The Return of The Sith

Publicado por Uriel en el blog [¡]. Vistas: 66

SI! He regresado! Ahora todo sera mejor conmigo
Ahora quiero probar si funcionan los emoticonos...
wula
Ese es mi Emo Distintivo...o sea: Miren como gira!!!
Les cuento mis vacaciones? Aburridas, familiares y sin demasiados detalles que se merezcan leerse....
Me gustaria que lean este fragmento de una historia que escribi:


Una nueva búsqueda por el príncipe Azul
Cenicienta en su castillo. Angustiada, hastiada. La princesa se movía en su recamara todos los días, a las mismas horas y recorría su castillo con las misma aprehensión. ¿Dónde estaba? ¿Dónde estaba su príncipe azul? ¿Adonde carajo fue?
Estaba enojadísima, y eso es poco decir. No más de tres años que se casaron solo para que el príncipe viviera lejos del castillo, ocupado en sus guerras, consumido en ceremonias, agobiado del protocolo. ¿A dónde había quedado el amor? ¿Qué le había pasado a su hermoso amor? ¿Qué le había pasado a ella?
A la misma hora, todos los días, recorría el castillo preguntándose lo mismo.
Aunque tengo que reconocer que esa vez fue algo especial lo que paso, no solo conspiraciones de princesas de Disney. Paso a contarles, de seguro no entendieron.
Cenicienta fue feliz una vez casada con su príncipe azul. Fue feliz también un año después de casarse con su príncipe azul. Y fue feliz el año siguiente. Pero no al tercer año.
Sucedió que en el reino llego la noticia de una guerra. Y no cualquiera, sino una entre los reinos vecinos, lo que posicionaba a nuestra ciudad como centro de conflictos. El Príncipe Azul, que ahora era el Rey Gris, tuvo que responder, como cualquier Rey Gris, como mediador en el conflicto. Y resulto, entre idas y venidas políticas que no he de ahondar, que el rey marcho al guerra. No viene al caso que fue a hacer, solo que lo hizo.
La guerra duro más de lo que cualquier reina pueda soportar. Pero fue lo que paso una noche lo que la extraño aun mas. Una noche fría, seca, de esas en la que mirar el cielo y contar las estrellas es tan fácil como mentir. La reina estaba, como lo hacia usualmente, al frente de su chimenea. Pensando. Mas de lo que solía hacer. Fue entonces que paso, aquello tan extraño como natural. La primera cosa extraña que paso fue que la reina se acerco a la ventana, lo que no nunca, jamás hizo o hará. Lo segundo fue lo que vio. ¡No se imaginan lo que vio! Su rey, su amado Rey, la saludaba desde su jardín, sonriendo. Así que como toda historia romántica ella debió bajar las escaleras, entrar en el jardín y besar a su amado. Y eso paso…bueno, no del todo. La reina bajo, entro al jardín, pero solo se encontró con su jardín sin rey ni amado ni príncipe ni nada.
Fue desde entonces que la reina empezó su enfermiza rutina (se había acostumbrado a crearse rutinas) de recorrer el castillo mientras maldecía entre dientes, se mordía las uñas y culpaba a todo sirviente de su malestar. Basta decir que solo en dos meses tuvo 300 sirvientes solo para cuidar un jarrón chino invaluable enfrente de su recamara. Exacto, así de loca se había vuelto la princesa.
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