1. Invitado La navidad llego a Cz, ¿Por que no vas a visitar la choza de Santa Cooz?
  2. Invitado ¿Puedes jugar sin repetir palabra?
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  3. Invitado ¿Por que no derribas a un que otro adversario con una bola de nieve?
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  4. Invitado Faltando tan solo unas pocas horas para navidad, alguien a quien no le gusta esta festividad, decidió sorprender a santa, raptarlo, atarlo y robar los regalos que llevaba consigo.
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  5. Invitado Esta vez el grinch esta en CemZoo y quiere tener su propio arbol para ponerlo en su casa pero no quiere cualquiera, tiene que ser creativo y unico el cual escogerá.
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Long-fic Contigo [NH][SS]

Tema en 'FanFics Naruto' iniciado por Maffery, 15 Junio 2016.

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  1.  
    Maffery

    Maffery Creador del tema Cemzoonita Paper Bag Brigade

    Acuario
    Advertencia: Esta historia es una realidad alternativa de Naruto, no tiene nada que ver con la historia original. Los personajes no me pertenecen, son de completa autoría de Masashi Kishimoto. Sólo me pertenece la idea creativa de esta historia. La pareja central de este fic es NaruHina.

    Contigo.
    Autor: Maffery​

    Capítulo 1: Desconocido.
    Existen muchas historias, algunas ciertas, otras no tanto. Cada quien tiene una que contar. En realidad la vida es un cuento que ya está escrito con tinta roja, en donde somos los protagonistas y el destino es el autor. Si, la vida es una historia, simplemente eso.

    Su mamá siempre le contaba historias de princesas y castillos encantados donde siempre habían finales felices. Pero una noche, decidió relatarle algo fuera del mundo fantástico de la magia y las hadas… Era una leyenda, que a su criterio, era la más cierta de todas las que existen.

    —Cuenta una antigua leyenda que, todas las personas al nacer, se les ata un pequeño hilo rojo alrededor de su dedo meñique, y que ese cordón está conectado de igual manera a tu alma gemela— relataba una hermosa mujer de cabello oscuro a una pequeña niña.

    —¿De dónde salió esa leyenda?— preguntó la niña con mirada curiosa.

    —Es una historia muy vieja, me la contaba mi abuela cuando yo tenía tu edad. Hace muchos años existió un emperador que creía en eso, buscó a una poderosa bruja para que le enseñara con quien estaba enlazado él mediante el cordón, la bruja accedió a su petición y comenzó a seguir el hilo, al terminar la búsqueda, la bruja lo guio hacia un mercado en donde yacía trabajando una mujer campesina con una bebé en brazos y le dijo: “Aquí termina tu hilo rojo”. El emperador se sintió ofendido, ya que pensó que la bruja le estaba jugando una broma, furioso empujó a la campesina junto a su bebé, provocando que ambas cayeran al suelo y haciendo que la criatura se hiciera una gran herida en la frente. Luego de eso, ordenó la ejecución de la bruja— continuaba relatando

    —¡Que horrible historia, madre!— interrumpió la niña cubriéndose la boca por el asombro.

    —Todavía no termina mi niña— dijo la mujer acariciándole el cabello a su hija —Muchos años después, aquel emperador quería casarse. Su corte le aconsejó desposar a la hija de un poderoso general. Este aceptó ciegamente. El día de la boda llegó, era el momento en donde iba a ver por primera vez la cara de su esposa, esta al quitarse el velo que cubría su hermoso rostro, dejó al descubierto una enorme ypeculiar cicatriz que tenía en su frente- culminó contando.

    —Quiere decir que, ella era el bebé que él empujó en el mercado— dedujo la pequeña.

    —Sí, mi inteligente flor. Así es el destino. Como te contaba, estamos atados a un hilo rojo invisible. A pesar del tiempo y la distancia, nunca desaparecerá; el hilo se estirará infinitamente y no se romperá— explicaba la sabia mujer mientras se acariciaba su recrecido vientre. Estaba embarazada, pronto daría a luz a su segunda hija.

    —Pero mami… ¿Y si llegase a pasar, que una de las personas atadas, muere?— preguntaba la chiquilla con mucha curiosidad.

    —Cómo lo dice el relato, no importa cuánto tiempo pase, o la distancia que los separe, esas personas se encontrarán, así sea en el más allá- agregó mientras cubría a la niña con una manta.

    —Es muy confuso, no entiendo muy bien, mami – dijo la niña entre bostezos.

    —Tranquila pequeña, el destino se encargará de explicarte cómo funciona todo- dijo la madre dándole un beso en la frente. – Ahora descansa, cierra esos hermosos ojos de luna. Mañana seguiré contándote más historias – dijo apagando la luz.

    —Mamá…— habló la pequeña.

    —¿Si?— dijo deteniendo su caminar.

    —Entonces… ¿Papá y tú están atados mutuamente por ese dichoso hilo? — balbuceó pobremente quedándose dormida.

    Mikoto soltó una suave risa viendo como su hija caía rendida del sueño.

    — Sólo el destino lo sabe — dijo con voz baja cerrando la puerta de la habitación.

    Aquella niña creía en su madre, pero pensaba que era absurdo que alguien estuviese destinado a algo en concreto. O bueno, a alguien. Pero aun así, la pequeña Hinata no dejaba de preguntarse con quién compartía ese dichoso hilo desde su nacimiento.


    ||15 años después||


    Comenzaba el otoño. Las flores de cerezo caían cual gotas de lluvia en una tormenta, delicadas, en aquel hermoso tono rosa. Vestía por completo el suelo de aquella universidad, donde estudiaba ella.
    Allí se encontraba, con una pila de libretas y libros en sus brazos, yendo hacia su salón de clases. De pronto el gran reloj de la institución sonó indicando las 8:00 a.m.

    —¡Dios! Llegaré tarde si no me apresuro.

    Aquella chica de larga cabellera azulada corría por el pasillo principal de la universidad, era su primer día como estudiante becada en aquella prestigiosa casa de estudios. Sólo los jóvenes con familias ricas y poderosas entraban allí, aunque como en toda universidad, algunos jóvenes ingresaban becados por sus excelentes calificaciones obtenidas durante la preparatoria. Hinata Hyuga pertenecía a ese pequeño grupo. El apellido Hyuga era célebre dentro de la universidad, ya que todos sus integrantes habían obtenido becas para estudiar allí. Así que ella tenía que seguir con la sucesión de alumnos sobresalientes de su familia.

    Aquella chica tenía un gran peso sobre sus hombros, al mínimo error en sus notas, podía perder la beca y por ende manchar la intachable reputación de su familia.

    Los Hyuga eran afamados en la ciudad, no exactamente por tener alta posición económica, si no por ser una exitosa familia de arquitectos egresados de la Universidad Autónoma de Tokio. Cada generación fue obligada a estudiar dicha carrera, forzados a ser los mejores. Mientras que Hinata, ella debía seguir con esa absurda tradición, aunque no le llamaba la atención diseñar estructuras. Su verdadera pasión era la medicina, amaba cuidar de los demás, amaba la ciencia y los conocimientos anatómicos. Pero era obligada a estudiar aquella costosa carrera. Ella en su interior no se veía diseñando planos ni haciendo maquetas, no se veía en clases de matemáticas. Ella soñaba hacer algo por los necesitados, por simple bondad y vocación. Pero ahí estaba, corriendo por entrar a tiempo a su primera clase de Diseño. Apostaba a que su madre la apoyaría en su decisión de quebrantar aquel absurdo arraigo. Pero lastimosamente, su madre había partido desde hace varios años, quedando su padre a cargo de ella, y no tuvo otra opción que solo ceder.

    —Aula R 3-4— repetía ella con la respiración agitada por correr. —Si, este es mi salón de clases— dijo para sus adentros verificando una hoja de papel. Tocó la puerta y al abrir pidió permiso para entrar.

    —Adelante, tome asiento— dijo una voz masculina indicando su puesto asignado. — Buenos días estudiantes, mi nombre es Kakashi Hatake, seré su profesor en esta materia por el resto del semestre, lo único que les exijo es respeto. Si tienen dudas de las clases, no duden acercarse a mí, no tendré problemas en aclarárselas — dijo levantándose de su silla —¿Preguntas?— cuestionó. Nadie gesticuló ni una palabra. —Bien, entonces comencemos— dijo tomando su marcador para empezar a escribir en la pizarra.

    Kakashi era un hombre joven, de unos 35 años, cabello gris, y tez pálida. Parecía ser amable y pacífico. Aunque tenía reputación de tener una personalidad difícil, pero muy atento con sus estudiantes. Era perfeccionista, y motivaba a los nuevos a hacer las cosas lo mejor posible. Muchos decían que se transformaba en demonio a la hora de aplicar exámenes, y que nadie lograba copiarse. Pero otros decían que él era una excelente persona y que él solo buscaba ayudar a los demás. De todas formas no parecía ser un ogro, si no que era una persona a la que le gustaban las cosas bien hechas.

    En el aula había unos 20 estudiantes, todos nuevos. El salón era muy amplio, con una gran ventana que dejaba entrar mucha luz natural. Cada asiento tenía un trozo de papel pegado en el espaldar indicando el nombre de cada estudiante. Hinata era una de las últimas, desde atrás se podían ver los nombres de cada uno. Ella reconoció varios de estos, entre ellos estaban su primo Neji Hyuga y un antiguo compañero de preparatoria, Sasuke Uchiha.

    La mañana transcurrió rápidamente, Hinata miró su reloj de muñeca, este indicaba la 1:13 p.m. Estuvo tan ajetreada con las clases que no se percató que se había pasado la hora de almorzar. Para su suerte ya era hora de irse a casa. Tomó sus cosas y caminó hacia afuera del edificio. Su primo Neji la esperaría en algún lugar del campus para acompañarse mutuamente a casa. Y así fue.

    —¿Qué tal te pareció la Universidad?— le preguntó Neji a su prima.

    —Es muy hermosa, me gustó mucho su ambiente. Me sentí cómoda— Respondió ella con una leve sonrisa.

    —Sé muy bien que te sientes mal por estudiar lo que no te gusta, Hinata-sama. Esta no es mi pasión tampoco. Pero son órdenes, debemos hacerlo o deshonraremos el apellido Hyuga— Dijo él mirándola a los ojos. —No tenemos escapatoria. También sé que es ridículo que en estos tiempos aún exista ese tipo de obligaciones, pero así pensaban nuestros antepasados, y también nuestros padres— Terminó de decir poniéndole la mano en el hombro a ella como señal de comprensión.

    —Lo sé primo. Estoy segura de que mi madre no estaría de acuerdo con eso. Cuánto daría por tenerla aquí. — Dijo Hinata mientras un par de lágrimas se asomaban en sus ojos.

    —No llores, sé que la extrañas, pero llorando no se resuelve nada. Sólo nos queda ser valientes y nunca perder la fe— Dijo él dándole una sonrisa tierna.

    —Tienes razón— Dijo la chica limpiándose las lágrimas.

    Siguieron su curso conversando sobre su primer día en la facultad hasta llegar a casa.

    POV HINATA

    Al llegar a casa sólo me dirigí a mi habitación. No había comido, pero estaba tan triste que no tenía nada de apetito. Me recosté en mi cama y abrazando las almohadas comencé a llorar. Recordaba a mi madre claramente, como si su partida hubiese pasado ayer. Lloré a mares hasta quedarme dormida.

    Al despertar me di cuenta que era de noche, la luna se asomaba por mi ventana con su potente luz blanca. Miré mi celular, tenía 3 llamadas perdidas y 7 mensajes de texto. Al revisarlos vi que las llamadas eran de mi padre y los mensajes de mi mejor amiga, Sakura Haruno. Sus mensajes decían que estaba preocupada por mí porque no la había contactado en todo el día. Y me repetía que la llamara lo antes posible.

    Decidí salir de mi habitación para ver si mi padre se encontraba en casa, revisé toda la casa, no lo encontré. Me di cuenta que sobre la mesa estaba una nota que decía “Intenté contactarte a tu celular para avisarte, y al verte dormida no quise despertarte. Surgió un viaje de negocios repentino. Tengo que irme a Londres por un par de semanas. No sé cuándo volveré a casa ya que fue algo espontáneo. Dejé a tu hermana al cuidado de tu tía, supuse que sería lo mejor, no quería dejarte esa responsabilidad. Tienes que enfocarte en tus estudios por ahora. Por favor cuídate. Dejé a Neji a cargo de ti. Nos vemos pronto – Hiashi Hyuga

    Al leer eso caí en cuenta que tendría la casa para mí sola, decidí llamar a Sakura y preguntarle si podría venir a hacerme compañía esta noche. Necesitaba a alguien con quien hablar, no quería molestar a mi primo, a pesar de que vivía en la casa de al lado. Por suerte mi amiga contestó rápido mi llamada, y con una respuesta alegre aceptó venir a casa.

    —¡Claro! Voy inmediatamente. Dudo que mi madre no me dé permiso, ella te conoce— dijo Sakura a través del teléfono.

    —Muchas gracias, te necesito amiga— dije yo con voz temblorosa.

    Ella captó inmediatamente que estaba triste, y sin mediar más palabras, colgó el teléfono. En menos de 15 minutos estaba tocando el timbre con un pequeño bolso en donde traía sus cosas, y una bolsa con helado napolitano y unas películas. Yo solo la abracé y le di las gracias por acudir a mi llamado.

    —Deja de agradecer. Sabes bien que estoy para ti, tonta—me dijo con una enorme sonrisa —Eres mi mejor amiga, y nunca te dejaré, así no me necesites a tu lado.

    Yo sólo dejé que mis lágrimas cayeran mientras la abrazaba. Ella era como mi hermana, la conocía hace muchos años, fuimos a la misma escuela y ahora a la misma universidad. Lastimosamente su facultad quedaba lejos de la mía, hubiese sido increíble poder pasar los ratos libres juntas. Sakura me conocía como nadie, sabía de mis debilidades y mis más locos secretos. Sabía lo mal que lo estaba pasando desde hace años por la repentina muerte de mi madre.

    —¿Cómo te fue en tu primer día?—me preguntó ella limpiándome las lágrimas.

    —Bien, a pesar de todo—me limité a contestar.

    —¿Tus compañeros te trataron bien?—continuó preguntándome.

    —Sí, todos son muy serios, pero buenas personas—dije sonriendo—Sasuke-kun y yo coincidimos en varias clases.

    Sakura se sonrojó, tenía meses sin ver a su amor de la secundaria. Yo sabía perfectamente cuales son los sentimientos de ella por Sasuke, lo había amado durante toda la escuela. Pero él, nunca demostraba empatía por ninguna chica, ni siquiera por ella.

    —¿Cómo está él? ¿Le hablaste? ¿Ha cambiado?—preguntaba una y otra vez mi amiga.

    —Calma, no hablé con él. Puedo decir que está igual que siempre—dije viéndola a los ojos.

    —Oh, tengo meses sin verle. A veces le escribo por Whatsapp para saber cómo está o para simplemente entablar una conversación, pero sólo se limita a responder por cortesía. Me duele que sea tan indiferente conmigo—dijo ella cabizbaja.

    —Él es así con todo el mundo, Sakura-chan. Es su forma de ser—le dije dándole apoyo.

    Ella solo asintió.

    —¿Y qué tal tu primer día estudiando medicina?—dije buscando desviar el tema. A pesar de que yo quisiera estudiar lo mismo, no sentía envidia por mi amiga, me alegraba que ella cumpliera sus sueños.

    —Estuvo increíble, mis compañeros son súper geniales. Conocí a un par de chicas y chicos muy buenos. Me gustaría que alguna vez salgamos todos juntos—me dijo alegremente.

    Yo asentí, tal vez una salida no me caería mal después de todo.

    Me tomó de la mano para arrastrarme a mi habitación. Hablamos durante un rato, vimos las películas que había traído y comimos más de la mitad del helado. Fue una noche divertida, necesitaba eso, un rato con mi mejor amiga.

    FIN POV HINATA

    Varios días pasaron, las chicas se veían a diario. Habían hecho un pacto mientras estaban en la casa de la peliazul, se encontrarían todos los días al salir de clases, sin falta.

    Sakura vivía al otro lado de la cuidad, tenía que tomar un tren para llegar a casa, así que Hinata la acompañaba diariamente hasta la estación. Neji ya no podía acompañarla a casa como habían acordado, él salía un poco más tarde ya que se había inscrito en actividades extracurriculares. Así que la chica no tenía más remedio que devolverse sola a casa.

    Las chicas caminaban por las grandes calles de Tokio, charlaban de sus clases. La cuidad era inmensa, tenían que caminar por el centro para llegar a la estación de trenes Kuruhaure. Muchísimas personas caminaban por esas calles, era muy transcurrida, había mucho ruido por los claxon de los automóviles y las voces de la gente. No era un lugar seguro para un par de hermosas chicas jóvenes, Tokio era muy peligroso por ser un foco de turístico, mucha delincuencia se vivía allí.

    Mientras caminaban, Sakura le contaba a su amiga que su madre la estaba obligando a comprar una bicicleta para trasladarse, en caso de que no pudiera tomar el tren, podría conducir hasta casa sin problemas. Hinata soltó una risita al escuchar eso, pero creía que era buena idea.

    —¿Tú también apoyas esa ridiculez?—preguntó Sakura haciendo puchero con el ceño fruncido.

    —No me parece que sea ridículo, muchas personas se movilizan de esa forma, Sakura-chan—dijo mientras señalaba a un par de personas que andaban en bici.

    —Lo sé, pero eso de montarme en esas cosas no va con mi estilo—dijo la pelirosa.

    —Bueno, entonces tomaré esa idea para mí—respondió la ojiperla sonriéndole.

    Sakura rió a carcajadas, se imaginaba a su torpe amiga andando en bicicleta. —Ya te veré con raspones en las piernas, Hina-chan—dijo haciendo referencia a que aquella chica nunca había aprendido a manejar una.

    —Nunca es tarde para aprender—dijo la morena con una sonrisa.

    Ambas llegaron a la estación y se dieron una corta despedida. Sakura rápidamente tomó el tren.

    Hinata leía un libro mientras caminaba sola a casa. Su imaginación la consumía, caminaba casi por inercia. Ese libro actuaba como un profundo pozo de donde no era fácil salir, estaba tan atrapada con la trama que daba pasos sin fijarse en el camino, ignorando que cruzaba una avenida muy transitada por automóviles. De pronto el semáforo cambió de rojo a verde, interrumpiendo la señal de paso de peatones. Ella no se dio cuenta, pronto se vio en una situación muy peligrosa. Un automóvil perseguido por la policía que corría a máxima velocidad se acercaba a ella, estaba a punto de arrollarla.

    —¡CUIDADO!—gritó un chico tomándola del brazo halándola hacia la acera con mucha fuerza. Su libro salió volando. Ambos cayeron al suelo violentamente. Hinata se quejó de dolor, confundida se levantó rápidamente del suelo.

    —¿Qué ocurrió?—preguntaban las personas a su alrededor muy confundidas, todo había pasado en cuestión de segundos.

    El chico que había salvado la vida de Hinata se levantó del suelo sacudiéndose la ropa, miró a la chica y se dispuso a preguntarle si estaba bien.

    —S-sí. Muchas gracias, venía tan distraída—dijo apenada mientras se ponía una mano en la frente.

    —Casi mueres, no puedes andar así por la calle sola—agregó el chico.

    —Lo siento, te puse en riesgo—dijo ella más apenada aun.

    —Tranquila, no me pasó nada- agregó él, vio como la rodilla de la chica sangraba.—Estás herida—le dijo preocupado mientras se agachaba para examinar su rodilla.

    —No es nada, es sólo un raspón—dijo ella alejándose un poco.

    Aquel chico era rubio, de ojos azules como el océano mismo. Tres curiosas marcas le daban personalidad a sus mejillas, además de ser extremadamente apuesto, vestía ropa casual, parecía ser muy normal, aparentaba tener unos 20 años.

    Hinata lo miró por primera vez a los ojos e inmediatamente un escalofríos recorrió su cuerpo de principio a fin. Era muy atractivo, con un leve sonrojo hizo notar su vergüenza y movió la vista a otro sitio.

    Él parecía muy preocupado por ella, le insistió en que estaba herida y que debía ir al hospital a que la curaran. Ella sólo se negaba, no era para tanto, aunque sí que se dio un mal golpe, no podía afincar esa pierna al caminar. El chico no quería dejarla ir sola en ese estado, Hinata cojeaba del dolor.

    —Debes tener un musculo lesionado o algún ligamento roto. No te dejaré ir así de mal—dijo el rubio insistentemente.

    —¿Ligamento? ¿Cómo podrías saber eso?—preguntó ella curiosa.

    —La única manera de saberlo es llevándote a un médico—respondió él.

    Ella al final tuvo que ceder, en serio el dolor se intensificaba a medida que se esforzaba para caminar. El chico detuvo un taxi, ayudó a la ojiperla a subirse y se sentó junto a ella.

    —Necesitamos ir al Hospital más cercano, por favor—le pidió el rubio al chofer. Este asintió y aceleró el automóvil.

    —¿Te sientes bien?—preguntó el chico.

    —S-sí, si la mantengo quieta no duele—dijo ella mientras se miraba la pierna lastimada—¿Tú estás bien? Perdón por ser descortés y no preguntártelo antes.

    —Yo estoy bien, perdóname a mí, caí encima de ti, por eso te lastimaste así—dijo el muy apenado.

    —P-pero me salvaste la vida, estaré eternamente agradecida por eso—dijo ella dándole una leve sonrisa poniendo su mano en el hombro del chico.

    Llegaron rápidamente al Hospital, el rubio rápidamente la bajó del taxi, la cargó en brazos para que no hiciera peso en su pierna y caminó con ella rápidamente a la sala de emergencias. Inmediatamente un par de enfermeras recibieron a Hinata con una silla de ruedas y la introdujeron a una habitación para examinarla. Una de ellas se quedó con el chico y le interrogó sobre lo sucedido.

    —¿Qué le ocurrió?—preguntó la enfermera.

    —Ella venía distraída cruzando la calle, en eso venía un automóvil perseguido por la policía a muy alta velocidad, casi la arrollan. La halé hacia la acera para evitarlo y caí encima de ella. Tiene una herida en la rodilla y cojeaba al caminar así que la convencí en venir—explicó él.

    —¿No se quejó de otra dolencia?—interrogó la mujer.

    —No, pero ella demostró ser muy modesta. Tal vez se haya lastimado en otro sitio y no quiso decirme—respondió preocupado.

    —¿La conoces?—terminó de preguntar ella.

    —No, yo sólo iba caminando por la calle cuando eso pasó—dijo el chico.

    —La doctora la examinará para descartar cualquier traumatismo. Pronto te avisaré de su estado, puedes tomar asiento en la sala de espera si así lo deseas—sugirió la enfermera.

    El rubio asintió y esperó.

    30 minutos después sale la misma enfermera buscándolo, al verlo lo llama.

    —¡Hey, chico! Tu amiga está bien, sólo tiene un esguince. Con un par de días de descanso estará mejor. Ya desinfectamos su herida, es sólo un pequeño raspón—le dijo la mujer.

    —Gracias a Dios—dijo él con alivio.

    —Ya está de alta—culminó por decir la enfermera.

    —Muchas gracias por su ayuda, yo pagaré todo—dijo dándole la mano a la mujer.

    El ojiazul se dirijo rápidamente a pagar, quería hacerlo antes de que Hinata se diera cuenta, sabía que esta pondría trabas para no dejarlo hacer eso.

    Pronto la ojiperla salió de la sala con la rodilla vendada, el rubio la ayudó poniendo su brazo alrededor de su cuello y nuevamente llamó un taxi.

    —Esta vez lo pagaré yo—reprochó Hinata.

    —Por supuesto que no—dijo él con un tono serio.

    El taxi llegó pronto, ambos se subieron.

    —¿Dónde vives?—preguntó el rubio.

    Ella lo miró con un gran sonrojo en sus mejillas, pero luego cayó en cuenta que era para que el taxista supiera a donde ir.

    —En Konoha—dijo ella con voz baja. El chofer pudo escuchar, sin más espera arrancó el auto.

    —Konoha es algo lejos del centro de Tokio. ¿Qué hacías allí sola?—preguntó el ojiazul.

    —Estaba acompañando a una amiga a la estación Kuruhaure. Veníamos de la universidad—respondió Hinata.

    —¿Universidad?—preguntó extrañado.

    —Sí. ¿Por qué te extraña?—preguntó ella con cara de curiosidad.

    —Te ves muy chica para estar en la universidad—respondió él.

    Hinata se sonrojó notablemente.

    —Tengo 19 años—respondió ella con un tono de voz muy bajo.

    El chico se sorprendió, le calculaba unos 16 años cuando mucho, su rostro era muy angelical para ser alguien adulta, aunque su silueta ya estaba bien formada. Era hermosa.

    Ambos cruzaron miradas un par de veces en el trayecto, sin mediar palabra alguna. Al llegar a la casa de Hinata, él la ayudó a bajarse del auto.

    —M-muchas gracias por tu amabilidad, perdón nuevamente por traerte tantos inconvenientes—dijo ella dándole una pequeña reverencia antes de meterse a su casa nerviosamente.

    Él sólo sonrió y se subió nuevamente al auto. Le indicó al taxista la ruta y se dispuso a mirar por la ventana.

    —¡AAAAGGGHH! ¡SERÉ IDIOTAAA! ¡Ni siquiera le pregunté su nombre-ttebayo!—se dijo para sus adentros el rubio.

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    Continuará...
     
    Última edición: 15 Junio 2016

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