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Long-fic Entre La Guerra Y La Guerra

Tema en 'Escritos originales' iniciado por Rainy, 4 Septiembre 2016.

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  1.  
    Rainy

    Rainy Creador del tema Cemzoonita

    Tauro
    Capítulo 1


    El hombre miró su reloj de pulso y volviendo su atención a sus amigos, dijo:

    —Bien, los dejo, porque tengo algo muy importante qué hacer.

    Elías Alas y Franco Bueno miraron sorprendidos a Iván Cobo, luego Franco fue el que cuestionó.

    —¿Más importante que el próximo negocio que estamos por cerrar? ¡Iván, por Dios! ¡Estamos a punto de absorber la cadena de hoteles Paradise! ¿Y tú tienes algo más importante qué hacer?

    Iván sonrió con cinismo. Se encogió de hombros al preguntar.

    —¿Pero por qué se preocupan? ¿No es ya un hecho que somos casi dueños de esa cadena de hoteles? Además…

    Sin terminar la frase, echó la silla atrás para levantarse. El sonido de las patas al arrastrarse contra el suelo atrajo la atención de algunos de los clientes en el restaurante, lugar en el que se encontraban terminando su almuerzo.

    El par de mujeres que volvieron sus vista a ellos no pudieron evitar recorrer con sus miradas al hombre de veintiséis años y tampoco pudieron dejar de suspirar, porque la imagen de él llenó las pupilas haciéndolas brillar de interés. Y no es que Iván Cobo fuera un adonis, porque no lo era, pero su figura se imponía debido a su entusiasta personalidad. El hombre irradiaba confianza, alegría y optimismo, lo que hacía que su rostro de rasgos ordinarios llamara la atención. En ese momento su mirada del color tormentoso del mar destelló traviesa mientras se erguía en su metro setenta y ocho. El castaño cabello que le llegaba por debajo de los hombros, lo tenía peinado hacia atrás y atado con una fina liga en la nuca.

    —¿Además qué, Iván? —Inquirió Elías poniéndose también de pie.

    El interés en las miradas de las féminas se acrecentó cuando las posaron ahora sobre Elías. Un moreno claro de veintisiete años. Su negro cabello era todavía más largo que el de Iván, pero al igual que él lo tenía atado atrás despejando una frente amplia, luciendo los negros y penetrantes ojos que se entornaron al mirar a su compañero.Su mirada hacía juego con la seriedad de su rostro otorgándole a sus facciones dureza y autoridad, porque a él le gustaba tener el control de las cosas, siempre decidido y apasionado, rebelde incluso y desde el punto de vista de sus amigos, muy dominante, lo que se notó en ese instante en que se elevó en su altura —uno con ochenta y dos— y exigir de inmediato la respuesta.

    —Además —continuó Iván sosteniendo su mirada—, es importante que pase a mirar la propiedad. Un negocio que adquirí ayer.

    Elias frunció el ceño con disgusto mientras que Franco Bueno dejaba finalmente su asiento, mostrando su sorpresa con la siguiente pregunta.

    —¿Compraste un negocio sin consultarnos a nosotros?

    Iván miró a Franco notando su incredulidad, lo que no lo sorprendió, pues su compañero de veinticinco años era muy ordenado y disciplinado, un crítico perfeccionista además de idealista, así que casi podía saber lo que pensaba: que había roto el estatuto de consejo de la empresa al hacer una adquisición por su cuenta.

    —¿Por qué no vamos al bar y hablamos de esto? —dijo Iván notando ya que estaban llamando la atención.

    —Es muy temprano para beber licor, Iván —rechazó Elías sin dejar de fruncir el ceño, lanzando sus ojos disgusto mal disimulado.

    —¿Quieres embriagarnos para endulzar nuestros oídos? —cuestionó Franco y su blanco rostro se ruborizó un poco por la molestia—. Mejor suelta la lengua y cuéntanos todo sobre ese supuesto negocio.

    — No te irás hasta que nos expliques qué clase de negocio has comprado y el porqué de tu silencio —sentenció Elías, así que decidido tomó por el brazo a Iván y lo hizo sentarse de nuevo.

    Franco volvió a su silla. Miró crítico a Iván a la vez que se retiraba el cabello de la frente. El tono de su cabellera era café claro con destellos dorados, un color bonito según su madre, pero muy rebelde, así que no había peinado que le durara. Pero qué más daba. De cualquier modo él no era un ejemplar físicamente espectacular. El más bajo de los tres con un metro setenta y cinco, facciones regularmente comunes y muy delgado. Si sus compañeros tenían algo atlético, él por su parte diría que tenía puro esqueleto y piel. Pero así era su fisonomía, por lo tanto no se veía mal.

    —Cuéntanos todo, sin omitir nada, por favor —pidió Elías con una fría seriedad—. Tenemos derecho de saber, después de todo también utilizaste el dinero de nosotros, ¿cierto?

    El moreno se mantuvo de pie y le obsequió una de sus sonrisas de conmiseración. Ésa que utilizaba cuando despojaba a las víctimas de sus propiedades, porque ellos eran lobos voraces que iban absorbiendo imperios que caían en la ruina. Y fue esa sonrisa tan falsa lo que hizo exclamar a Iván.

    —¡Vamos, hombres, no es para tanto! Sólo compré una pequeña cadena de escuelas particulares de esgrima. Estaba en bancarrota.

    —¿Una pequeña cadena de escuelas particulares de esgrima? —Repitió Franco mirándolo sorprendido— ¡Ese no es un negocio redituable!

    —¡Ya lo creo que no! —concordó Elías—. Iván, lamento informarte que la inversión de ese negocio la has perdido. Nos has hecho perder una pequeña fortuna. ¿A qué precio la adquiriste? ¿Por qué no nos consultaste primero? ¡Conoces las reglas! Ninguno compra o vende sin que se hable del asunto en la junta directiva.

    —¡Vamos! ¡Es un buen negocio! —Se defendió Iván levantándose del banco— ¡No por nada soy un genio de las finanzas! Ahora si me disculpan, debo ir a...

    —¡Iremos contigo! —Hablaron a la vez sus amigos, luego Elías continuó—: Y si es un buen negocio, ¿por qué está en bancarrota?

    —Quizás por mal manejo. ¡Por eso quiero ir a una de esas escuelas!

    —¿Quieres decir que ni siquiera conoces lo que adquiriste? —Inquirió Franco con voz reprobable—. ¿Qué pasa contigo, Iván?

    Sin que se dijera más, pagaron la cuenta y salieron al estacionamiento en donde los tres tenían sus autos, modelo del año y dignos de ellos. Siguieron a Iván por las avenidas transitadas por varios minutos hasta que el guía entró al estacionamiento de una construcción que tenía un solo piso y medianas dimensiones, rodeado de un hermoso jardín.

    Al bajar de sus autos, se reunieron de nuevo y mientras se dirigían a la entrada del local, Franco preguntó.

    —No entiendo algo, Iván, ¿cómo es que compraste esta escuela? ¿Cómo te enteraste de esto? ¿Estaba a la venta o algo así o…?

    —No, Franco —lo interrumpió el genio—, el dueño de esta cadena de escuelas era un amigo de mi tío Ciro. Murió hace días. Su único pariente no quiere conservarla, así que le dijo a mi tío si le buscaba comprador y así la compré.

    —Sí que estoy sorprendido, Iván —murmuró Elías—. Tú nunca haces algo sin pensártelo cien veces. Y mucho menos sin tomarnos en cuenta ¿Cómo es que te dejaste convencer por tu tío de comprarla? ¿Amenazó con suicidarse, o qué?

    El que una joven los recibiera, evitó la contestación mordaz de Iván. La chica tartamudeó cuando les preguntó.

    —¿Vienen a inscribirse? —y sin darles tiempo de nada más porque se había puesto demasiado activa por la emoción, pues eran pocos los estudiantes que últimamente se inscribían y a estos debía inscribirlos sí o sí, continuó—: Pasen por aquí. —Se adelantó por un largo pasillo sin esperarlos, por lo que ellos tuvieron que seguirla hasta que se detuvo enfrente de una hilera de losetas, no dispuesta a dejarlos. En esos días necesitaban con urgencia muchos clientes.— Mientras les preparo el formulario para que lo llenen, pueden cambiarse, pues es una regla que junto con la inscripción se analice el grado de su conocimiento, además...—Y sin callar, los puso al tanto de ciertas normas sin permitirles la réplica que los tres intentaron dar, así que finalmente solo se concretaron a escucharla y ver como la chica sacó tres vestuarios blancos, los que puso en sus manos sin tregua en su parlar y movimientos—. Allá están los vestidores. Cuando estén listos van al salón de ensayos que está por ese pasillo, no tiene pierde.

    —Pero, señorita…—habló Iván insistente en dejar claro que no eran futuros estudiantes.

    —Enseguida les traigo los formularios —dijo la chica toda sonrojada sin atinar a escucharlo, así que dándoles la espalda, regresó sobre sus pasos por el pasillo caminando con rigidez, aunque aliviada por haber hecho todo lo posible por comprometerlos para que tomaran las clases de esgrima.

    —¡Vaya! —Exclamó Franco mirando el vestuario sobre sus manos. Sonrió casi feliz—. Esa chica es una parlanchina, pero por otro lado, hace años que no me pongo uno de estos.

    —Sí —suspiró Iván nostálgico—. ¡Qué años aquellos! ¿Se acuerdan de esos torneos que siempre ganábamos a nivel secundaria? Los tres pertenecíamos a grados diferentes, pero aun así éramos uno en el equipo de esgrima.

    —¿Cómo olvidarlos? —La nostalgia se le contagió a Franco—. Éramos los héroes de esos torneos y no había quién nos ganara. ¡Ah, nuestros años escolares! Los mejores sin duda.

    Elías, mirándolos con el ceño fruncido, razonó que sus amigos eran muy melodramáticos. Si bien era cierto lo que decían, no era como para ponerse melancólicos. Lo pasado, pasado estaba y no tenía mucho caso volver atrás. A veces odiaba esos recuerdos que los transportaba a tiempos ya vividos. Ahora tenían otra clase de vida y debían concentrarse en esta, así que a punto de replicar algo, no lo hizo porque Iván dijo con cierta emoción.

    —No sé ustedes, pero de pronto quiero ponerme uno de estos.

    Y acto seguido se fue a los vestidores.

    —¿Por qué no? —Franco se encogió de hombros siguiéndolo, a lo que Elías, bastante irritado, no tuvo más opción que ir detrás de sus amigos.

    Minutos después al salir de los vestidores, se miraron sin que Franco e Iván pudieran evitar las carcajadas. En cambio Elías permaneció muy serio y su voz sonó helada cuando les dijo:

    —Cuando estemos en el salón de entrenamiento, los mataré.

    Pero sus compañeros palmearon sus hombros con fuerza ignorándolo así. Los tres lucían los vestuarios blancos consistentes en unas medias blancas ajustadas y pantalones bastantes ajustados por debajo de las rodillas. El torso y los brazos los habían cubierto con una chaquetilla que se cerraba por los costados. Debajo de la parte inferior de la chaquetilla tenían un peto que servía para protección adicional, así como un guante que iba hasta el antebrazo de la mano que sujetaría la espada. Por último había una careta enrejada sobre sus rostros.

    —¡Hey! —exclamó Iván moviéndose con agilidad, simulando traer una espada en su mano y dándoles embestidas imaginarias a sus amigos— Se me había olvidado esta sensación tan… mágica.

    —Ya que estamos en esta faceta —dijo Elías ácido, aunque sin dejar de tratar de sacar ventaja de la situación—. No digan nada por ahora. Recuerden, somos los depredadores. Conozcamos el terreno y acechemos a las presas en silencio. Veamos hasta dónde nos lleva esta equivocación.

    Sus compañeros asintieron, luego, sin dejar sus movimientos, Iván saltó por el pasillo, yendo de un lado a otro lanzando golpes en el aire con la espada de su imaginación mientras se acercaba así al salón de entrenamiento.

    Franco fue detrás de él en silencio mientras que Elías, mirando a su alrededor un momento, detalló todo y la certeza de que Iván había hecho un mal negocio, creció. Tendrían que deshacerse de este pronto para recuperar lo invertido. A él no le gustaba perder y no lo haría.

    Con el último pensamiento fijo en su mente, alcanzó a sus compañeros.
     
    Última edición: 4 Septiembre 2016
  2.  
    DannySalazar

    DannySalazar Cemzoonita

    Piscis
    No se que decir. Es solo el primer capitulo, parece que ira de esgrima. Espero a ver el avance.
     
  3.  
    Rainy

    Rainy Creador del tema Cemzoonita

    Tauro
    Hola Danny, muchas gracias por leer este primer capítulo. No sé cómo etiquetar la historia, diría que es un drama romántico con una pizca de comedia y muchos desquites entre dos equipos formados por ellos y ellas. Una guerra entre ambos que los llevará a... no sé aún xD

    Saludos :)
     
  4.  
    Rainy

    Rainy Creador del tema Cemzoonita

    Tauro
    Capítulo 2


    —¡Ah, chicas! Aquí están por fin. ¿Por qué la demora? ¡Tenemos horas esperándolas! —Escucharon en cuanto ingresaron al salón. Sorprendidos, miraron a las tres personas vestidas con el traje tradicional que se pusieron frente a ellos, quedando los seis en medio de la grande sala de brillante piso.

    —¿Listas? —inquirió una voz de mujer en un tono fuerte, ronco.

    Elías, que estaba frente a ella, notó lo hermoso de su pelirrojo cabello. Como era muy malvado, sonrió cruel debajo de la máscara.Quería ver hasta dónde llegaba la equivocación de las damas, pues era bien claro que los habían confundido con alumnas y sólo ellas sabían por qué había sido así. Si alguien hubiese visto su mirada, se habría dado cuenta lo mucho que le divertía aquello, pero sus dos amigos lo comprendieron cuando levantó la mano en una señal que conocían muy bien. Su gesto les indicó que guardaran silencio, por lo que ninguno de ellos reveló su identidad.

    —Recuerden poner en práctica todo lo que les enseñamos —añadió la misma mujer.

    —Porque si no lo hacen, entonces nuestra enseñanza no fue buena —dijo entonces otra voz, el rostro también oculto bajo la careta enrejada. Esa fue una voz dulce y tranquila e Iván degustó su tono. Ella había quedado frente a él, así que trató de ver detrás de la careta su rostro, pero sin éxito.

    —Y si resulta que somos malas maestras, entonces eso me enojará mucho y no las dejaré marchar hasta que aprendan bien. ¡No quiero ser reconocida como una mala instructora! —replicó una tercera con voz muy ruda y aunque Franco, quien estaba ante esa persona reconoció el toque femenino, se sintió golpeado por su tono, pero a la vez admirado por el canela del cabello de la chica que adornaba con rayos más claros—. ¡Así que en guardia!

    —¡Rayos! —gritó la del cabello rojo— ¿Dónde han dejado los armas? ¡Necesitamos armas! ¡Nunca olviden lo que han aprendido aquí!

    Mientras ella repasaba las lecciones dadas, una de las chicas del grupo que se había formado a un costado de la pista de entrenamiento para observar la práctica, corrió al lugar donde estaban algunos sables, espadas y floretes y fue a entregarle un florete a cada uno y ellos los tomaron siguiendo el juego de las instructoras, porque algo que sin duda también molestaba a los tres, era el hecho de que los hubieran confundido con chicas.

    ¿Acaso no parecían lo que eran? ¿Hombres? Miraron a las chicas ponerse en guardia con agilidad, pero ellos estaban tan oxidados en el arte que respondieron al acto de manera mecánica, obligándose a recordar lo que implicaba ponerse en guardia, pues con esa pose se iniciaban todos los ataques.

    Se pusieron firmes separando las piernas. Giraron la cabeza a la derecha, con el pie en la misma dirección dejándolo perpendicular con el pie izquierdo para formar un ángulo de 90 grados. A continuación flexionaron las rodillas, levantaron el antebrazo derecho de manera que formara un ángulo recto con el brazo y mantuvieron el florete paralelo al suelo; apuntando al frente mientras levantaron el brazo izquierdo manteniendo el antebrazo en ángulo recto dejando la muñeca en descanso.

    Una vez en guardia, comenzó el desplazamiento hacia adelante, lo que inició el asedio y se vieron atacados.

    —¡Vamos, chicas! —gritó la del cabello canela, embistiendo a Franco con ferocidad—. ¿Qué les sucede? ¿Dónde está ese desplazamiento hacia atrás perfecto? ¿Te hizo daño cortarte el cabello, niña?

    Los chasquidos entre los floretes al cruzarse era sorprendente por el tiempo entre ellos… nada. Uno tras otro. Las tres chicas atacaban con una técnica de velocidad admirable.

    —¡Por favor! —voceó la pelirroja—. ¿Dónde quedaron tantas lecciones? Me temo que tú no sirves para esto, nena. Dedícate a ser modelo. De seguro con esa estatura y ese hermoso cabello que tienes, fácil saltas a la fama ¡Olvídate de los torneos!

    —¡Touché! —gritó la pareja de Iván en cuanto la pelirroja dejó de hablar, al tocarlo en el costado derecho— ¡Vas perdiendo, muchacha! ¿Qué estuviste haciendo el fin de semana? ¿Cuidando ese lindo cabello que tienes en vez de practicar?

    “¿Touché?”, pensó Iván recordando que él había sido el mejor de la clase de esgrima en otros tiempos. “¿Cómo touché? ¿Y tengo lindo cabello? La chica es buena”

    La combatiente de Iván mantenía la línea de ataque, lo que le servía de catapulta para seguir atacándolo y lo mantenía a distancia, apuntando su hombro para mover después el brazo armado con esa velocidad que apenas sí podía él utilizar su florete para defenderse.

    Pero no era el único que estaba en apuros, la pelirroja, rompiendo desplazamiento hacia atrás ante un ataque de Elías, le dijo burlona:

    —¡Oye! ¿Ya estás recordando todas esas lecciones que te di al parecer para nada?

    La pelirroja desplazó el pie izquierdo hacia atrás levantándolo unos pocos centímetros del suelo sin mover el derecho, con el talón de este último apoyado en el piso, luego desplazó el pie derecho hacia atrás para recuperar la posición de guardia, manteniéndose erguida y con los brazos armado y desarmado en su sitio. Su voz aun más burlesca, sonó irritando los oídos de Elías.

    —¿Por qué mejor no te vas a casita y te lavas ese lindo cabello para que cuando vayas a pedir trabajo de modelo luzca brillante y sedoso?

    “¡Pero qué necedad la suya!”, se molestó más Elías. Ahora fue él quien rompió desplazamiento hacia atrás cuando su rival arremetió contra él, dándole apenas tiempo de poner su florete enfrente, a un lado y al otro para librarse del toque de ella.

    Mientras que por otro lado, Franco aún estaba frío y sus movimientos eran bastante rígidos, así que las reclamaciones por parte de la del cabello canela eran muy duras.

    —¡Anda, niña! —le exigió ella con molestia— ¡No me hagas esto! ¡No caímos todas rendidas de cansancio por el duro entrenamiento para que tú me salgas con esta rigidez! ¡Touché! —Lo tocó en el hombro con la punta, una y otra vez— Touché y touché.

    “¡Dios!”, pensó Franco sorprendido, “¡Nos están masacrando! ¿Y éramos nosotros los héroes de los torneos?”

    —¡Touché! —gritó a su vez la pelirroja muy airada, tocando a Elías en el torso con la punta del florete.

    —¡Touché! —volvió a gritar la pareja de Iván, tocándolo otra vez con la punta del arma— ¡Eres pésima! ¡Tantas semanas de ensayo para nada!

    —¡Va! —habló la pelirroja fastidiada de tal ineptitud—. No aprendieron nada. Creo que mejor nos olvidamos de…

    —¡Ida! —tres fuertes voces la interrumpieron y dejó el ataque para volverse a mirar a tres de sus alumnas que recién habían llegado y una de ellas continuó hablando— Perdón por llegar tarde. Venimos preparadas para todo ¡Queremos entrar a ese torneo!

    La mirada de Ida Cisneros parpadeó varias veces detrás de la careta al mirar a las recién llegadas, como no queriendo creer lo que veía, luego, quitándose la protección del rostro, miró a Elías mientras él decía:

    —¡Touché! —Tocándola con la punta en el pecho para luego añadir—: Algo que no debes hacer, es bajar la guardia.

    Ida parpadeó de nuevo ante la voz masculina. Estaba perpleja, así como sus compañeras, quienes dejaron su ataque al escuchar la voz del hombre.

    —¿Pero qué demonios…?—comenzó a decir la del cabello canela mientras Franco le hacía exactamente lo mismo que Elías a Ida, pero el flaco —apodo que se había ganado por su físico— la tocó tres veces.

    —¡Touché! Touché y touche. ¡Estamos a mano!

    Pero Iván no tuvo la suerte de tocar a su compañera, pues esta le gritó perdiendo por un momento el encanto de su voz.

    —¡No te atrevas! ¡No me toques¡Y aún si lo hicieras, no estaríamos empatados! ¡Seguiría ganando yo!—La chica se quitó la careta y mostró unos rasgos finos por completo alterados por el disgusto.

    — ¿Quiénes son ustedes?—inquirió Lía Donaire mirando con ira a Franco y levantando el florete lo puso debajo de la careta que le cubría el rostro— ¡retira la máscara! ¡Los tres!

    Ellos se quitaron las máscaras y los miraron sorprendidas, aunque de inmediato sus miradas se tornaron frías y airadas.

    —Con razón los confundimos —habló Vera Espasi y señaló a las tres chicas que recién habían llegado— ¡Se parecen a ellas!

    Los tres hombres dirigieron su mirada a las recién llegadas. Dos eran altas, tanto así como ellos y tenían el cabello largo y por azares de la vida, casi el mismo peinado. La otra era más baja y muy delgada, tal como Franco, quizás un poco más largo el cabello y aunque era casi del mismo tono que el de él, carecía de los destellos dorados. Ellas parecían por completo planas con el vestuario de esgrima, quizás por su altura, pues sobresalían con varios centímetros a sus compañeras.

    —Bien, entonces… ustedes no son ellas —Idavio a Elías con desagradoy su molestia creció cuando lo miró sonreír con ironía, porque era claro que no eran ellas, por lo que se sintió estúpida por decirlo. Fulminándolo con la mirada, inquirió— ¿Qué hacen aquí?

    —Venimos a inspeccionar la inversión que hizo mi amigo en nombre de los tres —informó Elías con voz tranquila.

    —¿Inversión que hizo tu amigo en nombre de los tres? —inquirió ahora Vera— ¿Qué amigo?

    —Ese amigo —Elías señaló a Iván.

    —¿Qué inversión es esa? —inquirió Vera dando un par de pasos de manera involuntaria hacia Iván, quien permaneció pasivo.

    —¡Anda, habla! —exigió Ida dando también un par de pasos hacia Elías, taladrándolo con una mirada tan azul como el cielo, pero nublada por la tormenta de su zozobra.

    —¿Tú no estás involucrado, verdad? —inquirió Lía a Franco, mirándolo con sus ojos verde-miel entrecerrados—. Porque si lo estás…

    —Nos referimos a esta inversión —soltó Iván con serenidad, interrumpiendo groseramente lo que Lía decía—. Somos los nuevos dueños de esta cadena de escuelas privadas.

    —¿Qué? —Una palabra escandalizada que las tres instructoras dejaron salir al unísono, a la vez también que por impulso, alargaron sus manos y tomaron a los hombres por el cuello del vestuario acercándolos hacia sí para lanzarles su furioso aliento sobre sus rostros.

    Y las tres parejas se miraron airadamente sin saber que la batalla anterior con el florete, sólo era el inicio de una gran guerra entre ellos.


    Gracias por leer.
     
    Última edición: 11 Septiembre 2016
  5.  
    Rainy

    Rainy Creador del tema Cemzoonita

    Tauro
    Capítulo 3


    Ellos pudieron sentir esos alientos furiosos sobre sus rostros, entonces sin aviso previo se escuchó un sonoro y deleitable sonido a oídos de las chicas.

    ¡Plaf!

    Las palmas de las manos femeninas al dar con furor contra sus mejillas hizo que un murmullo sorprendido por parte de las alumnas presentes se elevara en el aire al mismo tiempo que el trío de varones daba un par de pasos atrás.En una sincronía formidable se llevaron la mano a la mejilla golpeada para darle masaje sin dejar de mirarlas sorprendidos y airados a la vez, porque los habían abofeteado con gran ventaja.

    —¿Cómo te atreves a venir aquí y afirmar que esta escuela te pertenece? —preguntó Ida con voz ahogada por la ira y su mirada se volvió una daga que penetró a Elías.

    —Están mal si creen que renunciaremos así como así —se escuchó Lía. Aunque había desdén en su voz, no se comparaba con el que había en sus orbes cuando recorrió a Franco de cabeza a pies, minimizándolo.

    — ¿Pero qué se habrán creído estos sinvergüenzas? —dijo por su parte Vera, entrecerrando su mirada de tal manera que fue todavía más impactante que si la tuviera del todo abierta— ¡Cretinos atrevidos!

    —¡Fuera de aquí! —gritó Lía levantando la mano armada y su florete fue a dar contra el hombro de Franco, el que no recibió daño por la flexibilidad del arma. Además tampoco tenía filo y en la punta había una especie de botón que era el que servía para registrar los toques.

    De cualquier manera, Franco retrocedió y así tuvo tiempo de levantar su arma para detener otra arremetida de Lía mientras que Ida, levantando la voz, apoyó a su compañera al ordenar.

    —¡Vamos, chicas! Saquemos a estos sinvergüenzas de nuestra escuela!

    —¿Su escuela? —preguntó Elías levantando su florete de manera amenazadora—. ¡Es nuestra escuela!

    —¿Ah, sí? —Ida se puso en guardia para detener el ataque de su enemigo—. ¿Quién lo dice?

    — ¡Ya lo dijimos nosotros! —aclaró de nuevo Iván enfrentando también a Vera—. ¡Así que las que tienen que irse son ustedes!

    —¡No me digas! —en la voz de Vera se vislumbró la burla—. ¡Lárguense ya de aquí!

    Así volvieron a enfrentarse las tres parejas en una segunda ronda. El zumbar de los floretes al cortar el aire manifestó que los golpes eran lanzados con mucha energía, cosa que tenía muy emocionadas a las alumnas que jamás habían visto combatir así a sus maestras… y tampoco ellos, quienes sorprendidos se desplazaban hacia atrás la mayoría de las veces.

    —¡Ustedes tienen que salir de aquí! —reafirmó Ida rompiendo la distancia para conseguir más ventaja sobre Elías.

    —¡Claro que no! —respondió él provocándola—. Nosotros compramos esta cadena de escuelas.

    —¡Eso no puede ser! —gritó Vera— ¡A parte de sinvergüenzas, son unos mentirosos!

    —¡No somos mentirosos! —se defendió Iván desplazándose hacia adelante con el objetivo de tocarla, pero ella esquivó el florete de él haciendo a continuación un falso ataque para ver la reacción de su atacante, quien por supuesto mostró cara de asombro y ella sonrió burlona.

    “¡Por Dios!”, pensó Iván sin ocultar su sorpresa. “¡Es muy buena!”

    Eso mismo pensó Franco de Lía cuando ella, de manera veloz, tomó ventaja sobre él al romper la distancia que había entre ellos, pero en vez de tocarlo, le dio con el lomo del florete en el brazo y esta vez, aunque la flexibilidad del florete amortiguó el golpe, fue dado con tanta fuerza que pudo sentir dolor.

    —¡Ah, qué bien sonó esto! —exclamó Lía sonriendo.

    —¡Así que ya lo saben! —voceó Ida elevando su florete para detener el golpe de Elías al mismo tiempo que reafirmaba con firmeza—, nosotras somos las únicas dueñas de esta cadena de escuelas porque ayer mismo las compramos.

    El sonido de los floretes de ellas al dar contra los de ellos quedó estático cuando los seis quedaron levantados, cruzados con sus parejas mientras todos permanecían inmóviles también, mirándose con rencor.

    —No hablas en serio —dijo Elías. Su negra mirada brilló por el disgusto.

    —Muy en serio —asintió ella sin desviar sus orbes azules de los negros.

    —Así que, ¡fuera de aquí! —ordenó Lía separando su florete del de Franco. Con una velocidad asombrosa dirigió el arma a la del hombre y dándole vueltas con agilidad, logró desarmarlo en segundos.

    Franco sólo pudo sentir como su arma se desprendía de su mano y con su mirada siguió la trayectoria de esta hasta que cayó al suelo.

    “¿Y nosotros éramos los campeones de esgrima?”, pensó perplejo.

    Se sintió mal. De naturaleza perfeccionista en sus hábitos, le supo muy amargo ser vencido de tal manera por la chica, sin embargo la amargura se incrementó cuando otro floretazo fue a dar al mismo brazo. Si la joven seguía golpeándolo así, terminaría con un gran moretón, así que lo único que pudo hacer para evitarlo, fue retroceder ante los movimientos rápidos y bruscos del arma.

    Mas ya no pudo continuar retrocediendo cuando su espalda dio contra la de Iván a la vez que el florete de él iba también a volar por el aire. Ambos quedaron imposibilitados para seguir retrocediendo puesto que se estorbaron mutuamente. Sin tener siquiera la oportunidad de abrirse por el flanco derecho o izquierdo porque ellas lo impidieron, así que se quedaron inmóviles con los armas de las mujeres sobre sus hombros.

    Un tercer florete fue a caer a un lado de ellos. Lo único que Iván y Franco pudieron hacer, fue mirar como Elías, a fuerza de golpes que caían sobre él por parte de Ida, retrocedía hasta quedar justamente al lado de ellos.

    “¿A dónde diantres venimos a parar?”, se preguntó Elías sin dejar de mirar a su atacante, quien acercándose a prudente distancia, colocó su arma también sobre su hombro.

    —Así que no hay nada más de que hablar —dijo Ida, sosegando la respiración agitada por el ejercicio.

    —Nosotras ganamos —afirmó Lía con voz satisfecha.

    —¡Perdedores! —exclamó Vera—. Nosotras no aceptamos que se presenten y quieran robar nuestra pertenencia. Somos las dueñas legales.

    Las miradas de ellos manifestaron su molestia, pero Elías sonrió burlón al momento de decir.

    —Pues eso lo veremos.

    —En menos de lo que se piensan, deberán irse. —Rió Iván con sarcasmo.

    —Porque se terminó esto de las escuelas de esgrima —sentenció Franco mirando desdeñoso a Lía— Haremos de las propiedades algún negocio que sí lo sea.

    —¡Miserable! —soltó ella irritada— ¡Ni en tus más locos sueños! ¡Chicas! —elevó la voz para que las alumnas la escucharan bien— ¡Vamos, saquen a estos miserables de aquí!

    Las chicas no se hicieron repetir la orden. A tropel, rodearon a los tres y empujándolos con gran fuerza, comenzaron a llevarlos a la salida del gran salón. Ellos no pudieron impedirlo porque como un muro repelente fueron las muchachas, por lo que su molestia se convirtió en ira, así que Elías miró con desdén a Ida y le gritó amenazador.

    —¡Volveré, pelirroja artificial! ¡Es mi propiedad y volveré por ella! ¡Tú serás la que salga de aquí!

    —¡Lo mismo digo! —gritó Franco ya desde la salida—. ¡La próxima vez comerán la derrota!

    —¡Claro que sí! —vociferó con más fuerza Iván, pues él ya lo hizo desde el pasillo—. ¡Volveremos!

    La amenaza de los invasores quedó por varios segundos invadiendo el ambiente del salón y fue entonces que la artera preocupación invadió a las chicas llenándolas de una sensación tan amarga que incrementó su ansiedad.
     
    Última edición: 18 Septiembre 2016

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