Vine a escribir algo

Publicado por CENTSOARER en el blog Un blog que se actualiza con cierta regularidad. Vistas: 496

Y se me ocurrió escribir esto. Y ya.




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Bueno, ya, en serio.

Fui a mi casa (tan mía como suya, sinceramente, queridos lectores) a Ciudad Valles, San Luis Potosí. Entre querer ver "huehues", comer "chichiliques", convivir con "pujaleños", oler montones de flores de cempazúchitl y poder recibir la reposición de mi tarjeta de débito (se me perdió hace 15 días ToT); entre todo eso, me aburrí horrores.

Llegué a casa y se me interpuso mi primo Gerardo (ya fallecido) en el espacio entre el pasillo y mi cuarto, tenía su bici "la nalgona" atravezando la puerta de lado a lado... sobre decir que no tengo la capacidad física de saltarlo ni la metafísica de quitarlo. Eso me puso de mal humor, me dio un motivo más para estar seguro de que una vez que te sales de tu hogar, te saliste para siempre. Cosas que no me molestaron mucho. Lo que de verdad me sacó de mis cabales fue tener sueño y que ese sueño me hacía tener mal humor porque debía hacer muchas cosas, malditos muertos: me paré en la noche e hice un arco tradicional, con palos flexibles y limonaria, adornado con flores de muerto... algo muy sencillo. Gris decidió poner a la Virgen de Guadalupe ahí en la mesa debajo; cosa que me emputó, pero recordé al instante que un día antes les oí hablar de la primera comunión, de los rezos y de adorar a un dios tanto que, bueno, me metí a dormir en cuanto acabé (que no fue temprano).

Me despertó Pablito porque me conviene escribirlo; luego amaneció y me fui a parar frente al arco. Los niños --va, mis sobrinos, pero yo no tengo la culpa-- querían ir a pedir chichiliques a El Pujal y yo quería ir allá a recordar mi celebración favorita de la niñez. Así que me subí a la camioneta con mi hermana y ellos y saliendo de la ciudad se descompuso: la camioneta tenía dos tanques para la gasolina y mi hermana rellenó el quivocado. Esa no era la teoría mientras revisaba ls filtros de la gasolina y la bomba, del verdadero problema me di cuenta al hablarle a mi otra hermana (tengo 4, por si hasta aquí se lo preguntan) para avisarle que su camioneta se había quedado varada cerca del hospital. Gris andaba en ese preciso lugar tratando de sacarse una placa de la región lumbar, yo le dije que no debía estar frente al horno de adobe haciendo los chichiliques con tanta humedad en el ambiente, ella me replicó diciendo que nadie más sabía hacerlo, y aprendí a hacerlo; no obstante, ella enfermó.

Cuando logré echar a andar la camioneta me fui directo a El Pujal. Llegué para irme pronto; El Pujal siempre será el mismo pueblo horrible, y siempre albergará a los mismos muertos horribles los dos primeros días de noviembre... en lo horrible hay algo divino. Salí huyendo de El Pujal, sólo le pedí a Sonia un plato de frijoles y huevo revuelto con chorizo; la cosa más simple ella la hace deliciosa. Comí chichiliques, no encontré a Quino... me pregunto en este momento si Quino será diferente, hace un par de meses falleció su mamá. No lo pude ver porque seguramente estaba con ella en su mundo Pujal.

Pasé a comprar mi boleto de regreso a la Ciudad de México. Llegué en la mañana y me recogieron en la central (segunda vez en 4 años). Ayer NO HICE NADA en la cama :). Pude haberme arrepentido en la mañana, pero la Doctora no fue. Oh, mi diosa Estulticia, remunerando cada uno de mis estúpidos actos mediante intervenciones tan magnas.

Y sí, cuando estoy cerca pasan siempre cosas extrañas.

Hace tiempo que no tenía un par de días tan buenos y tan sencillos.
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