Para mi Ancistritus

Publicado por veta en el blog // vetaventuras. Vistas: 102

Estos tres últimos días han sido bastante -diría malos, pero sería un final muy pesimista- agitados para mis peces y para mí.

Llevaba semanas viendo que la cory nueva (la adoptada de la hermana de mi novio) aparecía con puntos blancos por su cuerpo de forma aleatoria, pero como iban y venían, nunca llegaba a estar bien segura si era una enfermedad bacteriana. No quise sacarla, porque a veces es peor.

El miércoles, Ancistritus apareció -él siempre se esconde-, y apareció con bastante mal aspecto. Sus ojos, parecidos a los de un anfibio, me dejaron claro que estaba enfermo. Pero era ya de madrugada, y no podía hacer nada hasta el día siguiente.

Cuando me desperté, me dediqué a preparar el pequeño acuario que uso para los enfermos, y me fui a comer mientras esperaba a que el agua estuviera a una temperatura óptima. Miré a Ancistritus antes de irme y estaba con un gesto agresivo (todas las aletas y extremidades desplegadas), lo cual me alivió un poco, ya que los peces muy enfermos suelen estar apáticos).

Al volver, le miré y seguía igual, lo cual me dio un escalofrío. Sus ojos estaban muertos. Con la red, me acerqué a él, y como temía, no se movió. Lo cogí y estaba completamente rígido en esa postura. No parecía haber tenido una muerte plácida. Debió sufrir mucho. Tenía dos agujeros en la piel en la zona humana de los riñones, y las aletas bastante deshilachadas.

No quise tirarlo a la basura, ya que ese pez significaba mucho para mí. Más de una vez relaté aquí que había tenido pesadillas imaginando que moría. Así que hoy lo enterré en mi jardín. Seguía rígido y con sus cuernos completamente estirados.

Lo positivo de todo, es que ayer fui a comprar arena, abono y plantas, y lo coloqué todo de nuevo. Vacié todo el agua infectada por lo que había matado a mi Ancistritus y la preparé para empezar una nueva etapa en la que no dejaré que ningún pez sufra tanto. Hasta creo que salvé a la cory nueva, que ayer estaba terminal.

Pero hace una hora volví a asustarme, ya que al llevar a Angie al acuario recién instalado, se me movió demasiado, y como la red es muy pequeña para él, se quedó doblado. Su morro me tocaba la mano -temí que me mordiera- y al ponerlo en el agua me di cuenta que una de sus patas (esas extremidades típicas de los peces ángel que nunca he entendido para qué sirven) no la movía. Ver que le había roto una pata ya era lo que me faltaba para sentirme horrible conmigo misma. Por suerte, antes vi que la movía cada vez más, quizás sólo fue el susto.

Hay muchas cosas positivas, no puedo negarlo, pero qué mierda de inicio del 2008.
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