Mas cerca!

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Okis weno s hora d los lemons y d... no c lo que kieran!!! ;)
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Más Cerca.
Había salido a pedir de boca y no podía ser mejor.
Yo estaba allí, abrazándola de la manera que había estado deseando desde que había puesto un pie en el salón comedor, y ella se deshacía entre mis manos, hablándome con mudos gestos sobre cuánto había estado añorándome, en un crudo secreto que no debía pronunciarse.
--kun- dijo ella, por milésima vez, y la sangre hirvió amenazante en mis venas, susurrándome que no podría contenerme mucho más, en nada de lo que fuera a hacer- ¿Qué...?-intentó preguntar cuando un gemido se apoderó de sus labios, al momento de pasar mis manos por encima de sus hombros, quitando los tirantes que habían quedado completamente sueltos-…mmm…
La diminuta prenda cayó sin remedio contra el fino piso, tan frío que daba pena pensar que podíamos terminar sobre él, incendiándolo quizás con mi temperatura corporal. Ella tenía una expresión adorable, encantadora como nunca, intentando acallar cualquier sonido. Quizá por miedo, quizás por vergüenza. Realmente daba igual.
Despacio ubiqué mi mano en su cintura, moviéndola de manera que entendiera que quería que se diera vuelta a mi encuentro. Era mía, mía y mía. Yo era el pecador, y ella era mi pecado hecho piel, allí de pie como estaba. Tan dispuesta parecía, tan abierta a mis caprichosos deseos que era imposible ignorar lo que tenía enfrente.
Su rostro estaba extasiado en un gesto de completa entrega, de repentina inconciencia y de incoherente algarabía. Había intentando hablar, había intentado dar razones, supuse, de lo inapropiado de mi conducta, pero que va. Ella se seguía derritiendo bajo mis caricias decididamente indecentes.
-Me gustas…- murmuré, acercándome al lóbulo de su precioso oído, permitiendo humedecer su suave piel con el tacto mojado de mi lengua- Me gustas mucho, .
Mi voz era extraña. Un tintineo algo inmoral, con ese sonido particular que lograba arrancar de mi garganta cuando actuaba y tenía que enloquecer a la audiencia con una presentación audaz y, sobretodo, soberbia.
Ella se había quedado quieta.
Deduje que mis palabras habían sonado tan rebuscadas y sorpresivas como se habían reverberado en mi mente. Ni siquiera me había propuesto decir una cosa como esa, pero mi cuerpo volvía a mandarse solo. Mis labios se habían curvado en una sonrisa completamente involuntaria, un mohín de complacencia que ni yo misma me conocía, sólo por advertir el leve estremecimiento que comenzaba a formarse en la persona que tenía enfrente.
Sus brazos se habían quedado cruzados frente a su pecho al momento de voltearse hacia mí. La piel blanca de todo su cuerpo me estaba enloqueciendo de a poco, bendiciéndome con un estado mental capaz de borrar el pasado y la promesa del futuro con solo posar un dedo alrededor de aquella tersura completamente inolvidable. Se apretaba gentil los pechos, dejando ver aún entre sus bracitos bastante de eso que estaba queriendo probar, morder y poseer.
Que quede claro. Ella me provocaba.
A todo esto, yo seguía lamiendo el contorno de su blando lóbulo, logrando ir un poco más dentro de su oído, gozando muy despacio sus sacudidas reflejas, aún cuidando de no dejar a la vista los preciosos pechos que yo ya estaba saboreando sin haber posado mi boca en ellos.
Arremetí contra su cuello y tuve que darme un golpe por no haberlo hecho antes.
Su piel era demasiado suave, tanto que me sentía obligado a devorar su pureza antes que alguien más fuera capaz de encontrar en ella lo mismo que yo había descubierto. Besé con mucho cuidado el hueco debajo de su encantador oído, rozando con mi nariz la argolla que colgaba de el, deslizándome con prisa arriba y abajo.
Su hombro desnudo fue igualmente tentador para mis labios y mi lengua.
Bajé un poco más el rostro y me concentré en los deliciosos murmullos que se escapaban de su boca, justo cuando iba descendiendo cercano a su pecho, sosteniéndola contra mí usando ambos brazos libres en torno a su cintura. Por fin, me había topado con la mano que se apretujaba con urgencia sobre mi objetivo final.
Ahí levanté la vista y me enderecé un poco, sin dejarla libre de mi abrazo. Ella tenía apretados los ojos, y su boca en una tentadora mueca de placer indescriptible.
¡Seguía haciéndolo¡Seguía siendo tan preciosa y tan encantadora que no podía quedarme tranquilo!
-¿Sakura?-susurré y casi yo mismo no me escuché- Sakura…
Con precaución abrió sus mundos esmeraldas y logró que fuera un servidor quien se estremeciera de pies a cabeza. Desesperado, completamente cansado de posponerlo, solté su cintura con presteza y me adueñé de su rostro, tomándolo con suavidad por sus mejillas sonrojadas.
-Me gustas- dije y la besé en la nariz, una vez- Me gustas- repetí, besando esta vez sus párpados- Me gustas- y fue el turno de su frente exquisita, y la piel que no había quedado atrapada bajo mis manos- Me gustas…- concluí, ubicando mis ojos a la altura de los suyos, soltando mi aliento contra el que ella exhalaba. Sus labios palpitaban bajo mi cercanía, lo sentía- mucho.
Y no pude contenerme más. Apreté mis labios contra los suyos como si fuera una especie de bestia que intentaba apagar una sed mortal, como si hubiera esperado ese instante sin razón ni coherencia desde que mi cuerpo y su cuerpo hubieran decidido por nosotros.
O prácticamente.
Ella había sonreído tímida sobre mi beso y había seguido su instinto, pasando ambos brazos suyos en torno a mi cuello, apretándome con una gentileza desesperante. La continué besando despacio entonces, pues me inspiraba tanto candor que temía quebrarla dentro de mi frenesí.
Me separé un poco de ella. Y desconcertada, me observó un par de segundos, tomando un poco del aire que se continuaba cargando de nuestros deseos escondidos.
-¿Sasuke-kun?- musitó y en un segundo, sus ojos se llenaron de lágrimas que caían sin contemplación alguna.
Toda ella temblaba. Se sacudía inquieta, dubitante, como si quisiera romperse en cualquier momento y no pudiera elegir. Pero no era así. Ella podía…
Elegir.
Me agaché a recoger su brasier y se lo devolví, dándome media vuelta. Ni siquiera yo sabía porque estaba haciendo eso, pero había algo que estaba gritándome que me detuviera. Que no estaba bien. Que no era el momento, y muchos menos el lugar.
Por más que cierta parte de mi cuerpo me reclamara y me odiara por lo que pensaba.
-Debes…tener frío- murmuré, esperando todavía para verla. Tenía la maldita sensación de poder acabar con todo allí mismo, junto con un fuerte sentido de “moralidad nunca antes demostrada” que me había hecho detener.
O probablemente fueran sus lágrimas.
Las que no había comprendido y mucho menos, soportado. Porque no parecían de dolor, o sufrimiento y porque me habían desvalijado por completo de cualquier sentido de hombría varonil que me hubiera impulsado a hacerla mía pese a todo.
Eran como cuando la sorpresa abruma y el alma revienta de maneras desconocidas, derramándose en sensaciones de luctuosa raíz que muchas veces no tienen mucho más sentido que lo que estaba sucediendo entre nosotros.
Es como la polilla que se dirige hacia la llama. Allí termina su camino.
-No, estoy bien…-respondió ella al fin. Sólo habían transcurrido un par de segundos-Puedes voltear, Sasuke-kun.
Y lo dijo tal como quien habla del clima, para darme a entender, de una manera que parecía que no había ocurrido nada allí. Pronto me di cuenta que no era así.
Ella seguía con sus pechos descubiertos, solo que ahora tenía ambos brazos a los lados y una mirada soñolienta que no supe dilucidar. Los ojos le brillaban extraños, pero no con esa dolorosa puntada lacrimosa de antes, muy al contrario. Parecía ansiosa, expectante ante mi próximo movimiento, si es que iba a hacer alguno.
Su rubor estaba tan tangible y deseable que seguía siendo una tortura placentera observarla, aún sin volver a ponerle un mínimo dedo encima. Aún deseando hacerlo con todo lo que podía tener en mi cuerpo que fuera capaz de…desear.
-Creí que…-comencé a decir, cuando ella cortó los breves pasos que nos separaban y se abrazó a mí, pasando sus brazos por mi cintura y hundiendo su rostro en mi pecho. La sensación de calor se volvía y más intensa, pero ahora se le sumaba una especie de ternura que no conocía.
Protegerla.Cubrí su diminuto cuerpo con ambos brazos y suspiré pesado, mientras la conducía contra el muro sobre el que había estado parado unos minutos antes que ella se diera cuenta que estaba allí. Se había estremecido al contacto con los fríos azulejos, pero pronto se había habituado, o al menos eso pareció.
Estaba allí.
Frágil.A mi completa merced para cometer el pecado. Ansiosa la espera, pero pronta la consumación, habíamos estado dando vueltas en un círculo que nadie había trazado, pero que nosotros mismos nos habíamos fijado. Se sentía cómo el aire se arremolinaba en torno a nuestros cuerpos como si quisiera participar de nuestro baile precoz.
Repito que todo esto era conducido por su incontrolable pureza, pues debió haberse vuelto a vestir cuando tuvo la oportunidad, pero ya era tarde.
Para ambos era tarde.
-Quiero tenerte…-susurré, aún abrazándola y sentí su escalofrío nada sutil- Desde que te conocí estoy aguantando esta sensación- confesé, apretando un poco más el agarre- Aunque en este momento, no estoy aquí, ni tú tampoco-sonreí notando el efecto que tenían mis palabras en toda su anatomía. Su cuerpo era una ola manejada por mi mar de emociones- Sólo es otra fantasía…algo más que sentir.
Inocente.
-¿Eso piensas?- preguntó dulce, muy dulce, soltándose de mí, viéndome con sus ojos esmeraldinos seriamente.
-No.
Muy inocente.
-¿Entonces?
-En ti, en mí, y en cosas sucias.
El aire volvió a arremeter, más y más pesado. No es muy complicado saber que mi respuesta era la cosa más obvia del Mundo, dadas las circunstancias. Sólo que no había planeado decirlo de esa manera tan directa. Ni siquiera había planeado decirlo, maldición.
De hecho, pensándolo mejor, no había planeado nada de lo que estaba sucediendo. Acostumbrado como estaba a saber que iba y que no iba a pasar en mi vida, era extraño.
Y si quieren saber algo más, era maravilloso.
-Sasuke-kun, tú…-rompió su encantador mutismo y sonrió.
Pareció querer decir algo más, pero yo no consentí escucharlo. No hacía falta, de hecho, muy a pesar de lo que parecía en ese momento. Cualquier cosa podía significar mucho más de lo que era realmente y ella no estaba obligada a nada.
Ella podía elegir.
Elegirme.
¿O no?
Aunque en ese segundo ya había escogido, al menos por ese instante, que era lo que quería hacer. O que yo le hiciera, más bien. Y esa decisión era una seducción demasiado excitante como para ignorarla.
Había deslizado ambas manos sobre mi pecho, acariciándolo tranquilamente, maravillándome con su contacto y obligándome a contener varios gemidos cuando sus dedos se dedicaban a trastornarme con extrema lentitud. Iba y venía sobre mi camisa, desabotonando y quitando con gentil calma lo único que la apartaba de sentirme sin nada de por medio.
Yo miraba su accionar en muda espera, disfrutando hasta del roce de su cabello rosado contra mi barbilla al acercarse a besarme con ternura, todo mi torso ya descubierto, mi cuello y mis mejillas. Eran algo que no esperaba, un brote de inocencia hecho piel, justo como venía ansiando y no creía posible.
-Tú también me gustas- soltó sin previo aviso- También me gustas mucho, Sasuke-kun….
Parecía haberse dado cuenta del poder que tenía pronunciando mi nombre de esa manera, pero realmente no importaba.
-¿Ah, sí?-dije, intentando no demostrar cuanto me habían afectado sus palabras. Ella me besaba aún, haciendo que sintiera cada uno de los suspiros de sus labios contra mi piel desnuda.
-Sí- continuaba ella con su labor sobre mis mejillas, humedecidas y probablemente algo rojas por la presión de su boca contra mi piel tantas veces- Aunque…-se detuvo abrupta- no sé nada de ti, ni quien eres…-detuvo esta vez sus palabras- Como tu tampoco sabes nada de mí, en realidad.
-¿Importa?- dije yo, intentando mantener la compostura frente a la lógica que me planteaba. Tan débil, o tan cierta. Parecía haber dado en la diana del asunto, marcando el único de los puntos que visto desde afuera, o desde dentro, era capaz de derribar la quimera que estábamos experimentando.
Pareció pensárselo. Tenía los labios cerca de mi piel aún y su exhalación era tan tangible como su cuerpo al alcance de mis manos.
¿Debía?
Nadie había dicho que yo fuera un caballero¿o sí? Sabía bien qué era lo que necesitaba y anhelaba con vehemencia en ese momento, por lo que era un acto casi de supervivencia sentirla desde dentro. Aunque fuera un segundo, un instante mágico que se extendiera más allá del tiempo real y calmara todos los rasguños que mi conciencia le hacía a mi alma.
Mis pensamientos sobre supuesta moralidad nunca demostrada fueron interrumpidos por un par de labios rosados sobre mi palidez andante. Aunque para esa altura, estaban tan rojos e hinchados como los de la preciosa pelirrosa que tenía en mi poder.
Pero esta vez, el beso era diferente. Había algo en su respiración que había cambiado drásticamente, lo mismo el agarre de sus manos detrás de mi nuca, al momento de prácticamente colgarse de mí para apretar sus suntuosos pechos contra mi cuerpo, llevándome a un nivel de locura no conocido ni explorado por un servidor.
Ansiaba tocarlos con ambas manos, apretarlos con fuerza para que sintiera lo que ella me estaba haciendo sentir, y masajearlos con cuidado, en su redondez exquisita, procurando no darle tregua hasta que se volviera loca por mi tacto.
Abrí paso a mi ansiedad y a la suya.
Su lengua era exquisita, rebelde e inquieta y jugaba con la mía, saboreando cada espacio de su boca con prisa y ardor.
Era demasiado.
Había lamido sus labios como un gato, pasando una y mil veces mi lengua sobre ella, mordisqueándolos despacio y volviendo a oprimirlos con tanta fuerza como me era posible.
Yo la abrazaba por la cintura, apoyando mi sexo sobre el suyo haciéndola sentir lo que estaba provocando en mí.
Deshaciendo el agarre de una de mis manos, no dudé en tomar posesión finalmente de uno de sus pechos. Lo había estado pensando todo el tiempo, más por lo mucho que llega a desearse algo que se encuentra oculto de uno, o que es aparentemente prohibido.
No podía ver su rostro, pues lo estaba besando pero si había escuchado y sentido sobre mis propios labios los quejidos al pasar dos de mis dedos sobre el botón de su pecho, ya hinchado y en forma.
-Sasuke…-gimoteó ella, cuando subí ambas manos esta vez a sus senos, masajeándolos y tocándolos tan desesperado que no sabía cómo más apretarlos, estrujarlos, acariciarlos.
-Ahm...Sakura…
Deslicé mi mano derecha por sobre su muslo. Rabiosamente suave, firme. Y subí un poco más arriba hasta donde ya había estado posar mi mano también.
Ella interpretó el gesto y pasó ambas piernas en torno a mis caderas, ágil. La sostenía justo de allí, especialmente conforme debido a lo voluminoso del asunto, y las cosas que imaginaba que podía llegar a hacer con un cuerpo como el de ella.
Seguía besándome, aunque ya un poco más cansada. Y eso que realmente, no habíamos hecho…
No lo habíamos hecho.
Nos separamos un momento y con su mirada pareció decir que eso era todo. Pero también estaba su gesto de súplica por más y eso era suficiente como para que yo siguiera pecando.
Bajé mis labios de su boca a su pecho y me hizo de sus pechos lo mejor que me fue posible, dada nuestra posición. De pie, contra una pared, con ella a cuestas y una erección poco amigable entre mis piernas.
- Mmmm…- suspiró ella echándose para atrás, invitando con su cuerpo a saborearla más y más, cuando yo abrí mi boca succionando y chupando como un maldito pervertido sus pezones rosados- Despacio…despacio…
Me estaba sacando completamente cualquier atisbo de cordura que podía tener.
Me hacía doler algo más que el cuerpo. Y era extraño.
Tarde descubrí una especie de banquito que había en aquel baño. Y no era de extrañar, pues se trataba de un cuarto dentro de la fastuosa mansión Hyuuga. Con ella a cuestas, me senté en el y la tuve rodeándome con más facilidad, con sus piernas abiertas en torno a mi sexo, oprimiéndolo de tal manera que pensé iba a explotar en cualquier momento.
Y empezó a moverse.
Comenzó a realizar un vaivén de adelante atrás que no era otra cosa que…
-No sólo tú estás sintiéndolo…-sonrió, traviesa.
-Me estás matando, lo sabes.
La empujé con cuidado hasta sentarla en el suelo.
Fue una maniobra rápida y cuidadosa, absolutamente inesperada, y a la vez, demasiado necesaria.
-Concédeme un momento- le dije y empecé a desabrochar mi pantalón. Primero el cierre se trabó, jodiendo la situación a un nivel extraordinario. Luego no podía aflojar el puto cinturón. Pero todo fue tomando forma y pronto estaba sólo con mis bóxers.
Ella miraba la operación con un aire que se confundía entre tranquilo y acucioso, como si fuera la primera vez que veía aquello y a la vez, fuera algo de todos los días.
Pero no podía ser lo último. Porque mi Sakura, era virgen. Así debía ser y así era.
Ella seguía en el suelo, por lo bajé del asiento, ubicándome a su lado. No me sentía cohibido por el gran bulto que tenía entre las piernas, ni mucho menos. Hasta había algo de ego masculino deambulando en mis pensamientos, sobre lo bien que estaba.
-Ven…-dijo ella de golpe, poniéndose de pie- Podría…ser en la ducha¿no crees? Tal como en la práctica.
Fue la primera vez desde que había ingresado allí que un poco de sentido común había ingresado a mí mente. No sabía cuanto rato teníamos allí dentro, ni siquiera si habían notado nuestra ausencia prolongada. Todavía recordaba como es que había ingresado al cuarto de la prima de Neji.
Pero eso no viene al caso.
Me extendió una de sus manos y me condujo hasta la cortina blanca, pero no transparente. Me recordó un poco a mi tina, pues era amplia y se veía agradable. Y efectivamente, tal como lo había pensado dentro de mi perversión, era muy capaz de albergar dos cuerpos en ella.
-Espérame un momento.
Ella ingresó primero y cerró la cortina por detrás. Ahí la había perdido de vista, pero escuchaba el sonido del agua comenzando a caer. Ese sonido que se repite en el lugar que sea, y en la situación que sea.
Ah, el agua tiene la cualidad de estar presente en todo momento¿eh? Incluso en aquellos de mayor intimidad y osadía.
-Ven…-escuché su voz dentro y abrí la cortina sin mucho más preludio. Y allí estaba, mi pecado materializado, justo enfrente de mis narices, sin las braguitas ya.
¿Había dicho inocente?
Nótese que este hecho no cambia mi percepción al respecto. Aún tiene un halo que no consigo atravesar.
Con decisión me adentré a su lado, e hice lo propio con mis bóxers, pateándolos hacia algún lado que luego averiguaría. Me sentí extasiado, asombrado, acostumbrado, lleno y a la vez…
Me abracé a ella.
Y no fue con la intención banal de hacerle sentir mi miembro completamente endurecido y preparado para penetrarla. Necesitaba hacerle entender, necesitaba explicarme a mí mismo a la vez, que…
Me gusta.
Me gusta mucho.Me gusta su sonrisa, su voz y sus ojos.
Me gusta su inocencia y hasta su osadía.
Me gusta la idea de aprender un poco más de ella.
Me gusta…
La besé en la frente y en los ojos y le dije que la quería. Por algún motivo, empecé a hablar sobre cosas que probablemente no fueran del todo ciertas y algunas otras, que pensaba podían hacerse reales, eventualmente.
-Quiero tenerte, dulce Sakura…
Y el agua goteando de sus labios sonrosados me empujó a continuar. Estaba entregada, estaba ansiándolo tanto como yo.
Y evocando todas las veces que había pretendido hacer el amor con alguien, me fue imposible acomodarme de ninguna manera. Hubiera matado a alguien por una cama bajo aquella ducha.
-Tranquilo…
Ella pareció haber leído mi mente y mis gestos más que si fuera un libro abierto. Se apoyó contra la pared contraria al grifo de agua y me invitó a acercarme también. Despacio pasó sus brazos contra mi cuello y elevó sus piernas de nuevo entorno a mí.
- Pero dolerá- advertí, sin casi notar su peso, acomodando mí erección dentro de ella- No quiero lastimarte.
-No lo harás- contestó besando mi hombro- Confío en ti, Sasuke-kun…-fue casi un suspiro.
Su estrechez apretó mi miembro ni bien pude hacerlo entrar un poco. Solo un poco. Intenté relajarme, pues estaba tan nervioso que era muy capaz de darme la cabeza contra la pared para tranquilizarme.
La sostuve con fuerza cuando embestí. Ella ahogó un quejido.
-¿Estás bien?- fue la única cosa que me pasó por la mente, a pesar de que había rozado el cielo con las manos segundos antes.
-Continúa…por favor…-gimió, y mordisqueó juguetona mi oído.
Entendí que era lo que quería e iba a dárselo. Arqueé mis caderas y volví a embestir, pero con más fuerza. Su cuerpo reaccionó curvándose también, acomodándose a mí.
Apreté una vez más y terminó de entrar.
Estaba completamente oprimido dentro de su cuerpo, y la sensación era indescriptible. Empecé a moverme a ritmo, apoyándola contra la pared y cogiéndola de la manera más tranquila que pude. Pero el roce de sus pechos, y la misma urgencia que había estado sintiendo me hacían apretar la velocidad y la fuerza.
Más rápido.
Quería que me sintiera tanto como yo la estaba sintiendo.
Más fuerte, más rápido.
Lo empujé tanto como me era posible.
Iba y venía, más, más adentro.
Y ella gemía, muy bajito, mordiendo aún mi oído y lamiéndolo en interior.
-Más…más…-jadeó, soltándose y tomándome por el rostro, besándome más febrilmente que antes- Más…mmmh.
- I want to fuck you like an animal, I want to feel you from the inside- tarareé en su oído y me moví con más fuerza y salvajismo, aguantando lo que se avecinaba presuroso a nosotros.
Necesitaba llenarla de mí tanto como me fuera posible.
Y lo sentí.
Había sido completo y absoluto. Sin un momento desperdiciado, cada uno con su preciso uso asignado. Cada una de las gotas de sudor entremezcladas con el agua que nos envidiaba nuestra perfección.
Ella había tocado el cielo al mismo tiempo, tomando mi mano como guía.
Era el éxtasis, finalmente.
  • LυиosA
  • Blaaah
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