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One-Shot Salir

Tema en 'Escritos originales' iniciado por The Void, 17 Abril 2017.

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    The Void
    • Posteador Supremo

    The Void Creador del tema Cemzoonita

    Leo
    Este es un cuento que escribí hace ya un tiempo, espero lo disfruten.



    Salir.


    Son poco mas de las tres de la tarde y el calor de esta ciudad poco a poco logra volverme loco, no sé cómo he soportado tanto tiempo viviendo aquí y juro que a la primera oportunidad que tenga me iré a un lugar donde el clima sea más fresco, esa es la promesa de cada mañana, mudarme de esta ciudad de mierda donde vivo y hallar un sitio donde nadie conozca mi nombre, un sitio donde no sea el perdedor que soy, donde pueda fingir ser alguien mas, donde no haga un calor tan asqueroso como este. Puedo sentir el sudor en mis axilas superando la capa de desodorante, fundiéndose en una masa desagradable que es atrapada por mi camisa y que se secará en una costra asquerosa la cual nunca jamás abandonará la tela.


    Siento un ligero dolor de estomago, es hambre, recuerdo que llevo todo el día vagando y que no he comido nada así que entro al bar y pido un café, no llenará mi estomago, lo sé, pero mantendrá entretenidas a mis entrañas mientras llego a casa e invento algo con las sobras del día anterior.

    -Quizá debería comprarme un sándwich- Pienso por un segundo, pero luego recuerdo que salí de casa con el dinero justo y de calmar mi hambre tendría que caminar hasta mi hogar, ¡y lo haría! Si tan solo no estuviera haciendo este maldito calor asfixiante que se mezcla con el hambre y me hace odiar esta ciudad más y más.


    En la zona de fumadores saco un cigarrillo y aprovecho la soledad de la tarde para garabatear algunos dibujos en mi libreta, pero parece que la inspiración me elude porque no logro hacer nada que valga la pena, escribo tres frases en una servilleta y la dejo con la esperanza que alguien la encuentre, la lea y se ofenda (o por lo menos se ría) pero recuerdo que mi sentido del humor no es para todo el mundo así que, arrepintiéndome de lo escrito, recojo la servilleta, me limpio la nariz con ella y la dejo en un cenicero. Sigue haciendo calor.


    Salgo del bar con dos pesos menos en el bolsillo y habiendo hecho suficiente tiempo como para que sea tarde, ya no quiero ni puedo hacer lo que debía, no a esta hora, igual, solo salí a estirar las piernas. El papeleo, el papeleo era una excusa para levantar el trasero de mi sillón y respirar el tóxico aire de la ciudad, ciudad por la cual ahora camino sin rumbo como uno de esos zombies que tanto están de moda, de esos que están muertos por dentro.





    Paso por la parada de autobuses y me fijo en el que está a punto de salir, veo que de tomarlo me llevaría a donde se supone tenía que ir pero como ya lo dije no lo haré, no estoy dispuesto a pasar el resto de mi tarde haciendo papeleo y de cualquier modo tengo que dejar ese trámite para otro día, hoy el tiempo no es mi amigo. El autobús sale hacia el sur y yo lo ignoro aliviado de no tener que llenar formas y hacer filas, miro hacia ambos lados y cruzo la calle y ya del otro lado enciendo un cigarrillo. Inhalar, exhalar y envenenarse, hay todo un arte en esto de suicidarse lentamente.

    -Tal vez me de cáncer y termine gastándome mis ahorros en quimio.- Pienso en eso y me rio, voy tan distraído que ni me fijo en el tipo que viene de frente y choca conmigo, yo pido disculpas como un estúpido, el me mira como basura, y mientras se aleja observo cómo se acomoda su traje y ese gesto me hace pensar en “X”, “X” el rey de los patanes, “X” el gran deshecho humano, “X” el único hombre que conozco que a pesar de tener una vida miserable se ufana de ello y se viste con ropa cara para aparentar algo que no es. “X”, como odio a ese infeliz, lo odio desde la primaria y supongo que lo odiaré hasta el día que uno de los dos muera… Odio su desfachatez, odio sus mentiras, odio sus promesas vacías y sobre todo odio su pose de político y el hecho que cada que nos vemos me habla de lo mismo, de cómo el seguro el debe millones por una lesión de trabajo, de cómo su nueva novia no llena el vacío de su primer gran amor, de lo bien que le va como trabajador independiente vendiendo productos chinos ¡Que sarta de mentiras!, “X” por favor muérete pronto a ver si algún día dejo de odiarte.

    Estoy sudando y no sé si es por el calor o por lo que pienso, me siento en una banca mientras el cigarrillo quema mis dedos, apesto.


    El cielo está despejado, es una linda tarde en la estación que más odio, el viento sopla pero mi garganta está seca y en mi desesperación enciendo otro cigarrillo; un grupo de escolares pasa frente a mí y me miran, puedo notarlo, soy el mal ejemplo, soy la idea con la que toda madre sufre, el solo pensar que su retoño acabe como yo debe ponerle los pelos de punta, y si, fue en el colegio donde me eché a perder, en medio de los castigos, las tareas y las escapadas al estacionamiento para jugar cartas y apostar el dinero del almuerzo. Recuerdo que “X” siempre se hacía el duro y nos insultaba, siempre altanero y pedante tratando de tomar el liderazgo, haciéndonos meter en problemas con la directora quien, finalmente, se hartó de nosotros y nos expulsó; no mas castigos, ni tareas, ni escapadas al estacionamiento, pero por sobre todo no más películas en la clase de salud que hablaban de la reproducción humana y te dejaban pensado que ya sabes muy bien como es la mecánica del sexo por las revistas que le has robado a tu padre. El viejo mete saca, si solo la profesora hubiera sabido cuantas veces me masturbé pensando en ella, imaginándola en las poses que veía en esas sucias revistas de seguro habría rezado su buen Ave María, la muy santurrona, pero para mí, para mi ella era un zorra sucia que merecía ser castigada, siempre quise golpear ese hermoso rostro de porcelana mientras la clavaba y que ella suplicara por mas.


    Me pongo de pié y voy a una cafetería, pido una cerveza para calmar la sed, el amargo sabor me hace olvida que estamos a casi cuarenta grados y me saca por un segundo de mis pensamientos. Cuento las monedas, tres pesos menos en mi bolsillo.


    Recibo una llamada de “G”, me pregunta donde estoy y si podemos vernos, noto preocupación en su voz y pregunto si le pasa algo, ella me esquiva, así que le digo donde estoy, que estoy en la cafetería de la avenida que hay tras la iglesia del parque, me dice que llegará en cinco minutos, se demora quince. “G” trae los ojos aguados y me siento tentado a preguntar qué le pasa pero sé que igual no me lo dirá, no por ahora, posiblemente esté así por el estúpido de su novio, tal vez, como cosa rara, la haya engañado de nuevo y por eso ahora ella solo quiera a alguien que la acompañe sin hacer preguntas, soy bueno en eso, ella habla de cosas triviales y luego pregunta por mi día, nota que me pierdo en mis pensamientos de vez en cuando así que insiste en saber qué me pasa, le cuento todo, le cuento sobre el colegio, sobre “X”, sobre la profesora de salud y me doy cuenta de su interés en esa ultima parte, me confiesa que mis pensamientos la calientan y yo bromeo sobre llevarla a la cama pero sé que no pasará, como dice un amigo mío, ahí no va a haber desnudez.


    “G” sigue sentada junto a mí con ganas de llorar y yo solo pienso en todo lo que le haría en la cama.

    -Si solo me hubieras elegido a mi…- Pienso y me quedo mirando sus labios pintados de un rojo seductor que desentona con sus ojos hinchados, ella sabe en que pienso, se muerde los labios como si quisiera decírmelo todo y no pudiera, la escucho murmurar el nombre de su novio y le pregunto si está bien, me cambia el tema me pide que le hable más sobre el colegio, de mi amarga experiencia dentro de esas paredes donde se suponía todos debíamos ser amigos, por lo menos esa era la fantasía de la directora. Que la escuela fuera nuestro hogar y nuestros compañeros fueran como hermanos, que nos quisiéramos y respetáramos como esa basura que se ve en los seriados gringos de adolescentes de secundaria, estúpidos programas poco realistas donde el matón de curso nunca magulló a golpes a un pobre diablo que se había cansado de ser una víctima, ¿Dónde quedan la humillación y el sabor a derrota? Yo solo veo a niños bonitos con familias bonitas que parecen salidos de un comercial de mantequilla, familias perfectas donde el padre hace gala de su sabiduría en consignas que el joven lleva al colegio y con las cuales se resuelven todos los problemas, todos aprenden una lección y ya, es todo, fin del episodio. “G” se ríe, piensa que lo del comercial de mantequilla es lo más gracioso que ha escuchado en días y me agradece por estar ahí sin hacer preguntas, la cafetería está a punto de cerrar, hemos hablado por horas y ya no hace tanto calor.



    Caminamos por la avenida, me siento algo culpable por haberme aprovechado de ella y su tristeza para no pagar las cervezas, el alcohol se nos ha subido a la cabeza y queremos festejas mas, me echo la mano al bolsillo y cuento las monedas que me quedan, cinco pesos, lo justo para volver a casa. Me siento patético y “G” logra adivinarlo, ella me conoce hace buen tiempo, sabe que soy un paranoico y que salgo de casa con poco dinero por si alguien intenta robarme sienta que perdió el “trabajo”, igual nadie me ha robado en cinco años pero nunca se puede ser lo suficientemente precavido. “G” me toma del brazo y me arrastra a un bar, pide una botella de tequila y me mira con ojos suplicantes, se que está por explotar, debe decirlo todo, toma el primer shot y se deshace en llanto, ya no puede callarlo más, su novio ha vuelto a engañarla, el muy bastardo de seguro cree que “G” lo perdonará de nuevo y lo peor es que estoy seguro que así será, la pobre no tiene el estomago para dejarlo, está muy asustada de la soledad.


    -Si solo me hubieras elegido a mi…-

    Creí haberlo pensado pero esas palabras se escaparon de mis labios llenas de lástima e impulsadas por el licor, “G” sonríe y me besa, sabe que es un error pero me besa, sabe que en la mañana dirá que es culpa del alcohol pero me besa, sabe que terminará deshaciéndose en lagrimas y disculpas pero me besa y me toma de la mano, me lleva al baño y pone el seguro en la puerta, se quita la blusa y puedo ver sus senos perfectos atrapados en un sostén azul y lo único en lo que puedo pensar es en que no he comido, tengo hambre, el mundo me da vueltas y mis manos tiemblan pero no hay nada que pueda hacer, no puedo echarme para atrás, no ahora, he esperado esto mucho tiempo, beso las constelaciones que forman sus lunares aunque sea un error, beso sus labios y sus pezones aunque sea un error, me meto dentro de su piel aunque sea un error; mañana tendré tiempo de disculparme pero hoy ella es mía, halo de su cabello y puedo sentir como sus quejidos se van ahogando con la música del bar, tengo suerte. Afuera se ha hecho una fila pero no nos importa, nos tomaremos nuestro tiempo, esta noche ninguno volverá a casa.
     

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