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Long-fic La dulce mentira [Inuyasha]

Tema en 'FanFics de Inuyasha' iniciado por Aensland, 28 Mayo 2016.

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    Aensland

    Aensland Creador del tema Equipo administrativo Tribu Cooz Maestro de edicion Duende de Santa cooz

    Acuario
    Aii! Estoy hasta nerviosa y todo! Me recuerdo antaño cuando era una criaja escribiendo fics de Inu, que eran lo más, y siempre la gente estaba hiper impaciente por la "conti" y más nerviosa estaba la/el escritor/a por como seguirlo!

    Hace tiempo empecé un fic de Inu, bastante largo, aun no lo acabé, lo tengo en mente pero no lo terminé. Tengo unos 4 caps, pero si veo que esto empieza a volar, me pondré ha escribir más <3!

    La dulce mentira.


    Capítulo 1.

    Un atardecer, caluroso de verano, ellos dos en un parque, sentados. La chica tenía el cabello oscuro y largo, ojos cafés, era preciosa. Sin embargo, el chico era musculoso, alto, cabello largo y oscuro, ojos dorados color de miel, también era muy bello.

    La chica llevaba una camisa blanca como su piel, de tirantes, una falda color roja con los bordes de color negro, y unos "zapatos" veraniegos. Mientras el chico tenía una camisa color oscura remangada por los codos, era de chándal, y unos pantalones cortos color más claro, y chanclas.

    Los dos estaban sentados en los balancines de ese parque mientras el abrasador sol les bañaba con sus rayos de calor. El chico empezó a columpiarse mientras la chica fijaba la mirada en el suelo.

    - InuYasha...- Susurró la chica.

    El chico empezó a parar el columpio. Cuando paró, miró al frente y unos segundos después desvió la mirada hacia ella.

    - ¿Qué pasa? ¿Aún estas preocupada por eso? – Preguntó él, con voz tranquila y muy dulce a la vez.

    La chica aún con la mirada fijada en el suelo, empezó a jugar con el pie a darle pataditas a una piedra.

    - InuYasha... No lo entiendes, ¡no sé como hacerlo! - Exclamó - Ya solo tengo dos semanas para ése examen, necesito aprobarlo para poder entrar en la universidad de Tokyo.

    - Kikyo… Confio en ti - Dijo mientras se levantaba y se ponía enfrente de la chica cabizbaja– Todo saldrá bien, aprobarás y con nota de diez!- Ella le miró, él la miró, conectaron miradas, amaneció una sonrisa por parte de ambos, y se unieron hasta conectar sus labios y besarse.

    Él se separó mientras sonreía, le extendió la mano para que se levantara. Ella la aceptó y se levanto agarrando su mano. Los dos se miraron y ella le abrazó.

    - InuYasha….. Qué haría yo sin ti... – Dijo ella mientras le abrazaba más. Él la correspondió y al poco tiempo se agarraron de las manos y comenzaron a salir del parque.

    - ¿Nos vemos mañana? – Susurró el.

    - Tengo que estudiar duro para el examen cariño – Dijo mientras se puso de puntillas – Lo siento...

    Los labios de los dos chicos se encontraron, al principio fue tranquilo, pero, comenzó a ser algo más "violento".
    Cuando se separaron, Kikyo se fue a dirección a su casa e InuYasha hizo igual. Al poco tiempo InuYasha giró una esquina y se percató a lo lejos de que más adelante había una chica que el conocía y apreciaba con toda su alma. Ella llevaba unas bolsas de la compra e iba distraída mirando hacía adelante.

    Corrió hacia ella, levantó sus manos y le tapó los ojos - ¿Quién soy? - Preguntó en tono animado, con una sonrisa de oreja a oreja. La chica sonrió igual y soltó las bolsas de la compra para agarrar y acariciar las manos de él.

    - Mmm, ¡no sé! – Jugó la chica sin quitarle las manos - ¿Kouga-kun? - Bromeó.

    - ¡No me compares con ése, mema! - Exclamó alterado, pero sin quitarle las manos del rostro de la joven.

    - Hahaha, perdona InuYasha – Dijo mientras le bajaba las manos y se daba la vuelta para mirarle. - ¿Qué haces aquí? - Preguntó con una enorme sonrisa y ojos tiernos.

    - Estaba en el parque y te vi cuando me dirigía a casa, Kagome – Contestó el chico. Bajó su mirada a las bolsas - ¿Quieres que te ayude?

    Kagome era una chica muy parecida a Kikyo, no se diferenciaban mucho, pero aún así se diferenciaban. Kagome tenía la piel más oscura, los ojos más claros, pero aún así color cafés, el cabello color azabache ondulado, y las exactamente las mismas curvas que Kikyo.

    - No, no, puedo sola - Contestó volviendo agarrar las bolsas - Pero, ¿puedes venir a mi casa? – Propuso ella mientras andaba nuevamente hacia la dirección a la que se encontraban.

    - ¿A tú casa?, ¿para qué? – preguntó el.

    - Tengo que darte el libro que me dejaste, ya me lo terminé y me gustaría devolvértelo lo antes posible. – Dijo ella con una sonrisa dulce.

    - Si claro - Contestó, mientras rápidamente la agarró de una mano y le arrebató una de las bolsas - Pero déjame ayudarte.

    - ¡Qué testarudo! – Exclamó mirándole - Bueno, ¡pero solo por esta vez!

    El sonrió y siguieron caminando. Kagome se sintió curiosa y formuló, sin pensarlo, una pregunta.

    - InuYasha...

    El giró la cabeza para mirarla, esperaba ésa pregunta por parte de ella.

    - ¿Qué hacías en el parque? - Preguntó, devolviéndole la mirada con cara inocente y sonriente.

    - Estaba con Kikyo - Al mencionar ese nombre, Kagome apartó su mirada de los ojos dorados de el, para posarla en el suelo por el cual estaba pasando, sin querer darse cuenta, su cara tomó forma en un rostro triste y apagado. Pocos segundos después volvió a levantar la cabeza.

    - ¡Tonta! ¡Estando así no conseguirás nada! ¡Anímate! - Pensó ella mientras esbozaba una sonrisa algo forzada para que InuYasha no se diera cuenta.

    Ya llegaron a su casa, solo faltaba subir una cuesta con muchos escalones que llevaba al templo de esa ciudad. Ya subidos los escalones había un árbol enorme al lado izquierdo del templo, y una pequeña caseta a la derecha, que guardaba en ella un pequeño pozo donde se decía que los antepasados tiraban ahí los restos de demonios.

    Llegaron a una casa que había detrás del templo, era la casa de Kagome. El tejado era azul oscuro, y las paredes eran como color crema, la casa no era ni muy grande ni pequeña. Tenia una pequeña despensa a su lado, hay se guardaban las cosas antiguas de ese templo.

    Kagome abrió la puerta corrediza y entró.

    - Pasa InuYasha – dijo aún con la sonrisa en sus labios – Como si estuvieras en tu casa – se quitó los zapatos y se puso unos para casa, les ofreció otros a InuYasha – ¡¡Ya he llegado mamá!! – Gritó mientras entraba.

    - Gracias Kagome – Dijo él mientras se ponía los zapatos que Kagome le ofreció.

    Kagome se dirigió directamente a la cocina a dejar las bolsas de la compra.

    - InuYasha si quieres sube a mi habitación – dijo ella mientras entraba en la cocina.

    - Claro, te esperaré allí – InuYasha dio media vuelta y empezó a subir escaleras para llegar a la habitación de Kagome.

    - ¡InuYasha! – Dijo una voz infantil - ¡Hola!, ¿cómo estas?, ¿quieres jugar conmigo a los videojuegos?

    - Me encantaría Sôta, pero he venido con tu hermana, para que me dé un libro que le dejé.

    - Jo… –Dijo Sôta con voz triste.

    - Te prometo, que vendré otro día, y jugaré todo el tiempo contigo – Prometió él.

    - Vaaaaale – sonrió Sôta.

    InuYasha le sonrió y volvió a andar en dirección al cuarto de Kagome. Cuando entró a la habitación se dirigió a la cama y se sentó.

    - Mmmm… – Aspiró aire – huele a ella… - Dijo mientras echaba el aire lentamente. Cerró los ojos y empezó a sentir por aquel olor tan dulce que rozaba su pituitaria amarilla y que poco a poco soltaba por los labios. De repente, la puerta se cerró e InuYasha abrió los ojos y miró hacia ella.

    - Perdona por hacerte esperar - Mencionó Kagome acercándose a una estantería con libros de todo tipo.

    - No importa Kagome, además no has tardado - InuYasha desvió la mirada y se quedo mirando fijamente la ventana, exactamente mirando un gran árbol florecido, era grande y viejo, pero igualmente era hermoso.

    ¡Tock, tock! - Sonó detrás de la puerta que a continuación se abrió lentamente. Era la madre de Kagome, tenía el pelo corto, ojos cafés y tono de piel algo más claro que Kagome. Ella era la directora del instituto al que asistíamos. Entró con una bandeja enorme con 2 tazas de chocolate y muchos dulces.

    - Hija, os he preparado la merienda, disfrutadla. - Dijo dejándola en la mesa del escritorio. Miro a Inuyasha y le sonrió - Hacia mucho que no te veía por aquí InuYasha - Se acercó y le dió un beso en la frente.

    Éste se puso algo nervioso y a la vez colorado - Lo mismo digo señora Higurashi. - Kagome seguía buscando el libro en la estantería, y la madre salió de la habitación, cerrando la puerta. Se estiró para poder alcanzarlo y se volvió hacia él.

    - Ten, tu libro. - Se lo ofreció mientras sacaba la silla del escritorio y se sentaba en ella. Él agarró el libro y le sonrió. Nuevamente ella agarró una taza de chocolate y se la ofreció dandole, también, un platito con dulces.

    - Bueno Kagome ¿qué te pareció el libro? – dijo el mientras se comía una galleta.

    - Pues la verdad es que me a gustado mucho, el un libro que me a encantado, me gustaría comprármelo – dijo mientras le miraba – pero si te soy sincera no lo he encontrado por ninguna parte.

    - ¿No? – dijo el metiéndose la galleta entera en la boca.

    - InuYasha te vas ha atragantar – dijo Kagome mientras bebía un poco de chocolate.

    - Sabes – se trago toda la galleta y la miró – te regalo el libro.

    Kagome en ese momento le miró algo sorprendida.

    - ¿Qué… me lo regalas? Pe-pero si es tuyo – sorprendida.

    - Si te lo regalo, yo ya lo leí varias veces y se me bien la historia, quédatelo tu, aparte si quiero volver a leerlo te lo pediré – sonrió.

    - ¡¡Gracias InuYasha!! – Gritó muy feliz - ¡gracias! ¡Gracias, gracias!

    Él sonrió al ver a su mejor amiga tan feliz con un tan poco, el libro era viejo y estaba desgastado por el paso del tiempo.

    - Con que poco se conforma... Que linda es - Pensó mientras seguía mirándola, viendo como ella cogía el libro y lo abrazaba mientras, nuevamente lo colocaba en la estantería.

    Continuará....
     
  2.  
    Aensland

    Aensland Creador del tema Equipo administrativo Tribu Cooz Maestro de edicion Duende de Santa cooz

    Acuario
    Capítulo 2.

    No se como pasó, simplemente fue muy fugaz. El se levantó por un impulso, la abrazó, no le dio tiempo a reaccionar y el libro se calló al suelo. Los dos estaban abrazados, de pié frente aquella estantería. El estaba con los ojos cerrados y algo nervioso mientras ella estaba muy sonrojada y tranquila a la vez. Ella le miró de reojo pero el no le dejo que se moviera ya que le abrazaba más fuerte, aún que a ella le encantaba. Inhaló de ése perfume que procedía de ella y comenzó apretarla contra él. Kagome correspondió a su abrazo muy suavemente, pero el , inconscientemente, dejo de abrazarla tan fuerte y empezó a acariciarle la espalda.

    - InuYasha… ¿Por qué haces esto? – preguntó ella con voz dulce.

    InuYasha estaba hundido en un mar de pensamientos, simplemente se dejó guiar por sus sentimientos y ese impulso le llevó hacia donde estaba ahora.
    Kagome se quedó en silencio, solamente se dejo abrazar y hundió la cara entre su pecho. De repente, abrió los ojos, se percató de lo que estaba haciendo y poco a poco se separó - Perdona Kagome, no se que me ha pasado...

    Kagome finalmente levantó un poco la cara y le miró - Supongo que es por que me parezco a ella, ¿cierto? - Preguntó ella, triste.

    InuYasha la miró - Otra vez esa cara no, porfavor... - Pensó al verla como bajaba la mirada hacia el suelo. - Kagome - Susurro mientras le levantaba la barbilla y la hacia mirarle a los ojos - Eres mi mejor amiga, y también te quiero, así que es normal que quiera darte abrazos, no solo Kikyo es importante en mi vida, tu también eres un pilar fundamental en mi existencia.

    Kagome no podía soportar ese intento de palabras de consolación, y aparte, el le impedía bajar la mirada - No Kagome, ¡aguanta! - Se gritaba ella interiormente para que esas lágrimas no salieran por esos entristecidos ojos. Poco a poco forzo una sonrisa cerrando sus ojos. InuYasha se percató de que estaba incomoda y la soltó.

    - Gracias por la merienda, pero es mejor que me vaya.

    Kagome no dijo palabra, se quedó con los ojos cerrados durante unos segundos y poco después lo acompañó hacia abajo. Ambos bajaban las escaleras en silencio. Una puerta del piso de abajo se abrió, era su madre, salió y se puso delante de ellos al bajar los últimos escalones.

    - Kagome hija, ¿vas a salir? - Preguntó con unos papeles en las manos - Necesito que vayas a la papelería de abajo para que me fotocopies unos exámenes de 2do de Bachillerato.

    Kagome alzó la mirada al escucharla, Inuyasha miraba a su madre con cariño, la madre extendió los exámenes hacia Kagome y poco después ella los agarró - Si mamá, iré hacerle fotocopias.

    - Gracias cariño - Miro a InuYasha - ¿Ya te vas?

    - Si señora.

    - Espero verte más por aquí. - Comentó con una sonrisa - Bueno e de seguir trabajando. - Volvió a entrar, corriendo la puerta detrás de si.

    Los dos se quedaron solos en ése pasillo estrecho, Kagome miró los papeles que su madre le entregó. InuYasha desvió la mirada hacia ella y tuvo curiosidad, ¿de que serían los exámenes? ¿serían los exámenes de Kikyo? - Podría... Conseguir uno y... dárselo a Kikyo, así aprobaría seguro... - Pensó InuYasha - ¿Quieres que te acompañe a la papelería Kagome?

    - Si claro - Respondió ella mientras recorría el pasillo para salir de la casa. Rápidamente se puso los zapatos y abrió la puerta. InuYasha la seguía, seguía teniendo mucha curiosidad por el contenido de aquellos papeles.

    - Y... Buenos, ¿de qué es ese examen? - Cuestionó para relajar la tensión que había entre ellos y ya de paso enterarse.

    Kagome miró de reojo a InuYasha mientras bajaban las escaleras de aquel templo - ¿Quieres saberlo para copiarte? - Preguntó ella, sonriente, al parecer ya estaba como siempre, alegre y contenta. Esto animó a InuYasha y le siguió el juego.

    - Obvio. Venga, déjame verlo, además, cuando llegue a casa seguramente se me olvide, así que, que mas te da.

    Kagome soltó un par de carcajadas y volvió a mirarle - Está bien, pero no se lo digas a nadie, si no me madre me mataría - Extendió la hoja para mostrársela, y el, algo nervioso, la agarró y leyó el título. "Examen Final 2do Bachillerato. Historia."

    - Le tendría que preguntar a Kikyo si esta es la materia la cual cree que va a suspender... - Pensó inconscientemente. Al poco tiempo llegaron a la papelería, el intentó a toda costa memorizar cada una de las preguntas antes de que Kagome le arrebatara el examen. - Toma, creo que no recordaré nada de aquí a 3 minutos. - Bromeó devolviendole el examen.


    Ella sonrió y cogió el examen - Estudia mucho y verás como aprobarás.

    Ambos se miraron, era obvio que entre ellos había mucho más que química. InuYasha levantó la mano y se despidió dejándola en la puerta de la papelería. Ella sin embargo se quedó viendo a InuYasha hasta que desapareció.

    - Odio esto... - Pensó ella mientras entraba a la papelería.

    ________________________________________________________________________________________________________________

    Con InuYasha.

    InuYasha aún estaba en la calle, se dirigía a su casa, y el sol ya se ocultaba.

    - Se hace tarde, mi madre me va a matar.

    Hecho a correr hacia su casa. Primero corrió unos metros hacia el centro de la ciudad, a continuación dobló una esquina hacia la izquierda, después de correr unos cuantos metros más se adentró en otra calle, paró de correr y ya fue normal. Por último doblo hacia la derecha y enfrente, había una casa. Abrió la puerta corrediza y entró.

    - ¡YA ESTOY EN CASA!

    - Bienvenido a casa InuYasha – le dijo una voz femenina mientras salía de una habitación.

    - Madre, perdón por llegar tarde. Estuve con Kagome.

    - No te preocupes InuYasha, ve a la cocina a cenar hijo.

    Aquella mujer era la madre de InuYasha, tenía el cabello muy largo y liso, tenía los ojos marrones, unos labios muy finos y era muy hermosa.

    InuYasha pasó por el pasillo y besó a su madre en la mejilla dándole las gracias, entró en la cocina, en ella estaba su hermano mayor, se parecía a InuYasha, tenia el cabello oscuro y largo, parecía alto y tenía muy buen cuerpo, los ojos los tenía color café acaramelados y una cara muy fina, perecía uno de esos chicos muy serios que casi nunca hablan.

    - ¿Dónde estabas estúpido?- Dijo el hermano.

    - ¿Y eso a ti qué te importa? – Le dijo InuYasha mientras este se sentaba para comer en la mesa.

    - Eres un idiota InuYasha, ¿no te lo han dicho nunca?

    - Sí, otro chico más idiota, que eres tu Sesshomaru.

    Sesshomaru se levantó de la mesa tranquilamente, ya que terminó de comer, se dirigió hacia la salida ignorando a InuYasha como la mayoría de las veces. InuYasha agarró el bol de arroz y empezó a comer, cuando lo terminó, empezó unos tallarines y algo de sopa a la vez. Al acabar se levantó de la mesa, recogió los platos, incluso los de su hermano, y empezó a lavarlos en el fregadero.

    - InuYasha… No hace falta que los laves, ya lo hago yo cariño – Dijo su madre que acababa de entrar a esa sala.

    - No, ya estoy terminando, madre tu date un descanso que lo necesitas.

    - Gracias cariño, entonces me voy a acostar no tardes mucho en acostarte cielo. – Dijo mientras salía de la cocina.

    - No…. no te preocupes madre, ya mismo acabo. – Dijo cerrando el grifo del agua, mientras agarraba los platos y los ponía a secar.

    Cuando acabo se secó las manos con un trapo, limpió la encimera y salió de la cocina apagando la luz. Subió lentamente las escaleras hacia su habitación mientras se ponía una mano en su cabeza.

    - Joder, en que demonios estoy pensando... – Se dijo así mismo mientras entraba a la habitación.

    Cuando entró encendió la luz que estaba a su lado a mano derecha y cerró la puerta. Ese cuarto era un poco más grande que uno normal, la cama estaba en un rincón, las paredes pintadas en grises con posters alrededor, también había un escritorio bastante grande con un ordenador portátil encima de el, y enfrente del escritorio una ventana que daba al monte Fuji.

    Avanzó lentamente hasta el escritorio y se sentó en la silla abriendo el portátil, inclinó la mano derecha para darle a un pequeño botón para poder encenderlo. La pantalla del portátil se puso azul y con unas letras blancas un poco gruesas diciendo 'Bienvenido'.

    Puso las manos en el ratón 'táctil' que había en el centro y abajo del portátil. Movió lentamente la flecha y abrió una carpeta que ponía 'Fotos'. Al instante salieron un montón de fotos, fotos de él, fotos de sus amigos, fotos de Kikyô, fotos de Kagome….

    Continuará....
     

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