1. Invitado La navidad llego a Cz, ¿Por que no vas a visitar la choza de Santa Cooz?
  2. Invitado ¿Puedes jugar sin repetir palabra?
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  3. Invitado ¿Por que no derribas a un que otro adversario con una bola de nieve?
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  4. Invitado Faltando tan solo unas pocas horas para navidad, alguien a quien no le gusta esta festividad, decidió sorprender a santa, raptarlo, atarlo y robar los regalos que llevaba consigo.
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  5. Invitado Esta vez el grinch esta en CemZoo y quiere tener su propio arbol para ponerlo en su casa pero no quiere cualquiera, tiene que ser creativo y unico el cual escogerá.
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SideStory El Gran Amor de Atenea

Tema en 'Mitología' iniciado por Rafaduck, 17 Noviembre 2008.

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  1.  
    Rafaduck

    Rafaduck Creador del tema Cemzoonita

    Cáncer
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    INTRODUCCIÓN
    Consagrado a Saori, y su rol de Diosa, ambientada entre el final de la Batalla de las 12 Casas y el inicio de la Saga de Asgard, nos enseña un poco más cuales son los tormentos que deben padecer Atenea y sus Caballeros, e introduce el particular Templo “La Fuente de Atenea” que le da un poco más de magia al Santuario. Publicado en las páginas 40 a 46 del JUMP GOLD SELECTION 3 (o Anime Special 3) con fecha 19 de Abril de 1.989, obra de Yoshiyuki Suga, ilustrada por Shingo Araki y Michi Himeno.

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  2.  
    Rafaduck

    Rafaduck Creador del tema Cemzoonita

    Cáncer
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    CAPÍTULO 1: FLORECIMIENTO
    Las doce llamas que marcaban el paso del tiempo en la Torre del Reloj de Fuego ya se habían desvanecido. En el cielo nocturno, como tratando de aliviar las heridas de los jóvenes que por primera vez en la historia habían desafiado al Santuario, en la llamada Batalla de las 12 Casas, el resplandor de innumerables estrellas iluminaba suavemente.

    La cruel Batalla que había durado más de 12 horas, aquí había llegado a su fin.

    Incluso después de que los Caballeros de Oro supervivientes se hubieran llevado a Shiryu y a sus compañeros para que los atendiesen, Saori continuaba abrazada a Seiya apretándole contra su pecho. Por mucho que le llamara, a Seiya ya no le quedaban fuerzas para responder y ella ni siquiera podía secarse las lágrimas que fluían libres por sus mejillas. Saori continuaba, llamaba a Seiya desde el fondo de su corazón.

    -Seiya...-

    Cuantas veces habría pronunciado ya ese nombre...

    En la época en que Saori era una niña caprichosa y egoísta, antes de comprender su propio destino como Atenea, Seiya era el único que se le había enfrentado abiertamente.

    Seiya, al que le habían separado de su hermana, su único familiar en este mundo, al que habían tomado como candidato a Caballero y forzado a un durísimo entrenamiento, como aquel que piensa que no vale nada y se convierte en un juguete del viento, odiaba su destino y con todas sus fuerzas trataba de volcar toda su impaciencia y su ira sobre Saori.

    Saori cuanto más se rebelaba contra ella pensaba que más lo odiaba, pero sin embargo ya desde su infancia había comprendido una cosa...

    -Seiya y yo nos parecemos...-

    Como única heredera de la fundación parecía que vivía sin privaciones, pero en realidad Saori no tenía a nadie a quien confiar su corazón, estaba sola. Aunque muchos sirvientes y aspirantes a Caballero se arrodillaran ante ella, eso no la llenaba.

    Saori sentía como todos ellos bajaban la cabeza ante la autoridad del presidente de la fundación Mitsumasa Kido, no ante ella por su voluntad. Su soledad, impaciencia, inestabilidad, ira... cuando se miraba a sí misma en los ojos de Seiya se daba cuenta de que eran iguales. Y mientras atormentaba a Seiya, a la vez, gritaba desde el fondo de su Alma.

    -Seiya... dime... ¿Qué debería hacer ahora?-

    -¿Qué va a ser de mí?-

    Tan pronto como comprendió su destino como Atenea, Saori había intentado asesinarse a sí misma.

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  3.  
    Rafaduck

    Rafaduck Creador del tema Cemzoonita

    Cáncer
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    Hacía seis años que Seiya y los demás habían sido dispersados por el mundo para obtener sus Armaduras. Cuando de nuevo volvieron a Japón ella les enfrentó a una nueva prueba, el llamado Torneo Galáctico. Sólo para conseguir sus Armaduras habían sufrido muchísimo y ella cruelmente les había ordenado que lucharan entre ellos.

    Saori, ciertamente, se comportaba como la reina ante la cual los esclavos luchaban en el Coliseo, ya desde las antiguas Leyendas Griegas, se inclinaban y admiraban. Al menos no había duda de que así es como miraba a Seiya y a los otros.

    Incluso cuando el semblante de Seiya, que vestía la Armadura de Pegaso y que se había desarrollado vigorosamente, desprendía la rebosante auto-confianza del Caballero en que se había convertido y que se encontraba ante ella, los ojos de Saori que le contemplaban seguían viéndole como en el pasado.

    Saori se tragó sus palabras de agradecimiento para Seiya. De que serviría, decía ahora esas palabras.

    El Cosmos que Atenea despertaba dentro de ella, sentía claramente que este Torneo Galáctico no sería más que un fácil preludio, y que de ahora en adelante excesivas Batallas involucrarían a Seiya y los otros Caballeros.

    Desde entonces, pasaron tiempos tormentosos y en algún momento desapareció la fría tirantez entre Saori y los Caballeros. En cada momento de duras pruebas o de repetidas Batallas que se pasaban juntos, cada vez que superaban un obstáculo, la distancia se iba estrechando.

    Saori ya no era Saori Kido, era Atenea... Seiya y los otros Caballeros de Atenea habían protegido a Saori y Saori también quería protegerles a ellos.

    -¡Saori San!, ¡Atenea!, ¡Seiya!-

    Durante toda la Batalla la sonrisa de Seiya atravesaba las barreras del tiempo, en algunos momentos llegó a deslumbrarla.

    Por supuesto, Seiya no la ofrecía para Saori Kido, sino para Atenea y para el símbolo de la paz que traería a la Tierra que ella representaba.

    Sin embargo, Saori se alegró de poder devolver esa sonrisa desde dentro de su corazón.

    Cuando eran niños, dentro de su corazón gritaba a Seiya y la respuesta a ese ruego ahora se la había estado devolviendo convertida en una dulce sonrisa.

    Cuando ese cálido sentimiento bullía en su pecho, de repente Saori dejaba de ser Atenea, volvía a ser una simple joven.

    Además, ahora cuando sentía la calidez del rostro de Seiya, herido y exhausto, como si durmiera reposando sobre su pecho, el dolor provocado por la Flecha de Oro disparada por Ptolemy de Flecha desaparecía y se convertía en una sensación de bienestar.

    Sin que ya los Caballeros tuvieran que enfrentarse a crueles Batallas, sin tener que llevar a sus espaldas la pesada responsabilidad de Atenea, así, de esta forma, deseaba estar para siempre.

    La expresión del rostro de Saori, que alzaba la vista lanzando una demanda a la Estatua de Atenea que se alzaba dominante justo a su lado, era la expresión de Saori Kido, la simple chica que ciertamente parecía asustada como un pajarillo que empieza a levantar el vuelo.

    Había un hombre que se había quedado silenciosamente vigilando los movimientos de Saori, Mu, Caballero de Oro de Aries.

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  4.  
    Rafaduck

    Rafaduck Creador del tema Cemzoonita

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    CAPÍTULO 2: EL AMOR DE ATENEA
    A la mañana del día siguiente, una oleada de clamores que rompían el silencio, sacudieron el Santuario. Era el clamor que todos alzaban para alabar a Atenea y celebrar su Advenimiento.

    Debido a la conspiración de Saga de Géminis, su figura había estado envuelta en un velo de misterio, e incluso, algunos habían dudado de su existencia, pero ahora, la misma Diosa se mostraba ante ellos en toda su hermosura y nobleza.

    Todos los habitantes del Santuario se regocijaban del resultado de la Batalla, la victoria de la justicia y rezaban, confiaban en que de ahora en adelante la paz devuelta perduraría para siempre.

    Ese era el mismo sentimiento que albergaba Saori.

    El Santuario, que era un lugar que podría considerarse como un punto clave para el mantenimiento de la Tierra, se había convertido en un Campo de Batalla y la sangre de muchos amigos había sido vertida.

    En la dulce y a la vez llena de fuerza sonrisa que Atenea devolvía a los que estaban ante ella, no había nadie que pudiera percibir un solo punto oscuro.

    Excepto una persona...

    En las afueras del Santuario, en un frondoso bosque se alzaba silencioso un antiguo y pequeño Templo que nadie advertía. Era conocido como "La Fuente de Atenea", pero esto no era porque allí existiese una hermosa fuente, sino porque el aire de esos alrededores, durante miles de años, había parecido como si punzase la piel, helándola.

    Incluso dentro del Santuario podría decirse que casi nadie conocía la existencia de este Templo. Era como una UCI (Unidad de Cuidados Intensivos) para Caballeros. Y tanto Seiya como sus compañeros, los cinco que habían quedado agonizando tras las graves heridas recibidas en la Batalla, ahora estaban siendo atendidos allí en todo lo que fuera posible hacer por ellos.

    En ese bosque de oscuro verdor, con la falda del vestido, completamente blanco, casi transparente, ondeando tras ella, Saori andaba presurosa.

    -Imaginaba que vendrías Atenea-.

    Ante ella Mu le cortaba el paso.

    Mu, en ese momento, no pasó por alto en la expresión de Saori el miedo que por un instante apareció en su rostro. El miedo de quien se cree culpable de un terrible crimen, algo que no era propio de Atenea.

    -Por supuesto, Mu... como Atenea que soy, es natural que me preocupe por el estado de mis Caballeros, los Caballeros de Atenea. Además es por mi culpa que ellos...-

    -Si son Caballeros es normal que sean heridos en nombre de Atenea, e incluso, aunque mueran en su nombre deben sentirse satisfechos por ello. Eso es algo que debéis ya saber bien-.

    Mu estaba leyendo su corazón y comprendía perfectamente que la muchacha que estaba ante él no era Atenea, era Saori Kido.

    -Pero si llegara a perder a Seiya, yo...-

    Sólo con pensarlo su autodominio se volvía incluso más frágil que el vestido de seda que llevaba.

    -Por favor, apártate, Mu-.

    -No está permitido que el amor de Atenea sea vertido sobre un solo Caballero.... el amor de Atenea debe ser para todos sus Caballeros por igual-.

    Saori trató de escabullirse de Mu, pero por alguna razón sus piernas parecían estar atadas por alambres y no podía moverse.

    -El amor de Atenea... sólo en un Caballero... en uno...-

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  5.  
    Rafaduck

    Rafaduck Creador del tema Cemzoonita

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    Saori tenía la sensación de poder oír los gemidos y el débil latido del pulso de Hyoga, Shiryu, Shun e Ikki que junto con Seiya permanecían tendidos sin sentido en la Fuente de Atenea, intentando con todas sus fuerzas volver a hacer arder la llama de sus vidas que se desvanecía.

    Y no sólo eran ellos, el corazón de Saori se compungía al recordar los numerosos Caballeros que por Atenea habían caído y vertido su sangre. Ante esta situación, Mu le explicó a Saori el origen del nombre de la Fuente de Atenea.

    En los tiempos Mitológicos, cada vez que tenía lugar una Guerra Sagrada, los Caballeros que recibían heridas mortales eran llevados a ese Templo. Se decía que un golpe de los Caballeros podía desgarrar el aire, romper el suelo. Incluso los que llevaban Armadura de Bronce, en un segundo podían lanzar más de 100 golpes que rebasaban la velocidad del sonido. Los Caballeros de Plata podían lanzar el doble o incluso el triple, y con respecto a aquellos que portaban las Armaduras Doradas, se decía que podían lanzar más de 100 millones de golpes que alcanzaban la velocidad de la luz.

    Por tanto, sus combates eran algo inimaginable y así mismo el daño que podían recibir no podía ser poco. La estructura de la materia, es decir, el fundamento de la misma era atacada y se llegaba a romper, por lo que ni siquiera los médicos actuales podrían posiblemente salvar a la mayoría de los heridos en estas luchas.

    Muchos de los Caballeros heridos, esperaban apaciblemente en este Templo del Santuario, que era como su segunda casa, a que la muerte viniera a buscarlos. Pero entonces, dice la Leyenda, que desde las lejanas alturas de la Estatua de Atenea cayó una lágrima.

    Una lágrima que era como un Cosmos Dorado que humedecía un reseco desierto, como si de un oasis se tratara. Este Cosmos envolvió todo el Templo y sus alrededores y se dice que todos los Caballeros se recobraron de sus heridas salvando sus vidas.

    Saori, aún con dolor, comprendió bien el sentido de lo que Mu quería indirectamente decirle con esa historia. Al volverse y mirar hacia el cielo, a través de los frondosos árboles, podía ver la expresión noble y a la vez dulce de la Estatua de Atenea.

    -Ya no eres una simple joven, como la Reencarnación de Atenea en esta época moderna, donde todavía pululan las fuerzas malignas, tendrás que librar muchas Batallas-.

    Esta vez no miró a Saori directamente, por el contrario, permaneció con la mirada apartada de ella, quizá con respeto, como si esa fuera la prueba de que la reconocía como Atenea y la veneraba, o tal vez, fue producto de un extraño presentimiento al percibir que desde la lejanía la Estrella Polar había empezado a emitir un Cosmos inquietante.

    Finalmente tras hacer a Saori una respetuosa reverencia, Mu desapareció entre los árboles.

    Al poco tiempo, Saori siguió el consejo de Mu y volvió a la mansión Kido, llevándose a Jabu, Kiki y a los demás consigo.

    -El amor de... Atenea...-

    En contraste con su agitado corazón, el Mar Egeo que contemplaba desde el avión brillaba suavemente en un tono verde esmeralda.

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    Rafaduck

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    CAPÍTULO 3: ATAQUE MISTERIOSO
    Ya habían pasado varios días desde que Saori abandonó el Santuario y a pesar de que la estación templada ya había llegado, en el Santuario el tiempo permanecía siendo limpio y fresco como si él también celebrase el Advenimiento de Atenea.

    Sin embargo, esa mañana, por alguna razón, había momentos en que podía sentirse una intensa corriente helada. En la Fuente de Atenea, donde recibían toda la atención que era posible, Seiya y sus compañeros aún no habían recobrado el sentido y todavía vagaban por la frontera entre la vida y la muerte. ¿Sería que sus cuerpos, al igual que sus Armaduras, no iban a sobrevivir a la Batalla de las 12 Casas?

    La intranquilidad de los Caballeros de Oro había aumentado considerablemente cuando recibieron de Mu, la noticia de que las Armaduras de Seiya y los demás habían muerto.

    Esa noche....

    Los dos guardias apostados frente a la Fuente de Atenea, después de aburrirse de hablar del tema tópico del extraño frío que hacia para esa estación, bostezaban al unísono cuando fueron sacudidos por un temblor.

    Inmediatamente abrieron sus soñolientos ojos con atención. Pero apenas hubieran gritado -¡¿Quienes son?!- ambos guardias cayeron muertos, a los pies de cuatro o cinco sombras masculinas que, sin hacer ruido, se introdujeron dentro del Templo.

    Al igual que cuando cazaban en su tierra natal, permanentemente cubierta de nieve, contenían la respiración y controlaban su energía tratando de captar los efluvios de su presa.

    -¡Es esa habitación!-

    Los asesinos que atravesaban corriendo la amplia galería, llegaron sin el menor extravío ante la habitación donde los Caballeros de Bronce se recuperaban y de una fuerte patada reventaron la puerta.

    Dentro encontraron las figuras de Seiya y sus compañeros tumbados en sus camas.

    -¡¿Eh?!-

    Una de las cinco camas estaba vacía

    -¿No os parece que para venir a visitar a unos enfermos han sido demasiado bruscos llamando a la puerta?-

    Uno de los asesinos volvió la cabeza y en la oscuridad del pasillo se encontró con la fantasmal figura de un hombre. Con dificultad contuvo una exclamación.

    -¿Qui... quién eres?-

    -Hum, alguien que se cuela en el Santuario como si fuera una vulgar rata ladrona me pregunta a mí, mi nombre.... no me hagas reír-.

    Habiendo perdido su energía vital, con las mejillas hundidas pero envuelto en una terrible aura de furia, Ikki se mostró a los asesinos, saliendo de la oscuridad.

    -¿Qué... qué es esto?-

    Respondiendo a la provocación lanzada por Ikki, los asesinos destrozaron la ventana y salieron persiguiéndole.

    En su estado normal Ikki hubiera podido librarse de sus oponentes con un solo golpe. Sin embargo, tan sólo se había levantado de la cama gracias a su instinto que percibió el aura de los asesinos que les acechaban, porque realmente Ikki, al igual que sus compañeros, no se había recuperado de sus heridas mortales.

    Si la lucha se prolongaba, no sólo él, sino también sus indefensos amigos serían víctimas del grupo de asesinos.

    -Eso no lo permitiré nunca-.

    Sin importarle cuanto se quejaba su cuerpo malherido al concentrar y aumentar su Cosmos, Ikki lanzó su ataque más poderoso.

    -¡¡HOYOKU TENSHOOOOO!!-

    Los asesinos que por primera vez veían un ataque de fuego tan poderoso abrieron los ojos con terror antes de caer fulminados. Pero en ese momento el cuerpo de Ikki se estremeció por algo diferente al dolor de sus heridas.

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    Rafaduck

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    Era un aura helada, de gran poder y rebosante de un fuerte instinto asesino, un aura incomparable con la de los asesinos de antes. La sombra blanca que salió de la arboleda lanzó un golpe a una velocidad imposible de seguir con la vista.

    -¡Se ha movido a la velocidad de la luz, como sólo los Caballeros de Oro deberían poder hacerlo!-

    -¡Es un golpe a la velocidad de la luz!-

    Ikki se quedó petrificado ante el poderoso ataque helado que se le acercaba tiñendo el lugar con una luz blanco-azulada como si rasgara la noche. Un escalofrío recorrió su espalda.

    -En mi estado no voy a poder esquivarlo-.

    Y no sólo eso, ni siquiera llevaba puesta su Armadura, estaba a cuerpo descubierto.

    Ikki, que hasta entonces nunca había sentido un auténtico temor a morir, vio como el dueño de la sombra esbozaba una maliciosa sonrisa de triunfo, quizás fuera la sonrisa con la que dicen que el Dios de la Muerte invita a los muertos.

    -Hermano...-

    De pronto tuvo la sensación de oír la voz de su hermano desde la lejanía, pero Ikki ya se había resignado a morir, no había nada que pudiera hacer. Cerró los ojos y sintió como una poderosa aura helada estallaba frente a él. Pero entonces notó un poderosísimo Cosmos envolviéndolo.

    -¡Shaka!-

    Al abrir los ojos se encontró a Shaka de Virgo parado frente a él protegiéndole del ataque de hielo.

    La sombra blanca desapareció en la noche.

    Gracias al Emblema de Odín en las corazas de los asesinos vencidos, resultaba evidente cual era su origen, venían del Norte, eran soldados de Asgard.

    -¿Pero por qué los soldados de Asgard han...?-

    Shaka se planteaba esa pregunta. Realmente si alguien pretendía amenazar al Santuario este sin duda podría ser el mejor momento. La discordia interna causada por la rebelión de Saga se había solucionado y todo el Santuario se congregaba en unanimidad alrededor de Atenea, pero de eso hacía demasiado poco tiempo, las cosas no estaban asentadas y Seiya y sus compañeros, que habían demostrado durante la Batalla de las 12 Casas una capacidad superior a la de los Caballeros de Oro, estaban agonizando, sin duda ahora eran un blanco fácil.

    -Sin pestañear, murmuró Shaka, preguntándose a sí mismo: la Representante de Odín, Dios de Asgard, la Princesa Hilda, incluso en los países vecinos es amada y respetada por todos, se dice que rebosa bondad...-

    -Entonces, ¿Por qué?-

    Antes de que Shaka pudiera terminar sus palabras, Ikki se acercó a él.

    -Ya sea Odín, ya sea Hilda, no podemos permitir que hagan lo que les plazca, debemos ir allí-.

    -En tu estado actual es imposible que puedas enfrentarte a los Legendarios Guerreros Divinos de Asgard. Además, tu Armadura del Fénix, al igual que las de tus compañeros, vaga por la frontera entre la vida y la muerte-.

    -¿Cómo?-

    -La Armadura del Fénix, el pájaro inmortal, que aún reducida a polvo o cenizas es capaz de resurgir, esta vez no puede sanar sus alas rotas. Sólo podemos confiar en la capacidad de Mu para repararla junto con las demás, y en la capacidad de Seiya y los otros para superar sus heridas-.

    Ikki no pudo más que asentir ante las palabras de Shaka. Entonces se percató que la Armadura de Shaka, que había recibido el golpe helado, estaba como quemada recubierta de blanca escarcha. Mientras que Ikki ni con su golpe más poderoso había sido capaz de producir el mas mínimo daño a la Armadura de Oro de Virgo.

    -Esa sombra blanca... ese hombre, debía de ser uno de los Legendarios Guerreros Divinos de Asgard-.

    Por un momento, en un lejano lugar de su conciencia, Ikki tuvo la sensación de ver como la Estrella Polar, así como las 7 Estrellas a las que correspondía su custodia, brillaban con un extraño resplandor.

    No fue hasta varios meses más tarde cuando Ikki comprendió que quien le había atacado aquella noche fue Bud de Alcor, Guerrero Divino de Zeta.

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    Con esto doy por finalizado el SideStory llamado "El Gran Amor de Atenea".

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