Temor a las muñecas (parte II)

Publicado por CENTSOARER en el blog Un blog que se actualiza con cierta regularidad. Vistas: 258

Como a muchos muñecafóbicos mexicanos, todo comenzó con las Vacaciones de Terror de Pedrito Fernández, Lucerito (la novia de América) y Resortitos.

En las Vacaciones de Terror había una sucia muñeca que se encargaba de hacer todo tipo de cosas para que los protagonistas sufrieran de lo lindo sus vacaciones. No necesitaba hacer demasiado, pero se esmeraba; en esta película de 'terror', Pedrito y Lucerito actúan escenas por lo menos dos veces más absurdas que en cualquier SCREAM o NIGHTMARE IN ELM STREET (después de la 3, incluyendo FREDDY VS JASON).

Mi punto es que, a pesar de que los protagonistas eran lo suficientemente estúpidos como para morir por ellos mismos en una cabaña perdida del bosque, la muñeca era tan endiabladamente malvada y perversa que, no conforme, les hacía vivir toda clase de barbaridades demoníacas.

No recuerdo muy bien los efectos especiales de la película, debieron ser... debieron apestar. Sólo recuerdo que la muñeca era casi inanimada y es algo muy raro. Demasiado extraño. Las muñecas no son criaturas animadas, son juguetes, casi todos los intentos por animarlas son patéticos. Sin embargo, dicen los charlatanes esotéricos que se le puede dar vida a un muñeco si se le trata como cosa animada, que se les puede transmitir cierta energía vital. Yo no lo creo, pero la posibilidad en la imaginación es clara ytiene gran potencial. Resumiendo lo raro: las muñecas son cosas inanimadas, se cree que pueden ser receptoras y empleadoras de alguna quintaesencia y, en la película, la muñeca es bastante inanimada pero muy mala y con simples gestos (exagerando con gestos) es capaz de idiotizar y casi matar a Pedrito Fernández... OK, olviden la parte de Pedrito Fernández y continuemos.

Viendo lo tétrico que resulta que algo dado por inanimado de pronto pueda corromper toda la física, teniendo y usando tanto poder y a la vez siga siendo más inanimado, me lleva a pensar lo peor. Esa muñeca no era como Chucky, que pasaba por un muñequín travieso y presuntuoso, pero sobre todo, una cosa inanimada claramente animada y por su quintaesencia peligroso. Eso se sabía. La muñeca de Vacaciones de Terror podía atraer cualquier niño normal para poseerla.

Cuando una de mis hermanas cumplió 15 años, le regalaron una muñeca parecida. A veces yo tenía que dormir en su cuarto, y por resultado dio que tapara esa muñeca con una toalla por las noches. Eso lo hacía menos peor, pues la muñeca sólo forcejeaba para salir de la toalla aunque nunca lo lograba. Lo hacía menos peor porque mi imaginación ya no estaba al borde del descontrol (ni yo de la locura) porque:

1) Lo físicamente inanimado, parecía ya bien animado y en la imaginación eso no era raro ni confuso.
2) Por más que forcejeara, jamás podía salir de la toalla y no era por falta de seso.

Los dos puntos anteriores me llevaron a superar el terrible miedo que tuve a esa muñeca en particular.
Ya no era un meido ambiguo y desconocido, sino sólo un miedo más, grande, pero acotable.
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