Tenisear = Jugar al tenis

Publicado por Aura Lance en el blog El blog de Aura Lance. Vistas: 61

Suelo leer con mucha frecuencia la página de ESPNDeportes.com, sobre todo a los columnistas y sus secciones, sus análisis son interesantes y entretenidos, y hay algunos columnistas que son decididamente extraños, uno de ellos pone sus pensamientos en forma de conversación entre dos personas, y aquí uno que me llamó la atención, tenisear...

Se lo ve bien.
-¿Le parece?
-Sí. Aunque para mi gusto...
-¿Qué?
-Bueno. Ya sea que vaya o venga de jugar al tenis, en su lugar no andaría de pantalones cortos, remera y zapatillas por la calle. Pero bueno...
-¿No le parezco elegante?
-En absoluto.
-Sí, ya sé. Lo que pasa es que prefiero bañarme en casa...
-Lo entiendo. No sabía que jugaba al tenis.
-Cada tanto, sí, con un amigo.
-Me parece muy bien.
-Tenisear me hace bien.
-¿Cómo dijo?
-Que tenisear me hace bien.
-Sí, lo escuché.
-¿Y entonces para qué me pregunta qué dije?
-Es que pensé que había oído mal.
-¿Qué había entendido?
-Lo que dijo, que tenisear le hace bien.
-Y si había entendido precisamente lo que dije, ¿por qué me preguntó qué había dicho?
-No tiene importancia.
-No, dígame.
-Ese verbo que usó, tenisear...
-¿Qué tiene?
-Es la primera vez que lo oigo.
-¿Y?
-Nada. Siempre lo consideré una persona que se expresa con elegancia y... ¿cómo decirlo?... con rigurosidad...
-Y tenisear no le parece ni elegante ni riguroso...
-No es eso. No sé si es o no elegante, pero al ser una palabra que no existe, la rigurosidad se pierde, ¿no?
-Error craso, mi amigo.
-A ver...
-Sin ponerme a discutir con usted acerca de la elegancia o la rigurosidad de una palabra como tenisear, lo cierto es que usted entendió perfectamente lo que estaba diciendo.
-Sí.
-Y si entendió lo que quise decir, ¿qué le hace creer que no soy riguroso?
-Es simple: esa palabra no está aceptada por la Real Academia Española, por lo tanto...
-Espere, espere...
-Dígame.
-Ya descubrí el problema.
-¿Ah sí? ¿Cuál es?
-El problema radica en el viejo dilema de qué fue primero, si el huevo o la gallina.
-Dilema irresoluble, si los hay.
-Otro error, amigo, ese dilema ya fue resuelto. Hace poco, un tal John Brookfield, un especialista en genética de la Universidad de Nottingham, dijo que la cosa, para él, estaba absolutamente clara. Éste es su argumento: el material genético no se transforma durante la vida del animal, por lo que la primera ave que en el transcurso de la evolución se convirtió en lo que hoy llamamos una gallina existió primero como embrión en el interior de un huevo.
-O sea que...
-El organismo vivo en el interior del huevo tenía el mismo ADN que el animal en el que luego se convertiría, por lo que la primera cosa viva que podemos calificar sin temor a equívocos miembro de esa especie es el huevo.
-Adiós dilema.
-Adiós dilema. Y lo mismo ocurre con su bendita Real Academia Española.
-¿Qué quiere decir?
-Que primero está el lenguaje y después la Academia. La Academia es un grupo de viejos decrépitos que llegado a un punto no hace más que aceptar las palabras en uso, no son ellos los que establecen qué palabras deben usarse.
-¿Entonces..?
-Entonces basta que dos personas se pongan de acuerdo en el sentido de una palabra y que comiencen a usarla para que ésta siga su derrotero. No es seguro que sobreviva la lengua es impiadosa, no hay nada que pueda controlarla-, pero si lo consigue, es probable que diez o veinte años después ésta aparezca en el diccionario de la Real Academia Española. Imagínese, recién el año pasado la Academia incorporó la palabra Internet.
-Tiempos lentos...
-Tiempos lentísimos, de burócratas.
-Si un canguro pusiese un huevo, y de él saliese un avestruz, el huevo...
-El huevo sería de avestruz, no de canguro.
-Bueno, ¿teniseamos?
-Vamos.
  • Betoso
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