Y se quebró

Publicado por Zusura en el blog Ausencia de inteligencia. Vistas: 164

"Aitana: ¿Cómo es decepcionarse de una persona?
Amaya: Pues...
Aitana: Quiero saberlo.
Amaya: Cuando te regalan una Monster High, siempre vas con la idea de que será una muñeca con la que te divertirás y todo irá bien. Pero decepcionarse de alguien es recibir una Monster High en un paquete precioso. Todo va bien con ella, hasta que la sacas de su empaque y te das cuenta que viene rota y no te divertirás, sino que te dará tristeza no poder hacer nada co ella.
Aitana: Ah... Es como cuando creen que me pueden molestar y cuando les punzo con las tijeras saben que deben buscar a otra.
Amaya: Eh... Sí, se podría decir que sí".

Decepcionarte en la vida de alguien, es algo a lo que estamos condenados a vivir. Pero nadie dice que el saberlo nos hará inmune a cierto dolor que acarrea el decepcionarte de alguien. No importa el nivel que vínculo que guardes con ese ser, siempre la consecuencia del verbo decepcionar no es buena. Hay miles de tipos, y probaremos varias o quizás los más o menos suertudos; todas.

Al principio, cuando eso me ocurría solía llorar días y días hasta creer como niñita de cinco años que haciendo eso, todo pasaría. Sin embargo bien sé ahora que no es así de fácil el asunto y que lloriquear no consigue solución. Entendí aquello cuando una de las personas en las que más confiaba en mi vida me traicionó de la peor forma, no sólo a mí sino que a toda mi familia. Y como si fuera poco con esa gran decepción, otras dos personas en las que confiaba me fallaron. Se llenaron la boca hablando mal de mí.

La primera simplemente lo hizo porque detestaba a la madre de mi mamá, y de paso eso me alcanzó. Las segundas: una porque soy mejor que sus hijos a su juicio y no merezco nada de lo que tengo. Cómicamente, he pasado toda toda mi vida estudiando. No niego que sea buena para fumar marihuana o adicta a los fármacos, pero cumplo con mis responsabilidades a cabalidad. Si mis primos eligieron despilfarrar el dinero y oportunidades y sean como son no es mi culpa. La otra, la agarró conmigo por el hecho de que a sus ojos soy mejor maestra en lo que hago que lo que es ella y obviamente, no merezco nada pues no nací para ser maestra. ¿Cómo demonios pueden envidiarme? No tengo grandes virtudes más que una voluntad que más que eso es terquedad. No tengo las mismas oportunidades que mis primos, tengo menos. Mi madre y yo hemos hecho que nazcan oportunidades para mí. No tengo la fortuna de tener un padre que me apoye. Pero no me siento mal de mi familia, sólo que no comprendo cómo con más cosas que las mías me envidian.

Me cuesta admitir lo que pasó.

Al menos tengo fe de que todo saldrá bien. Tengo a mi madre y a mis hermanas, a mi novio y a una persona muy importante, a mí (weona, algo droga, buena para su traguito de copete y tozuda).
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