demasiado consiente de lo que sucedía a su alrededor desde una edad muy temprana.

    Si se dejara el cabello más largo, podría disfrazarlo de princesa como cuando era bebé…” Se comentó divertida a lo que aquellos inquietantes ojos grises mantenían su mirada sobre ella, expectantes de una explicación.

    -Lo sé, por ello yo prefiero no ir. –Admitió risueñamente- Debo ir a la florería, la abuela no puede sola y con todo lo del bebé nuevo…

    -¿No quieres que use mis ojos para ver al bebé? Así podrías ir conmigo…

    -Sakura-chan me mataría, ¿No crees?

    -¿Era necesario que casaras? –Él rápidamente negó, con lo que procuró adelantar a su madre y caminar hacia la entrada- Entonces vagaré por la ciudad, para que estén todos tranquilos…

    -Ryuu-chan…

    -¡Matta nee, Oka-san!

    Ignorando los pasos que se aproximaban por el pasillo, aquel muchacho de rubios cabellos procuró salir corriendo en dirección contraria de aquella habitación, esquivando ágilmente a los sirvientes que parecían interesados en interponerse en su camino.

    Yamanaka Ino suspiró con resignación, en lo que la figura de su esposo se asomó al umbral de la puerta: Sai solamente era capaz de brindarle una comprensiva sonrisa.

    -¿Crees que alguna vez el pequeño Ryuu podrá aceptarme, Hime-chan?

    -Tiempo al tiempo: A las flores se las deja florecer a su propio ritmo. –Objetó ante el comprensivo mirar de su esposo- ¿Deberíamos pensar en algún nombre o esperamos a lo que Sakura nos tenga que decir?

    -Entiendo tus intenciones, pero… ¿Será buena idea que…?

    -Ryuu-chan estará bien.

    Yamanaka Ryuu se detuvo un poco antes de llegar a la salida de aquella gran mansión, su respiración estaba entrecortada, incluso algunas lágrimas habían caído por una de sus mejillas, por lo que debía de recuperar la compostura si es que deseaba finalmente poder salir de aquel lugar.

    Le molestaba el señor Sai.
    Le molestaba sus sonrisa comprensiva, su relajada manera de ver las cosas, su amable comportamiento. Le molestaba que él no tuviese alguna actitud negativa en su contra, que no le viese menos por ser el hijo de otro hombre, el primer hijo de su actual esposa: Le molestaba que no lo viese como un bastardo, sino como uno más del clan…

    -Tsk… Fantasma sonriente. -Volvió a bufar con sequedad una vez que logró secar sus lágrimas- ¿Por qué siempre busca dificultarme las cosas?

    Al empujar aquella gran puerta no pudo evitar cerrar los ojos. Habían dos mujeres a unos metros de la entrada: Una mujer mayor, con el cabello castaño atado en dos trenzas que caían cada una por uno de sus hombros, con unos profundo ojos color chocolates; Mientras que la otra era una muchacha de su misma edad, con el mismo tono en sus ojos, con una similar palidez que se había gravado en un tono de piel un poco más oscuro; Ambas vestidas de negro, al igual que él.

    -¿Estabas llorando de nuevo, Ryuu-kun? –Fue el saludo de su semejante, él solamente frunció el ceño con indignación- Eres un llorón.

    -¡Rosetta-chan! No saludes a tu hermano de aquella manera… -Le objetó con suavidad la mujer de las trenzas castañas- Ryuu-chan: ¿Cómo se encuentra?

    -Tenten-san, Nee-san… Yo… -Murmuró un tanto avergonzado antes de hacer una pequeña reverencia- ¡Lamento la demora! Oka-san me dio unas flores…

    -Oka-san y yo también tenemos flores… -Objetó su la joven Rosetta antes de mostrarle a su hermano el modesto ramo de lirios blancos que cargaba- Ryuu-kun…

    -Once años de lo mismo casi: Cada año es lo mismo desde que aprendieron a hablar… -Ambos hermanos bufaron al unísono, lo que en su rostro provocó una pequeña sonrisa- Hinata-chan vendrá a vernos esta tarde, Rosetta. Ryuu-chan: ¿Quisieras acompañarnos esta vez?

    -Eh… ¿No ocasionaré muchas molestias?

    -Oka-san: Ryuu-chan y yo no nos agradamos, además debe tener otros compromisos y…

    -Si preparo la comida favorita de ambos: ¿Podrán mantener las paces en lo que dura la visita de Naruto y Hinata? –Ambos bufaron con sequedad- ¡Creo que ya saben que será su nuevo primo o prima!

    Ambos hermanos se observaron con una gran detención, después de todo a ninguno de ellos le agradaba la idea de culminar cenando calabazas hervidas: Pese al mes que les separaba de edad y al poseer diferentes madres, para infortunio de ambos sus actitudes y gustos eran muy similares, les gustaba pasear a solas y meditar en silencio; Incluso habían momentos en la academia donde sus caminos se cruzaban, por lo que decidían ignorarse descaradamente…

    Quizás mi Oka-san desea que me lleve mejor con mi hermana…” Murmuró para sí Yamanaka Ryuu, ignorando que en algún momento los tres habían comenzado a caminar en silencio en dirección al cementerio.

    -Ryuu-chan… -Le llamó la adulto entre ambos preadolescentes, el aludido solamente observó cómo su media hermana desviaba la mirada- ¿Cómo están las cosas en tu hogar? ¿Te adaptaste a la idea de ser un Nii-san?

    -No del todo, Tenten-san: Es molesto que el señor Sai siempre esté tan sonriente por aquellos lados, y espero que el bebé no vaya a ser muy molesto e ingenuo… -Comentó desganadamente antes de suspirar con resignación- Digo, cumpliré doce años y…

    -Ino-chan se casó hace cuatro años o algo así me parece… -En ese momento él frenó de golpe- ¿No estás feliz con ello?

    -No es eso, Tenten-san… -Objetó con sequedad- No quiero ser grosero, pero creo que aquello no es asunto suyo.

    -Tranquilo, Ryuu-chan: Oto-san también era reservado, por lo que no es necesario que digas más de lo necesario. –Declaró sonrientemente en lo que incluso Rosetta se había volteado a observarle detenidamente- Bueno… ¿Quieren que les hable de Oto-san cuando lleguemos a mi casa?

    -Lee-san dice que era un genio, Oka-san…

    -¿Un genio? Y si era tan listo. –Comenzó a murmurar el joven Yamanaka- ¿Por qué se murió?

    Sin medir sus palabras, ni sus acciones, Ryuu arrojó con brusquedad las flores de su madre al suelo y procuró salir corriendo nuevamente en dirección contraria con la mayor rapidez que le permitieron sus pies.

    Nunca antes había sentido tanto pesar al ver el sonriente rostro de la madre de su media hermana, mucho menos al enfrentar en soledad los acusadores ojos de su hermana mayor, odiaba sentir su silencioso rencor, su evidente desprecio, pero más el dolor que le causaba su existencia:
    Si no hubiese nacido, Hyuuga Neji sería recordado más como un héroe…” comenzó a repetirse una y otra vez, mientras poco a poco perdía de vista a la verdadera familia de su progenitor.

    No obstante ambas kunoichis le observaban detenidamente.

    -Ryuu-chan es sólo un bebé llorón, Oka-san… -Objetó Rosetta antes de volver su mirada hacia el cielo- Ryuu-chan aún no es capaz de alzar el vuelo…

    -Rosetta, no seas tan dura con tu hermano… -Le advirtió dulcemente su progenitora, mientras que con sumo cuidado procuraba recoger las flores que Yamanaka Ino le había enviado al difunto: Entre ellas encontró una rara flor áster lavanda con una nota atada en su tallo- Rosetta-chan, ¿Sabes que significan las flores de áster?

    -No, me escapé de aquella clase…

    -“Lo siento…” –La penetrante mirada de la primogénita del clan Hyuuga no hizo más que forzarle a sonreír- Esta pequeña flor es para nosotras, Rosetta-chan…

    -Ya veo… -Murmuró la susodicha indiferentemente antes de suspirar con desgano- ¿Deseas que vaya por Ryuu-chan, Oka-san?

    -No, Oto-san está esperándonos. –Madre e hija se sonrieron brevemente- Luego Ryuu-chan podrá ir a verle más tranquilamente: Espero que no le pase nada…

    -Ryuu-chan estará bien, madre: Hanabi-san detuvo la cacería del Souke hacia nosotros; Hanabi-san eliminó al Souke y al Bouke, las ramas del clan… -Ambas suspiraron aliviadas- Ryuu-chan estará bien…

    -Eso espero… ¿Me ayudarás a preparar los Onigiris, Rosetta-chan? Necesitaré mucha ayuda…

    -Ok, pero primero veamos a Oto-san…

    Cuando finalmente el joven Ryuu se detuvo en medio de un extenso bosque: No estaba seguro de haber cruzado las grandes puertas de Konoha, mucho menos de que si se encontraba en alguna de las zonas de entrenamiento o el bosque del clan Nara, tan sólo podía correr.

    Lo único que sabía era que se encontraba solo en medio un denso bosque, en donde lo único que se escuchaban eran los modestos piares de pequeñas aves: Refugiados en sus nidos en espera de que alguno de sus progenitores regresara.

    -Es triste… -Escuchó a una voz murmurar en los alrededores, a lo que él procuró adquirir una posición defensiva- Este pichuelo esperará de más...

    -¡¿Quién está allí?! –Exclamó él secamente antes de ver un pequeño nido que por poco estaba por destruirse- ¿Rosetta Nee-san? ¿Te estás burlado de mí nuevamente?

    Ansiosamente él intentó realizar algunos sellos con sus manos, pero por más posiciones que adquiriesen sus manos el Byakugan no lograba activarse. Con lo que solamente consiguió molestarse aún más a sí mismo: Nunca había podido utilizar técnica alguna como su padre, lo que volvía al blanquecino de sus ojos un mero adorno, razón por la cual se había resignado a especializarse en las técnicas del clan Yamanaka.

    ¿Para qué tenía sentido el tener un poderoso dojutsu si es que no era capaz de utilizarlo como se le diese la gana ni mucho menos para defenderse?

    -¿Quién está allí? –Volvió a exclamar con sequedad. Antes de crear un Genjutsu de sí mismo en donde se encontraba y procurar esconderse entre un arbusto cercano al nido.

    -¿Por qué intentas engañarme, Ryuu-chan?

    Un extraño escalofrío recorrió su espalda como una paternal caricia con lo que nerviosamente él cerró sus ojos para imaginar que estaba en un lugar mejor: Oculto entre las hortensias del jardín de la mansión Yamanaka, esperando a que alguno de sus amigos encontrara su escondite o se alejara lo suficiente para poder ganar un juego.

    -¿Por qué te estás escondiendo de mí?

    -Ni siquiera sé cuál es su identidad…

    -¿Te ocultaste de aquella manera cuando descubriste la verdad?

    Ni siquiera aquellas palabras iban a forzarle a abandonar su escondite, por más que aquello lo destruyese por dentro: Sus Genjutsus eran de los mejores, no había manera de que alguien pudiese encontrarlo tan fácilmente de ver a su copia confundido en los alrededores, incluso podía hacerlo huir para despistar a sus enemigos.

    Había sido previo a su octavo cumpleaños, un mes antes de que su amada progenitora le informara del compromiso a matrimonio con ese sujeto pálido de nombre Sai. Por algún motivo había entrado al cuarto de su madre: Algo había olvidado en aquel lugar, algo importante de por sí, pero todo aquello quedó en el olvido cuando escuchó la voz de Yamakana Ino imponiéndose al silencio.

    -¡Cállense! –Exclamó con sequedad, en lo que uno de los pequeños espejos que su madre utilizaba para delinearse los ojos caía rodando al suelo- ¡Ryuu-chan es mío! ¡Él es mí bebé! ¡No voy a compartirlo con nadie! ¡Él es mío!

    -Ino-san, por favor: No he venido a llevarme a su hijo… -Aquella fue la comprensiva voz de Hyuuga Hanabi- Realmente admiro su dedicación, me tomó toda su vida descubrir aquel genjutsu que has utilizado: Muy ingeniosa, si Rosetta-chan no hubiese visto a…

    -¡Cállate! ¡Ryuu-chan es mío, de mi clan! ¡Él es un Yamanaka!

    -¡Pero si aquello no es lo que estoy diciendo! –Escuchó objetar a Hyuuga Hanabi entretanto el joven Yamanaka se agachaba para tomar aquel pequeño espejo entre sus manos- ¡Te juro que no permitiré que nada le suceda! ¡Confía en mí!

    -¡El que tu hayas perdido a tu hijo no significa que yo cederé al mío, Hyuuga Hanabi!

    Un estruendo resonó por todas las paredes en el mismo instante en que el joven Ryuu había logrado tomar entre sus manos aquel modesto objeto de su madre. Su reflejo era el mismo que había visto desde la primera vez, no obstante en lo que el eco de un golpe logró silenciarse a sí mismo, poco a poco el color aguamarina de sus ojos comenzó a desvanecerse.

    La franja verdusca que su madre decía tanto adorar de sus ojos se desvaneció en cosas de segundos, a lo que sus iris perdieron sus colores y adquirieron un frío tono marmolineo: Gritó de temor y de horror, mientras que las primeras lágrimas de dolor caían por un sendero desconocido; Gritó a viva voz, llamó a su madre, a su abuela, a quien fuese que pudiese explicarle el color de sus iris…

    “¡Ryuu-chan!” Exclamó su madre una vez entró a su habitación, quien con su mejilla enrojecida se detuvo en silencio al ver el blanquecino en su rostro. Ambos permanecieron inmóviles, hasta que Hyuuga Hanabi apareció en el umbral de la puerta: Con su cabello corto hasta los hombros, sujetos con una pequeña cola de caballo; Una sonrisa cálida y unos ojos sombríos.

    -Ella, sus ojos… Los míos…

    -Acaso… ¿Acaso Ryuu-chan no lo sabía? –Fue todo lo que aquella intrusa logró murmurar.

    -Mamá… -Los ojos de su madre se llenaron en lágrimas, mientras que sus piernas le impedían dar paso alguno para consolar a su vástago- ¿Por qué…?

    -Ryuu-chan…

    Al ver que aquella mujer estaba por pronunciar palabra alguna, él solamente arrojó el espejo a donde pudo y procuró salir por la ventana sin importarle que estuviese cerrada: Si sus ojos eran diferentes todo cambiaría y no era algo que estuviese dispuesto a aceptar.

    Por lo que corrió, creó burdas copias de sí mismo y se ocultó donde mejor pudo…

    Ningún adulto logró encontrarlo aquel día, pero alguien más si pudo…​

    Pero en su realidad era diferente: Ya no tenía diez años, sus Genjutsu y su Taijutsu habían mejorado completamente con lo que lograba rivalizar con sus compañeros más grandes, incluso había logrado engañar a sus maestros más despistados; Ya no culpaba a su madre por ocultarle el secreto de sus ojos; Mucho menos al confirmar que el tío Sai-san no era su progenitor, por más que le agradase el que tantas veces le haya regalado pergaminos y tintas para colorear en las festividades.

    ¿Entonces de qué se estaba ocultando en ese momento?

    -¿Tienes miedo?

    -¡Te equivocas! –Exclamó con fuerzas, logrando que el eco ocultase su posición- ¡Da la cara, cobarde!

    -Aún con tus ojos no eres capaz de verme… ¿Cierto?

    -Tsk… No tengo por qué hablar contigo.

    -¿Qué es aquello que te molesta?

    -Ni quiera te conozco y quieres que te hable de mi vida. –La ironía en su rostro le forzó a sonreír desde su escondite- Solamente déjame solo.

    -¿Tienes problemas con tu familia?

    -¡No hable como si me conociera! –Objetó indignado sin salir de su escondite- ¡Pese a lo que las personas crean mi madre es una de las mejores personas que existen en este mundo!

    -Entonces, supongo que te molesta compartirla…

    -¡Deja de hablar como si me conocieras! –Objetó mientras que sus ojos involuntariamente comenzaban a llenarse de lágrimas- ¡Déjame solo!

    -¿Cómo es la relación con tu padre?

    -Tsk… ¿Qué relación? –Aclaró secamente antes de bufar- ¿Cómo podría alguien poseer relación alguna con un muerto? Yo soy un Yamanaka, nada más.

    -¿Estás seguro de ello?

    -¿Por qué dudaría de ello? Mi madre me crio sola, con ayuda de mi abuela… -Luego de ello, él procuró secar sus lágrimas- Además de que Tenten-san siempre, desde que la conozco, ha dicho que a los muertos hay que dejarlos descansar en paz.

    -¿Cómo es tu relación con aquella ‘Tenten-san’?

    -¿Por qué le interesa aquello? Ni siquiera me conoce… -Declaró secamente antes de bufar nuevamente- Ella es buena conmigo, pero sé que sólo finge. Y no la culparía realmente: Es el estigma que debo cargar, después de todo soy un bastardo…

    -Eres muy duro contigo mismo…

    Más que generar un pensamiento crítico que pudiese remediar su pesimismo, aquellas palabras solamente le forzaron a levantarse y a lanzar varias agujas en todas las direcciones antes de llegar al centro del claro.

    Nuevamente estaba llorando: Perdiendo el insignificante autocontrol que por herencia había recibido de su madre; Actuando inconscientemente sin importar a quien podría lastimar en aquel infantil arrebato.

    -¡¿Acaso no ha visto como todos me observan?! –Exclamó con todas sus fuerzas, golpeando el suelo con sus piernas como si nuevamente fuese un niño pequeño- ¿¡Acaso no oyes sus murmullos!? ¡Si yo no hubiese nacido la vida de mi madre había sido mejor, no la apuntarían como lo hicieron cuando yo era niño! ¡MUCHO MENOS cuando se supo quién era mi padre! ¡No tendría que ver el dolor en Tenten-san cuando me observa! ¡No tendría la molesta mirada de Rosetta Onee-san sobre mis hombros!

    -Guardas mucho rencor en tu interior…

    “Rencor…” Murmuro poco antes de golpear el suelo contra sus pies.
    Ya no lo soportaba, hacía varios años que sus lágrimas no reflejaban ni dolor ni pena: Detestaba la mirada que de los demás recibía; El dolor y recelo que en otros generaba; La carga que lo había estigmatizado desde que descubrió el secreto de su madre.

    El día en que su mundo se vio ensombrecido por su desalmada y fría mirada…

    -¡¿En qué demonios pensaba mi padre?! –Exclamó con gran sequedad- ¡¿Por qué no pensó en Tenten-san, en Rosetta-chan?! ¡¿Qué tenía en la cabeza cuando…?!

    Un estruendo logró intimidarlo y, en lo que una sombra procuraba abandonar su refugio tras un arbusto, una aguja de hierro ya se estaba encaminando a su corazón: Era un ave, no una muy grande ni muy pequeña, pero de igual manera cayó sin vida a los pies del encolerizado Yamanaka.

    Sus lágrimas cambiaron de rencor a un gran pesar.
    Aquella ave podía ser un padre, un padre cuyo hijo se encontraba esperándolo en el nido a que le entregase el calor, la protección y el alimento para poder crecer: Aquella ave era su propio padre, inútil, moribundo, mientras que él era el pequeño polluelo que esperaba…

    -Papá… -Sus piernas flaquearon y solamente sus brazos pudieron impedirle que cayese sobre el difunto animal. Las lombrices reptaban agradecidas hacia el interior de la tierra, mientras que eran sus lágrimas las únicas que lloraban al difunto- ¿Por qué tenías que morir?

    Ryuu, aquel muchacho de albinos ojos, cabellos dorados opacos y piel sumamente clara, heredero del poderoso clan Yamanaka y de sus poderosas técnicas mentales, amado hijo de su madre y, por algún motivo, consentido de su padrastro…

    Finalmente él, Yamanaka Ryuu, Hyuuga Yamanaka Ryuu, era capaz de llorar a su propio padre: No con rencor, ni mucho menos con recelo, sino con un dolor que solamente aquel hombre hubiese podido llenar en su vida.

    -¿Por qué?

    Nerviosamente logró tomar a la difunta ave entre sus manos, observando con detención la mortal herida que él mismo le había causado a ella, como al polluelo que alimento esperaba en alguno de los nidos que le rodeaban.

    Recordó brevemente la historia que Hyuuga Hanabi le había contado de la última guerra ninja: El cómo su padre había muerto en la batalla, tratando de proteger a su familia; Los festivales conmemorativos que se realizaban para todas las víctimas de aquel conflicto; Y el vacío que había sentido en aquellas desganadas palabras…

    Todos moriremos algún día…” fue su respuesta y el final de dicha discusión…

    -¿Por qué tenías que hacerme esto? –Objetó, más para sí mismo que para el ave que en sus manos se encontraba: Permitiéndose por primera vez en su vida el extrañar a su progenitor- ¿Por qué no te das cuenta de que te necesito, papá?

    Una gentil caricia en su espalda logró despertarlo de su lastimera posición, con lo que aquel confundido muchacho sólo se giró lentamente para observar a quien fuese el extraño que intentase consolarlo: Sus cabellos eran castaños, demasiado largos para su gusto, algunos mechones caían frente a sus orejas con delicadeza. Sus ojos eran grises en un rostro sereno, fino, y un tanto femenino si se ignoraba aquella firme barbilla y una frente despejada. Sus ropas eran en gran medida de color blanco, con una especie de falda negro grisáceo a juego con su calzado.

    -Ryuu-chan…

    -Eh… ¡¿Padre?! –Exclamó nerviosamente antes de voltearse rápidamente, para soltar accidentalmente al ave que en sus manos poseía para poder alejarse un par de pasos de aquel ¿fantasma?- ¿¡Q…?! ¡¿Qué estás haciendo aquí?! ¡Tienes que ir con Tenten-san y Rosetta Nee-san!

    -¿Por qué? ¿Acaso no decías necesitarme? –Y, además de secar sus lágrimas, Yamanaka Ryuu aprovechó para refregarse los ojos- ¿Podría irme luego de todo lo que escuché?

    -Tsk… ¡Yo sólo fui un accidente! ¡VE CON ELLAS! –Exclamó con fuerzas, imponiéndose con tanta fuerza como había visto a su madre tratar a su padrino, Nara Shikamaru- ¡Tenten-san estará tan feliz de verte nuevamente! ¡Rosetta-san también lo estará! ¡Vamos a buscarlas! De seguro ella y…

    -¿Y qué hay de ti? ¿Realmente crees que no importas?

    -Tenten-san decía que no eras muy hablador. –Objetó secamente antes de cruzar sus brazos con una gran desconfianza- ¿Por qué tantas preguntas?

    -No se necesita ser un genio para ver qué estás mal…

    -Pues si eres tan listo… ¿Por qué moriste?

    -Para salvar a un amigo. –Declaró secamente a lo que ambos se observaron con suma detención, en ese momento él sonrió- ¿Me odias?

    El silencio que se formó entre ambos no logró más que incomodar al joven Ryuu: Habría deseado responder un inminente y definitorio ‘sí’; Empero aquel no era lo que realmente cruzaba por su cabeza al ver detenidamente a aquel extraño.
    Después de todo: ¿Cómo podría conocer a un difunto?

    -No me interesa si el estar con mi madre fue algo pasajero, ni los rumores de que te gustaban tu prima… -Admitió nerviosamente antes de suspirar con desgano- Pero… ¿Por qué pierdes tu tiempo con alguien como yo, cuando tienes a una familia esperando por ti en el otro lado de este lugar?

    -No creo que Tenten posea sentimiento alguno en tu contra, ella siempre había adorado a los niños… -El joven Ryuu solamente suspiró con resignación- Quizás no hay mucho que decir, quizás no hay un comienzo o un final apropiado para todo lo que sucedió: Ya no necesitas llorarme más, puesto que estaré allí…

    -Hablas demasiado para ser mi padre.

    “No tendré otra oportunidad para decirlo, Ryuu-chan.” Ambos suspiraron con profundidad, antes de por primera vez él pudiese sentir los brazos de su progenitor rodeando su cuerpo: Un abrazo cálido, paternal, como el de un padre que parte a enfrentar su destino por última vez.

    Como los que muchas veces Sai había intentado ofrecerle las escasas veces que le había encontrado sollozante entre las hortensias de su amada madre…

    -Mí tiempo aquí fue breve…

    -Pero… ¡¿Y si necesito consejo?!

    -No sirvo para aquello.

    -¿¡No eras un genio!?

    -Estoy seguro de que encontrarás las respuestas tú mismo…

    Y tan rápido como apareció, Hyuuga Neji se marchó en forma de un ave hacia el cielo azulado, desvaneciéndose entre las copas de los árboles en el horizonte y sus nubes mientras que su único hijo lo observaba volar, mientras que una extraña sensación comenzaba a recorrer su rostro: Como si una mano invisible estuviese palpando su rostro entretanto su mirada se perdía entre las nubes sobre su cabeza.

    Todo se volvió oscuro en un instante y, en lo que dura un parpadeo, todo el paisaje a su alrededor sufrió un drástico cambio: Le dolía el rostro, incluso podía sentir el metálico olor de la sangre cayendo por su nariz, incluso podía sentir junto a sus pies un grueso tronco.

    -¿Todo fue un sueño? –Se dijo con sequedad poco antes de tocar el tronco con su pie: Sí, allí estaba- Espero que nadie haya…

    Al abrir los ojos y lograr enfocar su mirada él se percató de que una mano palpaba con gran detención el lado derecho de su rostro, mientras que su visión por su lado zurdo era bloqueada por unas cuantas hojas: Ante la brusquedad de aquella mano, él tardó en comprender lo que el dueño de aquellos dedos murmuraba.

    -…Orejas un tanto pequeñas, cejas finas, ojos grandes, nariz un poco más ancha y… sí es cabello fino, que sorpresa que sea tan suave… -Su rostro se entibieció unos instantes- Un olor a diversas flores… ¿Yamanaka Ryuu-kun?

    -¿Ah? –Aquella mano abandonó su rostro, brindándole espacio para que pudiese levantarse- ¿Cómo sabes quién soy? ¿Por qué me estabas tocando tanto?

    Al levantarse, él comprobó que se trataba una muchacha de su edad se encontraba de pie con unas cuantas lombrices en su mano zurda: Sus cabellos eran largos y de un color escarlata brillante, sus ojos de un esmeralda pálido y ausentes, ignorando a las hermosas mariposas y aves que sobrevolaban su cabeza, mientras que su piel irradiaba calidez; Vestida con sencillas ropas, un vestido abrigado con detalles en color crema y un abrigo color negro.

    -Tenías los ojos húmedos, ¿Estás bien Ryuu-kun?

    -¿Cómo sabes mi nombre, niña? ¿Quién eres?

    -Sé que Ryuu-kun es el hermano de Rosetta-san…

    -Tú… ¿Conoces a mi hermana? –Aquella ausente mirada se dirigió hacia su persona y luego se apartó: Como si ella no fuese capaz de verle- ¿Quién eres?

    -Rosetta-san es mi amiga, vivimos juntas…

    -¿Y cómo me conoces a mí?

    -Es verdad… Yo soy Kohana-chan. –Pero él negó- Pues… en ese caso: Soy Kohana-chan…

    -¿Kohana-chan? –La aludida asintió con suavidad, a lo que su mirada se dirigía a una rama cercana a la cima: En donde una pequeña ave piaba hambrienta- ¿Sólo Kohana-chan?

    -No realmente…

    -¿Cómo conoces a mi hermana?

    -Mi padre se volvió amigo de Tenten-san: Tenten-san siempre ha sido bienvenida al hogar de mi padre y de mí… -Murmuró serenamente sin apartar la mirada del cielo- Cuando Tenten-san necesitó ayuda, se mudó con mis padres: Rosetta-san nació primero, yo nací unos meses después, madre pereció por ello; Rosetta-san y yo nos criamos como hermanas, Tenten-san me cuidaba como si fuese su hija y mi padre cuidaba de Rosetta-san como si fuese mi hermana…

    -¿Tenten-san no vivía aquí cuando nació mi hermana?

    -Tenten-san debió de ocultarse luego de la guerra: No entiendo muy bien por qué, pero cuando llegó una carta de Hyuuga Hanabi-san… Ella y Rosetta-san se marcharon.

    Una nerviosa sonrisa se formó en su rostro al contemplar a aquella extraña desconocida: La tranquilizadora manera en la que hablaba, la ausencia que su posición denotaba, la serenidad con la que se mantenía de pie observando al cielo finalmente le hicieron disminuir la guardia que su aparición había generado en él; Pero no por ello sus preguntas se habían desvanecido…

    -¿Y cómo sabes mi nombre? ¿Mi descripción? Y… ¿Mi aroma?

    -Pues… -El silencio se mantuvo entre ambos jóvenes, con lo que rápidamente millares de interrogantes comenzaron a invadir los pensamientos del joven Ryuu- Hay un ave, un pequeño polluelo hambriento: ¿Me podrías ayudar a alimentarlo con mis gusanos?

    -¿¡Estás jugando conmigo!?

    -¿Eh? No, realmente yo no puedo ver en donde se encuentra el nido… -Confesó con nerviosismo poco antes de buscar a la pequeña ave en sus alrededores hasta brindarle un refugio entre sus manos- ¿Me podrías ayudar?

    “¿Habrá sido su ausente mirada? ¿La manera en que hablaba de sí misma? ¿El color de sus largos cabellos?” Al verle extender su diestra serenamente hacia él, Yamanaka Ryuu no se sintió capaz de rechazar su solicitud: Ignorando su instintiva desconfianza, le ofreció su diestra y se forzó a sí mismo a quedar al lado de aquella extraña.

    Kohana-chan le sonrió, en lo que lentamente un gran cúmulo de arena comenzó a agruparse debajo de sus pies, para luego alzarlos a ambos sin dificultad alguna en una gruesa nube de arena. “¿Dónde está el ave?” la pregunta tomó al joven desprevenido: El nido se encontraba a escasos tres metros frente a ellos, y el atemorizado polluelo guardaba silencio ante la visión de aquellos extraños humanos.

    -Está frente a nosotros, Kohana-chan, ¿No lo ves?

    -No realmente… -Inmediatamente una gran disculpa comenzó a formarse en sus labios, una respuesta que nunca abandonó su cuerpo al ver la serena sonrisa que ella le ofrecía- Ni siquiera logro distinguirme en un espejo: Pero puedo ver un poco tus rostros y tus ojos… Son lindos…

    -Ah… ¿Gracias?

    -¿Tengo que acercarme más, Ryuu-san?

    -No, si quieres podría yo acomodarlo…

    Tras acomodar al polluelo en su nido, Yamanaka Ryuu no pudo evitar sentirse en paz, mientras el polluelo continuaba piando agradecido, intentando ignorar el cómo aquella muchacha se recargaba en contra de su espalda para despedirse del animal para que ambos pudiesen regresar al suelo.

    -Ryuu-san… ¿Tú conoces el camino para regresar?

    -¿Estás perdida?

    -Estaba con Temari-sama… -Declaró con serenidad mientras la arena comenzaba a formar un pequeño recipiente en su espalda- Ella fue al baño y quería ver unas hojas que tenían forma de estrellas, traté de no alejarme mucho, pero el sol salió y no pude distinguir el camino: ¡Y pensé que si me internaba más en el bosque podría encontrar el camino de regreso al ya no haber tanto sol!

    -Eso no tiene sentido…

    “¡Lo tenía en su momento!”
    Ella comenzó a reír con tantas fuerzas que Yamanaka Ryuu no pudo evitar sonreír antes de comenzar la búsqueda de algún sendero sin éxito alguno. Sin embargo Kohara estaba muy tranquila, preguntándole sobre las flores que él conocía o sobre lo que se le viniese a sus pensamientos.

    Logrando transformar aquel desesperanzador instante en una aventura hasta que un grupo de Anbus guiados por Sai llegaron a rescatarlos antes del atardecer.

    Yamanaka Ryuu había cambiado desde ese momento.
    Comenzó a esforzarse más en su entrenamiento, pero para sorpresa de sus conocidos optó por no presentarse en los exámenes para poder volverse el guardaespaldas de Kohara, la hija del Kazekage: Siendo lo más duro el tener que despedirse de su madre y de su pequeño hermano.

    Kohara tenía una vida normal, limitada por su escaso rango de visión, pero era feliz con las escasas habilidades que su padre había logrado enseñarle. Disfrutaba acompañarle en sus visitas a su familia, especialmente cuando su madre aprovechaba de dejarlo a cargo de la florería.​

    Especialmente aquel primero de septiembre, catorce años después.
    Ambos hermanos Yamanaka trabajaban en sus arreglos, en lo que Kohara intentaba acomodar las flores cuyo olor más le gustaban: Ignorando la conversación que ellos mantenían.

    -Baka… -Inojin, su pequeño hermano le observó entre sorprendido y molesto: A lo que él le revolvió los cabellos llegando a desajustar su bandana- ¿Tantos problemas por mi pequeña prima?

    -¿¡Por qué hablas tan fuerte, Ryuu-san!?

    -No seas llorón, Ino-chan: Kohana no dirá nada… ¿Cierto, Hana-chan?

    -¿Ah? ¿Dijiste algo, Ryuu-kun?

    -Nada, Hana-chan… -Yamanaka Inojin suspiró con resignación- ¿Ves?

    -¡Onii-san! ¡No es tan simple! Ni siquiera me llevo tan bien con Boruto y…

    -Boruto es Boruto, Ino-chan… -Objetó con sequedad- Si te interesa Hima-chan deberías decírselo y listo: Puedo hacerte un arreglo, quizás distraer a Boruto si no me da pereza, para que hables con ella.

    -¿Y qué debería decirle? –Y sin que ambos se percatasen, Kohana caminó hacia ambos- ¡Tú aún no le dices nada a…!

    -Ino-chan es tan tierno, Ryuu-kun… -Intervino poco antes de arrodillarse frente al menor de los hermanos Yamanaka- ¿Cuánto crees que demoren tus padres, Ino-chan?

    -¿Eso qué tiene que ver con mi problema, Kohana-san?

    “Ryuu-kun fue directo…”
    Inmediatamente Inojin observó a su hermano mayor con detención, quien sólo fingió estirarse para luego levantarse con su ramo ásteres lavandas y botones de rosas mientras que su protegida palpaba las flores junto a ellos para tomar un girasol y entregárselo al joven.

    -Tenten-sama dijo que, como Hinata-sama está un poco enferma, iría con Rosetta-san y Hima-chan a ver al señor Hyuuga: ¿Te parecería ir con nosotros? –Comentó ella con serenidad- Quizás podrías hablar con Hima-chan a solas en el camino…

    -Pero… ¿Y Boruto?

    -Baka… ¿No dijiste que estaba en misión, Ino-chan? –Kohana rio con suavidad al ver el avergonzado asentir del joven enamorado- Bien, dudo que alguien más vaya a venir hoy y la hora se acerca…

    “Hana-chan, Ino-chan: ¿Vayamos a ver a mi Oto-san?”
    Pronunciar aquello cada vez se volvía más fácil junto a quienes más amaba.

    ~ ~ ~
    Si llegaron hasta aquí muchas gracias:
    Esta es una deuda pendiente que tengo hace años pero perdí la contraseña de mi cuenta ItaXD, de que haría un último fanfiction, aunque me he tardado bastante en hacerlo y me disculpo con las personas que lo habían esperado desde... 2014.

    Esta historia también la he subido a mi cuenta de wattpad:

    Actualmente no escribo Fanfics y ha sido interesante terminar esta historia.

    ¡Si tienen dudas, bienvenidos sean a preguntar!
    ¡Espero que les haya gustado!
     
    Última edición por un moderador: 10 Mayo 2018

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