Lemons de "Silencio" [Naraku x Kagome]

Publicado por Kayazarami en el blog Espiral de Luna. Vistas: 2912

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-Primer Lemon-

Volvió a depositarla en el suelo con cuidado, mientras sus manos viajaban despacio hacia la parte trasera del kimono y deshacía el lazo que sostenía el conjunto.

Le bajo el kimono con cuidado, dejando al descubierto su hermoso pecho, cubierto por un ligero sostén que desapareció minutos después.

Mientras sus manos seguían bajándole el kimono, muy lentamente, su boca se entretuvo con sus senos y atrapo uno a uno sus pezones, succionándolos, lamiéndolos y acariciándolos con su lengua.

La chica simplemente se dejaba hacer, emitiendo pequeños gemidos de vez en cuando.

Cuando le hubo quitado completamente la ropa, se separo de su cuerpo y la miro de arriba abajo.

Un leve rubor cubría su rostro, mientras que trataba de cubrir sus pechos con sus manos.

-No me mires, por favor.

La alzó, tomando sus manos, la guió en el mismo recorrido que él había tomado, pero en su cuerpo.

Kagome se dejaba guiar, mientras sus manos deslizaban el kimono de Naraku y dejaban al descubierto su bien formado cuerpo, completamente desnudo.

-Naraku...

-¿Si preciosa?

-Eres...Muy guapo.

El demonio se sorprendió. ¿La miko le estaba diciendo que le gustaba su cuerpo?

-No más que tú.

La tumbo de nuevo y recorrió con su lengua el cuerpo de ella, le gustaba el sabor de su piel y los leves escalofríos que la recorrían.

Cuando los labios de él contactaron con su sexo, Kagome gimió desesperada. Aquello jamás lo hubiera imaginado, el placer recorría su cuerpo y gemía sin control.

Naraku decido acabar con aquella delicada tarea y se posiciono sobre ella.

-Al principio dolerá, pero el dolor se vuelve placer en un determinado momento.

-No importa, quiero que lo hagas, quiero que...seas el primero.

A él no le sorprendió la confesión, si Inuyasha había sido lo suficientemente idiota como para dejarla a su merced, lo más probable era que nunca jamás hubiese visto su cuerpo, seguro.

Lentamente fue introduciendo su miembro en el interior de la chica.

Al principio le dolió. Mas de lo que nunca habría imaginado. Naraku no se movía para nada y solo cuando estuvo seguro de que el dolor había remitido comenzó a moverse lentamente en ella.

Kagome hacía lo posible por no gritar de dolor y él por contenerse.

Al ver que no disminuía, comenzó a acariciar el cuerpo de ella, sus pechos, su piel y su sexo, mientras continuaba con un ritmo lento.

Funciono, Kagome comenzó a jadear suavemente y a medida que aumentaba la velocidad de las embestidas, los jadeos se volvieron gritos de puro éxtasis.

No duro mucho mas, Naraku se encontraba en el límite de si mismo y al poco estallo dentro de ella, en un suave orgasmo que los agoto por completo.



-Segundo Lemon-

Como castigo por la burla, también le arranco el sostén con sus garras, dejando libres sus hermosos pechos, que no tardaron en ser victimas de un examen oral en el cual la lengua del Taiyoukai recorrió toda la superficie de fina piel deteniéndose tan solo para mordisquear ligeramente los endurecidos pezones.

Si la chica había tratado de resistirse, parecía incapaz de contener los ligeros gemidos que escapaban de sus labios con cada caricia que el demonio le proporcionaba.

Sesshômaru era mucho más suave que Naraku, pensaba Kagome, a pesar de su frialdad permanente, era un amante diestro y muy dulce, aunque se lo contase a quien se lo contase jamas la creerían.

Sintió como muy despacio, el youkai de sangre pura deslizaba una de sus garras hacía su intimidad, pasándola bajo la falda y el bikini, para acariciar ligeramente su zona más sensible, de forma que los gemidos se incrementaron y se hicieron más fuertes.

Estaba húmeda, para su sorpresa. Las demonios no tenían aquella particularidad, no se humedecían con la excitación. Lejos de asquearle, el descubrimiento casi le hizo perder el control sobre su cuerpo.

Cuando considero que estaba preparada para lo que vendría, le quito toda la ropa de la parte inferior de su cuerpo y la dejo desnuda bajo él, parándose a observarla por unos momentos, viendo ese cuerpo hermosos y sensual que se encontraba a su merced. No parecía tener mucha experiencia en ese campo, pero él le enseñaría como le gustaba hacer las cosas.

Estaba sonrojada, jadeaba sin parar y la mirada inquisidora de Sesshômaru recorriendo todos su cuerpo con esos ojos dorados le erizaba la piel sin poder evitarlo.

No podía resistirse a él. Y algo dentro de ella le decía a gritos que no lo hiciese, que se dejase llevar. Era la segunda vez que alguien la tomaría y sin poder detenerse se descubrió recordando con intensidad a Naraku. Sesshômaru tenía mucha experiencia, se podía notar. En cambio, el hanyou de ojos carmesíes le había demostrado que tenía escasa o poca vida en ese campo.

No era que le disgustase, por que había sido tierno y delicado con ella, quizás un poco basto, pero le había enseñado lo que era el placer y Sesshômaru jamas sería para ella como él, por muchas veces que la tomase.

Sus pensamientos quedaron cortados al ver como Sesshômaru la soltaba y comenzaba a desnudarse frente a ella, sin ningún pudor. Podría haber aprovechado para huir, pero a parte de saber que sería inútil, el cuerpo del Taiyoukai era un espectáculo difícil de ignorar.

Tenía marcas moradas como las de sus mejillas por los brazos, las piernas y el torso, qué le daban cierto aire de guerrero místico, sus cabellos caían sin problemas sobre su fuerte espalda, entrándole ganas de acariciarlos, era de complexión musculosa, pero no se le marcaban demasiado los músculos y carecía de vello corporal.

En definitiva, era hermoso, tan hermoso como Naraku, para su desgracia o incluso tal vez más.

Cuando se aproximo de nuevo a ella, la chica tembló, cosa que le agrado muchísimo. Kagome parecía empequeñecer bajo el mientras se posicionaba sobre ella, hasta quedar sus cuerpos el uno contra el otro y sus rostros a la misma altura.

Aquello era demasiado erótico para la miko, que sentía como escalofríos le recorrían toda la piel y esos ojos le penetraban el alma.

Pronto se vio obligada a dejar de pensar, para acabar retorciéndose en los brazos de Sesshômaru mientras este la acariciaba de nuevo para reavivar un deseo que en ningún momento había disminuido.

La torturó unos minutos, con sus finos dedos deslizándose de arriba abajo, apretando muy levemente en ocasiones e incluso jugando con los labios de sus parte más secreta, al mismo tiempo que sentía la humedad caer sobre las sabanas y Kagome gemía de puro goce.

Cuando el martirio al fin termino, tan solo fue para posicionarse un poco mejor y penetrar en su cuerpo lenta y cuidadosamente, de forma pausada y con mucha lentitud, a un ritmo sosegado que tenía como objetivo evitarle todo dolor.

La escucho gritar y aquella fue como al señal que dio salida a sus instintos más básicos, arremetiendo contra ella fuertemente, con fiereza y el desespero propios de una bestia sedienta de su cuerpo.

Kagome gemía y gritaba sin poder contenerse, a causa del placer que le provocaba el salvajismo de Sesshômaru, olvidándose del mundo y de todos los problemas mientras él la embestía con fuerza, una y otra vez, hasta alcanzar un cansancio que parecía no llegar nunca, sacudidos por el deseo.

Por momentos sintió como en su interior, el miembro de él se endurecía más y más por segundos, recorriéndole espasmos, sabiendo que pronto acabaría en ella y que su propio cuerpo estaba alcanzando el límite.

Se movió mas rápido aun, mas fuerte y la hizo gritar, sin poder contenerse, mientras un liquido procedentes su interior recorría su dureza, haciendo que no pudiera más y acabara estallando en su interior con fiereza.



-Tercer Lemon-

Deslizo la mano con lentitud desde la cintura desde la chica hasta su rostro, acariciando la mejilla con ternura, cuando los brazos de la joven rodearon su cuello en un intento desesperado por acercarse más a él, volviendo el beso más apasionado por segundos.

La mano de su cara viajo nuevamente y esta vez se poso en su cintura, pero se elevo de nuevo llevándose con ella la camisa del uniforme de Kagome, dejando al descubierto el ligero sostén que cubría sus senos y que Naraku deshecho rápidamente, presuroso de tomar entre sus manos los suaves pechos de la miko.

Esta suspiro al sentir como las garras del hanyou la tocaban sin ningún miramiento, delineando sus pezones y sopesándolos, analizando su textura y la ligereza de su piel.

-Naraku….

Atendiendo a la muda petición de ella, la dejo caer con cuidado de sus brazos al suelo y se coloco sobre ella, para comenzar a acariciarla con su boca, lamiendo su piel con lentitud, mordiendo con ligereza sus suaves pezones y haciendo que ella jadeara un poco.

-NO… Juegues…

-Si a ti te encanta que lo haga….

-Ahhh…

Llevo sus manos a su falda y acaricio sobre la ligera prenda que allí se ocultaba, cosa que provocando que la espalda de la miko se arqueara y un gemido escapara de sus labios.

-Umm…

Impaciente, retiro la falda dejándola ya prácticamente a su merced, levantándose un poco para admirar el cuerpo de aquella humana que lo volvía loco. Tan parecida a la sacerdotisa que un día amo y tan diametralmente opuesta a ella.

Kagome era todo lo que Kikyô jamás había sido: Ternura, amor, cariño. Si bien tenía un carácter que se la llevaba el diablo en ocasiones, su buen corazón compensaba cualquier defecto. Ella era perfecta a sus ojos. Era suya y no pensaba cedérsela a nadie nunca, ni permitir de nuevo que la alejaran de su lado.

Se levanto dispuesto a desnudarse, cuando las delicadas manos de la miko lo tomaron por sorpresa y comenzaron quitarle con algo de torpeza sus ropas.

El haori pronto quedo atrás en un camino de besos por su pecho y su hakama le siguió poco después, mientras lo9s dedos ligeros y traviesos de la chica acariciaban sus muslos y su pecho, dejándole apenas con una prenda que cubría su extensión, quedando igual a ella.

Sintió como la chica perdía su timidez, que tanto la había cohibido la primera vez que estuvieron juntos, y sus caricias eran cada vez más atrevidas, hasta que se detuvo de pronto, como indecisa.

La miro y se la encontró completamente colorada, con una pregunta en los ojos.

-Naraku, ¿Puedo… Podría tocarte?

-Ya lo estas haciendo.

-Pero más… Abajo…

-…

Un corto beso y las manos de él tomando las suyas fueron toda la respuesta que recibió. La guió hasta su miembro y una vez allí retiro sus manos, como dándole total libertad de acciones.

Kagome le quito la ligera prenda que lo cubría y se ruborizo bastante. A pesar de haberlo sentido, nunca se había parado a mirar aquello.

Lo toco con cuidado, como con miedo. Estaba duro al tacto. Parecía tan maleable que no pudo evitar comenzar a acariciarlo. La piel era un poco rugosa, pero no le disgusto. Los ligeros jadeos de Naraku no ayudaron en nada a saciar su curiosidad por la intimidad de su amante, volviendo sus caricias más atrevidas y sagaces.

-Kagome…Para o no podré…

La chica le hizo caso omiso, vengándose de todas las que Naraku le debía en ese momento, mientras escuchaba como los jadeos aumentaban y este le rogaba más que se detuviese.

De pronto, ella paró y Naraku suspiro, igual de alivio que de frustración, creyendo que la chica le había echo caso. Para su sorpresa, se vio obligado a arquear la espalda y gemir con fuerza al sentir la lengua húmeda y calida de la miko recorrer todo su miembro con lentitud.

-Haaa…Kagome…

¿Dónde estaba la niña buena y tímida que acompañaba al bestia de Inuyasha? Desde luego nos e parecía en nada a la mujer que lo tenía haciéndolo gemir de placer, completamente loco por ella y su cuerpo.

Reuniendo todas sus fuerzas de donde no las había, logro hacerla detener y se posiciono sobre ella, casi arrancándole las braguitas que le impedían tomarla.

Decidió corresponder a sus atenciones anteriores y torturarla un poco antes de satisfacerla y hacerla delirar de placer. Pego sus cuerpo completamente, friccionándolos con apremiaba sensualidad y posesionándose de sus labios, pero con cuidado de no apretar contra el vientre de la chica.

Era demasiado calido, la miko apenas podía apuntar la sensación que le producía el duro pene de Naraku rozando su intimidad, chocando y provocándole serios jadeos que pronto se transformaron ene escalofríos cuando su boca quedo sellada por la de él y no pudo expresar el placer que sentía.

En un momento de libertad, apenas alcanzo a susurrarle que acabara ya con aquella agonía que le estaba incendiando el alma y abrasando el cuerpo.

Naraku sonrió ligeramente y la penetro con rudeza, sabiéndola demasiado húmeda como para sentir dolor. La miko grito con placer cuando por fin lo sintió dentro de ella, moviéndose calmadamente, permitiéndole que su cuerpo se adaptara en unos segundos a la placentera invasión y arremetiendo contra ella con todas sus fuerzas poco después.

No podía dejar de gemir, mientras unas tímidas lágrimas se asomaban sus ojos. Naraku la vio y temiendo estar lastimándola redujo el ritmo y se detuvo poco a poco, ella abrió los ojos y lo miro sin entender con un ligero gemido de protesta que su amante malinterpreto.

-¿Na…Naraku, que…?

-¿Te he hecho daño? No quería ser brusco- Se acerco a su rostro y lamió sus lagrimas con cuidado, apenas rozándole la piel con la lengua- Es solo que te echaba de menos y…

No pudo continuar por que la chica se abraso a el pegándolo más a su cuerpo, retomando el contacto que se había roto.

-Sigue, no me haces daño… Es solo que yo también te he echado mucho de menos…

El hanyou le regalo una sonrisa antes de retomar sus “actividades”, con suavidad volvía a introducirse en ella, pero al no ver signos de dolor en sus ojos continuo con la mima fuerza que antes, siempre preocupándose de no volcar su peso ni ejercer demasiada fuerza sobre el vientre apenas abultado de Kagome.

“Kagome” pareció gemir con desespero Naraku mientras aceleraba aun más el ritmo, haciéndola gritar ya sin poder contenerse del placer, mientras las pequeñas pero afiladas uñas de ella se deslizaban por su espalda, arañándola.

Si le dolió, no dio signos de ello cuando sintió como su interior se apretaba más contra el miembro del hanyou, ejerciendo mayor presión sobre la dura expansión que golpeaba con más fuerza que nunca, endureciéndose más por momentos.

-Ahhhh….¡¡¡Aaaahhhh!!!

-Haa…

El descargo los sacudió a ambos al mismo tiempo, cuando el orgasmo los alcanzo simultáneamente y ambos gritaron el nombre del otro antes de explotar en su interior.

  • _KanaË
  • PERVERSUS
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