para las pervertidas como yo jijijijij

Publicado por Ewilan en el blog gaby. Vistas: 136

Comencé a desnudarme muy lentamente sabiendo de ante mano lo que significaba. Mis manos, que casi siempre se movían con rapidez para cualquier cosa que quisiera realizar, recorrían mi cuerpo con una lentitud inusitada, prologando el momento, haciéndome desear. Pero con todo me sentía torpe en el manejo de los botones, que uno a uno hacia pasar por su respectivo ojal. Torpe y deseosa de lo que iba a pasar en breves momentos. Minuto a minuto la sangre que recorría mis venas se espesaba y latía por todas las fibras de mi cuerpo. Casi después de una década me erguí completamente desnuda ante su mirada ardiente que como fuego atravesaba mi cuerpo.
La habitación se encontraba a oscuras, tenebrosa y casi desnuda, tan solo amueblada por una gran cama y un delicado sofá de piel negra. Aun así pude verle, iluminado por las luces de la cuidad que entraban por los pequeños resquicios de las persianas completamente bajadas. Él permanecía entre las sombras y las pequeñas motas de luz que lo envolvían con un aura de misterio y peligro que hacia que mi piel se erizara de pura expectativa animal. Sus ojos brillaban como los de un gato al acecho, dorados y refulgentes bajo la oscuridad ominosa de la habitación. Quise acercarme a él pero un sentimiento extraño me paralizó.
Una brisa suave y fría rozó mi espalda desnuda, poniéndome alerta. El deseo que llenaba mi cuerpo se transformo químicamente en adrenalina que como una marea rápida y mortal recorría mi piel erizada del miedo. Ahí, detrás de mí, había alguien, acechando en las sombras. Un pensamiento inusual vino a mi mente; una frase que en algún momento de mi vida había leído y que parecía estar grabado en mi cabeza como fuego candente:

De inmediato me di cuenta, entonces llorando vi una mistica figura moverse a mis espaldas y me jalo hacia atras por el cabello.
Y una voz autoritaria anuncio, mientras yo luchaba:
- Adivina quien te tiene?
- La muerte- conteste.
Pero entonces se escucho una plateada respuesta:
- No la muerte, sino el AMOR.

Me volví sintiendo cada latido de mi corazón dentro de mi pecho de forma dolorosa. Observe las sombras oscuras pero mis ojos no captaban ningún movimiento diferente que diera motivos de que en esa esquina oscura de la gran habitación sin muebles pudiera haber alguien observándola, observándolos. Las sombras permanecían tranquilas pero yo no. Pero ahí había algo o alguien. Mi instinto lo clamaba a gritos agónicos. Amenazándolos.
Permanecí alerta olvidándome por completo de todo lo que me rodeaba, a excepción de aquello que todavía se encontraba entre las sombras, observando. Mi cuerpo se tenso como un arco, con el instinto de huida que toda presa tenia para su supervivencia al escuchar el roce de tela contra tela. El aliento se paralizo dentro de mi garganta formando un nudo corredizo que más y más asfixiaba mi traquea. Algo se movió, con rapidez inusitada. Y surgió oscuramente paralizando mi corazón en el proceso. LA PANTERA.
Oscura como el Averno, dueña de las profundidades de la tierra, el Hades subterráneo, de piel morena y pelo negro azulado. La PANTERA se relamió los labios anticipándose al momento de devorar su presa. Yo misma.
Mi excitación surgió de las cenizas del miedo con mayor intensidad, igual que el Ave Fénix. A mis espaldas sentí la risa ronca del LEOPARDO. Por momentos me di cuenta que tan solo había sido un juego, tremendamente tenebroso pero a la vez explosivamente excitante. La PANTERA se movió felinamente en las tinieblas del cuarto para pararse justamente al lado de su semejante.
Con deliberada parsimonia me senté en el sofá de piel que con suavidad rozaba mi piel excitada para contemplar el glorioso espectáculo que se desarrollaba ante mis ojos deslumbrados. Con el corazón en la garganta, percibía trazos de maravillosa piel desnuda que a momentos se vislumbraban en las sombras oscuras solamente moteadas por las luces externas que se colaban por las rendijas de las persianas. Ahora una pierna, después otra pierna idéntica; un brazo, otro brazo igual; un pecho, otro simétrico. Tan iguales pero tan diferentes a la vez. Gemelos.
Los gemelos FELINE. De estatura igual, grandes músculos, de miembros fuertes y largos. Esbeltos, de magnifica piel. Orgullosamente erguidos en todo su volumen, orgullo desnudo para ella, ante ella.
EL LEOPARDO, DIOS DE LA TIERRA dorada; de pelo castaño oscuro con mechones dorados, de piel dorada como la miel. El sol mismo adoraba su cuerpo como un SER SUPREMO mandado a la Tierra para atormentar a toda mujer con un poco de sangre caliente en las venas. LA PANTERA, DIOS DEL INFRAMUNDO; de piel morena y pelo negro azulado. Y como tal, poseedor de la negrura absoluta, de la corrupción suprema de damiselas frágiles. Y como ambos felinos, sus ojos destalleaban con luz propia, dorados, llameantes, abrasadores, flamígeros.
Me sentí exultante ante tanta belleza masculina potente y sensual. Desbordada por el mar de sensaciones que parecía embargarme, me levante de mi asiento y me dirigí hacia los dos hombres desnudos que parecían devorar mi cuerpo con tan solo su mirada felina, dorada y ardiente. Me pare justamente enfrente de ellos y les mire alternativamente, mordiéndome los labios con ansias.
Sus rostros fuertes, idénticos, de labios sensuales y ardientes ojos eran tan similares y naturales para mí como el aire que respiraba. Su belleza masculina idéntica, era del todo letal para cualquier mujer que se pusiera en el camino de alguno de los dos. Irresistiblemente atraídas como la miel a las abejas. Como yo misma había podido comprobar. Sonreí picaramente. Mi propia piel conocía el secreto que ellos tan celosamente guardaban: les gustaba compartir a sus mujeres. Y a mí por supuesto me encantaba ser deseada, tomada y penetrada por dos perfectos gemelos de misteriosa y sensual potencia viril.
Con los dedos de mi mano derecha roce la piel dorada y firme del pecho del LEOPARDO, deslizándolos mientras lo rodeaba sin perder en ningún instante su mirada intensamente brillante de mis ojos. Seguí deslizándolos por su espalda desnuda, dibujando casi un circulo en su piel caliente; tranquilamente apoye mis senos en su espalda y apreté mi cuerpo ardoroso contra la dureza del suyo. Le mordí justamente en el centro de la columna vertebral entre los fuertes omoplatos y lo oí ronronear de placer. Lo libere de mi calor para continuar con la espalda gemela de piel más oscura de la PANTERA. Deslice mis dedos por su piel y continué hasta su pecho mientras le rodeaba por completo, parándome justamente enfrente de él. Observe sus ojos amarillos como los del gato del cual tomaba su nombre, intensos por el deseo y me apreté contra su pecho sintiendo su polla dura y caliente contra mi vientre. Lamí el centro de su pecho justo entre los pectorales, ascendiendo por su clavícula y cuello hasta su mandíbula fuertemente apretada, donde lo mordí con toda la boca. Con un gemido animal me tomo de la cintura y me apretó contra su pecho duro para sellarme los labios con un ardiente y húmedo beso. Le rodee el cuello con mis brazos devolviendo con toda mi alma mortal el caliente y erótico beso.
Nuestras lenguas se enrollaban en sensual baile, penetrando y absorbiendo el aliento del otro. A mi espalda sentí la presencia del LEOPARDO, apretado contra mí pegándome mas contra el torso de la PANTERA. Sus manos fuertes recorrían mis costados y mi espalda hasta mis nalgas para luego apretarse en toda su longitud, haciéndome sentir su miembro enhiesto contra mi culo. Gemí de pasión, sintiendo, solo sintiendo el paraíso supremo...
Solté a la PANTERA y me apoye por completo contra el cuerpo del LEOPARDO. Espalda contra pecho, rodeando con mis brazos su cuello desde mi posición, haciendo que mis pechos se propulsaran hacia adelante. Mi cabeza encajaba justamente en el hueco de su hombro y volví mi cara para recibir otro beso impetuoso. Otros labios, otra lengua, otro sabor picante, húmedo, sabroso, excitante. Pero a la vez tan semejante. Sus manos sopesaron mis pechos rozando con sus dedos los puntos eróticos que eran mis pezones. La boca de la PANTERA se encontraba en mi vientre absorbiendo mi piel con su lengua y dientes, donde seguramente a la mañana siguiente se formaría una leve marca de amor, proclamándome suya. De ellos. La marca de los Feline. Sus manos fuertes se apuntalaban en mis caderas.
Mientras mi boca se unía insistentemente a la del LEOPARDO, mientras su lengua rasposa como la de un gato arrasaba mi boca, tomaba, saqueaba, recorría mis dientes, paladar, chupaba mi lengua, la mordía, la lamía, la atormentada; otra lengua igual de rasposa descendía por mi vientre, pasaba dando un rodeo por mi ombligo para acabar justamente encima del comienzo del vello de mi sexo. Unas manos abrieron mis piernas, unos dedos abrieron mi vulva y así la mantuvieron para que esa lengua incisiva penetrara dentro de mí. Gemí contra la boca del otro hombre.
Era la experiencia mas sublime de toda mi existencia; sentir el roce de dos lenguas, el tacto de dos cuerpos y el sondeo de cuatro manos sobre mi cuerpo desnudo y febril, ardiente de deseo.
Penetrándome con la lengua, la PANTERA permanecía arrodillado entre mis piernas abiertas por sus manos. El LEOPARDO en cambio, apretando contra mi cuerpo acariciaba mis pechos, pellizcaba mis pezones duros y me besaba con violencia en la boca. El sexo con un solo hombre siempre había sido totalmente satisfactorio pero en cambio, esto, era algo extremadamente... Ummmmmmmm...interesante... sumamente interesante...estaba siendo penetrada en dos partes de su cuerpo geográficamente opuestas por dos viperinas lenguas que no la dejaban descansar. Algo que un solo hombre de ninguna forma podría llegar a realizar.
Gemí de frustración ante el abandono de la sensual boca de la PANTERA, en el momento cumbre de mi orgasmo, que rápidamente se acallo al no sentir la liberación pero en mi persistía la pasión frustrante claramente no satisfecha. Libere mi boca del tormento de la otra boca masculina y casi grité por el profundo dolor que existía latente en mi bajo vientre. De un solo movimiento la PANTERA arrodillada se irguió y lo miré a los ojos de desnuda pasión devoradora. Se acercó acechante y me apretó tomando mi boca con su boca. Sentí el regusto de mi propia vagina en la lengua. Me sentí como una loncha de queso derretido entre dos rebanadas de pan caliente. Sentí los dos miembros duros y calientes, uno contra mi trasero y el otro contra mi bajo vientre. Empuje con toda mi fuerza para liberarme del férreo abrazo y me escabullí como pude de los dos calientes cuerpos que me envolvían como una segunda piel. Les miré con la respiración dificultosa observando que ellos también se encontraban en la misma tortura que yo. Sonreí con malignidad y agarre fuertemente sus pollas con cada una de mis manos. Con la derecha la del LEOPARDO, con la izquierda la de la PANTERA y alce una ceja a forma de pregunta ante las caras sorprendidas pero a la vez excitadas de los dos hombres.
Tironee de ellos hacia mí, mientras me arrodillaba entre ambos. Como si estuviera comiendo un par de helados, uno de sabor vainilla y el otro chocolate, chupe y lamí, llenando mi boca con los dos sabores masculinos, deliciosos, mezclándolos con mi saliva caliente. Sus cuerpos tensos y sudorosos se arqueaban contra mi boca, pidiendo mas, mucho más. Sus gemidos ronroneantes llenaban mis oídos provocando descargas eléctricas desde mis pechos a hasta el centro de mi vagina. Seguí atormentándolos, como ellos mismos habían hecho con mi cuerpo dispuesto, mordiendo, chupando, tocando, lamiendo; sin parar un ápice.
Con brusquedad una mano dura y fuerte se enredo en mi pelo desgreñado y me levanto de mi sitio, teniendo que soltar una de las dos pollas. LA PANTERA me apretó contra su pecho y me beso la boca de forma devoradora metiéndome la lengua casi hasta la campanilla. Me levantó en brazos y me llevó hasta la cama, tumbándome en ella.
Observé como su gemelo, le entregaba un pequeño envoltorio mientras que él mismo desenvolvía el suyo. Ambos se colocaron un condón sobre sus miembros erectos. Yo me arquee invitante sobre la cama, mirando sus cuerpos, deseosa de lo que iba a pasar.
De repente me vi rodeada de nuevo de sus cuerpos desnudos y calientes, mientras cuatro manos me ponían de costado sobre mi lado derecho. Envuelta, protegida, deseada. Él primero en penetrarme fue el LEOPARDO, analmente; me abrió completamente para él cogiendo mi pierna izquierda para rodear la cadera derecha de la PANTERA. De mientras la boca sensual de la PANTERA jugueteaba con mis pezones duros, chupándolos y mordiéndolos. Las manos del LEOPARDO tocaban mi vientre para bajar hasta mi clítoris henchido y volverme loca. Sus caderas comenzaron un leve vaivén, suave y dulce, mientras sus dedos apretaban fuertemente mi clítoris mojado.
Cuando creí no poder resistirlo mas las caderas del hombre pararon su ritmo y permaneció dentro de mi cuerpo mientras que de una sola embestida LA PANTERA me penetraba vaginalmente con lo que mi cuerpo se apretó mas contra la dura presencia del LEOPARDO. Me sentí taladrada por ambos lados. Permanecimos quietos gimiendo durante unos minutos.
Y comenzaron a penetrarme en forma de vaivén lento y placentero lo que hacia que mi cuerpo estuviera en pleno contacto con sus miembros en cualquier momento de la penetración casi sin sacarlos de mi interior para luego ser encajados de nuevo con mas placer y éxtasis. Yo me arqueaba casi sin poder moverme con cada penetración, era increíble la compenetración que tenían ellos dos para complacerme y complacerse a la vez. La boca de la PANTERA abandonó mis pezones para morderme la boca mientras gemía ardorosamente; la boca del LEOPARDO a su vez me lamía la parte del cuello y principio de mi columna vertebral mientras sus dedos codiciosos me tocaban los pezones húmedos de la saliva de su hermano. Los dedos de la PANTERA tocaban los labios vaginales abriéndome mas a él en cada penetración a la vez que uno de sus dedos rozaba mi clítoris suavemente. Enloquecida gemía y medio gritaba contra la boca de la PANTERA.
El ritmo comenzó a aumentar gradualmente con el aumento de la excitación y el deseo compartido. El movimiento de penetración se hizo al unísono, concentrándose ambos hombres en la misma diana justo en el centro. En mí. Fuerte, mas fuerte; de una fiereza incalculable y dolorosamente, nuestros cuerpos sudorosos se enlazaban sobre las sabanas húmedas mientras la cama se balanceaba a uno u otro lado.
Gemidos de éxtasis llenaban la habitación al mismo tiempo que los tres empezábamos a llegar al momento de la culminación total. Me sentí ascender, mas y más, junto con ellos, mientras mi cuerpo se arqueaba de forma espasmódica con un gemido totalmente animal que se juntó al ronco latido de los dos hombres...me sentí.....................................
Sudorosa me levante sobresaltada de la cama. DIOSS¡¡¡ comprendiendo que todo había sido un sueño erótico de lo mas profundo y real. Fui al baño y me moje la cara intentando aplacar el ardor que sentía en mi interior. Me mire al espejo, comprobando mis ojos extraviados, mi pelo revuelto y mis mejillas sonrosadas. Mi respiración dificultosa me impidió beber todo el contenido del vaso de agua que había llenado para pasar el nudo que había en mi garganta dolorida de reprimir los gemidos que brotaban de mis labios durante el sueño.
Con las piernas temblorosas volví a mi cama, mis sabanas estaban húmedas todavía de mi sudor y de mis fluidos durante la excitación por lo que tuve que acostarme sobre ellas intentando eliminar los recuerdos del sueño... pero no pude... estos sueños húmedos tenían que acabar de una vez... sino me volvería completamente loca...mis ojos se fueron cerrando de puro cansancio...el sueño me embargo pero en él persistía un par de ojos dorados que me atormentaban, acechantes...buscando...tocando...tomando...probando...mi cuerpo...Zzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzz
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