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One-Shot Tú… Mi obsesión

Tema en 'FanFics de Inuyasha' iniciado por Samantha, 28 Septiembre 2016.

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  1.  
    Samantha

    Samantha Creador del tema Cemzoonita Seishun Gakuen

    Tauro
    Saludos, este one-shot, lo escribí hace un mes para un concurso de Fanficslandia, en ese concurso me tocó la pareja Naraku X Kikyo, como temática debía escribir algo referente al amor dañino.

    Titulo:
    Tú… Mi obsesión
    Fandom: Inuyasha.
    Pareja: NarakuXKikyo.
    Genero: Romance
    Clasificación: Rated: T (Adecuado para adolescentes de 13 años o más; con algo de violencia, lenguaje fuerte moderado y leve o sugerido contenido para adultos).

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    En una oscura y fría habitación se encontraba un hombre de cabello azabache, piel pálida y ojos negro… tan negros como la noche; su nombre era Naraku, el cual estaba parado en el ventanal fumándose un cigarrillo.


    Naraku era una persona que aparentemente lo tenía todo: una gran casa, varios autos último modelo, empresas regadas por el mundo, una esposa, dos hijas y muchas cosas más, prácticamente no le faltaba nada… pero no, le faltaba lo que más amaba, aquello que nunca pudo tener; su adorada Kikyo, la chica de la cual había estado enamorado toda su vida. Sí, tenía una esposa, pero sólo se había casado con ella por un maldito contrato que habían hecho sus padres; lo comprometieron sin su consentimiento y por eso tuvo que renunciar a su hermosa flor.


    Terminó de fumarse el cigarrillo para luego tomar las llaves de su lujoso auto y salir de la habitación, en casa no había mucho que hacer ya que su esposa e hijas estaban de viaje visitando a sus abuelos que vivían al norte de Japón, él no las había acompañado debido a que tenía mucho trabajo en su empresa.


    Encendió el coche y salió de la gran mansión, para dirigirse a algún lugar donde pudiera quitarse esos pensamientos que no lo habían dejado dormir ni concentrarse en el trabajo, desde que sus ojos volvieron a ver a esa mujer ya no había segundo que no pensara en ella… lo peor del caso es que ella estaba casada con ese hombre del que siempre estuvo enamorada; el tal Inuyasha o cara de perro como le solía decir en aquellos tiempos.


    Llegó al bar que solía frecuentar los sábados cuando quería pasar un rato agradable con sus amigos, que siempre venían a ese sitió lujoso, donde las luces eran tenues y la música daba un ambiente muy relajado. Se bajó del auto y se adentró al lugar, el cual estaba repleto de gente de todas las edades. Miró hacia los asientos exclusivos para ver si estaban sus amigos, pero al parecer hoy no vendrían, caminó hasta la barra y se sentó para luego pedir un whisky en las rocas.


    Estuvo un rato conversando con el barman hasta que una voz lo hizo voltear, su corazón empezó a latir a mil por horas, porque reconocía la voz de la persona… así estuviera borracho. Tragó el último sorbo del whisky para luego voltear y encontrarse con aquella mujer que se había adueñado de sus pensamientos y de su corazón.


    — ¿Eres Naraku? ¿Mi amigo de la preparatoria? —preguntó la chica con una sonrisa de medio lado.


    — ¿Por qué actúas como si no me conocieras? —sonrió de la misma forma que lo había hecho la morena.


    —Lo hago en modo de juego —le dijo.


    — ¿Tú, jugando... Desde cuándo?, tengo entendido que eres una mujer seria —le comentó el hombre— ¿Acaso tu marido te contagió su buen humor y jocosidad? —esto lo dijo con un poco de molestia, por lo que la mujer de ojos marrones se dio cuenta.


    —Mi marido no es un hombre jocoso o de buen humor, como dices; de hecho… es todo lo contrario, pero así lo amo —le explicó—, sólo quería saludarte ya que hace tiempo que no nos veíamos, y la última vez que te vi, estaba muy apurada y no pude saludarte —le siguió explicando.


    —Pues que te puedo decir de mí, mis empresas cada día se fortalecen más, Kagura y mis hijas también están muy bien, pero yo, yo no estoy bien… yo no dejo de pensarte, de soñar contigo… de mirar el pasado y pensar que pudo ser distinto —dijo con amargura.


    —Naraku, pensé que todo eso había quedado atrás, que ahora sólo me veías como una amiga… yo amo a Inuyasha y él me ama a mí… lo siento —le explicó para luego levantarse, pero él la tomó del brazo.


    —Espera, eso lo sé. ¿Él está aquí? —le preguntó, por lo cual ella asintió señalando hacia los asientos exclusivos donde estaba sentado un hombre de cabellera blanca y ojos amarillos, el cual degustaba una copa de vino y de vez en cuando miraba hacía donde estaban Naraku y Kikyo.


    — ¿Así que ese es el tal Inuyasha? —dijo frunciendo el seño—. Te quiero pedir algo, sé que te parecerá descabellado, pero necesito que me entiendas y comprendas —le decía suplicante.


    —A ver, ¿qué será? —preguntó en tono serio.


    —Pasa una noche conmigo, y te juro que no sabrás más de mí. —le propuso, mientras se acercaba más a ella para oler su perfume el cual lo traía loco desde hace rato. Sólo porque estaban en un lugar público se aguantaba las ganas que tenía de hacerla suya.


    —Te volviste loco, yo jamás le sería infiel a Inuyasha, es mi esposo al que siempre he respetado —aclaró un poco exaltada.


    —Si cambias de opinión, en esta tarjeta te dejo mi número de teléfono y la dirección de mi departamento, estaré allí esperando a que me llames —le dijo con una sonrisa de medio lado para luego despedirse con un beso en la mejilla. Cosa que no le gustó al esposo de la morena quien veía la escena desde su lugar, por lo cual decidió acercarse.


    —¿Se puede saber por qué ese tipo te dio un beso en la mejilla? —le reclamó su esposo Inuyasha.


    —No te sulfures, sólo se despidió al estilo occidental, es Naraku mi amigo, te lo comenté hace rato, vamos a nuestro lugar —le comentó en tono tranquilo, aunque estaba muy nerviosa, esa proposición no le había desagradado del todo; de hecho, sentía algo extraño que recorría su cuerpo ¿sería excitación?


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    En el departamento de Naraku, el hombre se encontraba sentado en el gran sofá que estaba a un lado de la chimenea ubicada específicamente en la sala de estar, sostenía una copa de vino mientras sonreía de manera pícara debido a los pensamientos que se le venían a la cabeza con cierta morena. Abrió los ojos al escuchar el timbre, dejó la copa a un lado, en una pequeña mesa que se encontraba a su derecha, se levantó caminó hasta la puerta.


    Nadie iba a ese departamento, ni siquiera su esposa, él sólo se quedaba cuando necesitaba estar un momento a solas, así que quien tocaba la puerta sólo podría ser su amada Kikyo. Abrió la puerta y efectivamente era ella, quien lo miraba con un semblante serio, se hizo a un lado y la dejó pasar, ella caminó hasta la sala y allí se quedó parada esperando al hombre.


    —Parece que consideraste mi propuesta —le dijo mientras la abrazaba por detrás para besar su cuello, objetivo que no se cumplió porque ella se separó de él al instante.


    —Nada de eso, sólo vine a dejarte bien en claro las cosas —aclaró—. Mira tengo un matrimonio feliz, tengo un hijo y un trabajo del cual no me quejo, no quiero nada más en mi vida que ser feliz con mi familia… amo a mi esposo y no voy a traicionarlo para calmar la obsesión de un hombre que nunca ha podido superar el pasado… lo siento, no estoy dispuesta a lo que pediste; sólo puedo ofrecerte mi amistad —Explicó la mujer.


    —¿Así que crees que mi amor por ti es una obsesión?, te equivocas —contestó para después acariciar el rostro de la mujer— yo siempre te he amado —acto seguido, tomó su rostro y la besó de manera apasionada.


    La mujer intentó soltarse, pero fue inútil, él era más fuerte que ella. Seguía poniendo resistencia, pero al cabo de unos segundos ya estaba correspondiendo el beso, ese demandante beso que le estaba gustando y que le hacía querer más. La recostó en el sofá para luego posicionarse entre las piernas de la morena, se seguían besando como si de ello dependiera su vida, pero el fuerte sonido de un pito que aparentemente era una alarma lo hizo reaccionar… y en un instante se vio acostado en la cama que compartía con su esposa Kagura, la cual estaba durmiendo a su lado.


    —No es posible —susurró— esto no me puede estar pasando otra vez —volvió a susurrar para levantarse.


    —¿Estás bien amor? —preguntó la mujer quien también se había despertado por el sonido de la alarma, la cual sonaba a las dos de la mañana... Siempre olvidaba quitarla.


    —Sí, estoy bien, sólo fue la estúpida alarma que me asustó, sigue durmiendo… cariño —le contestó para luego sentarse en una silla que estaba al lado de la ventana.


    Por más que lo había intentado, nunca se había podido sacar de la cabeza a Kikyo, ella se convirtió en un imposible que ha permanecido por años en sus pensamientos, aquello que nunca pudiste obtener y que te frustró, ¿una obsesión?, ¿una enfermedad?, ¿o un amor que te va dañando poco a poco?, por mucho tiempo había tenido horas sin dormir debido a que esto siempre le taladraba en la cabeza. Definitivamente esto era algo que tenía que acabar, por su bien, sino pronto terminaría en un psiquiátrico. Se levantó de la silla y se volvió a acostar, pero esta vez abrazo a su esposa para ver si dejaba de soñar con la morena.

    FIN.
     

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