Y bien.

Publicado por Skafôlickësh en el blog This is HARDCORE. Vistas: 52

Hay un dicho al respecto, pero no lo diré porque no lo recuerdo. Sólo puedo decir que esta noche ha sido bastante buena sin que se planeara siquiera. Mi día era terrible, el timbre sonó como mil veces (la vecina porque se fue el agua, el señor del INEGI para el censo, mi madrastra por unos papeles, algún niño imbécil porque alcanzó), y la última vez iba ya mentando madres hasta que noté que era una amiga con quien desde siempre he llevado una relación muy curiosa ya que chocamos mucho (somos muy parecidas, nacimos el mismo día -dos leos femeninas, auch-, etc) pero nos la pasamos muy bien juntas. Ella quería platicar, yo quería olvidarme de todo un rato y simplemente agarramos camino. Llegamos a la playa donde voy todos los fines de semana, estaba un amigo que vive ahí, platicamos, jugamos billar, fuimos a comprar unas cervezas, y yo no sé cómo fue que de repente eran las 4:30 de la mañana. Tampoco sé cómo cada que salgo con ella terminamos en una mesa de billar.

Por cierto, Señorita invicta.

Pero bueno, el motivo principal de este post no era contar mi noche. Más bien quería dejar un pequeño recado (público, como nos encantan) para quien le quede el saco. Aunque yo sé a quién le quedará.

Los mensajes autocompasivos, los dramas públicos, las demandas constantes de lástima ajena siempre me han provocado algo entre la náusea y la alergia. Sin embargo yo soy una niña bastante tolerable y mucho muy noble. Tanto que pese a todo jamás me ha costado darte un consejo de esos que olvidas cuando se trata de demostrar cómo, cuánto y por quién sufres. He intentado -aunque me castren- aceptar cada uno de los comentarios que acostumbras ya que dentro de todo su propósito se acercaba más a enmendar algo que a joder, pese a que algunas veces no pareciera tan claro. Casi como los caminos de dios, que actúan de un modo que para nadie tiene pies ni cabeza. Muy tu bronca.

Todo eso lo he tolerado porque el trasfondo no era tan malo. Sin embargo, si de repente me dices que tus motivos se perdieron y que ahora tu único afán es joder, yo no sé si nos falta inteligencia o nos falta creérnosla un poquito como para que se te ocurra venir a decírmelo justamente a mí. Yo lo he dicho muchas veces: yo soy yo, mi mundo, y quienes deje entrar en él. Si tú me vienes con que en tu último cambio de ideas decidiste que ahora te dedicarás a joderme la mitad de mi mundo, disculpa, pero me incumbe (no como muchas cosas de las cuales has hablado sin saber). Te lo digo sinceramente, como un último consejo que seguramente también ignorarás: dispara tu energía hacia otro objetivo, que aquí la persona que más sufre por ti no es otra que tú misma.

(Y tanto lío por no adjuntar un Cállateperra).
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