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  4. Invitado Faltando tan solo unas pocas horas para navidad, alguien a quien no le gusta esta festividad, decidió sorprender a santa, raptarlo, atarlo y robar los regalos que llevaba consigo.
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  5. Invitado Esta vez el grinch esta en CemZoo y quiere tener su propio arbol para ponerlo en su casa pero no quiere cualquiera, tiene que ser creativo y unico el cual escogerá.
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Oda a Stalin

Tema en 'Diálogos' iniciado por Lenin, 13 Junio 2012.

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  1.  
    Lenin

    Lenin Creador del tema Cemzoonita

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    Camarada Stalin, yo estaba junto al mar en la Isla Negra,
    descansando de luchas y de viajes,
    cuando la noticia de tu muerte llegó como un golpe de océano.
    Fue primero el silencio, el estupor de las cosas, y luego llegó del mar una
    ola grande.
    De algas, metales y hombres, piedras, espuma y lágrimas estaba hecha esta
    ola.

    De historia, espacio y tiempo recogió su materia
    y se elevó llorando sobre el mundo
    hasta que frente a mí vino a golpear la costa
    y derribó a mis puertas su mensaje de luto
    con un grito gigante
    como si de repente se quebrara la tierra.

    Era en 1914.
    En las fábricas se acumulaban basuras y dolores.
    Los ricos del nuevo siglo
    se repartían a dentelladas el petróleo y las islas, el cobre y los canales.

    Ni una sola bandera levantó sus colores
    sin las salpicaduras de la sangre.
    Desde Hong Kong a Chicago la policía
    buscaba documentos y ensayaba
    las ametralladoras en la carne del pueblo.
    Las marchas militares desde el alba
    mandaban soldaditos a morir.

    Frenético era el baile de los gringos
    en las boîtes de París llenas de humo.
    Se desangraba el hombre.
    Una lluvia de sangre
    caía del planeta,
    manchaba las estrellas.
    La muerte estrenó entonces armaduras de acero.

    El hambre
    en los caminos de Europa
    fue como un viento helado aventando hojas secas y quebrantando huesos.
    El otoño soplaba los harapos.
    La guerra había erizado los caminos.
    Olor a invierno y sangre
    emanaba de Europa
    como de un matadero abandonado.

    Mientras tanto los dueños
    del carbón,
    del hierro,
    del acero,
    del humo,
    de los bancos,
    del gas,
    del oro,
    de la harina,
    del salitre,
    del diario El Mercurio,
    los dueños de burdeles,
    los senadores norteamericanos,
    los filibusteros
    cargados de oro y sangre
    de todos los países,
    eran también los dueños
    de la Historia.

    Allí estaban sentados
    de frac, ocupadísimos
    en dispensar condecoraciones,
    en regalarse cheques a la entrada
    y robárselos a la salida,
    en regalarse acciones de la carnicería
    y repartirse a dentelladas
    trozos de pueblo y de geografía.

    Entonces con modesto
    vestido y gorra obrera,
    entró el viento,
    entró el viento del pueblo.
    Era Lenin.
    Cambió la tierra, el hombre, la vida.
    El aire libre revolucionario
    trastornó los papeles
    manchados. Nació una patria
    que no ha dejado de crecer.
    Es grande como el mundo, pero cabe
    hasta en el corazón del más
    pequeño
    trabajador de usina o de oficina,
    de agricultura o barco.

    Era la Unión Soviética.
    Junto a Lenin
    Stalin avanzaba
    y así, con blusa blanca,
    con gorra gris de obrero,
    Stalin,
    con su paso tranquilo,
    entró en la Historia acompañado
    de Lenin y del viento.
    Stalin desde entonces
    fue construyendo. Todo
    hacía falta.

    Lenin recibió de los zares
    telarañas y harapos.

    Lenin dejó una herencia
    de patria libre y ancha.

    Stalin la pobló
    con escuelas y harina,
    imprentas y manzanas.
    Stalin desde el Volga
    hasta la nieve
    del Norte inaccesible
    puso su mano y en su mano un hombre
    comenzó a construir.
    Las ciudades nacieron.
    Los desiertos cantaron
    por primera vez con la voz del agua.

    Los minerales
    acudieron,
    salieron
    de sus sueños oscuros,
    se levantaron,
    se hicieron rieles, ruedas,
    locomotoras, hilos
    que llevaron las sílabas eléctricas
    por toda la extensión y la distancia.

    Stalin
    construía.
    Nacieron
    de sus manos
    cereales,
    tractores,
    enseñanzas,
    caminos,
    y él allí,
    sencillo como tú y como yo,
    si tú y yo consiguiéramos
    ser sencillos como él.
    Pero lo aprenderemos.
    Su sencillez y su sabiduría,
    su estructura
    de bondadoso pan y de acero inflexible
    nos ayuda a ser hombres cada día,
    cada día nos ayuda a ser hombres.

    ¡Ser hombres! ¡Es ésta
    la ley staliniana!
    Ser comunista es difícil.
    Hay que aprender a serlo.
    Ser hombres comunistas
    es aún más difícil,
    y hay que aprender de Stalin
    su intensidad serena,
    su claridad concreta,
    su desprecio
    al oropel vacío,
    a la hueca abstracción editorial.

    Él fue directamente
    desentrañando el nudo
    y mostrando la recta
    claridad de la línea,
    entrando en los problemas
    sin las frases que ocultan
    el vacío,
    derecho al centro débil
    que en nuestra lucha rectificaremos
    podando los follajes
    y mostrando el designio de los frutos.
    Stalin es el mediodía,
    la madurez del hombre y de los pueblos.

    En la guerra lo vieron
    las ciudades quebradas
    extraer del escombro
    la esperanza,
    refundirla de nuevo,
    hacerla acero,
    y atacar con sus rayos
    destruyendo
    la fortificación de las tinieblas.
    Pero también ayudó a los manzanos
    de Siberia
    a dar sus frutas bajo la tormenta.

    Enseñó a todos
    a crecer, a crecer,
    a plantas y metales,
    a criaturas y ríos
    les enseñó a crecer,
    a dar frutos y fuego.

    Les enseñó la Paz
    y así detuvo
    con su pecho extendido
    los lobos de la guerra.
    Frente al mar de la Isla Negra, en la mañana,
    icé a media asta la bandera de Chile.

    Estaba solitaria la costa y una niebla de plata
    se mezclaba a la espuma solemne del océano.

    A mitad de su mástil, en el campo de azul,
    la estrella solitaria de mi patria
    parecía una lágrima entre el cielo y la tierra.

    Pasó un hombre del pueblo, saludó comprendiendo,
    y se sacó el sombrero.
    Vino un muchacho y me estrechó la mano.
    Más tarde el pescador de erizos, el viejo buzo
    y poeta,
    Gonzalito, se acercó a acompañarme bajo la bandera.
    «Era más sabio que todos los hombres juntos», me dijo
    mirando el mar con sus viejos ojos, con los viejos
    ojos del pueblo.
    Y luego por largo rato no dijimos nada.

    Una ola
    estremeció las piedras de la orilla.
    «Pero Malenkov ahora continuará su obra», prosiguió
    levantándose el pobre pescador de chaqueta raída.
    Yo lo miré sorprendido pensando: ¿Cómo, cómo lo sabe?
    ¿De dónde, en esta costa solitaria?
    Y comprendí que el mar se lo había enseñado.
    Y allí velamos juntos, un poeta,
    un pescador y el mar
    al Capitán lejano que al entrar en la muerte
    dejó a todos los pueblos, como herencia, su vida.​
     
  2.  
    Russkiy Okkupant

    Russkiy Okkupant Cemzoonita

    Sagitario
    No voy a decir que no soy zurdo, pero, Stalin?
    Aguante Trotsky :cool:
     
  3.  
    Lenin

    Lenin Creador del tema Cemzoonita

    Libra
    Fuera de mi tema, por favor. Arriba Ramón Mercader.
     
  4.  
    Russkiy Okkupant

    Russkiy Okkupant Cemzoonita

    Sagitario
    Yo me voy si prometes no hacerle nada a algun ucraniano...
     
  5.  
    Lenin

    Lenin Creador del tema Cemzoonita

    Libra
    No soy un kulak para que me digas eso.
     

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