Tres opciones de vida.

Publicado por Ariko en el blog -Bitácora de una...bah, nevermind-. Vistas: 117

1-El género de los que se ”Amoldan” es el más abundante: cubre posiblemente al noventa por ciento de la humanidad.

Son seres que se resignan a los carriles marcados, leen lo que les está mandado a leer… y pasan por la tierra sin haber engendrado un solo pensamiento que puedan decir que es suyo.

Gracias a ellos el mundo rueda. Y todos sabemos hacia donde.

2-El segundo tipo de seres es menos frecuente, aunque todavía es abundante.

Estos tuvieron una juventud ardiente y disconforme. Llegaron a descubrir que casi todas las cosas de este mundo están sostenidas sobre columnas inexistentes.

Descubrieron hasta qué punto la realidad es devoradora y omnipotente. Soñaron, ya que no construir un mundo mejor, sí construir, al menos, su propio mundo personal.

Pero pronto se dieron cuenta de que la vida les iba llenando de heridas. No querían renunciar a sus ideales, pero tampoco tenían coraje para realizarlos. Y encontraron la solución creándose un mundote sueños. No se amoldaron al mundo, se salieron de él. Fueron progresivamente habitando en el paraíso que se fabricaban para si mismos y terminaron por creerse que ése era el mundo verdadero.

Fuera había dolor, pero ellos vivían lejos de él; en su paraíso de piedad religiosa, en el de un mundo que decían “poético” ; huían de la realidad a través de la música, de unos cuantos amigos, tal vez de un amor. El mundo, pensaron, no cambiaría nunca.

Y prefirieron fabricarse un gueto “ad usum delphinis” en el que podían encontrarse calientes y reconfortados.

3-Otros decidieron mantener su rebeldía. “Decidieron pensar por cuenta propia”

En lo religioso apostaron por Dios, pero pusieron muchos interrogantes a todas las bandejas en las que se los servían .

Eligieron su carrera no porque fuera rentable, sino…por que la amaban . Nunca se obsesionaron por el éxito, sino por el afán de ser fieles a sí mismos.

Se convirtieron en permanentes inadaptados, pero tampoco se adaptaron a su inadaptación y huyeron de esa otra peste de ser distintos por el afán de parecerlo. Pagaron un alto precio. Aprendieron que toda vocación es un calvario.

Si a veces se cansaban y el alma se les escapaba a los sueños de los segundos, sabían tirarse de las bridas del alma y volver incesantemente s su gran tarea: exigirse a si mismos.

“Sabían que lo importante no era llegar a ninguna parte, sino llegar a ser”

Sentían miedo a ratos, pero jamás se sentaban a saborear su propio miedo. Buscaban. Buscaban. Sabían que morirían sin haber terminado de encontrarse. Pero seguían buscando. Se toleraban a si mismos muchas flaquezas, pero jamás el aliento. Nunca se preguntaban “para qué” servía el amor.

Creían tanto en él que no les preocupaba conocer su eficacia.. ser engañados miles de veces. Mas no creían que eso les autorizase engañar o engañarse. Creían en la justicia. Sabían que siempre estaría en el horizonte, por mucho que caminasen hacia ella.

“No se avergonzaban de sus lágrimas”, pero sí de que su corazón no hubiera crecido nada en las últimas horas. Cuando los demás les hablaban de una bomba atómica que un día nos quitará las razones para vivir, ellos pensaban que el dinero, la sociedad, los honores, los prestigios iban haciendo ya ahora, no en presagios esa misma tarea.

Y la gente pensaban que fracasaban.

Y tal vez ellos también lo temían a ratos. Pero estaban vivos, tan vivos que no se detenían a pensarlo por miedo de perder un momento de vida. Morían sin haber dejado de ser jóvenes.

Unos les llamaban locos y otros santos.

Ellos solo sentían la maravillosa tristeza de no haber llegado a ser lo uno ni lo otro.

Jose Luis Martin Descalzo
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