Suenio

Publicado por Nuhur en el blog [· Whisper of the Lie ·]. Vistas: 75

Las nubes grisaceas esparcidas por el cielo que dejaba entrever unos pequeños rayos de sol. Ahí estábamos tu y yo mirándonos, besándonos, declarándonos de mil formas nuestro amor por esa eternidad.
Debíamos partir a las 7.30 y aun eran solo las 6.20 teníamos el mundo para nosotros. Nos poniamos de pie y comenzábamos una caminata por la estación ferroviaria. Paseabamos sin ver mayormente los locales, al menos yo solo tenía ojos para ti. Tu mirabas los bolsos de aquella tienda, me decías cual había sido creado para ti, me mencionabas lo útil que podía ser y lo económico que sería adquirirlo. Entrábamos y una pequeña vendedora te llevaba a un estante lleno de ellos. Yo me sentaba en la pequeña banca que había a mi derecha, estaba algo agotado. Las luces artificiales de aquel centro me mareaban un poco y como si fuese poco mi dependencia al reloj me presionaba a seguir rumbo a la estación. Era temprano y era una suerte tenerte a mi lado, pues corría con el placer de no estar solo en aquella espera. Salíamos de aquella tienda con una bolsa más. Yo iba con un gran bolso en mi hombro, dentro había ropa de nosotros (por lo que podía ver más tarde).
Bajábamos las escaleras y llegábamos a varios centros de comida, te proponia un jugo, un café o algo para matar la 'espera'.
- Es lindo que al fin podamos estar juntos, Mishu-.
- Así es... la verdad aun no me hago a la idea que nada ni nadie nos separe-.
- Sólo falta algo para que este momento sea perfecto... -. Decías en tono melancólico.
- Pero pronto lo será, además hay que tomar en cuenta que acabamos de llegar-.
Me mirabas unos segundos, me era difícil descifrar la expresión. Diria desconcertación, sino hubiese notado que tus manos ya no estaban en tu leche chocolatada, pues tomaban las mías con fuerza.
- ¿Por qué haces esto? -.
No podía evitar reírme, temía la interpetaras como una risa de nervios, de inseguridad... pero estaba muy seguro de lo que hacía.
- ¿Por qué lo hago? La verdad es una pregunta con muchas respuestas, amor. Creo que la razón más importante es que te amo demasiado-.
De inmediato tu mirada se desviaba al piso, como si lo que hubiese pronunciado fuese una fría y certera puñalada.
- ¿No es motivo suficiente? -.
- Si lo es, pero... ¿y tu vida? -.
- Está frente a mi, mirándome y preguntándome indecisa si merece todo el amor que le puedo entregar al mundo-.
- Tal vez luego te arrepientas. No quiero que sufras, menos si es por mi culpa-.
- Me sorprende que digas eso, sabes que yo no lo creo, ni lo siento así -.
- Ok.... mejor no hablemos de eso... -.
Y con esas palabras y una sonrisa que me obligaba a no negarme a tu propuesta nos levantábamos y emprendíamos rumbo al tren.
Una vez dentro yo dejaba el bolso arriba y nos sentábamos, tu ibas en la ventana y yo en el asiento que daba al pasillo, era un tren antiguo, frente a nosotros iban sentadas dos mujeres ya mayores que conversaban de lo alto que estaban los pasajes.
Tú dormías apoyada en mi pecho. Mis manos te abrazaban y mis labios se encontraban pegados a tu frente. Yo miraba el paisaje, repleto de árboles y pastizales. De pronto unas vacas, unos caballos, unos corderos. De pronto unas casas enormes o unos galpones que, al parecer, alvergaban los animales.
Las señoras ahora hablaban de sus años lozanos.
Primero se veian unas pocas casas, luego más y más casas. Ya estábamos en la ciudad y el día estaba más oscuro que antes.
Te despertaba y bajábamos del vagón, caminabamos unas cuantas calles hasta llegar a un paradero donde nos subíamos a un microbus, también antiguo. Llegabamos a una casa de fachada blanca, tenía un ante jardin lleno de plantas y flores. Yo te miraba con cierta inseguridad y tu me tomabas de la mano, luego golpeabas la puerta.
Salía una señora, que por lo demás, era tu madre. No era tan efusivo como yo esperaba, más bien parecía algo netamente burocrático. Le saludaba y pasábamos a una sala muy acogedora, ahí se nos servía un té y llegaba Jade.
Yo jugaba con ella mientras ustedes conversaban. No escuchaba, o no quería escuchar lo que decían. Me limitaba a ver a Jade que corría de una habitación trallendo de allí un peluche que me lo iba a obsequiar, pero que luego me lo quitaba.
No tardaban mucho, luego me hacía unas preguntas que bien no recuerdo, más la de qué me parecía el lugar, si me acotumbraba al clima y cosas sin mayor trascendencia.
Aparecía una mujer, veinteañera, de tes morena y unos ojos muy brillantes. Tu rostro al verle se iluminaba nuevamente, corrías a abrazarle y ambas se reían de lo torpe que había sido su encuentro.
Yo, como si no estuviese, estaba sentado observando toda la situación. Al parecer solo era visible a los ojos de Jade, que ya no estaba tan contenta, pues intentaba arrevatarme nuevamente el mismo peluche.
Te despedías y salíamos de aquella casa. Tú con Jade en brazos y yo con un bolso casi tan grande como el que llebavamos en un principio.
Nuevamente no existía, tu ensimismada jugabas con Jade, le tocabas la nariz y se reían a la par. Con la mano me tocabas el brazo señalando que debíamos doblar.
- ¿Estás muy agotada? -.
- Nooooooooooooooooooooooooooo, ahora como voy a estarlo, si estoy con mi pelusita-.
- Ah bueno, verdad que dormiste todo el viaje-.
- ¿Y tu qué hiciste? -. Me decías, como si fuese necesario hablar en aquel instante.
- Miré el paisaje, disfrute de tu sueño-.
Así hablábamos cosas sin mayor relevancia hasta llegar a unos apartamentos. Se veían antiguos, casi coloniales. La noche ya cubría todo el lugar y no era precisamente una casona muy iluminada.
Subíamos dos pisos, hasta quedar frente a una puerta, donde sacabas una llave y abrías la puerta.
El lugar era muy lindo, daba esa sensación de hogar que hay en las casas... Jade resongaba y bostezaba.
- Voy a hacerle el biberón, ¿quieres algo? -. Me decías con tono sereno.
- Un té, pero sólo si tu me acompañas-.
- Iré a ordenar un poco el bolso-. Terminado eso te besaba e iba rumbo a la pieza.
A la habitación se llegaba cruzando un pequeño pasillo en el cual se veían dos puertas más, una al baño y otra a una pequeña habitación. Estaba todo muy ordenado, el armario no era pequeño, un escritorio contenía una computadora portátil y una lámpara. La cama y un velador que también tenía una lámpara, era lo único desordenado pues también tenía unos cintillos y unas pinturas.
Dejaba mi ropa en dos cajones del armario y en otros tres ordenaba parte de tu ropa.
Volvía y me hacías señas de silencio. Jade dormía en tus brazos.
Iba a la cocina y preparaba dos tazones de té, luego volvía y veía la luz de la pieza de Jade encendida. En la sala había un mueble con una televisión, un estante con unos pocos libros y algunos chinches, una lampara de pie donde se regulaba la luz, un sillón en el que tenías a Jade hace un rato y un gran cojín en el suelo, me sentaba ahí con el tazón entre mis manos. Pocos minutos tardabas en aparecer, tan hermosa como siempre. Yo te observaba y te pasaba el otro tazón, me hacía a un lado y dejaba un espacio del cojín donde tú te sentabas.
- Que día -.
- Si, pero ha sido muy lindo -. Me decías con una pequeña sonrisa dibujada en tu rostro.
Terminaba mi té, dejaba el jarrón en el suelo y no resistía a robarte un beso. Ese Beso era otro, luego otro, otro y otro. Soltabas el jarrón para dedicarme tu cerpo por completo. Nos abrazábamos y seguíamos en nuestros besos que hacían del lugar perfecto. Ya no era fría la noche, nuestros cuerpos ardían tanto qe mis manos ya quitaban tu polera, tus manos se deslizaban por debajo de mi remera. El cojín se hacía pequeño para nuestros cuerpos que ya unos se fundían en la madera. Mis labios ya no tocaban los tuyos, eran un constante sube y baja recorriendo tu cuello, hombros y pecho. Tus manos jugaban con mi piel mientras una respiración exaltada me iba excitando cada vez más.
Quitaba el botón de tu jeans, luego de tu brasier. Desnudos en el piso comenzabamos a hacer el amor, mientras nuestras manos jugaban entre ellas nuestros labios al unísono de nuestros cuerpos se besaban deseandose a cada instante más. Era amor, era pasión, eran nuestros cuerpos ardiendo contra el suelo que ya no parecía madera, sino fuego. Un fuego que nos hacía amarnos a cada instante más.
El sonido de una taza rota nos volvía a la realidad, quitándonos de tan maravilloso encuentro. Yo miraba con desconcierto los pedazos de vidrio que llegaban hasta mis pantalones que parecían desgarrados.
Me mirabas, con cierta ternura y me besabas. Te levantabas y tratabas de coger tu blusa, pero te lo impedía poniendo mi mano sobre la tuya y mis labios sobre los tuyos...
Más no recuerdo u_u..
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