1. Invitado ¿Tienes fobias?, trata de describirlas en 500 palabras
    Descartar aviso
  2. Invitado Únete a nosotros si quieres ser locutor de la radio
    Descartar aviso
  3. Invitado¿Eres una calabaza o una catrina?
    Descartar aviso
  4. InvitadoUna vez más el concurso para descubrir a la muerte llega a Cz...¿Lograras descubrir quien es?
    Descartar aviso
  5. InvitadoLlegaron al foro las userbar
    Descartar aviso

Long-fic El trenzado del tiempo.

Tema en 'Escritos originales' iniciado por Midori Ogata, 30 Septiembre 2017.

Cargando...
  1.  
    Midori Ogata

    Midori Ogata Creador del tema Cemzoonita

    Libra
    CAPITULO 1: Cazando lo inesperado.

    Durante su juventud, Adeth había aprendido los secretos de la cacería a través de su padre y también de su abuelo. Se volvió diestro con el arco y las lanzas y ahora a pocos años de entrar en sus sesenta, le había dado una gran añoranza por salir a cazar nuevamente y revivir sus hazañas. Así que antes de dormir le ordenó a sus sirvientes que lo despertaran antes de que empezara a clarear y que prepararan todo para una cacería. Sus sirvientes lo habían obedecido pero se notaban nerviosos. Hacía diez años que Adeth no cazaba ni un resfriado y definitivamente eso no se debía a la falta de presas sino a que su vista se estaba debilitado más y más con el correr del tiempo Ni siquiera su esposa, la reina, había logrado convencerlo de usar lentes o de someterse a algún tratamiento mágico para mejorar su visión pues cada vez que se tocaba el tema el soberano hacía oídos sordos y cual niño montaba en cólera objetando que aún veía bien (A pesar de que lo dijera con la ropa al revés). Lo cierto era que en los últimos cinco años poco quedaba del fornido hombre que fue en su juventud; su barriga había engrosado varias tallas, se cansaba al subir los peldaños que dirigían a sus aposentos.Y aún sabiendo todo esto, allí estaba, en montando su caballo seguido de una pequeña caravana conformada por sus sirvientes dirigiéndose al Bosque de los Mil Horrores, dispuesto a demostrar que aún se la podía.

    En ese bosque se decía que había magia y seres extraños. Eso es lo que contaban las ancianas del pueblo a los niños pequeños para que no se adentraran solos en él. Adeth había cazado toda su vida allí y no había visto nada fuera de lo normal y restaba importancia a estas habladurías. Sus acompañantes sin embargo, parecían asustados sobretodo el chico que llevaba los zurrones para las presas. Temblaba cómo si fuera una gelatina desde que divisó el bosque y en voz baja gemía de preocupación al menor ruido.

    -¡Eh, tú... Muchacho!- Le llamó Adeth con tono severo, haciéndole un gesto para que se acercara- ¿Cómo te llamas?

    -T.... Tucker, su grandeza....- Se acercó, encorvado y tropezó con una raíz que sobresalía de la tierra. Sin embargo pudo equilibrarse para no caer- Ay...

    -Tucker... ¿Puedes dejar de hacer ruido? Asustarás a las presas y la mejor hora es durante el alba de los primeros dos soles.

    -Pe... Pero.... los horrores..

    -Eso es un cuento de viejas- declaro, ceñudo y dando un bufido que le hizo bailotear el bigote- Lo que tienes que hacer es quedarte callado y obedecerme para que encontremos una presa digna de un banquete.

    Tucker tragó saliva y miró a sus compañeros en aquella expedición quiénes bajaron la vista también, resignados ante la determinación de su líder. Lo que más les preocupaba era que el rey Adeth los atravesara con una lanza por accidente. Sus problemas de visión eran un secreto a voces por todo el reino pero nadie se atrevía a decírselo al monarca.

    Justo entonces se escuchó el crujir desde un árbol de sangre. Todos voltearon automáticamente hacia el rey y éste hizo un gesto para que todos callaran y le pasaran una lanza. Tucker y un muchacho mayor la tomaron con mucho esfuerzo y a dos manos cada uno para acercársela. El monarca la tomó con un brazo y haciendo acopio de fuerza, hizo un potente lanzamiento hacia la copa del árbol dónde había escuchado el crujido.

    Oyeron después un rugido desgarrador y agonizante que les puso la piel de gallina, acto seguido vieron desplomarse un cuerpo desde las ramas y le siguió el inconfundible sonido de su peso contra el suelo. Todos estaban estupefactos, sobretodo Tucker que miraba al rey con la boca abierta desde que vio cómo tomaba la pesada lanza con una gran facilidad a pesar de su edad. La verdad es que los kilos de más almacenados en el abdomen de Adeth, la calvicie incipiente y las arrugas que poblaban su rostro hacía que cualquiera pusiera en duda lo que acababa de ver.

    -No se queden allí- Les gruñó el rey exasperado, azuzándolos- Tráiganme lo que sea que acabo de cazar.

    Los sirvientes corrieron al árbol para revisar a la presa caída. Todos quedaron sorprendidos al ver que se trataba de un tigre de gran tamaño. La lanza le había atravesado limpiamente el torso y la sangre salía sin detenerse de su cuerpo inmóvil. Realmente impresionante de lo grande que era. Los seis sirvientes se dispusieron a cargar con el pesado cadáver cuándo Tucker se resbaló y fue a dar de espaldas contra el árbol. Momentos después se escuchó cómo una rama del árbol cedía y algo caía entre la frondosa copa formada por hojas de color carmesí. El joven desgarbado miró hacia arriba y algo cayó sobre él. En el bosque de los mil horrores jamás se escuchó un grito tan fuerte... ni tan agudo.


    14af4f627a525a01174440815074.jpg

    ----Continuará---
     

Comparte esta página