Quince años

Publicado por Likhuh en el blog La forja de historias. Vistas: 94

Este relato de temática gay creo recordar que fue la primera historia que publiqué el internet. Y hasta donde sé, la más leída. Tenía una parte erótica pero en uno de los sitios me hicieron quitarla y ahora en el otro sitio donde la publiqué no la encuentro, así que solo me queda esta... Aver si os gusta...

Quince años
Éramos pequeños, no tendríamos más de 7 años cuando tuvimos que dormir juntos, despues de un día juntos jugando como siempre, quise dormir en su casa, como no había cama dormimos en la misma. Él ni se enteró, pero mi cuerpo vibraba cuándo me rozaba con su cuerpo, deseaba decirle que era el mejor amigo que tenía y que no quería que dejase de serlo nunca.
Fueron pasando los años y yo creciendo, las piezas del puzle que era mi vida ya no tenían sentido, mientras todos hablaban sobre las las compañeras, yo me quedaba anodado mirándole, podría haber pasado horas sin parar de mirarle, en ese caso, hubiese sido muy feliz, su cara, morena y su pelo rubio sedoso me decían tócame, sus ojos azules aparecían en mis sueños y su boca me besaba siempre que daba rienda suelta a mi imaginación. Se me hacía un nudo en la garganta cuando se dirigía a mi y no podía hablar. Solo tenía 15 años y sentía un amor tan intenso como nunca he vuelto a sentir.
A mi no me importaba que fuese un chico, era como si ese dato explicase mi amor. Quería decirle que lo amaba, quería que me besara, me cogiera de la mano y me dijera <No temas al mundo, tu y yo podemos girarlo a nuestro antojo>.
Estábamos en su casa, hablábamos de chicas, aún me pregunto como no se daba cuenta de que no le escuchaba, sólo le miraba. Ese día sin embargo cuando terminó de hablar se quedó mirándome, sus ojos me atrapaban, yo sentía que veía en mi más de lo que yo podía ver de cualquer persona, sus ojos me desnudaban y amenazaban con desvelar mis más recónditos sentimientos. Lentamente se acercó a mi, llegó un momento en el que sentía su respiración, los mechones de su rubio pelo acariciaban mi tez, haciéndome vibrar, un calor sofocante se apoderó de mí cuando sus labios rozaron los míos, cuando poco a poco nos fundimos en un beso mejor que el que nunca hubiese soñado, cerré los ojos y me dejé llevar. Me acostó en la cama sin dejar de besarme y se recostó junto a mi, sus ojos azules me tenían hechizado. Ni el frío del invierno podía afectarnos, enamorados nos acercábamos el uno al otro. Me susurró unas palabras al oído, su voz sonaba dulce, pude distinguir el amor que de ella crecía. Y entre palabras bonitas y besos dejemos de ser niños para convertirnos en hombres, dos hombres que se amaban. Esa noche dormimos juntos y cuando se acercó a mi le dije:
- Tengo miedo del mundo - El me besó, me cogió de la mano y me dijo:
- No temas al mundo, tu y yo podemos girarlo a nuestro antojo.
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