Para Jashua

Publicado por Rwida Raud en el blog Intradiégesis. Vistas: 35

Jashua, ahora que estás libre de todo dolor,
y cantando al Señor, dejo un homenaje a tu
recuerdo, amigo. Descansa en paz.

Entre tus manos:

Entre tus manos está mi vida Señor,
entre tus manos todo mi existir.

Hay que morir para vivir,
entre tus manos confío mi ser.

Si el grano de trigo no muere,
si no muere sólo quedará,
pero si muere en abundancia dará
un fruto nuevo que no morirá.

Hay que morir para vivir,
entre tus manos confío mi ser.


Te dejo un pedazo de mi alma:

Muerte:

Muerte, ¡eres tan burlona! No te importa cuán realizada y completa esté nuestra vida, nos tocas el hombro y te robas nuestro aliento. Como si no fuera importante, como si fuera un simple juego. Te llevas a niños, adultos y ancianos, ¡no te saltas ni a uno!

Muerte, ¡eres tan cruel! No te fijas en el dolor de madre, padre y hermano cuando raptas a uno de nuestros hijos. No volteas a ver el llanto de un hombre, ni el de la mujer ante el dolor tan mortal, ¡Tan mortal como nuestra existencia! ¡Tan fuerte como el hierro! ¡Más doloroso que una puñalada en el pecho!

Muerte, no tienes escrúpulos. Apareces un día ante mi puerta y me das una cachetada en el rostro. Inyectas en mi alma la pesada carga del dolor, del recuerdo, de la melancolía, del cargo de conciencia. Me ahogas con mis propias lágrimas, mi rabia, mi dolor tan humano.

Muerte, ¿alguna vez has estado en mis zapatos? ¿Nunca has tenido a alguien a quién amar? Pero, ¡eres sólo la muerte! ¡La mensajera de las alturas, la aliada de los infiernos! ¿Cómo habrás podido amar? Eres peor que mil demonios.

¡Muerte, ten piedad de mi condición humana, de mi mortalidad! ¿Por qué me traes tanto dolor, tanta pena? ¡Prefiero que me lleves antes de sufrir todo esto!

¡Si Muerte, ven a mí! ¡Atiende mi súplica y no me dejes hundida en este mar de sufrimiento, de soledad, de dolor! Llévame donde mi padre, mi madre, y mi hermano, que un día secuestraste.

¡No puedo soportarlo más! Ven a mí en esta noche preñada de desaliento, porque no te miento, eres mi única esperanza, ¡La puerta de mi salvación! Solo tú puedes devolverme la paz, una paz que actualmente está violada.

Qué irónico, Muerte, ¡en la mano derecha llevas el dolor, entre miles de sufrimientos, y en la izquierda, la paz y esperanza! No comprendo, ¿cómo puedes manejar cosas tan opuestas unas de las otras?

Pero ven, te pido que no tardes, porque te estoy esperando. Ahora me voy en paz, sabedora de mi destino y satisfecha de mis actos. Porque, ¿te digo algo, querida mía? Si de algo soy culpable, es de seguir viviendo.
  • Ariko
  • Rwida Raud
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