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Long-fic Prostitua [SasuHina]

Tema en 'FanFics Naruto' iniciado por Zyan Rose, 26 Mayo 2016.

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  1.  
    Zyan Rose

    Zyan Rose Creador del tema Equipo administrativo Critico Colaborador de Concursos

    Virgo
    Hola a todos!

    Bueno vengo de regreso con un nuevo proyecto que estuve pensando muchísimo tiempo, ocurrió después de muchos pensamientos abstractos en mis horas de ocio. Normalmente eso es raro pero inmediatamente apareció y empecé a divagar, imaginando la historia hasta plasmarla en palabras y traerlas para ustedes.

    No les interrumpo más y los dejo comenzar a leer está nueva historia.

    ADVERTENCIA: Contenido para jóvenes mayores de 16 y 18 años. Lenguaje adulto y contenido sexual.

    Desclaimer: Los personajes de Naruto pertenecen a Masashi Kishimoto

    Prólogo.

    —¡Maldición Hinata!—exclamó totalmente cabreado el morocho mientras aceleraba el automóvil.

    Se pasaba los altos y escuchaba los pitazos de otros autos que se veían violentados por la velocidad del porche negro del Uchiha. Miraba su reloj, media noche y ni rastro de esa chica rara y tímida.

    Vio como el radar de velocidad aumentaba a cada minuto, llegando a los 500 km/h y seguía pasándose los altos. Miró como en segundos por poco y choca contra otro conductor, que del lado invertido tenía el avance y él el alto.

    —¡Fíjate maldito!—le gritó el automovilista, asustado, pero también molesto por el casi choque.

    El morocho siguió avanzando, aparcó el auto de forma incorrecta, esperaba de cierta forma que no se lo llevará la grua, cuando regresará, inmediatamente bajó y miró la dirección que tenía escrita en el papel. Gruñó y decidió entrar, armado.

    De un portazo abrió el enorme portón de madera de caoba y pudo apreciarla, su corazón desbocado se aceleró más al ver el estado de la morena, ella le sonreía moribunda, con lágrimas en los ojos, ropa hecha añicos, ella desnuda y machacada, se podía mirar desde lejos un enorme hematoma en su pómulo izquierdo, sus senos bellos, redondos y blancos como la leche se apreciaban amoratados, con marcas de dedos y en su abdomen varios rasguños.

    Ella estaba abierta de piernas, temblando, con sangre en su intimidad, su trasero impregnado con la sangre que había escurrido de sus partes.

    —S-Sasuke-kun—dijo ella entrecortadamente para empezar a combulsionarse en un paro cardiaco.

    —¡Hinata!—gritó desesperado el joven morocho.

    Corrió hasta ella, ignorando el peligro que había dentro de ese sitio horrible, no notaba que alguien miraba la desesperación del Uchiha por salvar a la prostituta.

    —Vaya, vaya pero si es el poderoso hijo de Fugaku Uchiha—escuchó desde las sombras una malévola risa que le calaba la piel en furia.

    —Tú—

    Capítulo I. Desconocida





    •​

    Maldito día, maldito sea Naruto, maldito sea Itachi, maldito sea su padre y malditos sean todos, gruñía totalmente corroído por la furia que sentía crecer en su interior, su amigo lo hacía rabiar en la maldita Universidad y su padre y hermano se dedicaban a hacerle la vida imposible en Uchiha Corps. Odiaba profundamente tener que seguir reglas y tradiciones estúpidas que solamente el Clan Uchiha seguía conservando desde la era Edo hacía ya bastantes miles de años atrás en el Japón rural. Aceleró y escuchó el motor de su auto rugir fuertemente y con velocidad alta mientras miraba las nocturnas calles de la ciudad.

    La parte trasera del automóvil era un desastre total, tenía su mochila desperdigada y había olvidado cerrarla, causando que sus libretas, libros, bolígrafos cayeran a la alfombra. Su maletín lleno de documentos de la compañía estaban de la misma forma.

    Solo quería llegar a casa y olvidarse de todo lo sucedido en todo el día, maldito día, maldito martes para variar, día trece de una tarde de noviembre. Se detuvo entre la calle de "Coral" y "Road Must" estaba el semáforo en rojo, esperaba impacientemente el verde para poder acelerar y llegar de una vez por todas a su departamento.

    Por una milésima de segundo, casi mataba a alguien.

    —¡Carajo!—exclamó molesto, inmediatamente bajó el cristal para poder gritarle una buena maldición al idiota que se pasó corriendo la calle en medio del cruce de los autos.

    Cerró la boca en cuanto supo que ese malnacido era en realidad una joven, curiosamente raro ya que eran horas altas de la noche y una joven vestida así no daba buenas vibras. Gruñó molesto, escuchaba el piteo de los autos que se encontraban detrás de él, algunos lo rodeaban molestos por detener su trayecto, otros seguían insistiendo.

    La joven lo miró, los ojos cristalinos de ella le miraron, después se desvaneció en el piso, mientras seguían los claxon sonando insistentes.

    — ¡Mierda!—salió del auto, para tomar a la mujer en brazos.

    Abrió los ojos, lentamente, al principio le costó abrirlos y acostumbrarse a la potente luz que caía en su rostro, sintió latir furiosamente su corazón pensando en aquel horrible lugar. Inmediatamente, abrió los ojos ignorando que le molestaba la luz y se levantó de golpe de dónde quiera que estaba recostada, se desoriento al ver el lugar, un hermoso lugar.

    — ¿D-dónde e-estoy?—se preguntó a sí misma, mientras seguía mirando el bello lugar.

    Eran paredes de color crema, con un techo blanco y una alfombra llegándole al naranja o café claro, unos muebles que combinaban con el tono de la pared, unos bellos sofás en un color beige bastante lujosos, una mesa de cristal pequeña de centro en dónde se hallaban varios documentos apilados, varios bolígrafos y una taza posiblemente de café vacía.

    En la esquina del lugar se encontraba una enorme plasma sobre un mueble de madera clara, un componente de audio y un típico teatro en casa. Al lado del mueble se encontraba una planta en forma de palmera pequeña; finalmente una ventana del tamaño del cuerpo de un humano, que daba a una pequeña terraza y se podía apreciar la bella vista de la ciudad por la noche.

    Miraba atentamente todo el lugar, era un palacio, sonrió tristemente, ¿dónde estaba? No tenía idea pero aún así no estaba segura, tenía que huir lo más pronto posible de ahí, la iban a encontrar. Escuchó como una puerta se abría, se puso inmediatamente a la defensiva; no tenía nada con que protegerse.

    Al abrirse la puerta del fondo de la casa salió bastante vapor, y una figura masculina, bien formada, unos músculos notables pero no exagerados, torneados y un abdomen envidiable. Piel morena, ella tragó duro. ¿La habían comprado de nuevo por una noche? Pidió a su dios que no fuera así, retrocedió hasta pegarse con la mesita del centro.

    —Vaya así que despertaste—escuchó una ronca voz, y se sobresalto.

    —S-sí—fue lo único que alcanzo a contestar, mientras miraba al joven moverse, sentía la piel erizarse de miedo.

    —Cálmate no te haré nada—la ignoró mientras secaba su cabello, pequeñas gotas escurrían por su pecho dándole un toque totalmente sensual a la vista de cualquier mujer menos para ella.

    El joven la ignoró y ella se quedó parada en medio de la sala.

    Minutos después regresó el moreno con una camiseta blanca y unas bermudas de color azul marino. Andaba descalzo y la toalla estaba en su cuello, miró indiferentemente a la chica que parecía seguir a la defensiva, fue a la cocina y preparó unas cuantas cosas.

    —Toma—le ofreció una taza llena de café caliente a la joven, ella dudo en recibirla pero finalmente lo hizo al no encontrar en la mirada del chico alguna otra intensión. Sasuke se sentó en el sofá en frente de ella mirándola—¿Quién eres?—preguntó él determinadamente, miraba como la chica se reconfortaba con el líquido caliente.

    Ella dudo en contestar, miró como se quedaba de pie y titubeaba, miraba como sus labios se despegaban para hablar constantes veces y luego volver a cerrarse.

    —H-Hinata—respondió finalmente, mirando en otra dirección, ese joven le causaba miedo, en cualquier momento podría hacerle algo.

    —Siéntate—ordenó él, ella obedeció y siguió tomando el café.

    —¿Qué te paso? ¿Qué hacías corriendo en medio de la calle sin fijarte si quiera que ibas a ser atropellada?—recriminó el joven, él por lo general no era un hombre de palabra, siempre contestaba monótonamente con palabras bastante cortantes a veces de una sola sílaba. Miró como la chica se tensaba y clavaba la vista en el contenido de la taza que tenía entre sus manos, la piel se le erizaba y temblaba.

    —T-tengo que irme—dijo ella, queriendo evitar a toda costa estar ahí.

    —No—interiormente se sorprendió al darle esa respuesta a la joven, ella se sorprendió y pareció sopesar más la situación.

    Miró detenidamente los rasgos de la chica, se apreciaban unas grandes ojeras marcadas en su blanco rostro, ropa bastante insinuante a la vista masculina, casi inexistente, llevaba una falda de color negro, que al sentarse dejaba ver la ropa interior igualmente casi inexistente que la chica llevaba puesta, unas enormes zapatillas de plataforma con tacos bastante altos. Una blusa que se amarraba al cuello y podía apreciar que los senos de la joven estaban al descubierto sin un sostén bajo la tela morada. Llevaba exceso de maquillaje, no era fea, sin embargo era una exageración tanta sombra, esos labios tan rojos y demasiado delineador en el rostro. Su cabello largo, de color azulado amarrado en una alta coleta y en sus orejas llevaba unas grandes arracadas… entonces cayó en la cuenta después de hacer esa pequeña descripción que era… una prostituta.

    ¡Genial! Había traído a su casa una cualquiera, una mujerzuela, con razón le urgía irse si no sería castigada.

    —Puedes irte cuando quieras—dijo el morocho molesto consigo mismo por haberla traído, pudo perfectamente dejarla a su suerte.

    Pero entonces también cayó en la cuenta de que… esa mujer escapaba de alguien, pudo notar como un par de hombres se quedaron mirando su auto en cuanto él subió a la chica en la parte del copiloto y después arrancó. ¡Adelante! Que se las arreglara como ella pudiera, ella había decidido vivir así, ahora que enfrentara sus propias consecuencias, echarla era sencillo. La vida se encargaría de ella.

    Ella asintió, se levantó nuevamente débil del sofá y vio como se le tambalearon sus piernas, se desplomó nuevamente sobre el suelo.

    ¡Maldito martes trece! Se dijo así mismo mientras volvía a tener a esa mujer entre sus brazos… no iba a dejarla en la calle… ¿o sí? ¡No! Sasuke Uchiha no era un patán. Resignado por sus valores éticos la llevó al único cuarto habitable para personas en su departamento, tenía otros cuartos para huéspedes pero estaban las camas sin sábanas, y cosas para que alguien pudiera dormir en ellos. Su cuarto.

    La depositó un poco brusco en la cama y miró detenidamente el cuerpo de la joven, estaba magullada, marcas verdosas en sus entrepiernas que seguro fuero moretones causados por… bueno olvídenlo. Iba a llamar a Sakura para que viniera a ayudarle con la chica, para cambiarla, ¡No seas tonto Uchiha! Si llamaba a la pelirosa iba a malinterpretar las cosas. Descartó a varias chicas que conocía ya que todas pensarían lo mismo: Sasuke Uchiha quería sexo.

    —Maldita mi vida—se dijo así mismo, no era que le diera pena ver un cuerpo femenino desnudo pero no sabía si era buena idea tocar a la chica aquella.

    Primeramente se resignó, volvió a maldecir su vida, y después fue a su clóset a buscar alguna camiseta y un pantalón para la joven y poder cambiarla. Paso dos, desvestirla, hizo el proceso más rápido de lo que pudo, sintiendo cosquilleo en las manos al tener que tocarla, miró su cuerpo era perfecto. Bello, sorprendido de que no estuviera deteriorado por la profesión de la joven; unos grandes pero no exagerados pechos aunque notó los moratones marcados por los chupetones hechos a fuerzas. Se compadeció de ella, se veía que la vida era dura para ella, trató no mirarla más, ignoró todo y puso una camiseta blanca que le quedaba como camisón a la chica. Luego sacó de golpazo los tacos y la diminuta falda, vaya denigración para esa chica. Ahora si se sonrojó.

    —Como si nunca hubieras visto esta clase de ropa—se incriminó él mientras miraba el diminuto tanga de hilo dental que llevaba la chica. No quiso ver más y rápidamente le colocó el pantalón, era uno muy justo que tenía que ya no le quedaba pero que al parecer a ella si. Se conformó con eso.

    —Miserable es mi vida—suspiró mientras la acomodaba en la cama, la metía entre las sábanas y la dejaba ahí. Sacó de su mismo closet unas cobijas y de la gran cama que la fémina usaba tomó una de las dos almohadas y salía a la sala.

    Abrió lentamente sus ojos, el cuerpo le dolía un poco, asimilo en dónde estaba; en una habitación blanca en su totalidad, el piso era de losetas de color negro. Al frente de donde ella estaba acostada vio un closet de color blanco pintado a pintura de aceite. Al lado de la cama igual un buró negro brilloso en dónde descansaba un reloj y una lámpara.

    Se removió aún entre las cobijas, estaba bastante cómoda entre ellas, ya no recordaba la última vez que había dormido en una cama decente. Siempre terminaba dormitando y esperaba a que los "clientes" se quedaran dormidos para ella poder tomar el dinero e irse. Suspiró nostálgica, muchas cosas que añoraba.

    Decidió que era hora de dar las gracias e irse, estaba segura de que no tardarían mucho tiempo en encontrarla.

    Salió de entre las sábanas y noto que algo andaba raro, ella no traía su ropa… o bueno su intento de ropa. Se miró y traía una enorme camiseta blanca que le llegaba a las rodillas y unas bermudas que le quedaban más o menos bien en color azul marino. Se sonrojó a más no poder, aquel chico la había visto desnuda… ¿le habría hecho algo en su desmayo? ¿habrá abusado de ella? Muchas preguntas acudieron a su mente mientras se quedaba tensa en medio de la habitación.

    La sacaron de su transe hasta que escuchó como se abría la puerta de la recamara, se tensó nuevamente y esperó encontrarse con aquel joven moreno de oscuros ojos como los ónix. En vez de encontrarlo a él bajo el marco de la puerta vio a una simpática mujer madura de al menos unos 57 años llegando a los 60. Casi en la entrada de la tercera edad, era pequeña de estatura, más aún que ella, de un cabello canosillo contrastando con su negro levantado en un chongo. Una cara amigable y unos ojos de color verde. Piel morena.

    —Buenos días pequeña—habló dulcemente la mujer mientras la saludaba—El joven Uchiha, me ha pedido que le de desayunar y le ayude a comprar algunas prendas—

    —G-gracias—ella misma no sabía que pretendía aquel hombre comprándole ropa y dejándola en su casa, sóla y con una anciana que parecía más su nana que la ama de llaves de la casa.

    La mujer solamente le sonrió amablemente, y empezó a quitar las ropas de la cama para empezar a tenderla nuevamente, sacudió, tendió y acomodo las grandes pero realmente cómodas almohadas en su lugar.

    Hinata solo miraba atentamente, seguía nerviosa.

    —¿P-puedo usar el b-baño?—preguntó la joven. La mujer simplemente sonrió y asintió con una cabezada.

    La joven entró al bello baño que se cargaba aquel joven raro, este tenía azulejos en color azul claro; un piso tan blanco con detalles grabados, una enorme tina y al mismo tiempo una regadera, un bello retrete y sus cosas acomodadas perfectamente, en el pasamanos habían toallas colgadas y dobladas perfectas. Todo era perfecto.

    Pasados unos minutos después de haber terminado con su naturaleza, regresó al lado de la anciana que había terminado de acomodar el bello cuarto del chico.

    —Venga niña, come algo—dijo la mujer mientras la conducía al comedor, la verdad la casa no dejaba de asombrar a la chica, para ser un departamento parecía una mansión. El comedor era pequeño para seis personas de cristal y altas sillas en cojines blancos. Se sentó a la mesa y la mujer rápidamente fue a la cocina y regresó con:

    Un plato de huevos revueltos con jamón, ensalada de atún con galletas, un gran baso de jugo de naranja, pan tostado con mermelada de fresa y mantequilla y un plato con ensalada de frutas.

    —E-es demasiado para mí—dijo tímidamente la joven mientras se sonrojaba y jugueteaba con sus dedos al mirar el desayuno.

    —¡Tonterías! Nunca es suficiente para una chica en desarrollo—anunció la mujer y le entregó los cubiertos—Cuando termines búscame en la cocina, estaré preparando la comida para cuando regresé el joven—

    La joven suspiró y no le quedo más de otra que comer, se dio cuenta que en realidad tenía hambre y sed al ver toda la comida devorada por ella y los trastes vacíos. Levantó todo de la mesa y fue en busca de la señora, llegó pronto a la cocina y miró, era pequeña pero bastante amplia para tres o cuatro personas. Había un refrigerador, un fregadero, estufa, anaqueles con víveres. Olió el exquisito aroma que se desprendía de una olla y fue a verla, era un cocido lechoso blanco pero delicioso.

    —Me alegro de que te hayas comido todo, niña—dijo la mujer que salía detrás del refrigerador tras cerrarlo y sacar unas verduras para picarlas—Deja tus trastes en el lava trastes de favor, en unos momentos estoy contigo. Me tomé la libertad de irte a comprar un poco de ropa mientras dormías, las prendas tuyas no son apropiadas para que una señorita ande en la calle así. Podrás encontrarlas en la recamara de huéspedes que también me tomé la libertad de acondicionar para ti, así que bueno, adelante, estás en tu casa—dijo amable la señora y empezó a picar las espinacas en finas julianas chinas.

    Ella sonrió, estaba agradecida con la hospitalidad que le estaban dando en esa casa y ni siquiera conocía a esas personas, ese joven le había tendido su mano. Pero tendría que agradecerle por todo lo que le habían dado, sin embargo, ella tenía que irse, la iban a encontrar e iban a matar.

    Escuchaba monótonamente su clase, miraba a Azuma explicar detalladamente la ecuación, haciendo cálculos, los cerebritos le ayudaban a resolver la operación siendo que él rápidamente lo había hecho. Era tan aburrido estar aguantando una hora de Matemáticas avanzadas siendo que él tenía bastante conocimiento como gerente en la empresa, gruñó en silencio al saber que inmediatamente tendría que ir a comer a su departamento y después regresar a Uchiha Corporation y estar encerrado lo que resta de la tarde entre papeles. Documentos a firmas, visitas inesperadas de su padre y hermano, sus sermones, recordó que hoy tenía dos juntas con la familia Hyuuga para establecer un acuerdo de alianza para que sus productos se fueran a la cima.

    Uchiha Corporation y Hyuuga Manor eran grandes corporaciones en la economía textil de Japón, tenían también otras pequeñas franquicias. El ejemplo de que Mikoto Uchiha era una reconocida diseñadora de modas en todo el planeta y sus prendas eran demasiado solicitadas. Los Hyuuga habían introducido al mercado comestible la carne nutritiva de soya que al parecer era un impacto total en la sociedad.

    —Señor Uchiha—llamó Azuma desde el frente del pizarrón—Tal vez podría decirnos cual es la solución final de la ecuación si no le molesta—le entregó en manos al moreno el gis, sin decir palabra alguna fue al frente y empezó a escribir.

    Usando la calculadora científica como apoyo, escribía y borraba operaciones, sus admiradoras miraban maravilladas las cifras que él escribía. Después de un largo proceso resolvió la ecuación y escribió el resultado, también dibujo una gráfica para ubicar los puntos que deseaban encontrar, Azuma sin decir nada asintió con la cabeza.

    No era necesario poner en ridículo al muchacho ya que él se perdía en su mundo pero cuando era amonestado por él, resolvía correctamente todo.

    Sasuke regresó a su asiento en la parte trasera del aula al lado de Naruto que se encontraba totalmente dormido, con un hilillo de saliva colgando de sus labios, frente a él se sentaba el geniecillo Hyuuga que a su parecer le caía en la punta del hígado ese afeminado. Le decía así gracias a que Neji traía una larga cabellera que llegaba seguramente unos centímetros antes de su trasero.

    Al toque de la campana que anunciaba el fin de la jornada de clases, tomó su mochila, guardó su libreta y sus demás materiales.

    —¡Sasuke-kun!—tragó amargo, trato de no poner su cara de mofe y sacó su más neutral cara frente a la fémina.

    —¿Qué quieres Sakura?—preguntó directo, frío, indiferente, se colgó la mochila al hombro dispuesto a largarse de ahí y dejar a la pelirrosa hablando sola.

    —Me preguntaba si hoy podemos jugar—dijo ella seductora mientras se abría un botón de su blusa.

    El morocho solamente suspiro cansinamente, él jamás, jamás en su vida poseería como mujer a esa… dejémoslo mejor así.

    —No—dijo escuetamente empezando a caminar fuera del salón.

    —¡Sasuke-kun! ¡Qué malo eres con tu novia!—exclamó como niña pequeña la chica de ojos color jade. El intentó no gritarle en la cara, contenía su furia.

    ¡Haruno odiosa! Esa mujer se había autoproclamado la novia oficial de Sasuke Uchiha ante media Universidad, amenazando a cualquier chica que intentará acercarse o hablar con él, la ahuyentaba posesivamente, maniaca.

    —Te he dicho miles de veces, Sakura, que no eres mi novia—dijo él por fin ignorándola, caminando lentamente hasta las escaleras que lo llevarían hacía el jardín de la escuela. Sintió un sobre peso en su cuello.

    —Mo! Eres muy malo con tu novia Sasuke-kun—

    —¡Déjame en paz Sakura!—exclamó molesto, quitando el agarre de la chica de su cuello. Y dejó atrás a la drámatica de la joven que pretendía llorar por su frialdad para con ella.

    Se fue al estacionamiento por su automóvil.

    -
    Levantó la mirada al escuchar la puerta abrirse, entro por la puerta Oboe-san y detrás de la anciana se encontraba aquella chica, miró fríamente a la joven, sin embargo, no pudo evitar mirarla de pies a cabeza…

    Esa chica si mal no recordaba se llamaba Hinata, pero algo en ella le decía que podría conocerla… que tonto, nunca la había visto. Llevaba unos jeans entubados de mezclilla en un color azul llegándole al negro, una blusa lila sin mangas con grandes holanes de adorno en el pecho y los botones. Llevaba su cabello suelto, adornado con una diadema del mismo color que la blusa. Unos tenis converse en color negro y un leve casi inexistente maquillaje que la hacía resaltar maravillosamente.

    Se le veía sonrojada, podría ser que esa joven era agradable, ya que no era como todas las demás que se la pasaban detrás de él y de su miembro viril en busca de meterse en su cama.

    —Buenas tardes joven Sasuke—dijo amablemente la anciana—Ahora mismo le sirvo—

    El Uchiha asintió y se quedo en silencio al lado de la joven.

    —G-gracias por todo—dijo sonrojada la chica evitando mirarle a la cara—P-pero tengo que irme—

    Sasuke asintió, una molestia menos. La chica salió en silencio del departamento.

    — ¡Ayúdenme!—el moreno corrió escaleras abajo para alcanzar a esa molesta chica, ella era llevada por dos hombres a la fuerza para meterla dentro de un automóvil

    Fin Capítulo
     
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  2.  
    Hiyuki

    Hiyuki Cemzoonita Estudiante escuela de edición

    Géminis
    Es el primer fic acá y lo primero que pensé fue… wow jajaja todo está muy impresionante desde un principio.

    ¡Pobre Hinata! No me puedo imaginar que es lo que la llevo a esa situación T.T pero algún día sabremos porque ¿no? y me encanto tu descripción de Sasuke al salir del baño jajaja. Espero que lo continúes pronto ya que me dejaste con la intriga :D
     
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  3.  
    Zyan Rose

    Zyan Rose Creador del tema Equipo administrativo Critico Colaborador de Concursos

    Virgo
    Chapter 2: Rencilla

    Hola! Bueno la verdad estoy un poco molesta porque tuve que volver a escribir el capítulo siendo que ya lo tenía escrito.

    Desclaimer: Los personajes y escenarios de Naruto, pertenecen a Masashi Kishimoto.

    Capítulo II. Rencilla

    Tenía en la cara dos moretones, una pierna torcida y un brazo esguinzado… por cierto una chica que no conocía más que su nombre, llorando y totalmente asustada. No sabía que hacer: Si gritarle por estúpida o ignorarla e irse a curar. Con el brazo sano limpió el hilillo de sangre que brotaba en la comisura de sus labios. Optó por la segunda opción y la ignoro mientras la chica se quedaba sollozando en la sala.

    Momentos atrás…

    Sasuke llegó a tiempo, dándole a uno de esos tipejos por la espalda una buena patada para tirarlo, funcionó y el otro en su ayuda soltó a Hinata, que inmediatamente se escondió tras de él.

    —¿Estás bien?—preguntó el Uchiha aún en guardia, mirando exactamente los movimientos de los hombres que se incorporaban.

    Ambos eran de cuerpo musculoso y robusto, más altos que él, llevaban un traje negro, sus cabellos cortos y para no reconocerse inmediatamente unos lentes oscuros que tapaban sus ojos, impidiendo al moreno mirarlos directamente. Se levantaron, uno de ellos de su cadera izquierda sacó un arma.

    Todo paso en cuestión de minutos… un tiro, esquivar y varios golpes.

    Uno de los grandes hombres gritaba maldiciones por el potente dolor que sentía en su antebrazo, la bala de la pistola iba dirigida a Sasuke, no era un gran experto ni bueno en defensa personal japonesa solo fue un golpe de suerte. De una larga patada a aquel hombre logro desviar su tiro dándole a su compañero.

    —Pagaras por esto mocoso—dijo el mismo que lastimo a su compañero que seguía quejándose—Danos a esa puta—refiriéndose a Hinata quién se escondió detrás del moreno.

    ¡Maldición! Por Kami, aunque la joven fuera una sexo servidora no merecía sobrenombres sobajadores para cualquier mujer, se molestó. Se fue encima del hombre y consiguió mandar su arma lejos de sus manos, forcejeando, golpes, patadas.

    —¡Vámonos!—gritó el hombre herido mientras miraba a su compañero pelearse con el chiquillo ese. Se iban a meter en grandes problemas por no llevarle a su amo a esa mujer.

    Hinata corrió para agarrar el arma, sus manos temblaban pero en manos de ella la pistola no podría causar ningún daño. Vio como uno de los hombres que la raptaban o regresaban más bien a la fuerza huían en el carro. A lo lejos escuchó las sirenas de la policía, se aliviaba interiormente, pero soltó un gritito al ver como el moreno se arrodillaba por los recientes golpes.

    —¿E-esta b-bien?—dijo la joven asustada, acercándose al morocho.

    Le miró de mala cara…. ¿si estaba bien? ¿Era estúpida acaso?

    —Sí—contestó cortante, ella intentó ayudarle pero rechazo su ayuda y se levantó.

    Gruñó al verse herido.

    Hinata lloraba… odiaba su vida… ni siquiera recordaba desde cuando su vida se había convertido en un verdadero infierno, sólo recordaba. Ella de regreso a casa después de clases, un auto negro, amordazada, violada y obligada a trabajar como sexo servidora… de eso ya cuatro años. Ella contaba con dieciocho años de edad.

    Se levantó para ir a darle la gracias al moreno, una vez más la había salvado de ellos… de él.

    Oboe-san pasó rápidamente a la alcoba del muchacho con un botiquín de primeros auxilios, escuchó que la mujer insistía en que llamará a un médico pero al parecer el chico se resistió e ignoró las palabras de la mujer.

    La mujer salió seria de la habitación el joven moreno era bastante necio y decidió aguantarse el dolor. Sintió mal en su interior cuando Oboe la miró de mala leche.

    —Debería irse pronto señorita Hinata, ya ha causado bastantes problemas al joven Uchiha—terminó la anciana y se retiró a la cocina dejándola a ella sola en la sala.

    Tal vez era buena idea que se fuera de ahí… el problema era a dónde… tenía ya también cuatro años que no tenía ni pista alguna de su familia. Tal vez cuando era más joven e inocente su vida era sencilla, su padre estricto e indiferente con ella, una hermana menor engreída que pensaba que era mejor que ella, y un primo que quería como su hermano y viceversa. Neji, su adorado primo debería seguro tener la edad del moreno que estaba encerrado en su cuarto. El castaño que ella recordaba era dulce, traía cabello largo y unos ojos fríos, perlados, idénticos a los suyos. Ahora debía tener… unos veinte años a punto de terminar su carrera como administrador de empresas, sería seguro la cabecilla de Empresas Hyuuga.

    ¿Por qué no intentar buscar a su primo y familia?

    Era buena idea… podría regresar a su casa. Se mordió los labios y miró el teléfono en la pequeña mesilla de cristal y osadamente marcó.

    —¿Podría d-darme p-por favor el t-teléfono de Empresas H-Hyuuuga?—preguntó la joven un poco nerviosa, sentía un retorcijón en su estómago al escuchar las palabras de la operadora, esperó unos momentos en la línea hasta escuchar nuevamente la voz de la mujer, buscó algo para anotar y gracias a Dios que había una libretita con una pluma en la mesilla del teléfono, apuntó el teléfono de la Empresa y la dirección.

    Después de unos minutos colgó… sentía su corazón latir rápidamente y un nudo en su garganta.

    Nuevamente la ama de llaves la miró de mala manera, e igual regresó a sus actividades para encerrarse en la cocina. Tan amable que se había portado con ella por la mañana y tan hostil que se mostraba ahora, después del incidente en la entrada del departamento del muchacho.

    Tragó espeso y decidió ignorarla, rezaba en silencio y apretó el teléfono contra su pecho. Se armó de valor y marcó el número anotado en la libreta. Escuchó cuando entró la llamada e inmediatamente contestaron en el conmutador.

    —Buenos días, Empresas Hyuuga, le atiende Rukia ¿En qué puedo ayudarle?—preguntó amablemente la chica.

    —¿P-puede c-comunicarme p-por favor con H-Hiashi Hyuuga?—tartamudeó la chica al pronunciar el nombre de su progenitor.

    —Un momento por favor…

    Escuchó una pequeña melodía de fondo en la espera de que su padre contestará.

    —Buenos días, Hiashi Hyuuga al habla—escuchó la fría voz de su padre, ronca y sintió un escalofrío al escucharlo.

    —P-padre—tartamudeó la joven.

    —¿Hanabi? Hija, que pasa—habló el patriarca.

    —N-no padre… no soy Hanabi, soy Hinata—dijo la chica nerviosa, aunque era casi imposible que su padre alabara su llamada esperanzaba interiormente que se preocupará por ella.

    —Escúchame de una buena vez, mocosa, no me vuelvas a buscar, estas muerta para mi me alegró que hace cuatro años hayas desaparecido de nuestras vidas. No sé para qué llamas…

    No lo dejó terminar.

    —¡Por favor ayúdeme padre!—exclamó asustada la joven, escuchar a Hiashi le recordaba su niñez, su padre le hablaba fuerte desde que su madre murió, era grosero con ella y poco cariñoso.

    —Olvídalo, mi única hija es Hanabi—colgó el teléfono.

    Ella ahogo sus sollozos después de que su padre le colgará, interiormente pensó que su padre la ayudaría por el hecho de ser su hija. Que equivocada estaba…

    Escuchaba a la chica llorar; estaba harto de tener que estarla oyendo llorar como niña regañada. Además del dolor, oírla lo ponía de mal humor no era buena combinación el dolor y los sollozos de una muchacha miserable. No sabía exactamente con quién estaba hablando pero al parecer la habían ofendido.

    Decidió salir para callarla, se levantó de la cama con dificultad por el esguince y el dolor de la pierna.

    —¿Quieres callarte?—preguntó arisco a la muchacha que paró inmediatamente de llorar, mirándolo un poco asustada por la repentina contestación—Me hartan tus lloridos, cállate por favor—

    Ella asintió con la cabeza, escondió sus ojos entre su flequillo y nuevamente los sollozos regresaron a ella. Se exaspero de escucharla, se acercó a la muchacha, mirándola de mala cara.

    —Cállate—

    No podía parar de llorar, se miraba que cada segundo que pasaba el llanto aumentaba y lloraba con mayor intensidad dejando salir todo su dolor. Él no era exactamente dulce para consolar a la gente, no era muy táctil con nadie, sólo con su madre. Lo único que podía hacer por la muchacha era darle asilo unos días más en su casa.

    —Puedes quedarte aquí los días que desees pero no me molestes—dijo cortante—Le diré a Oboe-san que se encargue de comprarte todo lo que necesites—

    —G-gracias—contestó entre hipidos la muchacha, se abrazó a sí misma ignorando al muchacho.

    —Así que la pequeña Hinata tiene en dónde esconderse—hablaba serpenteante a los hombres que fallaron en su misión de traerla de regreso al burdel.

    —¡Lo sentimos mucho señor!—exclamó el que tenía la bala incrustada en el antebrazo.

    —No te preocupes querido Yamazaki—dijo perversamente, el hombre al estar inclinado y no mirando las acciones de este, no pudo ver la pistola sin sonido que llevaba en manos—Porque no volverá a suceder—le disparó en el medio de la cabeza y el hombre murió instantáneamente.

    El otro que se encontraba golpeado temió por su vida, vio cómo su amo mataba a sangre fría a su compañero.

    —Onigumo, te daré otra oportunidad—acarició la pistola—Tráeme a Hinata Hyuuga lo más pronto posible, la quiero viva—

    Sus ámbares ojos irradiaron furia al mencionar el nombre de la morocha, maldita perra, había escapado. Cuando regresará le enseñaría a no desobedecer sus órdenes.

    Otra mañana aburrida cernía los cielos de Japón. Un buen clima se hacía para poder ir a nadar o hacer ejercicio; no para Sasuke, era un día horroroso, su cuerpo se encontraba apelmazado por el accidente del día anterior, se había quedado dormido después de cenar y discutir por teléfono con su padre para informarle que ese día no iría a trabajar. Le dejó pendientes unos trabajos a Itachi y seguro en un rato estaría molestando en el móvil.

    Se levantó con problemas de la cama, peor, le dolía a infiernos la pierna y el esguince del brazo. Estaba todo tranquilo, no escuchaba a Oboe, seguramente aún no había llegado. Se podía decir que eran altas horas de la mañana. Miró el reloj en la mesita y marcaban las ocho en punto, era temprano entre comillas.

    Decidió que no se iba a quedar como enfermo en la cama, odiaba eso, se apoyó en su pierna sana y cojeando se fue directo al cuarto de baño.

    Como pudo se desnudó, ni siquiera recordó en tocar la puerta…

    Un fuerte grito llegó a sus tímpanos… ¡maldición! La chica estaba desnuda, no era que no la hubiera visto pero jamás había visto un rostro coloreado de rojo en su totalidad. Se avergonzó un poco y salió inmediatamente.

    Vaya mañana… le duele el cuerpo, mira a una chica desnuda y después ésta le evita encerrándose en el cuarto de huéspedes asignado para ella… ¿Qué más faltaba? ¿Qué Naruto apareciera con Sakura en su departamento?

    ¡Maldita suerte la suya! Tocaban al timbre, Oboe que había llegado a las nueve, abrió la puerta… hablando de los reyes de Roma. Sakura y Naruto en su departamento.

    —¡Sasuke-kun!—corrió la pelirrosa a abrazarle fuertemente, deseó que esa mujer tuviera alergia a los hombres para que no se le acercara. Sintió todos sus músculos tensarse en cuanto la chica lo abrazó y apretujaba contra sus casi inexistentes pechos—Mi amor—dijo melosa.

    —Quítate Sakura—dijo el chico totalmente adolorido.

    —¡Vaya Teme! ¿Qué te paso?—preguntó el rubio mientras le daba una fuerte palmada en la espalda al moreno que deseo matarlo por idiota.

    —Idiota—quejo.

    En ese momento la pelirrosa paró de abrazarlo al notar el estado de su novio y examinó con cuidado las áreas lastimadas del chico.

    —¿Qué te paso Sasuke-kun?—preguntó la chica, seria.

    Él negó y no respondió todas las veces que sus amigos le preguntaron que le había sucedido.

    Sakura para evitar el tema del porque su novio andaba golpeado decidió hablar de su 'futuro al lado de Sasuke' .

    Por su parte Naruto estaba dándole problemas a Oboe en la cocina, se escuchaba a la ama de llaves pelear con el hiperactivo rubio. El chico exigía ramen, él no comía ramen odiaba la pasta ramen. Y su rubio amigo pidiendo ramen. Se escuchaba a Oboe discutir con el rubio.

    La pelirrosa mientras recorría la casa como si fuera suya, importándole poco si al moreno le molestaba, en su pensamiento el masculino sería suyo, padre de sus hijos. Haría todo lo posible para que eso sucediera.

    Sasuke estaba fastidiado, sabía que por más que corriera a esos dos no se iban a ir. Ni siquiera se acordaba de la chica que estaba en su casa.

    Un fuerte grito sonó y escuchó a Sakura gritar:

    —¡Quién coño eres tú! ¿Qué haces en casa de mi novio?—gritaba la chica de ojos jade a la otra que se encontraba ahí en la habitación.

    Gruñó molesto, Naruto se asomó desde la cocina con un pedazo de queso en la boca e inmediatamente fue a ver que sucedía porque la Haruno gritaba de esa manera, el también resignado tuvo que levantarse del sofá para hacer callar a la chica.

    Al llegar vio como Sakura seguía gritando como histérica a Hinata quién se escondía tras una de las almohadas que había en la cama.

    —¿Qué no me vas a contestar o estás sorda? ¿Qué haces aquí?—zarandeó la pelirrosa a la morena.

    —¡Déjala en paz, Sakura!—exclamó el Uchiha molesto.

    No fue un buen inicio para su mañana, primero se encontraba adolorido por los golpes, segundo se encontraba a la joven desnuda en el baño y bueno para acabarle de joder su mañana no había desayunado. Oboe no había llegado a tiempo y Naruto y Sakura estaban en su casa molestando, la pelirrosa gritándole a la muchacha de ojos perlados.

    —¡Pero Sasuke-kun! ¿Quién es esta?—

    —Vamos, Sakura-chan, seguro es una amiga de Sasuke-baka—dijo Naruto un poco dolido por el enorme interés de la Haruno en el moreno.

    —¡Tú cállate Naruto!—gritó la chica, se acercó violentamente hasta la chica que estaba ahí, pegada a la pared junto a la mesita de noche que miraba un poco asustada la situación. Inmediatamente volvió a mirarla y sintió un escalofrío horrible recorrerle todo el cuerpo— Y bien… quién demonios eres—se tranquilizó un poco.

    —Etto… s-soy Hinata—

    —¿Qué haces en casa de MI novio?—volvió a preguntar groseramente ahora a escasos centímetros de la muchacha. La miró con desdén de arriba abajo, una rasquiña de envidia la invadió al mirar sus pechos más grandes que los de ella misma… se enojó.

    ¡Plaf!

    Una sonora bofetada que le viró el rostro a la morena que se quedó solamente con la boca abierta… ¿por qué la había abofeteado de esa manera?

    —¡Escúchame bien zorra! ¡Sasuke es MÍO!—gritó enfurecida la muchacha de ojos jade mientras que Hinata solamente se cubría con su propia mano, la roja marca que se marcaba en su mejilla.

    —¡Basta Sakura!—exclamó Sasuke, la miró con enojo—Déjala en paz, ahora mismo—se acercó a la pelinegra poniéndose en frente de ella.

    —¡Pero…

    —¡Dije que basta, Haruno!—

    —Pero amor mío…

    —Cállate me tienes harto. ¡No soy tu novio! Ni siquiera me gustas eres horrible a mi persona—dijo el moreno francamente a la pelirrosa que se quedó de piedra al escuchar las crueles palabras del hombre al que juraba amar con todo su amor—No quiero que vuelvas a tocar a ésta mujer—refiriéndose a Hinata que seguía detrás de él. Viendo todo.

    —Creo que es mejor irnos, Sakura-chan—dijo un poco consolador el rubio, se sentía impotente de no poder golpear al Uchiha para defender a la pelirrosa, pero era verdad, Sasuke no amaba a la chica.

    —¡No!—dijo la muchacha, vio como el morocho se iba de la habitación perteneciente a Hinata con un poco de dificultad—Esto no se quedará así, zorra—dijo amenazante y después salía detrás del moreno.

    Ella suspiró tristemente, esa mujer ni siquiera la conocía y ya la había golpeado. Le ardía la mejilla bastante, era bastante tosca esa pelirrosa. Si no mal recordaba se llamaba Sakura, y era novia de Sasuke… vaya drama que armaba la chica por ella.

    —A mí no me gusta Sasuke-kun—dijo para ella misma mientras se sentaba en la cama y escuchaba la discusión que tenían el chico rubio, el moreno y la pelirrosa en la sala. Estaba segura que era por su culpa y se sintió mal por causarle problemas al chico que la escondía en su casa.

    Ella quería que toda esa pesadilla terminará pronto, deseaba ser libre, sólo libre.

    Después de un rato de seguir escuchando las palabras de los chicos de afuera todo quedó en silencio, juraba que había escuchado sollozos de la muchacha pelirrosa y gritos de Naruto tanto como de Sasuke. Hasta que por fin se escuchó el azote de la puerta y todo se quedó nuevamente en silencio.

    Momentos después la puerta de su habitación se abrió lentamente dejando ver al muchacho aún en pijama.

    —¿Estás bien?—preguntó sin interés pero por dentro si quería saber.

    —Sí—contestó ella mientras le miraba.

    —La bruta de Sakura, no sabe medir sus fuerzas—dijo acercándose a ella para examinar la mejilla roja de la joven, no la tocó pero si la miró—Esa… z… estúpida se pasó—

    —No, d-déjelo así, no p-paso nada—sonrió ella, Sasuke solamente rodó la mirada en otra dirección.

    A decir verdad, ni siquiera la conocía, sólo estaba ahí por un pequeño incidente. Pero… sentía la necesidad de cuidarla, se veía tan frágil y sobre todo podía ver en su mirada una gran soledad que la estaba consumiendo poco a poco.

    —Ven—llamó él—Te pondré una pomada para que no se vaya a inflamar—

    Ella asintió en silencio y siguió al Uchiha a la otra habitación en dónde vio como el muchacho buscaba entre sus cosas y ropa, una pomada, hasta que la encontró, era de un tubo de color azul rey.

    —Acércate—llamó nuevamente y con la yema de sus dedos untó la pomada que había salido del tubo, lo frotó en el rostro de la muchacha y ella adquirió un tono rosáceo en sus mejillas.

    Sakura miraba furiosa el pórtico del departamento de Sasuke, estaba dolida y celosa, sobre todo furiosa de que el moreno hubiera defendido a la chica.

    —Me las pagaras… maldita puta—dijo la muchacha mientras se alejaba furiosa.

    Para Sakura, eso significaba la guerra. Sasuke nunca la había dejado pasar la noche en su departamento; ¿Porqué a esa zorra sí? Tampoco entendía el porqué el moreno se encontraba todo golpeado… pero le carcomía más que una mujer que no fuera ella, estuviera en el departamento de SU novio. Aunque Sasuke no lo quisiera, ellos dos estaban destinados a ser pareja.

    Y estaba segura de que iba a conseguirlo.
     
  4.  
    Hiyuki

    Hiyuki Cemzoonita Estudiante escuela de edición

    Géminis
    Que malo Hiashi T.T Pobre Hinata, ¿acaso la vendió para que eso le sucediera?

    Sé que tuviste que escribir todo el capítulo de nuevo, pero ten cuidado con las comas. Hubo unas pequeñas partes donde les falto. Otra cosa que quiero señalar, sé que la narrativa a veces habla en el punto de vista de Sasuke. Sin embargo, aquí se está incitando a odiar a Sakura. Espero que sea solo mi imaginación y si también sé que son los celos y como somos las mujeres jaja como sea, espero que continúes pronto :biggrin:
     
  5.  
    Zyan Rose

    Zyan Rose Creador del tema Equipo administrativo Critico Colaborador de Concursos

    Virgo
    Digo el fanfic ya lo tenía escrito en Fanfiction.net, así que solamente lo estoy transcribiendo aquí.
     

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