1. Invitado La navidad llego a Cz, ¿Por que no vas a visitar la choza de Santa Cooz?
  2. Invitado ¿Puedes jugar sin repetir palabra?
    Descartar aviso
  3. Invitado ¿Por que no derribas a un que otro adversario con una bola de nieve?
    Descartar aviso
  4. Invitado Faltando tan solo unas pocas horas para navidad, alguien a quien no le gusta esta festividad, decidió sorprender a santa, raptarlo, atarlo y robar los regalos que llevaba consigo.
    Descartar aviso
  5. Invitado Esta vez el grinch esta en CemZoo y quiere tener su propio arbol para ponerlo en su casa pero no quiere cualquiera, tiene que ser creativo y unico el cual escogerá.
    Descartar aviso

Escrito original El Encanto de tu Odio - Boys Don't Cry

Tema en 'Biblioteca CemZoo' iniciado por Kaonashi, 14 Abril 2015.

Cargando...
  1.  
    Kaonashi

    Kaonashi Creador del tema Cemzoonita

    Virgo
    Trataba de pensar en otra cosa, pero era prácticamente imposible. Julián solo atinaba a bajar la mirada y a escuchar el ruido mecánico del autobús que lo llevara desde la universidad hasta su hogar, luego de una jornada rutinaria y agotadora. Los intentos por distraerse fueron numerosos e infructíferos. Sintió una intensa sensación de temor e incomodidad. Oteó de nuevo, no sin cierta timidez, el asiento que se hallaba a escasa distancia de él, para descubrir que el panorama no había cambiado en absoluto. Aquella mujer no dejaba de mirarlo inquisitivamente. Pudo comprobar cómo las pupilas de esa muchacha escrutaban su anatomía de arriba a abajo, sin discreción. Quizá percibió una sonrisa atrevida entre las comisuras de sus labios.
    El muchacho, de no más de 24 años, volvió a agachar la mirada, para sumirse en una introversión respetuosa. Todo el viaje, que duró unos 45 minutos, transcurrió de esa manera. El vehículo estaba atiborrado de pasajeros, pero nadie parecía notar lo que sucedía entre la fémina y el joven que padecía aquella situación tan embarazosa. Por momentos se sintió vulnerable. Otra vez estaba obligado a entregarse a la impotencia, al silencio, a la imperante necesidad de controlar la vergüenza. Esos sentimientos infames parecían recorrer todo su cuerpo. Iban trepando lentamente desde el suelo hasta llegar a su pecho, para estallar en una sucesión de imágenes, sonidos y pensamientos repulsivos.
    Por fin el lugar de destino estaba cerca. Ni bien tuvo oportunidad, solicitó la parada y el transporte se detuvo en el sitio acostumbrado. El muchacho descendió del autobús, todavía siendo vigilado por aquella mirada intimidante, esta vez desde la ventanilla. No necesitó voltearse para comprobarlo. Sin perder un segundo, continuó andando.
    Sin embargo, no imaginó que el mal trago podría extenderse hasta ese tramo. Al doblar por una esquina tuvo que soportar nuevamente las miradas de un grupo de chicas insolentes, dedicadas a su ociosidad. Charlaban y reían, a medida que agotaban el contenido de sus botellas de cerveza. Julián pasó frente a ellas imbuido en un acostumbrado mutismo, aferrándose al deseo de llegar a su hogar cuanto antes.
    Minutos después estaba introduciendo las llaves en la cerradura de la puerta cancel. Entró, dejó sus cosas sobre el sofá que se hallaba en el centro de la sala y se dirigió a la cocina. Estando allí no pudo evitar que una incipiente satisfacción lo dominara, al darse cuenta de que ese lugar era como su refugio. El mobiliario de la casa exhibía una remarcada pulcritud, a pesar de que ahí se hospedara una sola persona. Julián se hizo de un vaso que estaba sobre la mesa y abrió el refrigerador para servirse un poco de jugo. Empezó a beber mientras levantaba una de sus piernas para cerrar la puerta sin la necesidad de utilizar las manos. Omitió comer algo, ya que había almorzado bien.
    Se sentó frente a su computadora y la encendió. Esperó a que iniciara el sistema y se conectó a una red social que suele frecuentar en sus ratos libres.
    Sorbió otro trago de jugo refrescante, y empezó a escribir.

    “Una vez más he sido blanco de un trato nefasto y humillante. Esa es la manera en que las mujeres nos someten a sus deseos libidinosos e inapropiados. Ignoro si podré narrar los hechos, porque el recordarlos me resulta desagradable. Pero de igual modo lo transcribiré aquí, para que quede asentado y sea una prueba más del hostigamiento que se cierne sobre todos nosotros, queridos compañeros de esta comunidad.
    Hoy por la tarde, hace poco más de una hora, me tocó viajar en un autobús que tenía por pasajera a una mujer depravada que no dejaba de observarme. Realmente no me quitaba la vista de encima. Incluso fui capaz de notar en sus pupilas un dejo de impudicia y obscenidad. Sentía que me desnudaba con la mirada. Incluso, al ser atacado por una considerable inquietud, empecé a replantearme si mi vestimenta era lo suficientemente inadecuado como para que ella se comportara de esa manera. Me dije, ‘quizá no debí usar la camisa demasiado abierta, dejando entrever parte de mi torso cubierto de vello’ o ‘puede que el usar estos pantalones ajustados haya sido un error, puesto que remarcan notablemente mi virilidad’. Pero no, no puede ser eso. Tengo derecho a vestirme como me plazca. Mi cuerpo, mis reglas…”


    A medida que el texto se ampliaba en la pantalla de su ordenador, Julián se sumergía en un frenesí de odio y efervescencia. Sus dedos se movían rápidamente, al ritmo de la rabia que brotaba de su interior. En su diatriba, parecía estar soltando un torrente de denuestos, imprecaciones y anatemas acaloradas. Recordó todas las veces en que se sintió miserable por no haber tenido oportunidad de alzar la voz, de hacer valer sus derechos. Su mente revisitó los momentos en que algunas mujeres, luego de escucharlo, se burlaran de él con un tono despectivo, acusándolo de practicar sodomía teniendo en cuenta las particularidades de sus principios e ideales. Pensó en el desprecio, en la desigualdad de la que no podía escapar, en el maltrato, en todo tipo de anécdotas atiborradas de consecuencias adversas. Eran pedazos lúcidos de una realidad nefanda, aberrante.
    No dejaría que todo ello quedase impune, su semblante denotaba mucha indignación.

    “Díganle no a la ‘ovulocracia’, no permitan que el matriarcado continúe. Cualquier hegemonía es inaudita. Estoy hastiado de sentir miedo e impotencia a diario. Ojalá la sociedad algún día se revierta y las mujeres sepan lo que es vivir como hombres. Que experimenten el miedo y se sientan indefensas como nosotros, frente a las miradas autoritarias. Que nuestro estandarte no sea la docilidad, sino la audacia y el deseo de hacerse valer. Acabemos con esta injusticia de una vez por todas. Esas cerdas no merecen vivir tan despreocupadamente. Podría considerarse que ni siquiera sienten culpa o remordimiento por su comportamiento, ni un ápice. Sigamos peleando por lo que merecemos, por lo que nos fue arrebatado. Esto no es un sueño, es un mañana que no tardará en llegar.”

    Una vez terminada la redacción, el muchacho envió el mensaje. Luego lo releyó, mientras esperaba las respuestas de sus copartidarios. Estas no tardaron en llegar y, como siempre, Julián comprobó que el apoyo de los demás miembros del grupo era unánime. Muchos opinaban como él y estaban de acuerdo con su propuesta. Había quienes afirmaban que la actitud de aquella mujer era en extremo repudiable, un ultraje. Entre todos los comentarios puestos por los usuarios, uno le llamó la atención. Era coherente, breve y solemne.

    “Todos somos víctimas de una gran tribulación.”


    El joven se sintió satisfecho por lo que acababa de hacer. Bostezó, se estiró en su asiento y decidió que era suficiente. Apagó la computadora, había llegado la hora de dormir.
    Recostado en su lecho, en medio de la oscuridad, sus cavilaciones aumentaban. Sus ojos se iluminaron por un instante y una lágrima rodó por una de sus mejillas. Se sintió abatido, desgraciado. Soñó con un mundo utópico, en el que los hombres no tuvieran que sufrir por tanta injusticia. Consideró que, tal vez, la sola idea era inconcebible. Pero no por eso dejaría de propugnar por sus creencias. Así pasó la noche en vela, envuelto en su amargura. No reflexionó sobre otras cuestiones, estaba concentrado en eso, obsesionado.
    Acaso el rencor es más placentero y gratificante que la tolerancia o las vías diplomáticas.
    Acaso no existen los ideales y las doctrinas negativas o ponzoñosas, son así por la estolidez y el fanatismo malsano de quienes las ejercen.
    Acaso es mejor gritar que oír.

    Desgraciado es aquél que se impone el propio dolor.
    Todos somos víctimas de una gran tribulación.

     
    • Me gusta Me gusta x 2
  2.  
    Russkiy Okkupant

    Russkiy Okkupant Cemzoonita

    Sagitario
    Yo quiero que las chicas me miren grr (?) @Okita xD
     
  3.  
    Okita

    Okita Estudiante escuela de edición

    Piscis
    Que te miren mientras te pego por desear eso? ¬.¬

    Me encantó, un "mundo al revés" muy original, xD así sufrimos nosotras
     
  4.  
    Kaonashi

    Kaonashi Creador del tema Cemzoonita

    Virgo
    Ustedes dos... son muy buenos amigos, ¿eh?
     
  5.  
    Alostsheep

    Alostsheep Cemzoonita Aces & Eights

    Tauro
    Buen escrito, aunque un tanto sensible, no digo que no haya chicos/as así. Quizá sea porque soy más directo. Pero está bien, sigue puliendo tus textos. :happy:
     
  6.  
    Kaonashi

    Kaonashi Creador del tema Cemzoonita

    Virgo
    Los hay, parece contradictorio, pero sí hay chicos así...
    Gracias por tu comentario, er... "hermano".
     

Comparte esta página