1. Invitado La navidad llego a Cz, ¿Por que no vas a visitar la choza de Santa Cooz?
  2. Invitado ¿Puedes jugar sin repetir palabra?
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  3. Invitado ¿Por que no derribas a un que otro adversario con una bola de nieve?
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  4. Invitado Faltando tan solo unas pocas horas para navidad, alguien a quien no le gusta esta festividad, decidió sorprender a santa, raptarlo, atarlo y robar los regalos que llevaba consigo.
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  5. Invitado Esta vez el grinch esta en CemZoo y quiere tener su propio arbol para ponerlo en su casa pero no quiere cualquiera, tiene que ser creativo y unico el cual escogerá.
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Drabble Solamente un herrero.

Tema en 'Más Fanfics' iniciado por Zyan Rose, 12 Junio 2016.

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    Zyan Rose

    Zyan Rose Creador del tema Equipo administrativo Critico Colaborador de Concursos

    Virgo
    Hola queridas lectoras! Bueno está vez traigo un Drabble fuera de lo común y un personaje muy gracioso de la serie. Esperó que les guste y ya saben cualquier crítica es bien recibida. Y es para el desafío del Anciano Totousai, se me pasaron las palabras pero… bueno espero que sea del agrado de la lectora.

    Saludos.

    Desclaimer:Los personajes y escenarios de InuYasha, pertenecen únicamente a Rumiko Takahashi.

    Solamente un herrero.

    Él para toda la familia Taisho y para otros varios youkai, él solamente era un herrero. Lo buscaban para que les forjara las más poderosas armas que hallasen existido. Traían a sus pies enormes colmillos o extremidades de otros demonios, le exigían que fueran los más invencibles.

    Suspiró tristemente… ¿Cuándo sería el día en que lo vieran como Toutosai y no como el Herrero?

    Tampoco recordaba qué el poderoso InuTaisho hubiera tenido un trato exactamente agradable. Había llegado, furioso y herido seguramente por una batalla qué había librado.

    —Anciano Toutosai… mi nombre es InuTaisho, señor de las Tierras del Oeste y he venido a pedirte que forjes para mí dos espadas.

    El anciano le miró con aquellos grandes ojos que tenía, escuchó a lo lejos a su vaca mugir. Se rascó su calva cabeza por unos instantes y miró directamente al hombre que tenía frente suyo.

    —No puedo hacerlo—fue lo único.

    —Escúchame bien anciano, forjaras para mí estos colmillos te guste o no… a menos que quieras morir—el poderoso Inu youkai sacó de su funda una poderosa espada que por obvias razones asustaron al anciano.

    — ¡Está bien! ¡Está bien!—gritó atemorizado—Necesito dos colmillos de una bestia para poder forjar las espadas que me pides… ¿Has traído alguno?.

    —He decidido qué serán mis propios colmillos los que te entregaré… serán dos espadas. Una será para mi hijo mayor Sesshomaru y la otra será para InuYasha.

    —Entiendo…

    Vio cómo el youkai desprendía con facilidad los colmillos de su boca; al desprenderlos de su forma humana. Sobre sus manos aparecieron dos enormes colmillos de un Inu youkai. Toutosai sin esfuerzo cargó; ambos calcios y los depositó en la hoguera.

    —Gracias—dijo el hombre—Sé que estoy por morir y este es el regalo que quiero dejarle a mis hijos.

    Toutosai no conocía al forastero, pero con sus siguientes visitas hasta el último día en el cuál los colmillos fueron forjados. InuTaisho agradeció fervientemente el trabajo del herrero.

    En manos del Inu, ahora se encontraba Tenseiga y Tessaiga, sabía perfectamente qué cada espada estaba destinada a sus hijos.

    —Gracias querido amigo—sonrió el Inu—Tengo que irme, entrégale estas espadas a mis hijos cuándo sea el momento. La familia Taisho está en deuda contigo.

    De una esfera de luz, desapareció volando en el aire y de ahí un pequeño saco con oro en las manos de Toutosai.

    Años después…

    Para él… Sesshomaru era la viva imagen de su padre… aunque sabía de antemano que esa personalidad sanguinaria era de su madre. Por eso mismo Tenseiga brilló fuertemente, esa espada estaba destinada para él.

    Y a sabiendas que el youkai quería robar a Tessaiga por más poder decidió ocultarla en el último lugar dónde podría encontrarla.

    E InuYasha para él, no era más que un cabeza hueca con un buen corazón.

    —Qué hijos tienes… amigo—dijo al cielo el anciano, mientras rascaba su trasero e iba al interior de la cueva dónde dormía.
     

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