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Escrito original Loca por ti

Tema en 'Biblioteca CemZoo' iniciado por Descard, 27 Septiembre 2016.

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    Descard

    Descard Creador del tema Cemzoonita

    Piscis
    Perdonen que les ponga uno tan largo.

    Loca por ti

    Demasiado amor, demasiado odio, quizá sólo los locos saben de eso. Y vaya que pueden contarnos grandes historias, espeluznantes capítulos del guión del mundo, escritos por personas que no pueden ver los márgenes impuestos en cada página.

    Una vez uno de ellos me dijo algo que difícilmente olvidaré: “A muchas personas les encanta decir que han perdido la razón, que conviven con la demencia como buscando hacerles creer a todos y hasta a ellos mismos que son diferentes para sentirse chéveres. Qué equivocados están. Si de verdad se rompieran; si supieran lo que es irse muy lejos del mundo donde quieren asentarse y formar una familia; si estallara una guerra en sus mentes; si lloraran con el pasado, desconocieran el presente y les aterrara el futuro; si un tipo de bata blanca tuviera que inyectarles un montón de mierdas; si realmente perdieran la razón y de eso sólo les quedara un terrible recuerdo sobre algo que no saben cómo fueron capaces de hacer... Entonces no se sentirían tan mal por tener salud. Y sin embargo me da la sensación de que los locos somos una parte importante, difícil y quizá triste, pero también importante, de un cambio que desde hace mucho da el mundo. Podemos ser genios flotando en otros cosmos desde donde nos toca abrir los corazones de las mentes lógicas. Aportar el arte o la ciencia diferente que son el mejor escudo y la mejor espada en la lucha hacia el progreso. Ligando, pues vivimos al borde de una tragedia, que "ojalá no pase nada". Y sacarle hasta la última gota a nuestra agridulce condición. Si son locos o no, es lo de menos, lo importante es que todos somos diferentes siendo nosotros mismos.” Son personas brillantes, pero muchas veces no sirve de nada pues por miedo los encerramos o hasta matamos.

    En un día cualquiera de mayo, le doy la bienvenida al Hospital Psiquiátrico Virgen del Valle a un médico recién ingresado. Es mi costumbre cada vez que llega un nuevo empleado ofrecerle un recorrido por el edificio contándoles brevemente las historias de sus particulares habitantes, reconozco que lo hago con cierta satisfacción como si fuesen una rara colección personal. Del paseo ya sólo queda la parte más alejada y dos habitaciones.

    —Ésta, —anuncio— es de mis favoritas, siempre está viendo el mismo DVD en el televisor que le permitimos cuando nos dimos cuenta que no había salvación para ella, al terminar de verlo llora, se desespera, y vuelve a poner el mismo disco, esperando cada vez que cambie el final.

    —Pobre mujer, qué pena me da. Pero nada podría llamar más mi atención que aquella joven que dibuja un cuadro tan maravilloso.

    —Tienes buen ojo, eh, su nombre es Peline, y no es casualidad que la haya dejado de última.

    Su pasado es como mi mayor orgullo como jefe y una huella imborrable para todo aquel que la escucha. Acostumbro a presentarla como la historia de una bomba de tiempo que al fin un día estalló.

    Pero ella no es la protagonista de su historia, en gran parte no se trataba de ella sino de él. Su nombre era Alex y estaba loco.

    Un artista, el más bohemio de todos y que fácilmente solía ser considerado loco de remate, alguien que había destrozado sus capullos y ha hecho de todo, un valiente a la hora de gritar lo que lleva dentro. Pero también una especie de payaso triste al que se le daba bien animar a los demás salvo a él mismo, además fanático sin par de las novelas románticas y del amor idealizado. Los tipos como él suelen tomarse las historias sobre corazones rotos como algo personal; sienten el arte como sienten el amor. Así era Alex, mi paciente, alguien capaz de amar más de lo que era sano. Fue también una valiosa fuente de material para mis estudios pues no había detalle que dejara de contarme sobre su condición.

    Alex sentía muchas cosas, pero sobre todo se sentía solo. Tenía esa sensación de saberse rodeado por sombras nacidas del neón que cobija la multitud y que eran un mar de desprecio hacia él, pero no importaba con cuantos colores hicieran brillar la ciudad, estas sombras siempre les serían negras. Hasta que un día llegó a mi oficina contándome sobre un nuevo rumbo en su vida, algo que dio inicio a la única historia de amor que me ha importado; el loco se había enamorado.

    Pero no de cualquiera, como si quisiera aportar una prueba más que anecdótica sobre la teoría de los polos opuestos, era ella totalmente diferente a él, Peline, una chica muy cerrada y relamida, estudiante de pintura pero por aquel entonces nada virtuosa quizá por no tener el toque de locura que requiere la profesión; la clase de persona que vive diciendo más no que sí. Pero, ah, tenía una ventaja, su apariencia es realmente agradable, la musa más hermosa que artista alguno pudiera soñar. Se conocieron en una de esas academias donde estudian los chiflados y, por alguna razón que parece escapar hasta de la bioquímica más avanzada, se enamoraron.

    Aún guardo una de las tantas notas que él le escribió cuando recién se conocían, nunca se la mostró pues le convencí de mostrarse más seguro, la tengo aquí, tan sólo pone: “Quizá yo no sea el más gracioso, pero seré el que invente más chistes para divertirte. Quizá no sea el más guapo, pero seré el que pase más tiempo arreglándome para verte. Quizá no sea el más adinerado, pero nunca te dejaré pagar la cena. Quizá mi cuerpo no sea el más fuerte, pero lo que siento por ti sí lo es. Perdona por no ser el chico que siempre soñaste, pero te puedo prometer que soy el chico que siempre te soñará”. Pensándolo bien, quizá hubiese sido encantador de su parte.

    Pero no las necesitó, la conquistó simplemente siendo él. Al principio a ninguno de los dos les importó sus diferencias, de hecho sentían que se complementaban. Pasaron 6 meses viviendo en un paraíso de besos y sexo, donde todo era tan perfecto que pensé que no volvería a ver más a mi paciente. Nuestras sesiones habían cambiado por completo y fugazmente hasta llegué a creer que la cura a la locura era el verdadero amor. Y tanto era lo que me especificaba el cabrón que hasta me habló de su primera experiencia sexual, jeje, deja que te cuente algo muy cómico. “¿Me amarás para siempre?” Le preguntó ella, y él respondió: “Claro, te amaré en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza, en la cama y en el sofá, boca arriba y boca abajo” Jajaja un genio ese Alex, y cómo él decía: “vale más un genio incomprendido que un idiota reconocido”. Lastimosamente, por un tiempo olvidé que era un genio loco.

    Y vivieron felices, pero no para siempre.

    Todo comenzó el séptimo mes, sus diferencias comenzaron a jalarlos hacia direcciones contrarias. Pocas cosas podían hacer juntos, y sus conversaciones estaban urgidas de algún “exactamente” ocasional, Hasta lo más trivial significaba un conflicto, y volví a creer que vería a Alex hasta el final de mi carrera.

    —No lo entiendo, —me decía— ¿cómo podría funcionar nuestra relación si claramente uno es de Venus y el otro de Marte?

    —De Venus a Marte sólo hay una pequeña parte de lo que ustedes se aman. Aunque sea una locura a veces vale la pena hacerlas; sabes que ello nunca te molestó.

    —¿Aunque no sepamos ni de qué hablar?

    —¡Hablen de ustedes, de la cerveza que se toman, de Sammy...! Nuestro entorno está repleto de temas mendingando algo de atención. Sabes, con los años me di cuenta que no necesitamos alguien que sea igual que nosotros, sino alguien cuyas diferencias nos complementen.

    —Supongo que tienes razón. Pero no exageres, que sólo eres 5 años mayor que yo, eh.

    —Tal vez la vida pasa lento cuando estás cansado.

    —¿De qué carajo hablas?

    —Nada, sólo que hasta un niño de pecho tendría más razón que tú, es precisamente lo que a veces me preocupa.

    —Descuida, no estoy tan loco como dicen en las revistas de farándulas.

    —Jeje, cabrón.

    Pero aunque Alex no se sintiera a gusto, las llamas de su desesperación no se avivaron realmente hasta la noche de su primer recital en el bar The British Bulldog. Peline, como siempre, estaba disfrutando del show en una de las mesas VIP, sin saber que la conversación que mantenía con un hombre de traje causaba en su novio una gran discordia que aniquilaba toda armonía y llenaba de aún más ira sus notas. Él decía que antes del rock la humanidad no tenía cómo expresar la ruidosa maldad que todos llevamos dentro sin derramar litros de sangre, y su arte era muy bueno, música que hace sentir hecha por gente que siente. Y ahí estaba él, tocando ese ácido metal sobre parejas muertas queriendo que sus guturales se confundiesen con los pensamientos de su novia, y quería dejar de atormentarla de esa manera, pero a la vez no lo deseaba. Y ella, tanto como la acompañante de su vida, había pasado a ser también su posesión personal.

    Él volvió a ser el paciente de siempre, pero ahora no parecía el final de mi carrera lo que me separaría de Alex sino algo peor: el final de su vida.

    Aquella noche al volver, ellos discutieron.

    —¿Te gustó mi recital? Si es que lo escuchaste.

    —¡Claro que lo oí! ¿Por qué no habría de hacerlo?

    —Quizá por estar más pendiente de otra voz.

    —¿Te refieres a aquel hombre que me ofrecía un trabajo como recepcionista de su hotel?

    —¿Recepcionista? Menuda mierda, tú estudias pintura.

    —¿Nunca te has preguntado qué harás con tu vida cuando tengas 30?

    —Ah, ya sabes, cosas normales, como buscar reducir el hambre en Dubai y eso.

    —Alex…

    —Hasta ahora voy bien y eso que no he hecho nada, imagina cuando haga algo, si no explota, haré del mundo un lugar mejor.

    —Odio cuando te pones sarcástico…

    —Quizá tenga que quitarle un poco a África, pero ellos saben sobrevivir, menos los que se mueren.

    —Ay, eso fue cruel.

    —¡Pues tu pregunta también!

    —Sé que tienes muchos temores sobre tu futuro, miedo de aquella parada donde anuncian "hasta aquí llegan tus sueños". Pero juntos podemos solventarlo, puedes volver a estudiar, aunque sea esa música que tanto te gusta.

    —¡No! ¡Nunca pisaré una universidad de nuevo! No volveré a ser carne de ese matadero.

    —A veces eres ilógico, sabes que a diferencia de ti yo no tengo ningún don, si queremos estar juntos tenemos que cooperar pues no me espera más que un trabajo tonto hasta que cambie de carrera y me gradúe en medicina.

    —Ah, al principio era un problema sin solución aparente pero, al saber que sólo yo podía perder, no me sentí lo suficientemente jodido. Tomé una decisión conociendo los riesgos de ser libre, y aquí sigo, esquivando rayos incluso mientras follo, sin puntos de salvado y sólo un par de felicitaciones, y la cima anhelada se me ha perdido.

    —Sin embargo ahora estoy yo.

    —Exacto. Quiero tenerte para siempre pero a la vez me estresas muchísimo, y aun así sé que mataría al cabrón que se acueste contigo cuando lo nuestro haya pasado.

    —No hables así.

    —Pues diciendo las palabras que no debo decir, diré justo lo que quiero. Lo siento, pero me gustaría que dejaras de ser tan conservada y arriesgaras más en tu vida. Como yo te estoy dando todo para que me destruyas, cariño, y así es como me gusta amarte, ¿quién quiere la vida eterna cuando podría apostarla por tus labios? Hasta me tatuaría tu nombre en mi cara si me lo pides. Se más, pide más, eres una dibujante de tercera clase porque no lo haces, es el conformismo el peor enemigo del artista. Y pienso que si no enloqueces es porque no me amas, pues el verdadero amor vuelve locas a las personas.

    —Claro que te amo, pero todo lo que me pides es tan difícil.

    —Cariño, la vida es un lienzo enorme en el que dibujamos lo que encontramos con los colores que queremos.

    —No sé qué decir.

    —¿Ves? No tienes que decir nada, sólo arrástrame a la puta cama.

    —Pues vaya cambio de conversaciones te inventas.

    —Oh, no.

    —¿Qué pasó?

    —Creo que el apocalipsis zombi está comenzando porque te quiero comer.

    —Jaja, tonto.

    Yo mismo quise alguna vez preguntarle qué haría con su vida, pero él como adivinando mis pensamientos me dijo bromeando: “algún día me graduaré y buscaré trabajo, y entonces... me despertaré alterado, jaja”. Pero por el tono que usó, me pareció que estaba harto del tema y lo dejé para después.

    Pasó el tiempo, pasó de celebrar los meses juntos a maldecir los siglos que la había soportado. Alex era una montaña de dudas y su vida se había vuelto un infierno, pero le era impensable dejar que Peline fuese la musa de alguien más. Aun así se podría decir que dentro de tanta obsesión se hallaba un amor muy grande y puro, todos lo sabíamos, ella también, y quisieron creer que era una temporada que él podía superar, al igual que los amores que resplandecen con el níveo fulgor de la luna, tienen que enfrentarse a la oscuridad ocasional de la luna nueva. Pero lo peor de todo pasó cuando Peline, en su relamida e inocente manera, desde la distancia espiritual terminó amándolo tanto como él a ella, o quizá más.

    Todos sabíamos también que tales diferencias les harían daño a los dos, que en cualquier momento Alex estallaría; y entonces sucedió. El primer aviso de lo que se venía, la primera piedra de los pecadores: el primer insulto.

    —¿Ves este humo saliendo de mi boca? —Le preguntó.

    —Son esos malditos cigarros —respondió Peline con su tono tan agradable para recriminar lo incorrecto.

    —Es una forma de verlo, sí.

    —¿Qué otra cosa sino?

    —Esto, cariño, son plumas ardiendo dentro de mí, escucha los cánticos desgarrados, en mi cabeza todos los ángeles fueron arrojados al fuego y hay un infierno allí, ¿sabes? Este humo son las huellas de un eterno pasado.

    —No todo tiene un simbolismo en esta vida, cielo.

    —Ah, tú siempre tan peripuesta, eres una estúpida de mierda.

    Hubo aquí un silencio que Alex me describió como el más incómodo de su vida.

    —Dilo.

    —¿Qué cosa?

    —Escucharte decir "lo siento" no me hará sentir mejor, pero evitara que me sienta mucho peor.

    —La verdad no tienes que pedírmelo, justo iba a decírtelo. Lo siento mucho, de verdad.

    Aquella vez se disculpó, pero su locura seguía en aumento. Y de tantos elegibles, si mi relato fuese el cuento de un inédito escritor, digamos, margariteño, el verdadero conflicto sería la desesperación de Alex por ver la cordura de Peline arder.

    En este tiempo Alex parecía una puta novela gótica de horror, era el monje creado por Gregory Lewis. Sus amenazas demandaban que lo encerrara en un manicomio, y mi gran error, por el que tanto me arrepiento, es no haberlo hecho mientras podía y evitar así la posterior tragedia. No me di cuenta que el enorme amor que guardaba muy en el fondo era un grano de arroz junto al sol comparado con sus conflictos. Infames temores para los que no existían héroes, espantos más grandes que la más alta montaña, un horror que anhelaba ver su vida arruinada. Y no importaba a donde fuera pues todo estaba en su mente. No importa lo que hiciera, el único remedio para Alex era la muerte.

    Lo que menos quería para mis nervios sucedió, llegó el día de su revisión mensual, pero no vino con él. Preocupado llamé a su casa, la madre de Alex respondió inmediatamente y notablemente nerviosa, al saber que era yo, alterada me dijo que no sabían nada de él desde que salió a casa de su novia la noche anterior y que estaban por avisar a la policía. Logré conseguir el número de Peline pero nadie atendió. Mientras eso sucedía no sabíamos la tragedia que había acontecido la noche anterior.

    Lo que te cuento ahora no me consta pues no estuve allí, pero hubo muchos testigos que me comentaron todo con lujos de detalles.

    En efecto Alex fue a verla, y sólo dios sabe las magnitudes de las explosiones en su cabeza y la chispa que había encendido las mechas, pero las vecinas que se acercaron y que aterradas no pudieron hacer nada, me contaron que él llegó más alterado que nunca. Al parecer por si su frenética locura no fuese suficiente, el pobre cargaba con una botella de ron casi vacía. Estaba completamente fuera de sí y de lo poco que entendieron en sus gritos se supo que todo pasó porque no soportaba el sentido común y la buena razón de Peline. El terror de las testigos se avivó cuando Alex comenzó a lanzar cosas al piso, haciendo añicos platos, adornos y demás. Ahora la explosión era de aquellas que lastiman el cuerpo.

    Y es que no sería exagerado decir que la bomba de tiempo al fin estalló, como una puta bomba nuclear que nunca debió existir. Obstinado e iracundo, tomó a Peline por el cabello y con fiereza animal le estampó la cabeza contra la mesa mientras gritaba “¡Enloquece, enloquece de una puta vez!” Ensangrentada y confundida, Peline no podía defenderse, llorando rogaba que se detuviera, que razonara, pero él, lejos de eso, con todas sus fuerzas le estrelló la cabeza contra un espejo que se quebró en pedazos, hasta que al fin la soltó.

    —¿¡Qué acaso las serpientes no pueden morir envenenadas!? —Le gritó— ¡No puedes volverte loca pero eres un puto veneno que mata corduras!

    Nervioso e invadido por la vesania comenzó a caminar de lado a lado por la sala, gritando cada vez más ilógicamente, y en el paroxismo de su desesperación le confiesa que deseaba matarla.

    —¡Por todos los cielos! ¿Qué es lo que quieres? –desesperada preguntó Peline.

    —¿Qué quiero, perra? Quiero gritarte mil maldiciones guturales hasta toser sangre y escupírtela a la cara antes de matarte… quiero matarte… ¡te mataré!… sólo lamentaré que no tengas más vidas que asesinar. Si te mato… no envejecerás ni arruinarás lo único bueno en ti… ¡Te mataré! Y aunque pase mis años encerrado, la vida se me hará más fácil.

    Ella seguía rogando por una ayuda que nunca llegó y el terror le invadió oyendo las amenazas de su novio hasta que, presa del pánico, cuando él le dio la espalda en su macabro ir y venir, Peline le arremetió con un trozo de vidrio atravesándole la arteria del cuello mientras gritaba con desgarro ¡Te amo, te amo, te amo! La sangre de Alex brotaba en un gran chorro que teñía la alfombra de un rojo mortal y él, impedido de fuerzas, cayó al suelo vencido. Aunque fuera de peligro, ahora la angustia le invadió a la desconsolada asesina, se tiraba del cabello y apretaba con sus manos el trozo de vidrio criminal, haciéndole sangrar aún más. Abatida lloraba sabiendo que la condena a su crimen será el resto de su vida sin la única persona que realmente podría amar, se podría decir que de sus ojos escapaba la cordura, y despide a su amado con la última frase que se le ha escuchado hasta ahora: "estoy loca por ti". Literalmente se había vuelto loca. Sigue llorando, él sonríe antes de morir. Los 2 apenas cumplían 23 años, era muy temprano para una pesadilla así.

    Desde entonces ella está encerrada aquí y no ha dicho ni una sola palabra como tú al escuchar mi relato, tan sólo dibuja, es todo lo que hace durante el día y gran parte de la noche, dibujar los más hermosos cuadros de todo el país, con la virtud que sólo tienen las personas cuando conocen la locura.

    —¿Ella aún lo recordará?

    —Ah, claro que sí, como un recuerdo lejano, como un tatuaje que ya no duele pero que queda marcado para siempre.

    —Qué triste historia me has contado. Me ha impresionado tanto que la recordaré para siempre.

    —Naturalmente.

    —Sólo una pregunta más, ¿cuál es esa película que la paciente de al lado ve siempre esperando que cambie el final?

    —Ah, eso no es una película, es la filmación de su boda.

    Fin.​
     

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