Robo de blog.

Publicado por Saku sakura en el blog Saku-ku's BlogA: Delirios Contables ;$!. Vistas: 100

En, Peru hay un periodico llamado "El comercio", el mismo diario tiene su pagina web, y la mayoria de periodistas, tienen su blog personal, dentro de estos blog encontre una entrada, muy pero muy real, y que a mi me paso.

¿QUÉ TAN CERCA ESTAMOS DE LO QUE MÁS QUEREMOS?
Comencé a pensar en la distancia porque me voy a mudar mañana y empacando mis cosas encontré una caja equivalente a una máquina del tiempo. No reconocía la mitad de las cosas que allí había. Agendas antiguas, álbumes de fotos, dos cajas de música (esas si las voy a llevar conmigo), mi libro de cine - un cuaderno donde apuntaba todas las películas que veía -, mi file de Andrés Calamaro, es decir todos los recortes, fotos y cuentos escritos durante el año que estuve enamorada de él; sin embargo, lo que más me llamó la atención fue una bolsa chiquita con unos papeles cuadriculados doblados en cuatro con una fecha cada uno. Al leerlos en desorden, me di con la sorpresa de que esas cartas destinadas una para cada día de ausencia, habían sido una especie de antídoto que los dos nos habíamos inventado, mi novio el heavy metal y yo -porque según lo que leí yo también le había escrito quince cartas- para no sufrir tanto los quince días que él se iba a pasar a Miami con su familia. Quince días. Por lo que cada carta decía, parecía que no nos íbamos a ver en dos siglos.

Y eso no es nada. Qué lejanos me suenan los días en los que la distancia más grande que existía entre el amor y yo, era de lunes a jueves. Cada domingo, mi primer novio - Marcelo- y yo protagonizábamos unas despedidas de novela desde las tres de la tarde hasta las seis, con abrazos eternos hasta que alguno de los dos se quedaba sin respiración o alguien nos ampayara, los últimos sesenta besos y esos tan sentidos, inocentes, completamente de trece años: “te amo”. Bueno, lo que hacíamos no era solo despedirnos, sino cargar gasolina para los cuatro tortuosos días que faltaban para el siguiente viernes.

Yo esperaba que el timbre de mi casa sonara a las cuatro en punto y ver a Marcelo, paradito y en camisa, en la puerta falsa de mi casa. Yo salía y teníamos dos horas exactas y reglamentarias, para decirnos cuánto nos habíamos extrañado, qué larga había sido la semana, y el ritual del eterno primer beso, ése que daba paso a los siguientes. Después de un nunca oportuno carraspeo de mi madre o un grito de la suya -éramos vecinos-, Marcelo se iba y yo me quedaba encerrada en mi cuarto oyendo una maratón de baladas de los ochenta haciendo un recuento mental de esa última cita, tocando por enésima vez la cadena de plata que Marcelo me regaló, mirando por milésima vez su cara en la foto carnet que guardaba en mi billetera o terminando de rellenar las tapas de mi trapper kepper con un montón de corazones llenos de “Ali+Marcelo”.

Ya el colmo fue enamorarme unos meses antes de irme a España. Pero fue tal el flechazo, que nos resultó inevitable no continuar. Era la primera vez que él se enamoraba y yo la primera que lo hacía de esa manera. Santiago prometió irme a buscar y lo cumplió. A los tres meses, me sorprendió en la puerta de la universidad. Desde ese día, pasaron tres años de idas y venidas entre Lima y España. Conversaciones al teléfono a unas horas rarísimas por las siete horas de diferencia, los correos electrónicos más bonitos que he escrito y recibido, y ya un tiempo después, las horas interminables enchufada en el Chat, el sexo telefónico, virtual, lo que sea, para no perdernos. Eso era lo que queríamos, de manera muy ilusa pensaba yo. Pero el que dijo “amor de lejos, felices los cuatro” se equivocó con Santiago, fuimos felices los veintisiete, es decir, él , yo y las mujeres con las que me fue infiel todo el tiempo. El día que lo descubrí y puse fin a nuestra relación, además de llorar, maldecirlo y estar triste una buena temporada, me arrepentí de la cantidad de energía, tiempo y dinero había invertido en esa relación -no cuento el amor porque jamás podría medir cuánto lo quise, porque fue mucho- y me dio rabia. Sentía que, no solo había sacrificado un buen trozo de mi vida allá pensando en él, pero ahora, mirando para atrás, no me arrepiento. La vida está hecha de decisiones que uno toma en el momento en el que está.

Para bien o para mal, aprendí mucho de mi misma en y a la distancia. Supe al fin lo que es estar sola, un punto importante -por lo menos para mí-, y vencí ese temor. Claro que me costó, y mucho; sin embargo comencé a vivir y a ver las cosas de otra manera. Cuando no tienes a nadie que te dice qué o qué no hacer, y eres un ser más e invisible en territorio ajeno, te empiezas a proteger y a cuidar más, y de paso a querer. Porque otra cosa que te regala la soledad, es un espejo en el cuál te miras desnuda y puedes ver con claridad todas tus imperfecciones, limitaciones, defectos, pero también, tus cualidades; y así tener una imagen más clara de quién eres.

Comencé hablando de la distancia y el amor, porque experiencias como estas solo me demuestran el papel cercano que han jugado en mi vida a través del tiempo, y lo conectados que pienso están ambos conceptos. Pues cuando estás con alguien, por lo general, quieres permanecer cerca. De igual forma, puedes tener a una persona físicamente a tu lado, y no sentir amor. Sin embargo, terminé hablando de la relación que mantengo conmigo misma porque, a diferencia de las demás, esta es eterna. Además, hoy en día, es la única que tengo -fuera de familia y amigos- y la que me va a permitir establecer una nueva con ese chico que aún no hace su aparición en mi vida, pero que se puede tardar si quiere. Tengo mucho tiempo todavía que pasar conmigo, y pasarla bien.

Canción para estar cerca
Escucha aquí un extracto de "At the hop" de Devendra Banhart



Ñem.

Robado de:

peruanas, solo retrocedan y encontraran.

Dia:

"Profe, profe, le sale el resultado igual que a mi?, sino le sale uteh estamal yo soy humita y juntos hacemos el duo sabores peruanos :("

Ayos.
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