Paulo Coelho y las ratas.

Publicado por Skafôlickësh en el blog This is HARDCORE. Vistas: 100

Si usted estuviera escribiendo un libro y quisiera vender muchos ejemplares, sin importarle demasiado si es cierto o no lo que en él escribe, podría serle útil introducir, de vez en cuando, una frase de apariencia reveladora. Hay muchas frases así. Son agrupaciones de palabras que, al leerlas, le dan a uno la sensación de haber recibido cierta luz que nos llega de no se sabe dónde. En su novela El Alquimista, Paulo Coelho escribe: "Cuando deseas algo con todas tus fuerzas, el universo entero conspira para que lo consigas". Esa frase forma parte de una familia de afirmaciones que pueden resumirse, de modo más prosaico, de la siguiente manera:

Tú eres capaz de conseguir todo aquello que te propongas.

Todos hemos escuchado o leído algo así en muchísimas ocasiones, y a veces incluso nos lo hemos creído. Después de todo, es bonito pensar que dentro de nosotros se esconde un potencial ilimitado. Deseamos muchas cosas, y la posibilidad de conseguirlas nos tranquiliza. Pero si le dedicamos a esa frase un segundo de atención, enseguida vemos que se trata de un auténtico disparate. Evidentemente, nadie es capaz de conseguir todo aquello que se propone.

A mí, por ejemplo, me encantaría realizar un descubrimiento en el terreno de las ciencias físicas que revolucionara para siempre la concepción que tenemos del espacio y del tiempo, pero sé que nunca lo conseguiré. No soy lo suficientemente inteligente. También me gustaría dedicar las tardes enteras a sobrevolar Nueva York con una capa enganchada en la espalda, interrumpiendo mi ágil vuelo de vez en cuando para colarme en los apartamentos de las chicas guapas y acostarme con ellas. Pero tampoco lo voy a conseguir. Por desgracia para mí, no soy ni Einstein ni Superman, pero os aseguro que me encantaría ser una perfecta combinación de los dos.

Los defensores del infinito potencial humano, los que afirman que tú puedes conseguir todo aquello que te propongas, me dirían, sin duda, que mis deseos no son nada realistas, que no es bueno desear aquellas cosas que están fuera de nuestro alcance. Me aconsejarían que dejara de soñar con imposibles, porque hacerlo sólo conseguirá provocarme una frustración infinita. Bien, como eso parece razonable, vamos a aceptarlo, pero al hacerlo hemos de modificar ligeramente el contenido de nuestra frase reveladora, que ahora, siguiendo las leyes básicas de la lógica, quedaría así:

Tú puedes conseguir todo aquello que te propongas, pero no te propongas cosas imposibles o fuera de tu alcance.

O, sintetizando un poco:

Tú puedes conseguir todo aquello que te propongas y que esté a tu alcance.

Perfecto. Parece lógico. Pero las ratas también pueden hacerlo. Una rata es perfectamente capaz de conseguir todo aquello que se proponga, siempre y cuando el objetivo que se ha marcado no esté fuera de su alcance. Una rata, por ejemplo, puede desplazarse, si es su deseo, hasta la alcantarilla más cercana, puede cruzar una calle, aparearse, subirse por mi pantalón hasta morderme el estómago, correr, quedarse quieta, introducirse en tubos delgadísimos o roer sus dientes absurdamente durante veinte minutos. Puede hacer todo aquello que desee. Sólo tiene una limitación: no desear cosas imposibles.

La vieja idea, renovada hasta el aburrimiento, de que todos podemos conseguir aquello que nos propongamos, pese a su aroma poético y su apariencia de maravillosa verdad revelada, puede aplicarse al mundo de las ratas con la misma eficacia que al mundo de los seres humanos. Si los roedores hubieran desarrollado una cultura, con libros, artículos y cuentos para ellos, es bastante probable que entre sus estanterías encontráramos volúmenes de autoayuda llenos de frases destinadas a subirles el ánimo. Tal vez, alguna de esas frases podría ser parecida a la siguiente: "Cada vez que una rata tiene un deseo, el Universo entero conspira para que lo consiga".

Vemos pues que, detrás de frases aparentemente reveladoras y profundas, se esconde una de las tautologías más elementales y obvias con las que puede toparse un alumno de primero de lógica: tú puedes conseguir lo que puedes conseguir.

Ortega, Juan Carlos. Buenos días, Sócrates: Reflexiones de un filósofo sin estudios. Punto de Lectura. Junio 2005. Madrid, España. pp 67-70.
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