1. Invitado La navidad llego a Cz, ¿Por que no vas a visitar la choza de Santa Cooz?

One-Shot La isla de todo al revés

Tema en 'FanFics OnePiece' iniciado por Carlua, 4 Febrero 2015.

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  1.  
    Carlua

    Carlua Creador del tema Cemzoonita

    Cáncer
    La suave melodía del piano flotaba en la brisa pero no eran sus huesudos dedos quienes la producían. Brook miró a su alrededor y se le encogió el corazón.

    "¡Pero yo no tengo corazón! Yoho-yohohoho -rió para si mismo.

    El barco en el que viajaba estaba roído por la humedad y el tiempo. Todo estaba oscuro, silencioso y vacío ... Y de nuevo le asaltó la soledad. La soledad que había experimentado por tantos años allí, en su barco, su antiguo barco. El simple olor a humedad le estremecía y, aún peor, le traía a la mente muchos recuerdos...

    Aquellas mañanas en las que los hombres se quejaban cuando él entraba cantando...
    "Ya para, Brook, ya estamos despiertos"
    Aquellos banquetes entre risas y música con toda la tripulación reunida...
    "¡Vamos a tocar otra canción, Brook! La comida con música sabe mejor"
    Las aventuras y los tesoros encontrados...
    Mira, Laboon! ¡Un tesoro, hemos encontrado toda una fortuna!
    Sí, Laboon. Aquella ballenita que se había empeñado en seguirles y que se había vuelto una más de ellos.
    "No podemos llevarte más tiempo con nosotros, Laboon. Tienes que entenderlo...eres muy pequeña todavía y el Nuevo Mundo es muy peligroso"
    Se lo había repetido tantas veces al animal que ya ni lo recordaba, pero Laboon se negaba a abandonarlos. Laboon, su Laboon. Se habían despedido de ella con la promesa de volver a verse en dos o tres años. Pero nunca llegaron.
    El capitán, sus nakamas, sus amigos, su viaje...




    Todo aquello había desaparecido tan rápido... ¿Y después?

    La locura.

    Diez años. Diez años vagando en un barco arrastrado por las corrientes sin poder darle dirección alguna. Diez años paseando por aquella cubierta donde mil y una veces rieron, lucharon y cantaron juntos. Hasta aquella última canción...

    "Es una idea estupenda, Brook" le habían dicho sus compañeros cuando sacó un dial, una caracola especial que grababa sonidos. "Nosotros ya no podremos ver a Laboon, tendrás que cumplir la promesa que le hicimos, así que hazla escuchar sin falta nuestra canción"
    La canción que entonaron todos los que seguían con vida tras una dura batalla en la que nadie salió vencedor. La canción que entonaron en orquesta mientras el veneno de las armas emponzoñadas del enemigo se abría paso entre sus cuerpos y caían uno a uno.
    "Un cuarteto, un trio, un duo..." Había ido señalando Brook mientras el espíritu y la música de sus compañeros se apagaba hasta quedar él, él solo, al piano.
    Murió aquel mismo día, igual que todos, pero la fruta del diablo que probó le devolvió la vida atándole a un cuerpo esquelético que le permitía sufrir, sentir el hambre, la sed, la dureza de los golpes ... Pero no morir.
    Después de todo tampoco quería morir...tenía que cumplir una promesa y, para él...como decía..., "la muerte no es una excusa".
    Pero tras diez años que se llevaron su cordura vinieron muchos años más. Demasiados como para tener esperanza. Cincuenta años solo en aquel barco con los restos de sus compañeros.
    ¿Cuántas veces había soñado que todo había sido una pesadilla para despertar de golpe y volver a perderlo todo?

    Brook se vio obligado a corregirse. Ya no era parte de los Piratas Rumbar. Ya no viajaba en aquel barco. Entonces...¿por qué había vuelto allí?
    Una voz a sus espaldas le dio la respuesta.

    -Hola, Brook.
    El esqueleto no podía creer lo que veía. Ante él estaba un hombre que despidió hacía mucho mientras le consumía una terrible enfermedad.
    -Capitán...-consiguió decir casi en un susurro.
    -Hola, viejo amigo. Te veo más huesudo que de costumbre-dijo sonriendo.
    -Yorki...¿eres tú? ¿Pero qué...?
    -Escucha lo que vengo a decirte, Brook. No tengo mucho tiempo -y, ante el silencio de éste, prosiguió- vengo a advertirte de que se acerca el final de vuestro camino. Tienes que evitar llegar a la siguiente isla, Brook, o no saldréis nunca de allí.
    -¿Qué isla?
    -Dudo que tenga nombre. Todos los que vienen de allí son espíritus vacíos, Brook. Les han robado la voluntad. Esa mujer los cambia y después les roba la vida.
    -¿Mujer? ¿Qué mujer?
    -Nadie le ha visto el rostro, pero recuerda su nombre...Sharín. Es poderosa. Nadie puede vencerla salvo, quizá, tú. Pero es mejor que no tientes a la suerte.
    -Lo entiendo, se lo diré a Luffy. Gracias por el consejo.
    -Adiós, Brook.
    -¡Ah! ¡Capitán! ¿Por que yo soy el único que la puede vencer?
    -Tú tienes algo que ella no puede controlar...
    -¿El qué?
    -Adiós, Brook.
    -¡Ah, espera capitán! ¡Dale saludos a todos de mi parte!
    Y el hombre se desvaneció en una neblina despidiéndose con una sonrisa en la boca mientras asentía.



    ¡Brook!

    El grito sacó al esqueleto de su sueño. Sombrero de paja entró dando un gran portazo en la habitación del músico.
    -Luffy-san...
    -Vamos, Brook. Tienes que tocarla -dijo Luffy dando saltos eufórico- Toca esa canción, ya sabes...¡esa!
    -¡No es momento para eso, Luffy! ¿¡Es que no ves en la situación en la que estamos?! -dijo aterrada Nami que entró dando tumbos detrás de Luffy y, cuando perdió el equilibrio y finalmente cayó al suelo, Brook se dio cuenta de que todo el barco se balanceaba. Pero había un detalle mas importante...
    -¡Ah! Nami-san... Una jovencita no debería entrar en los aposentos de un hombre tan descuidadamente -dijo Brook con fingida vergüenza mientras se tapaba con la sábana.
    -¡Deja de decir tonterías y mueve tu huesudo cuerpo a cubierta...YA! ¡¡Están lloviendo rocas!!
    -¿Rocas?

    Efectivamente, rocas. Así lo pudo comprobar al salir al exterior.

    -¡¡Aauu!! ¡Esta lluvia es supeeeeeeeeeeerrrrrr dura! -dijo el cyborg Franky mientras disparaba hacia las rocas más grandes para pulverizarlas.
    -¡Mil fleur! ¡Gigantesco maaaaaano! -pronunció Robin cruzando los brazos por delante de su pecho. Al instante dos brazos femeninos aparecieron, uno a cada lado del barco, y se cruzaron sobre él como en un abrazo a modo de cubierta. Las piedras chocaban contra su inmenso cuerpo y no alcanzaban al Sunny a excepción de la proa y la popa. En la proa Zoro cortaba en mil pedazos cada roca que se acercaba.
    -¡Diable Jamble! -gritó el cocinero de la tripulación haciendo explotar varias piedras con su pierna envuelta en llamas.
    -¡Eh, imbecil! ¡Aparta del medio! Yo solo me basto -le reclamó el espadachín a Sanji.
    -Tú puedes ir a dormir un rato, aquí lo tengo todo controlado -le dijo en respuesta
    -¡Ya vale vosotros dos! -ordenó Nami evitando que ambos hombres iniciaran una pelea entre ellos.
    En la popa Usoop y Chopper, en su transformación "Kung fu Point", se encargaban de las demás piedras.
    -Vamos, Brook, toca esa canción -reclamó Luffy al volver a su estado original después de haberse inflado como un globo para que una gran piedra rebotara en su cuerpo de goma.
    -¡A la orden, capitán!
    Y empezó a entonar "Entre las rocas pasa el mar" acompañado de su violín.
    -¡Luffy! Allí hay un claro...-le señaló la navegante- Salgamos de aquí cuanto antes...
    -Muy bien...entendido -dijo Luffy- ¡Franky!

    Y no hizo falta añadir más. El cyborg se preparó para usar el Coup de Burst y el barco salió impulsado por los cielos a toda velocidad.
    El vuelo fue bien, no tanto el aterrizaje...pues fueron a parar sobre tierra firme. Al bajar Franky se quedó haciendo balance de los daños. Fue una suerte caer en lo más alto de una montaña que sobresalía de la isla. A nivel del mar parecía haber una ciudad y hubiera sido terrible dañar a casas y habitantes. Con las herramientas que tenía y los árboles de alrededor Franky calculó que podría reparar el Thousand Sunny mientras los demás visitaban la ciudad y se hacían con provisiones.
    Dar con el pueblo fue relativamente fácil. No parecía muy habitado pero con que hubiera unas tiendas donde comprar sería más que suficiente. Brook se puso nervioso ¿donde estaba la gente allí?

    La actividad de dos perros salvajes le distrajo de sus pensamientos. Se habían cruzado en medio de la calle por donde caminaba el grupo y parecían pelearse por un trozo de algo. Nami retrocedió un paso asustada ante su proximidad y Zoro también. El espadachín se llevó la mano al pecho. ¿Se le había acelerado el corazón? Él había luchado con fieras mucho peores ¿por qué le dio miedo de repente? Usoop se envalentonó y decidió enfrentarse a los animales. Coraje no le faltó pero no se pudo decir lo mismo de los reflejos y acabó mordisqueado. Aquellos bichos eran rápidos. Si no hubiera intervenido Luffy habría sido devorado. Chopper se echó a reír. El narizotas había quedado en un estado lamentable. Pero...¿desde cuando su médico se reía de la desgracia ajena?

    Y ese no fue el único comportamiento extraño que vio Brook desde que llegaron a la isla. Nami pareció perder el interés por el dinero. No solo estaba dispuesta a pagar los exhorbitantes precios de los objetos en venta ¡sino que incluso regalaba el cambio al tendero! Y Sanji ya no tenía ojos para las mujeres, para ninguna mujer, ni siquiera para su adorada pelirroja, a la que había dejado cargar con la compra incluso cuando ésta le pidió ayuda. Zoro también ignoraba a la navegante y, además, se negó a probar una gota de sake durante la comida.

    Pero que Luffy pidiera unas “verduritas” para comer hizo que Brook se diera cuenta de que algo no iba bien. Nada bien.

    Cuando quiso reaccionar la noche había caído y el grupo se había separado, dejándolo solo. No se había dado ni cuenta y, cuando se propuso escontrarlos, fue una tarea imposible.

    ¿Habrian regresado al barco? Sí. Ir al barco era la solución más razonable. Era un punto de encuentro para todos. Quizá ya estuvieran esperándole.

    De camino a lo alto de la montaña Brook disfrutó del paisaje. La noche estaba tranquila y era cálida. Entre las copas de los árboles, si miraba hacia el cielo, se podían ver las brillantes estrellas.

    El esqueleto se permitió disfrutar de ese momento de paz. Estar rodeado por la naturaleza era refrescante. Los ruidos de la noche y de los animales del bosque sonaban como música de fondo.

    -¿Quién eres?

    Aquella voz le sacó de su ensoñación. Miró a su alrededor.

    -¿Quién eres?

    Le repitió la voz. Era una voz dulce y agradable. Brook miraba en torno suyo pero no vio a nadie.

    -¿Quién anda ahí?-dijo en respuesta el esqueleto y solo obtuvo silencio.

    Tras aguardar unos instantes decidió ponerse en marcha de nuevo. Quizá había sido su imaginación. Pero pronto descubrió que estaba equivocado.

    Un ruido a sus espaldas le hizo girar y de la rama alta de un árbol cayó alguien. La figura se incorporó y Brook pudo distingirla a medida que se acercaba a él, despacio.

    Era una mujer. Vestía de blanco, un vestido vaporoso y corto sin mangas ni tirantes. Estaba descalza y el cabello le caía por todo el largo de la espalda. Su pelo era del color del fuego y sus ojos...sus ojos le miraban indagadoramente.

    -¿Quién eres? –preguntó nuevamente la mujer o, mejor dicho, la “chica”. No aparentaba más de ventipocos años.

    A sus 90 años de edad Brook no había visto una belleza semejante.

    -Me llamo Brook –le respondió mientras la chica se tomaba su tiempo caminando al rededor de él, examinándole, hasta volver a colocarse delante de él.

    -Y...¿qué haces en esta isla, Brook?
    -Llegué accidentalmente.
    -¿Solo?
    -Con unos amigos
    -¿Y dónde están?
    -Creo que me esperan en el barco
    -¿Solo lo crees?

    Y la joven sonrió.

    -¿Es de esta isla, señorita?
    -La isla es mía –aclaró con cierta sobervia
    -¿Hay algún otro poblado a parte del que está a la orilla del mar?

    La joven no contestó. Volvió a mirarle indagadoramente.

    -¿Quién eres?-preguntó por cuarta vez.
    -Ya se lo he dicho. Me llamo Brook.
    -No. Tú...-le miró de arriba a abajo detenidamente- ¿...eres humano?

    La joven parecía confusa a la par que molesta.

    -Yoho-yohohoho –rió el esqueleto- Hubo un tiempo en el que lo fui. Ahora no sabría que decirle. Soy solo huesos. Yoho-yohohohoho
    -Estás muerto.
    -Hace más de 50 años.
    -Estás muerto.

    Volvió a repetir la joven. Parecía más bien decírselo a sí misma. Era como si hubiera encontrado una pieza de su rompecabezas que no encajara. Pero sacudió la cabeza y le volvió a mirar sonriente.

    -No te los devolveré. Ahora son míos. Tus amigos... olvídate de ellos y vete.

    -Señorita...

    La voz de Brook se agravó. Se retiró el sombrero de la cabeza y dio un par de pasos hacia ella hasta quedar fírmemente colocado delante de la joven. Y añadió...

    -...¿podría enseñarme las bragas?

    La joven parpadeó un par de veces, incrédula. Aquel hombre, o esqueleto, no parecía saber en que situación se encontraba así que ella pasó a aclarárselo.

    -Esta es mi isla y no eres bien recibido.
    -No puedo irme sin mis amigos ni sin el barco.
    -Ellos ya no son tus amigos. O dejarán de serlo enseguida. Bienvenido a la Isla de todo al revés. Aquí la gente cambia. Lo bueno se vuelve malo, los amigos en enemigos, la felicidad en tristeza y ya nada vuelve a ser igual –dijo mientras acariciaba el tronco de un árbol al que se había acercado- aquellos a los que conocías ya no existen. Estas son mis reglas.
    -No me gustan esas reglas, señorita.
    -¿Y qué vas a hacer tú? -dijo soltando una carcajada
    -Yo no he cambiado -respondió mientras el buen humor se esfumaba del rostro de la chica- y traeré de vuelta a mis amigos, a todos.

    Aquella afirmación pareció silenciar a su acompañante. Se había quedado de pie, junto al árbol, mirándole completamente seria. Pasó tanto tiempo en esa postura, sin responder nada de lo que le decía, que Brook pensó en seguir su camino. Pero ella volvió a acercarse a él, esta vez algo más despacio. Le miraba con ojos dudosos. Extendió un brazo hacia él ¿quería tocarlo? Pero antes de alcanzarlo la chica frunció el ceño y retiró su mano.
    -Estas muerto, pero hay vida en ti. Hay vida en ti pero no puedo...-se detuvo como si hubiese estado a punto de rebelar un secreto -¿cómo es posible?
    -¿Cómo es posible que este muerto y a la vez siga vivien...?
    Brook se detuvo al sentir la mano de la joven sobre su rostro. Era un toque ligero, una caricia, solo con la yema de los dedos. Los ojos de la joven estaban entrecerrados. Transmitían miedo, desconcierto, duda. Pero se fueron abriendo y relajando su expresión a medida que posaba toda su mano sobre la huesuda cara del esqueleto y, después, la otra mano sobre la mejilla de al lado.
    -Se...señorita...yoho-yohohoho
    La chica tiró de la cabeza del esqueleto haciendo que se inclinara, venciendo la diferencia de altura, hasta estar cara a cara.
    -No tienes ojos pero puedes verme.
    "Y menuda visión" pensó Brook sabiendo que, si hubiese tenido nariz, ahora estaría pegada a la de la joven.
    -¿Quieres tocarme?
    -¡¿Eeeeeehhh...?!
    Brook se echó hacia atrás soltándose de las manos de la chica. ¡¿Que si quería to...tocarla?! ¿Era una pregunta trampa o qué?
    Y entonces se dio cuenta. Claro que era una pregunta trampa. Ella era su enemiga. Brook decidió girarse para darle la espalda a la joven.
    -Lo siento, señorita, pero me veo obligado a advertirla que nada me distraerá de rescatar a mis amigos...-sentenció el esqueleto- aunque esa sería la mejor forma de intentarlo...yoho-yohohoho

    Pero al darse la vuelta para mirar a la chica ya no estaba. No volvió a verla más esa noche aunque, en realidad, la joven permaneció cerca.
    Brook llegó hasta el Thousand Sunny. Fuera vio como Franky reparaba el barco, o al menos era alguien que se le parecía bastante. Llevaba unos pantalones largos que a duras penas le tapaban las piernas. Era evidente que los había tomado prestados de Zoro o Sanji y no le valían. Se había abotonado la camisa que solía llevar y se puso un chaleco encima. Al parecer había empezado a sentirse incómodo vistiendo tan ligero de ropa.
    El resto del barco estaba vacío. Brook no sabía muy bien que hacer...estaba seguro de que aquella joven era la tal Sharín de la que le había hablado su antiguo capitán. Quizá no la volviera a ver ¿Debería haberla atacado en su momento? ¿Dónde estaban los demás? Confiaba en que se podían defender solos pero... ¿Y si ella los había capturado?
    Solo tenía una cosa en claro. Tenía que actuar cuanto antes. Cuantos más días pasaran peor, comprobó Brook al día siguiente cuando se levantó y encontró a Franky vestido de rosa. "Un color muy varonil" le había dicho el cyborg.
    Bajó de nuevo al pueblo con la determinación de encontrar al grupo. Se alegró al ver una escena familiar. Zoro y Sanji peleaban acaloradamente probando sus fuerzas. Sí, la rivalidad entre ambos era algo que todo el mundo conocía pues discutían a menudo.
    Por eso, cuando pararon y Zoro le pasó el brazo por los hombros a Sanji, Brook no daba crédito.
    Ambos hombres entraron en un bar. Brook corrió. Esta vez no les perdería de vista y, al entrar, pudo ver como el espadachín y el cocinero bebían juntos como dos amigos de toda la vida. Es más, Zoro le dedicaba alabanzas a una joven camarera mientras Sanji maldecía.
    -¿Cómo pude hacer tanto el ridículo? -negaba con la cabeza el rubio.
    -En realidad esto de las mujeres es mas divertido de lo que yo pensaba. No te tortures, querido amigo -dijo Zoro mientras le guiñaba el ojo a otra de las camareras.

    Brook palideció. ¿Pero qué les estaba pasando? Quiso acercarse pero un movimiento fugaz distrajo su atención.

    Era ella.

    Brook la había visto por la ventana. Corrió a fuera, a un callejón al lado del bar.

    -Solo hasta esta noche esqueleto -dijo la pelirroja sentada en un balcón del primer piso.
    -Solo hasta esta noche ¿qué?
    -¿No ibas a salvarlos? Pues mañana ya no podrás. Esta isla cambia el carácter de la gente. Mientras estén aquí harán lo opuesto a lo que suelen hacer. Y mañana...mañana ni siquiera serán tus amigos.
    -¿Por qué me avisa, señorita?
    -He cambiado de opinión.
    -¿Va a dejar que nos vayamos?
    -No. Lo que quiero ahora es que te quedes tú.

    Y la chica saltó del balcón al suelo y salió corriendo. Brook dudó. Quería seguirla pero, ahora que por fin había encontrado parte de la tripulación, no se iría a ningún lado.

    Sharín corría veloz como el viento. Se adentró en el bosque y, habiéndose alejado lo suficiente, se detuvo. No estaba cansada. Nunca se cansaba cuando corría. Nunca se ponía enferma, nunca tenía hambre o sed. No sentía el dolor. No podía morir.
    Así había sido por casi 300 años. Un poder demencial, una vida inmortal y una belleza casi divina y ¿para qué?
    Sharín había nacido en esa isla y jamás podría moverse de allí. Sus poderes no eran suyos. Su madre, una poderosa bruja, al morir, los había sellado en su cuerpo y se había asegurado de que su adorada hija viviera para siempre pero...¿quién quería vivir así?
    Sharín solo había sido una espectadora de la vida. Nunca la había disfrutado realmente. De niña se dio cuenta que el contacto con otras personas la enfermaba, más bien dicho...la consumía. No jugaba con otros niños, no había abrazos ni caricias. Y la gente empezó a temerla. No envejecía como lo hacían los demás ni se enfermaba. Y sus cualidades físicas superaban la de cualquier humano.
    Con el tiempo se fue alejando. Visitaba el pueblo a escondidas y finalmente descubrió el alcance de sus poderes. Todo cuanto era ella lo tomaba de otros. Acortaba la vida del más joven hasta el más anciano. Estropeaba su salud y condición física. Sufrían por ella. Morían por ella.
    Intentó ahuyentar a la gente. Epidemias, monstruos aterradores, plagas... Quería que se fueran, que abandonaran la isla. Pero cuanto peor se ponía la situación menos ganas tenían los habitantes de abandonar sus casas.
    Y, entonces, Sharín comprendió que en la Isla de todo al revés cuando deseas irte es cuando te quedas. Lo comprendió demasiado tarde, pues ya poco le importaba la vida de los demás. No tenía familia, ni amigos, ni nadie que la quisiera o se preocupara por ella. Estaba completamente sola. Existir era lo único que le quedaba y si para vivir debían morir los demás tomaría sus vidas a cualquier precio.
    Así pensó hasta el día que apareció él. Ese esqueleto al que no le afectaba el hechizo que había puesto su madre sobre la Isla para obtener la juventud de los seres humanos que vivieran en ella. No podía tomar nada de él ni le afectaba el conjuro del cambio. No había forma de que le afectara... Él estaba muerto.
    Sharín se miró las manos.
    -Pude tocarle...
    El esqueleto no le robaba energía al contacto y, al no afectarle el hechizo, sabía que el hombre era tal y como se mostraba y que nunca cambiaría. Tenía que conseguir que se quedara, lucharía para no perderlo.

    Y, mientras, Brook libraba su propia batalla. La más dura hasta él momento pues peleaba contra él mismo y su conciencia. Había encontrado a Robin y no sabía si llevarla consigo o limitarse a contemplarla. La mujer de carácter tranquilo y serio, que siempre tenía un libro en la mano y leía en silencio se había convertido en una mujer explosiva. Sonreía todo el tiempo, muchas veces de forma provocativa, y estaba bailando al ritmo de la música. No dudaba en tontear con los pocos hombres que la contemplaban casi babeando. Zoro se animó a la fiesta mientras que Sanji puso los ojos en blanco y suspiró casi furioso al recibir las atenciones de la arqueóloga.
    -Es denigrante -se quejó el cocinero.
    -¡Ah, pero si no me pagan! -escuchó Brook proveniente de su derecha y, al mirar, vio a Nami...que siguió con su aclaración -Lo hago por ayudar...
    Nami vestía de camarera y atendía las mesas. Se acobardaba y se mostraba tímida cuando los hombres menos decentes se metían con ella. ¿Dónde se había quedado la aterradora y violenta muchacha que tantas veces le había pateado la cabeza?

    Y lo peor de todo. No había rastro de Luffy ni de Chopper ni de Usoop. Casi prefería no verlos en su estado actual. Ni siquiera entendía por qué sus amigos no se daban cuenta de su comportamiento. Ni le escuchaban cuando se lo intentaban explicar.

    Entonces Brook decidió atacar la raíz del problema. No acababa de entender bien lo que ocurría en la isla ni sabia como solucionarlo, pero había alguien que sí lo sabía.

    El músico volvió al bosque. Allí gritó el nombre de la joven y aguardó. Esperó hasta que obtuvo respuesta.

    -¿Cómo conoces mi nombre?
    -Me lo dijo un amigo.
    -En la isla nadie se acuerda ya de mí.
    -No está en esta isla.

    Sharín frunció el ceño.

    -Escucha. No he venido para charlar, señorita –dijo Brook desenfundando la espada que guardaba en su bastón- quiero respuestas.
    -Eso es bueno. Tú quieres algo de mí y yo quiero algo de ti.
    -¿Propones un trato?...¡Ah! ¿Vas a enseñarme las bra...?
    -Te diré como sacar a tus amigos de aquí pero tú tendrás que quedarte conmigo. Para siempre.
    -Yo estoy en deuda con mi capitán. He jurado seguirle solo a él. Mi vida le pertenece. Además, hay una promesa que aún debo cumplir.
    -En ese caso no te diré nada. De todas formas ya es tarde. Se ha acercado la noche...llegan las sombras.

    Gritos procedentes del poblado llamaron la atención del esqueleto. La escena que contempló cuando llegó fue aterradora. Figuras grotescas y oscuras atacaban sin piedad a todo el mundo. El que podía se defendía pero no había forma de acabar con las sombras porque solo existían en la mente de los habitantes del lugar. Era como si compartieran una pesadilla en común. Una sin fin. Era tan intensa que hasta el esqueleto podía verla.

    Así era siempre y Brook por fin entendió. Aquello atemorizaba a la gente, aquello la hacía huir y, por tanto, la retenía en la isla de todo al revés.

    Brook volvió al barco. Hasta Franky estaba bajo los efectos de la visión. El esqueleto tomó su violín y ascendió por la montaña.

    -¿Qué vas a hacer?

    Sharín volvió a aparecer, pero Brook siguió su ascenso hasta llegar a un lugar que le pareció adecuado.

    -¿Le gustaría oír una canción, señorita?

    Y después de pronunciar “Party Music” comenzó a tocar. La música empezó a moverse por el aire. Era una melodía alegre, vivaracha, y junto con ella vinieron imágenes. Una fiesta sin fin. Hermosas bailarinas danzando. Y color... Todo se llenó de color. La montaña, el bosque, la playa...

    La música de Brook llenaba toda la isla y las sombras empezaron a desaparecer. Los atemorizados habitantes cobraron ánimo y se pusieron a celebrar sumidos completamente en la nueva visión.

    -Para ya –Exigió Sharín.

    -¿Por qué? –preguntó el esqueleto, aún tocando- ¿No te gusta la música? ¿o temes que les guste a ellos? Porque nadie quiere irse cuando hay una fiesta y se divierte. Y si no quieren irse entonces se marcharán Yoho-yohohohoho

    Y el esqueleto siguió tocando. Tocó hasta el amanecer mientras la joven le miraba con expresión triste. Brook estaba exhausto pero no se detuvo. No abandonó su instrumento ni cuando vinieron a por él ni cuando subió al Thousand Sunny. No dejó de tocar ni para agarrarse a algo cuando el barco salió propulsado hacia el cielo con un nuevo Coub de Burst ni cuando aterrizó sobre el mar.
    Ahí estaba de nuevo su alocado y despreocupado capitán, riendo junto a Usoop mientras Franky maldecía. ¿Qué hacía él con ropa rosa?
    Nami volvió a recibir las atenciones del cocinero mientras Zoro se tumbaba a echar una cabezadita. Hacía dos días que no dormía.
    Brook contempló orgulloso a sus nakamas. Todo volvía a ser lo que era pero el músico no estaba feliz. Agotado se fue a la popa del barco y volvió a escuchar el ruego de la chica en su cabeza.

    "No te vayas"

    El esqueleto suspiró.

    "Tú no sabes lo que es estar encerrado en esta diminuta isla por décadas, no poder salir nunca de aquí"

    Le había confesado durante la noche anterior Sharín.

    "No sabes lo que es estar aislado del mundo"

    Pero Brook lo sabía.

    "Lo que es estar solo, completamente solo"

    Lo sabía también.

    "...y no poder morir"

    Brook bajó la mirada al suelo y suspiró.

    -¿Qué es lo que te pasa?
    Robin se había acercado hasta él, recibió el saludo del esqueleto y se puso a mirar al horizonte, como lo hizo él.

    -¿Crees que volveremos alguna vez a esa isla?
    -Todo puede ser -le respondió sonriente la arqueóloga
    -Me gustaría reencontrarme con alguien que conocí. Me recordó un poco a mi yo del pasado.
    -En ese caso seguro que vuestros caminos se vuelven a cruzar -añadió Robin

    Y Brook sonrió con optimismo por un futuro encuentro que nunca llegaría, pues con el Thousand Sunny partieron muchos más barcos y la isla quedó desierta. Así que allí, a pie de playa, con la arena bajo sus pies y mirando el horizonte, la bruja aguardó el fin de su ya demasiada larga existencia tarareando la canción del hombre al que no pudo retener a su lado.
     
    Última edición: 5 Febrero 2015
    • Ganador Ganador x 4
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  2.  
    Kimi Deathberry

    Kimi Deathberry Paper Bag Brigade

    Leo
    Ok... Es la primera vez que leo un fic de One Piece :O... Y realmente me agrado mucho la lectura, fue muy fresca y fácil de digerir.
    Me ha gustado mucho! así que suerte.
     
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  3.  
    Cyanuro

    Cyanuro Cemzoonita

    Géminis
    Me ha gustado muchísimo, la personalidad de todos está perfectamente captada y me encanta que hayas dado tanto protagonismo a Brook. Ha sido una historia un poco triste pero encaja muy bien con el pasado de Brook, con esa soledad absoluta.
    Me ha hecho mucha gracia todos haciendo lo contrario, sobretodo Franky con pantalones y Zoro ligando con las camareras mientras Sanji está muy ofendido por su comportamiento jajajaja :D
     
  4.  
    Carlua

    Carlua Creador del tema Cemzoonita

    Cáncer
    Uff...no sabes como me alegra que una fan de One Piece me diga eso. Tenía mucho miedo de no captar bien la esencia de los personajes y darle la vuelta a su personalidad me volvió un poco loca. No sabia si los fans me daríais el visto bueno.

    Brook es genial. Se merece ser protagonista xD

    Después de finalizar el fic pensé que Sharín y él hariAn una bonita pareja
     
    Última edición: 6 Febrero 2015
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  5.  
    Hitomi-chan

    Hitomi-chan Equipo administrativo Critico Maestro de edicion Paper Bag Brigade Duende de Santa cooz Colaborador de Concursos

    Géminis
    Comentario de jueces:


    • Procura no usar tanto el punto y seguido; para ello es mejor utilizar el punto y coma. En cuanto a la historia es la primera vez que disfruto tanto un fic, pues me sentí leyendo un arco del manga; tuve que leerlo dos veces porque la primera vez no me importó revisarlo. Y al revisarlo encontré ese uso constante del punto y seguido; en cuanto a ortografía muy bien.



    • Pocas veces leo algún fic de One Piece, pero el tuyo estuvo genial y me agrado mucho, fue fácil de leer y además se disfruta mucho el leerlo, la verdad no tengo nada que decir, es un gran fic.



    • --------------- Pendiente ---------------------------------
     

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