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Fanfic colectivo Operación Prometeo

Tema en 'Escritos originales' iniciado por Acero, 9 Febrero 2015.

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  1.  
    Acero

    Acero Creador del tema Equipo administrativo Tribu Cooz Creador de Contenido Seishun Gakuen

    Escorpión
    Título: Operación Prometeo
    Tipo de escrito: longfic de tres capítulos, entre 1000 y 3000 palabras por cada uno.
    Autores: Karu y Acero
    Clan: Seishun Gakuen



    OPERACIÓN PROMETEO


    Comienza mi misión. Son las 11:45 de la noche, y he recibido el sobre con los últimos datos. Mi "nueva casa" de alquiler tiene un buzón muy grande, así que el sobre abultado cupo perfectamente. Una vez dentro de la casa, me dirijo al pequeño armario por debajo de la escalera. Quito el candado y compruebo que las armas y mi equipo de trabajo están allí, tal como la Agente Especial Tomoka me transmitió, cuando simulaba coquetearme en el bar esta tarde.
    Cierro la portezuela y coloco el candado otra vez, y me dirijo a la habitación. Me encierro allí y abro el sobre con cautela. De allí saco algunos papeles y varias fotos, todas tomadas a la distancia pero con perfecta claridad: mi blanco, mi objetivo. Tomo la ficha técnica y por fin descubro su nombre: Keigo Atobe, presidente de Hyoutei Corporation...


    ***

    Sede de la Agencia Especial de Inteligencia Seishun Gakuen, horas antes.

    La oficina del Director Kunimitsu Tezuka es amplia pero sencilla: un escritorio, una cómoda silla, y un juego de sillones cerca de la puerta. Tezuka se encuentra allí revisando unos papeles, siendo asistido por el Subdirector Syuichiroh Oishi, quien muestra un semblante preocupado.

    Acomodado en el sillón más pequeño, con una laptop de un extraño color verde frente a él, el Agente Especial de Planeación no para de hablar, presentando sus últimos informes al preocupado Oishi y a un Director que al parecer está sordo, puesto que no da señales de importarle el informe.

    -...y teniendo en cuenta los últimos movimientos, calculo que hay un ochenta y cinco por ciento de que todo salga de acuerdo al plan. Claro que si el Agente de Operaciones, Echizen Ryoma, es el elegido para infiltrarse en la Compañía, las probabilidades de éxito bajan en un diez por cierto -el Agente de Planeación, Sadaharu Inui, se acomoda los lentes y quita la vista de su laptop, para mirar fijamente al Director-. ¿Aún piensa enviar a Echizen, señor Tezuka?

    A su vez, Oishi también interviene.

    - Reconsidéralo, Tezuka. Echizen en un buen agente, pero aún es muy novato para una misión de este calibre.

    - Y aquí está el Subdirector procupándose por los más "pequeños" -dice Inui, volviendo a fijar la vista en la laptop y empezando a teclear-. Lo que significa que Echizen será el infiltrado, y yo debo planear una posible misión de rescate.

    El Director Tezuka no responde, y sigue inmerso en su mundo acomodando papeles. Oishi permanece mirándolo fijamente, como si le rogara en silencio. Los segundos, inundados de ruidos leves de papeles y golpes en el teclado, se figuran eternos, hasta que unos golpes en la puerta interrumpen el forzoso silencio.

    La puerta se abre un poco, y un malhumorado técnico asoma la cabeza. Es Kaoru Kaidoh.

    - Señor, aquí están las fotos reveladas que solicitó.

    Tezuka le hace señas para que entre, y Kaidoh se dirige al escritorio del Director, donde le hace entrega de las fotos. Éste las revisa brevemente, y luego toma un sobre abultado y las coloca allí dentro.

    - Toma -Tezuka le hace entrega del sobre a Kaidoh-. Dale esto a Horio, y dile que es para Echizen. El resto de las instrucciones ya le han sido enviadas.

    - Shhhhh... -a Kaidoh no parece hacerle gracia el pedido, pero aún así toma el sobre y se marcha por donde vino.

    La puerta se cierra y otra vez reina el silencio, interrumpido por el suave teclear de Inui y el movimiento de papeles del Director. Oishi quiere decir algo, insistir, pero sabe que será inútil pues no podrá hacer cambiar de opinión a Tezuka, así que hace lo que mejor sabe hacer: mantener su cara de preocupación, y esperar por que todo salga bien.​
    ***​

    "Operación: Prometeo. Lugar: fábrica de la Hyoutei Corporation. Día uno de la misión, 7:30 am.

    Estoy en el café "200", a una cuadra de la fábrica. Según mis informes, me esperan a las 8 am para la entrega de materiales. Con suerte, podré darle un recorrido al lugar y hacerme con el "fuego", hoy mismo. No creo que sea tan díficil..."


    Echizen Ryoma guarda silencio por unos momentos, y decide que con lo dicho, es suficiente. Aprieta un botón de su reloj-grabadora, y lo oculta bajo la manga. Y luego se acomoda mejor en su silla para disfrutar su café matutino, en una de las mesas colocadas afuera del Café. El lugar está bastante tranquilo debido a la hora, y la tibieza del sol de la mañana lo hace un mejor lugar que el frío ambiente del interior del local.

    Echizen es un Agente de Operaciones nuevo, pero tiene mucha confianza en sí mismo. Ha participado en algunas otras misiones antes, cuando estaba en otra Agencia, así que está seguro de saber lo que hace. Y por esa razón, ha considerado que "Prometeo" es pan comido, a pesar de la preocupación del Subdirector Oishi. Es que, bueno, Oishi nunca lo ha visto en sus mejores momentos de acción...

    Son las 7:50, y el camión de materiales del logo circular pasa por la calle vacía. Echizen rápidamente le hace señas a un mesero que está limpiando las mesas de afuera, y éste se acerca a paso lento y bostezando. El Agente le paga, le deja propina y se sube a un auto negro, el que le ha dado la Agencia. Y se dispone a seguir al camión.

    Unos instantes después llega a la fábrica, en el momento en que un guardia de seguridad abre una persiana enorme para dejar pasar al camión. Echizen se enfila detrás, pero el guardia no lo deja pasar y le pide una identificación. Con aires de empresario importante, el Agente busca en el bolsillo interior de su traje negro una tarjeta, y encuentra una falsa: Katsuo Ryuuzaki, Supervisor de Ventas. Enseguida el guardia le hace una reverencia, como pidiéndole disculpas, y le deja libre el paso. Al parecer, el presidente de la Corporación sí lo espera, después de todo.

    Otro guardia le indica dónde estacionar, y así lo hace. Baja del auto con su malentín y se dirije al camión, donde el conductor y el acompañante ya han descendido del mismo.

    -¡Ho-hola jefe! -le saluda el conductor, un joven sonriente y al parecer un poco tímido. Es Takashi Kawamura, otro de los agentes infiltrados, y por lo que se cuenta un agente con doble personalidad: una pasiva y otra agresiva.

    - ¡Hey, señor Ryuuzaki! -el acompañante también le saluda y le guiña un ojo-. ¿Vino a ver que no se nos olvide bajar ninguna caja?

    Echizen se confunde por un momento, ¡se ha olvidado de los nombres claves de sus compañeros agentes! Pero, puede que no sea tan importante... no hay riesgo en la misión, aún.

    - Señor Momo... Que no le suceda como la última vez...

    Takeshi Momoshiro se ríe, pues se da cuenta que el chico nuevo está un poco nervioso.

    - Claro, descuide. Esta vez revisaré que esté abajo hasta la última caja.

    Kawamura y Momoshiro se dirigen a la parte trasera del camión, abren sus puertas y comienzan a bajar el cargamento, conversando de cosas triviales como en cualquier día de trabajo normal. Echizen por su parte, mira el reloj: faltan tres minutos para las ocho.

    - Por aquí -le dice uno de los guardias, y lo guía a la garita de seguridad, donde otro de ellos está al teléfono-. Si puede esperar unos minutos, enseguida vendrá alguien a guiarlo hasta la oficina del Presidente.

    Echizen asiente y se dispone a esperar. Se gira un poco hacia donde están sus compañeros, y se sonríe al verlos trabajar tan alegremente. "Claro, rían y sean felices, que a ustedes les tocó la parte más fácil del trabajo"...
     
  2.  
    Acero

    Acero Creador del tema Equipo administrativo Tribu Cooz Creador de Contenido Seishun Gakuen

    Escorpión
    2º capítulo


    Kawamura y Momoshiro tienen una indicación bastante clara: las dos cajas marcadas de forma casi imperceptible deben ir hasta atrás, lejos de la vista de cualquier curioso, pero también lejos de la pared, de modo que ambas puedan ser removidas de inmediato. Y es que ambas son el apoyo de Echizen.

    Cuando otro grupo de cajas tapa a estas dos, Momoshiro golpea de forma despreocupada la parte trasera del camión, y suelta un "sólo falta la mitad del cargamento". Ésa es la señal: de los dos paquetes marcados asoman cuchillos, y la cinta de seguridad que los protegía se rompe.

    - ¡Oigan, disculpen! -llama Kawamura a los guardias que están a la vista, con un poco de timidez-, ¿será que pueden ayudarnos a bajar esta caja? Está muy pesada...

    Sólo hay tres guardias en el depósito, y dos de ellos se acercan al camión; el tercero se queda en la garita de seguridad. Echizen mira de reojo y ve dos siluetas escabulléndose de entre el cargamento que ha sido bajado. Así que, sin perder tiempo, vuelve la vista a la garita y descubre un dispensador de agua, en el fondo.

    - ¿Sería tan amable de regalarme un poco de agua? -le dice Echizen al guardia de la garita. Éste le hace una seña afirmativa, y se da la vuelta para servir el pedido en un vaso de plástico. Se tarda el tiempo suficiente para que ambas "sombras" se escabullan por un pasillo, oculto de la vista general gracias al tamaño del camión.

    - Aquí tiene -el hombre le entrega el vaso lleno, y el Agente bebe con calma, observando a los otros trabajar.

    Momentos después suena de nuevo el teléfono, y el hombre de seguridad atiende. Habla unos instantes en voz baja, asiente un par de veces, a pesar de que su interlocutor no lo ve, y cuelga enseguida. Se da la vuelta y toma un gran cuaderno que coloca a la vista de Echizen.

    - Por favor señor, regístrese aquí -le dice señalándole el cuaderno y la pluma que está encima de él.

    Casi mecánicamente Echizen mete la mano bajo su saco, y toma su propia pluma para firmar. No es ningún ejemplar caro ni especial: apenas si tiene varias marcas plateadas irregulares sobre un fondo azul. Pero tiene un trazo muy fino, y es de esas plumas que pueden guardar la punta apretando el "botón" superior. Echizen aprieta la parte superior y se dispone a escribir en el cuaderno; anota su nombre falso, la hora y la razón de su visita.

    Mientras termina de escribir se acerca un hombre alto y delgado vestido con un traje negro, y lentes negros también. Al parecer, es una persona importante.

    - Muchas gracias -dice el guardia cuando Echizen termina y desliza el cuaderno en su dirección. Luego, señala al recién llegado-. El señor lo guiará ahora.

    - Gracias a usted -el Agente guarda la pluma en el interior de su saco, otra vez, y se dispone a seguir al caballero de traje-. Y gracias por el agua también.

    El guardia asiente, y el hombre de traje negro se da la vuelta y comienza a caminar. El visitante lo sigue y ambos entran por un pasillo, mientras que los trabajadores del camión descargan la última caja.


    ***​


    El Director Tezuka ingresa a una habitación atestada de computadoras y observa a su alrededor: hay poca gente, y todos están ocupados tecleando u observando monitores. En la pantalla principal, la más grande de la sala, hay un diseño de un edificio hecho en líneas azules sobre un fondo negro, y tres luces rojas parpadeantes.

    El Director se acerca a la joven de largas tenzas que está sentada frente a la pantalla.

    - ¿Esos son nuestros Agentes, señorita Sakuno?

    - Sí Señor. La última luz se encendió hace menos de un minuto, y al parecer aún está en la planta baja.

    - Toda persona que ingresa al edificio debe registrarse primero -informa el Agente Especial Inui, acercándose-. Por esa razón lo más acertado era incluir el GPS en la pluma. Y Echizen lo acaba de activar.

    Se produce un largo silencio mientras los tres observan el movimiento de las luces rojas de la pantalla. Dos de ellas van juntas, y se alejan cada vez más de la tercera. Por momentos se detienen, y luego vuelven a avanzar, titilantes.

    - ¿Qué hay del sonido? -pregunta Tezuka.

    Dos técnicos ubicados a la derecha de la pantalla principal son quienes responden.

    - El micrófono de Echizen funciona perfectamente, pero aún no hay nada importante que reportar. Lo único que escucho son pasos -anuncia con su voz de niño un joven con grandes auriculares de nombre Kachiro, el del pelo "de corte extraño", según sus propios compañeros.

    - Los Agentes Topo, Kikumaru y Fuji, ya se han puesto en contacto. Están avanzando sin obstáculos hacia la parte inferior de la fábrica. Han podido hackear los códigos sin problemas -dice Arai, el encargado de reportar por los otros dos Agentes infiltrados.

    Se produce otro silencio, esta vez más largo. Hasta que Kachiro se sujeta fuerte los auriculares y se gira en su silla:

    - ¡Señor! Echizen ya ha hecho contacto.

    - Colócalo en el altavoz -ordena el Director.

    - ¡Sí Señor! -y Kachiro se da vuelta otra vez y aprieta unos botones.

    Al parecer, a Echizen lo han hecho ingresar en la oficina del Presidente de la Hyoutei Corporation, y ahora está cara a cara con Atobe Keigo, el blanco.

    - Puedes dejarnos solos, Akutsu -se escucha desde el altavoz. Se produce un breve silencio que es aprovechado rápidamente por Inui.

    - Jin Akutsu, guardaespaldas principal de Atobe. No es corpulento pero es alto y tiene muy mal genio.

    - Muchas gracias por recibirme, señor Atobe -se escucha otra vez. Indudablemente es la voz de Echizen-. Mi jefe me ha dicho que quiere discutir más a fondo los términos de nuestro contrato.

    - Ah, sí -responde la otra voz-. Por favor tome asiento. Por aquí.​


    ***​


    La oficina es amplia pero está casi vacía. Las paredes son blancas, y no hay siquiera un cuadro allí. Lo único que contrasta es el escritorio de caoba, y tres sillas de cuero, de oficina, que hacen juego con el tono del escritorio.

    Atobe Keigo le enseña una de las dos sillas a Echizen, mientras se dirige a la que está del otro lado del escritorio, de espaldas al ventanal de cortinas blancas.

    Echizen toma asiento y coloca sobre sus rodillas el malentín que lleva. Lo abre y comienza a buscar unos papeles. No sabe cómo empezar, así que comienza con lo primero que se le ocurre.

    - Si me lo permite, debo decirle que agradezco mucho su preferencia por nuestra empresa. Tenemos la mejor calidad del mercado, ya lo verá.

    Acto seguido cierra el maletín y, antes de entregar los papeles al Presidente de la compañía, pega disimuladamente bajo la mesa una diminuta cajita marrón, que se adhiere a la madera como si fuera chicle.

    - Aquí está el contrato actual -dice entregando los documentos-. No sé si quiera echarle un vistazo...​

    ***​


    - ¡El transmisor está activo!

    Inui, al escuchar el anuncio, se acomoda los lentes y se dirige a su lugar, frente a una computadora, para realizar su parte del trabajo. Mientras tanto, el Director se sitúa detrás de Arai y Kachiro.

    - Es suficiente con Echizen por el momento, baja el volumen del altavoz. Y díganme qué hay de los Agentes Fuji y Kikumaru.

    - Enseguida, Señor.

    Arai se pone en contacto con los Agentes, y luego de un par de palabras coloca también el altavoz, mientras Kachiro anula el que transmite a Echizen.

    - ¡Aquí Eiji Kikumaru, el mejor Agente "topo" de la Agencia! -dice una jovial voz.

    - Transmita sus avances, Topo Rojo -pide cortantemente Tezuka.

    - ¡Todo en orden, capitán! -dice la misma voz.

    - Aquí Topo Azul. Hemos llegado hasta el segundo subsuelo y aún no encontramos nada relevante. Hay poco personal aquí abajo, no me parece el suficiente si es que de verdad construyen una bomba.

    - Es cierto, es cierto -el pelirrojo Kikumaru no parece darle la seriedad necesaria a la situación-. Casi no hay obstáculos en el camino, ¡y no hemos podido usar nuestras "super habilidades" de infiltrados!

    - Busquen bien, debe estar en pisos inferiores -dice el Director-. La información es la correcta, y el lugar es el correcto. No puede estar en otra parte.

    - A menos que esté en pisos superiores, sobre tierra -agrega Inui, sin dejar de trabajar en su computadora.

    - ¡Hey, Inui, qué te pasa! -acusa el pelirrojo-. Tú nunca te equivocas con tus cálculos, ¡no me digas que esta vez calculaste mal la información y nos enviaste al lado contrario!

    - Hay un noventa y tres por cierto de que la bomba se esté por construir en los pisos inferiores.

    - Esperen... ¡Lo tengo! -anuncia el Topo Azul.

    - ¿Qué? ¿Qué tienes, Fuji? ¡Oh!, ¿eso es lo que creo? ¡Eres un genio!

    - Informa, Topo Azul -pide Tezuka. Al parecer empieza a impacientarse.

    - Sí Señor. Encontramos una habitación con algunas computadoras, y mientras hablábamos ingresé al sistema. Creo que encontré los planos de la bomba. Tal vez aún no han comenzado a construirla y por eso no la encontramos.

    - Bien, con eso es suficiente -determina Tezuka-. Hora de la extracción.

    - Sí. Guardando información...

    Acto seguido comienza a sonar una sirena, de forma intermitente pero ensordecedora.

    - ¡Alarma! -grita el ruidoso Eiji-. Topos fuera.

    Se corta la comunicación, y todo queda en silencio. Lo único que se escucha es el teclado de Inui que no cesa de sonar.​

    ***​


    Echizen se sobresalta. El sonido fuerte de la alarma lo ha dejado mudo.

    - No se preocupe, señor Ryuuzaki -le tranquiliza Atobe-. Es sólo una alarma de seguridad. Y por seguridad, será mejor que me acompañe.

    El Presidente se incorpora y le hace una seña para que lo siga. Abre la puerta y sale, y gira a la derecha. Y cuando Echizen sale y dobla a la derecha también, siente un fuerte golpe en la nuca que lo hace caer de rodillas... y luego de bruces. Aún está consciente cuando siente que le jalan la cabeza hacia arriba por el cabello. Es Atobe, quien está en cuclillas frente a él.

    - Y por seguridad también, es mejor que no se resista- y luego le suelta el cabello, y Echizen cae pesadamente en un profundo abismo negro.​
     
    Última edición: 9 Febrero 2015
  3.  
    Acero

    Acero Creador del tema Equipo administrativo Tribu Cooz Creador de Contenido Seishun Gakuen

    Escorpión
    3º capítulo.


    Lo primero que Echizen percibe, es un fuerte dolor de cabeza. Se siente un poco mareado, así que prefiere no abrir los ojos por el momento. Trata de concentrarse y recordar dónde está, y qué fue lo que pasó. Y enseguida percibe el sonido de un ventilador que no funciona bien, y se da cuenta de que está sentado en una silla, con las manos sobre los apoyabrazos. Abre los ojos lentamente y descubre que sus muñecas están sujetas con cinta adhesiva a los apoyabrazos. Intenta mover los pies, y nota que también están amarrados a la silla. Y entonces recuerda todo lo que sucedió.

    - ¡Que los encuentren, y no me importa cómo! ¡Tráiganlos aquí de inmediato! -Atobe Keigo le grita al teléfono portátil, y luego corta la llamada. Está de espaldas, así que no se da cuenta de que Echizen ya ha despertado-. ¡Inútiles! -grita para sí-, ¡no debería costarles encontrar a esos agentes!, ¡ni que fueran veinte!

    Echizen ladea de un lado a otro la cabeza. Los gritos de Atobe empeoran su dolor de cabeza. Quiere decirle que se calle, que baje la voz al menos, pero las palabras no le salen.

    - Señor... -un muchacho pelirrojo, al parecer otro guardaespaldas por su vestimenta, le hace una seña con la cabeza a Atobe, en dirección a Echizen.

    Atobe se da la vuelta y observa a su prisionero por unos momentos, y luego se sonríe.

    - Vaya, vaya... Miren quién ha despertado de su siesta... El Señor Katsuo Ryuuzaki. O debería decir... ¿quién diablos es este sujeto?

    - Es Echizen Ryoma, Señor -informa el guardaespaldas Akutsu.

    - Ah, sí, él... El novato, el nuevo.

    - ¿Qué? -murmura Ryoma, tratando de hacerse el desentendido. Aún las palabras resuenan en su cabeza como si cada una de ellas fuera un gong.

    - Mira que enviar a un don nadie en vez de hacerse cargo él mismo... ¿Dónde se ha visto? ¿Acaso no soy un rival digno? Ah, ya sé: me tiene miedo...

    - Disculpe... -el Agente ignora el parloteo sin sentido de su captor, y decide pasar a un tema más importante-. Disculpe, me duele mucho la cabeza, ¿quiere darme una aspirina?

    - ¡No juegues conmigo, novato! Tú no eres nadie para enfrentarte a mí. ¿Dónde está tu jefe, dónde está Tezuka? -y luego empieza a rezongar consigo mismo, en voz alta-. Lo sabía, Tezuka… Sabía que me enviarías a tu jugador más novato para enfrentarte a mí, porque no tienes el valor de hacerlo tú mismo…

    - Oiga, no sé de qué habla... ¿y mi aspirina?

    Atobe se enfurece y se lanza en dirección al prisionero, quedando a escasos centímetros de su cara, tratando de infundirle miedo. Éste, por su parte, mantiene la compostura y la vista fija en su oponente.

    Akutsu carraspea, y el Presidente se aleja poco a poco del joven prisionero. Definitivamente no le agrada, y eso se refleja en su rostro.

    - Realmente me esperaba otra cosa. Sabía que Tezuka no vendría directamente a mí, pero esperaba que al menos se infiltrara en mi Compañía. Y no, resulta que envió a otros dos mequetrefes, o mejor dicho tres. A tres buenos para nada.

    - ¿A tres buenos para nada? -repite Echizen-. Pero al parecer aún no los atrapan, así que tus hombres son otros buenos para nada. Aunque en mayor escala.

    - Cállate, niño -sonríe maliciosamente el carcelero-. Tú estás aquí, y ha sido muy fácil atraparte. Demasiado. De hecho, todos ustedes han caído en la trampa.

    Echizen levanta una ceja, incrédulo. Y Atobe sonríe aún más.

    El guardaespaldas pelirrojo se lleva una mano a la cucaracha de su oído derecho, y se queda así unos instantes. Luego baja la mano y se relaja, anunciando pasivamente:

    - Nuestros técnicos informan que los infiltrados han conseguido copiar y borrar del sistema, los planos de la bomba.

    Y ahora es el turno de Echizen de sonreír, triunfal.

    El Presidente suspira y acerca una silla. Parece cansado, o tal vez disgustado por tener que explicar la situación, como si el prisionero fuera un niño que no entiende nada.

    - Te contaré una historia, Echizen. Presta atención. Había una vez un sujeto guapo e inteligente, que era Presidente de una compañía famosa y exitosa. Y era feliz. Pero un día apareció un sujeto malvado y creído, que no podía tolerar la felicidad y el éxito del primer sujeto, y por eso comenzó a planear la forma de destruirlo. Empezó a investigarlo, a informar sobre él al Estado. Y a causarle muchos problemas de diversos tipos. Así que el otro sujeto, el exitoso empresario, decidió que debía encargarse de su enemigo de una vez por todas. Y la mejor manera de hacerlo era darle lo que quería: una razón para caerle encima y atraparlo, y hundir su empresa, y acabar con su éxito y con su felicidad -suspiró de nuevo, y se acomodó en la silla-. Este sujeto, tan inteligente como era, empezó a filtrar información, a revelar documentos... en fin, a atraer la atención de su enemigo. Compró materiales y creó planos para una bomba, que lanzaría en alguno de los edificios gubernamentales. Y por supuesto, su tonto enemigo cayó en la trampa, y envió a algunos de sus debiluchos subordinados para que lo detuvieran...

    Atobe aspira con calma, como quien está en una sesión de relajación. Echizen, por su parte, guarda silencio, y se pregunta de repente si su jefe y sus compañeros están escuchando la "historia". Intenta, con disimulo, zafarse de sus ataduras, pero éstas están bien hechas.

    - Entonces... -empieza el Agente.

    - Entonces, déjame terminar -le dice el otro-. El muy tonto envió a tres de sus peores agentes: uno para que lo distrajera, y otros dos para que robaran los planos falsos. El primero era demasiado inútil, así que fue atrapado rápidamente. Los otros dos, que se creían más listos, hurtaron los planos y los borraron del sistema, creyendo que así el buen empresario no podría "construir su bomba". Claro que todo esto no era más que una finta, pero ninguno de ellos lo sabía.

    - Entonces, eso significa...

    - Significa -Atobe no le deja hablar- que todos ustedes se han tragado el cuento, pobres inocentes. Significa que esperaba que el muy tonto de Tezuka se alarmara más de la cuenta y viniera aquí, y que mis hombres lo atraparan. Pero como es demasiado cobarde para enfrentarse a mí...

    - Espera, ¿entonces no vas a construir una bomba?

    Atobe ríe y lo mira como si le estuviese preguntando una completa tontería.

    - ¿Una bomba? ¿De veras crees que construiría una bomba?

    - Pero… los planos, el material, la información… ¡todo apunta a que construirás una bomba!

    - Oh, claro, pues… caíste en la trampa, sin más. No necesito construir una bomba, puedo destruir el mundo con mis propias manos… Puedo destruirlos a ustedes con mis propias manos…

    - Oh... -Echizen piensa un momento, y luego se sonríe. Atobe lo mira, y decide que no le gusta su expresión.

    - ¿"Oh" qué?

    - Oh... que es muy interesante -el Presidente se levanta de su silla y fulmina a Ryoma con la mirada. Éste, aún sonriendo, le señala la silla con la cabeza-. Siéntate, que ahora yo te contaré una historia a tí. Resulta que hubo una época muy antigua donde existían unos gigantes llamados Titanes. Y también había Dioses, crueles y egoístas. Pues bien, uno de esos Titanes se llamaba Prometeo, y quería mucho a los hombres. Y como ellos se morían de frío por las noches, decidió que les haría un bien y robaría el fuego a los dioses, para que los hombres pudieran calentarse y alumbrarse. Miles de años después, en este año que corre, un hombre llamado Tezuka envió a un nuevo Prometeo a visitar a los Dioses de la Hyoutei Corporation a robarles el fuego... ¿y sabes qué? Yo creí que el fuego eran los planos de una bomba, pero al parecer el fuego eres tú, Keigo Atobe...

    Atobe comienza a ponerse rojo de ira, ¡no puede permitir que un niñato le falte así el respeto!

    - ¿Así que tú eres Prometeo? -le dice suavemente, pero con ira contenida-. ¿Y crees que vienes aquí a capturarme y entregarme a Tezuka? ¿Acaso crees que un niñato como tú puede enfrentarse a mí y ganar? Pues te equivocas niñito, tú eres una hormiga al lado mío... De hecho, eres polvo, volverás en una caja a ver a tu querido jefe...

    Atobe saca un arma mientras habla, y apunta directo a la cabeza de Echizen, que sólo lo mira fijamente con una expresión seria. Quita el seguro, apunta, y dispara... Y en vez del sonido del disparo, se escucha una insistente alarma de reloj...


    ***​


    La habitación está en penumbras, y el reloj despertador no deja de sonar, suave pero insistente. Atobe extiende la mano, toma el aparato y lo acerca a su cara, que está cubierta por las ropas de cama. Apaga a tientas el despertador, y se asoma para ver la hora: las siete de la mañana.

    - Bang... -murmura, y luego bosteza largamente-. Me hubiera gustado que el sueño continuara... pero ya es hora de levantarse para ir al Torneo. Quizá hoy sí pueda destruir a Tezuka...
     
  4.  
    Hitomi-chan

    Hitomi-chan Equipo administrativo Critico Maestro de edicion Paper Bag Brigade Duende de Santa cooz Colaborador de Concursos

    Géminis
    Comentario de jueces:


    • Algunos errores ortográficos y de puntuación, aún con ello hay coherencia en el texto. Me gustó el final; esperaba el cambio de plot pero pensaba que sería en el mismo hilo argumental.


    • .
      Me gusto el fic, con un buen final y muy bien llevado, algún que otro error de dedo que creo paso por no leer tu escrito antes de publicarlo, pero en términos generales es muy bueno y fácil de leer. [Aun cuando no se sea muy fan de la Prince of tennis]

    • --------------- Pendiente ---------------------------------
     

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