Muerte de Calíope

Publicado por Rwida Raud en el blog Intradiégesis. Vistas: 60

Muerte de Calíope.

Siento que algo anda mal dentro de mí, nada físico, sino el repentino brinco de mi alma, y la rigidez de mi corazón. No hay duda alguna. Algo le pasa a mi musa, mi Calíope.

Autor: Musa querida, musa de mi alma, ¿qué tienes?
Musa: ¡Ay, autor! Siento que la muerte le grita al viento mi nombre: “¡Calíope, Calíope!”, el viento transporta el mensaje de la muerte.
Autor: ¿Por qué me dices eso?
Calíope: Una musa sabe cuando le llega la muerte. Déjame en paz, que estoy moribunda.
Autor: ¡¡Pluma!! Pluma, ayúdame, que mi musa está moribunda.
Pluma: Querido autor, no puedo ayudarte. Gracias a ella, tus manos me hacen bailar sobre el papel. Pero me temo que nada puedo hacer por ella, pregúntale al papel.

Autor: ¡¡Papel!! Ayúdame, mi musa está moribunda.
Papel: Aunque gracias a ella la pluma danza sobre mi frágil y pálido cuerpo, tatuándome las palabras de los hombres, nada puedo hacer. Pero pregúntale a los libros.
Autor: ¡¡Libros!! Ayúdenme, que mi musa se muere.
Libros: Nosotros alimentamos tu alma y avivamos a tu musa para que llene tu vida de alegrías y un sinnúmero de placeres, sin embargo, poca cosa podemos hacer. Mejor pregúntale a tu corazón.
Autor: ¡¡Corazón mío, corazón palpitante!! Ayúdame, mi musa se muere.
Corazón: Tu musa se muere porque últimamente la has estado ignorando. Si se ignora a una musa, no puede utilizar su potencial, y al no hacerlo, muere.
Autor: ¿Qué debo hacer?
Corazón: Escúchala y atiéndela. Trátala como si fuera una novia.

Autor: ¡Calíope, musa mía! Si alguna vez no he escuchado tu voz armoniosa, ni contemplado tu bello rostro, sin amor, perdóname.
Calíope: Nosotras las musas conocemos el alma de los hombres. Tu alma es como el eterno elixir de la vida, tienes el canto del Creador en ella. Si una vez no me escuchaste y me ignoraste, sé que lo hiciste sin pensar. Algunas veces, las dudas y el miedo son más fuertes que nosotras.
Autor: Oh, Calíope, musa mía, no te vayas, que sin ti el amor no es amor, mi vida no es vida, ¡prefiero morir junto a mis musas, a vivir con el amargo recuerdo de tu muerte!
Calíope: ¡Oh, autor! Puedo sentir tu amor por mí, es tan fuerte que creo que puedo rozarlo con mis manos. Los hombres admiran a las musas, y las musas admiran a los hombres. Yo te admiré y te amé, pero mi hora es inevitable. Lo único que lamento es dejar a mis hermanas solas, y a ti, amado autor.
Autor: Me niego a vivir sin ti. ¿Quién será mi inspiración?

Calíope: Mis hermanas lo guiarán tan bien como yo. Y le aconsejo que busque el amor, él es el más inspirador. Lo digo porque al verte a ti, veía el amor, y al ver al amor, tenía inspiración, y al tener inspiración, tú tenías inspiración y tu alma se elevaba. Y ambos fuimos felices. Mi hermana Melpómene te ayudará, busca el amor, eleva tu alma.

Calíope cierra los ojos, y el viento se lleva su perfume hacia el Olimpo.
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