Jonathan

Publicado por CENTSOARER en el blog Un blog que se actualiza con cierta regularidad. Vistas: 149

He esperado mucho tiempo para poder narrarles la escalofríante historia de Jonathan, el joven que no existe. Y no lo he esperado porque se trate de una historia complicada o moralmente difícil, sino porque, sencillamente, no había podido desenmarañar el asunto de una manera en la cuál pudiera expresar sin jerga y con total elocuencia la magnitud de los hechos. Es bien sabido que la mayoría de los niños han tenido algún amigo imaginario invisible, que está presente de alguna manera y al pasar de los años lo olvidan, o el amigo sólo se va.

Les contaré de un día en especial en el que los 4 (jonathan, Jesús, Andrés y Omar) fueron a sacar copias de un libro, antes de salir habían ido a la biblioteca y se dieron cuenta que sólo había tres libros disponibles, acordaron cooperar entre los tres para sacar copias a las páginas de interés y dárselas a Jonathan. Eventualmente llegaron a la papelería donde fotocopiarían. Jonathan estaba en la banqueta, des espaldas a la calle, Jesús estaba sentado en la banqueta, Andrés estaba recargado en la pared de la papelería viendo pasar los autos y Omar se encontraba dentro, negociando con el empleado, mostrador en medio.

ANDRÉS.- Estaba pensando que... bueno, uno no sabe qué es real y qué no.
JESÚS (jocundo).- No mames, te debrayas pinche Andrés. Pus, pus cómo vas a estar confundiendo lo real, ja ja, praxis, hombre.
Jonathan (voltea de súbito, evidentemente nervioso).- Jejeje... a ver ¿cómo? O sea, es fácil ¿no? Esto es real.

Andrés voltea a ver a Jesús, casi se puede ver cómo comparten sus ideas para elaborar un plan que se forma en el aire.

JESÚS.- Pues... ahora que lo dices, sí. ¿Cómo podemos darnos cuenta de que las cosas que vivimos son reales? Incluso no estoy seguro de que tú Andrés, o tú Jonathan, o el pinche Omar... digo, ninguno de esos cabrones --apunta a gente que pasa cerca sin que lo noten--, ¿quién sabe si existan?

Omar se da cuenta desde adentro y hace un gesto de desapruebo.

ANDRÉS.- Yo creo que todo está en la cabeza, porque ¿qué tal si ahora estamos durmiendo realmente en lugar de estar despiertos? Si podemos simular en nuestras cabezas, durante un sueño, prácticamente todo lo que... pues sí, casi todo lo que nos rodea, ¿cómo estar seguros de que las cosas existen realmente? Yo ya no estoy seguro.

JoNathan.- Pues si tú lo ves y yo lo veo y el Omar sentado allá lo ve, entonces es real, ¡no sean pendejos! --dice Jonathan la última frase con un tono burlesco--

ANDRÉS.- Pero eso no explica nada... ¿no has oído de las alucinaciones colectivas?

JoNaThan.- Nombre, güeyes. No digan tantas mamadas, luego yo me pongo a pensar en ellas y...

Lo interrumpe Omar, saliendo ya con las copias en mano.

OMAR.- Pues son 3 pesos por piocha, a ver sáquenle cabrones, si no no llego a mi casa que está bien pinche lejos.

Todos dan lo que les toca, excepto Jonathan, como acordaron. Luego comienzan caminar hacia el Campus, cada quien a hacer sus respectivas labores.

JESÚS.- ¿Tú cómo sabes qué es lo que existe y qué no, pinche Chino --dirigiéndose a Omar--?

OMAR.- Si lo puedo tocar, oler, gastar, golpear, ver, patear, entonces no hay pedo y existe.

ANDRÉS.- A ver, ¿te acuerdas de los ratones de hace rato? Si les hubiéramos recreado las mismas presiones de su entorno, incluso siendo falsas, conectándoles algunos electrodos a sus jaulas para que sintieran choques al tocarlas, y a cada una les administramos cortisol, ¿qué pasaría?

OMAR.- Jajajajaja, no chingues Andrés, siempre se te va la hebra, cabrón. Pues los ratones andarían como locos, se darían toques a cada rato y probablemente entrarían en un shock tirándose sin reaccionar, totalmente estresados sin hacer nada... o bien podrían...

ANDRÉS.- Salvo alguna excepción extraordinaria, reaccionarían muy similar. ¿Y qué pasaría bajo condiciones parecidas en una psique humana?

OMAR.- Pues hace rato oí de las alucinaciones colectivas, esa podría ser una explicación a eso.

JoNaTHan.- ¿Y qué es eso de las alucinaciones colectivas? --pregunta serio--

ANDRÉS.- Pues, por ejemplo, es como... por ejemplo, en la Segunda Guerra Mundial, todo un regimiento esperaba un ataque evidente, descarado y de frente, por parte de otro ejército y comenzaron a disparar como si de verdad existiera, ellos todos lo veían, pero nadie nunca registró que ahí hubiera un ejército, ni se encontraron cadáveres ni ninguna evidencia y, de hecho, castigaron al comandante relevándolo aunque éste juraba que también los había visto.

OMAR.- Sí, estar bajo las circunstancias de la guerra es un estrés exagerado, y se experimentan cosas extrañas; para una mente civilizada, puede ser análogo al experimento de los ratones.

JoNaTHaN.- En eso tienes razón, si hubiera alguien que nos observara, ese fuera un buen diseño experimental, alterando la neurofisiología de los hombres y haciéndoles sentir tanto estrés, para poder observar los resultados: en este caso es como una... de esas... ¡reacciones! Reacciones en cadena, seguro uno alucinó por su cuenta un ataque, y ese fue suficiente estímulo para que otro lo percibiera de manera similar, y así... pues, los pendejos se agarraron a disparar.

OMAR.- Somos seres muy sociales. Esas cosas pasan, también algún efecto en la salud sobre una población en particular. No sé, una minera cerca que contamine los mantos freáticos con Plomo o la formación de radicales libres dentro del cuerpo mediante algún otro... proceso. Digo, hay otras alucinaciones colectivas como las de la gente que ve OVNIS, un cabrón que esté bien traumado con esas chingaderas va a convencer a otro pendejo...

JONaTHaN.- ¡Ah, ya cállense el hocico, güeyes!

ANDRÉS.- Nombre, ¡es verdad! Qué tal si...

JONATHaN.- Neeee, yo ya me voy. Estar pensando esas cosas no me hace llegar a ningún lugar, mejor me voy a mi casa que tengo un chingo de trabajo, el pinche Pulido dejó bastante tarea y tengo que ir a la Biblioteca de la Facultad de Ciencias al rato, pero ahorita voy a comer porque ya tengo hambre. Ya déjense de pendejadas.

jonathan saluda a todos a modo de despedida, muy apresuradamente. Se separa del grupo y en eso llega Marcos, los saluda también, les pregunta algo que no saben responder y se va expedito.

JESÚS.- Pinche Negro, se alucina el pobre pendejo. Ya se fué a comer y apenas es la una. Ese cabrón es bien susceptible, le puedes decir cualquier pendejada y el cabrón se lo cree y sigue pensando...

ANDRÉS.- Sí. El Jonathan... jajajaja. Hace como tres semanas me enseñó el manuscrito de un libro. Dice que lo invitaron a escribir un libro y que lo va a editar el ¡Fondo de Cultura! Jajajaja, no mames, estaba bien malhecho.

OMAR.- Sí, pinche Negro siempre anda con esas mamadas. Todo se cree el cabrón.

Jesús se queda serio mientras no escucha lo que Omar y Andrés decían claramente a voces. Reacciona con una risa estruendosa.

JESÚS.- Jajaja, es que el Negro es la unión de todas las pendejadas, mamadas y deseos ocultos que tenemos --pasa a lucir sólo jovial--. Sí, piénsenlo un poco.

Omar y Andrés lo piensan un rato, se voltean a ver preguntándose a dónde tienen que llegar con ese retillo impuesto por Jesús. Omar se rinde.

OMAR.- No mames Chucho, qué chingados estás hablando.

JESÚS.- Pues sí, el güey tiene un trabajo que lo hace bastante independiente; hace ejercicio con regularidad, pinche güey bien mamado; va a publicar un capítulo científico en un libro del Fondo; cada uno de nosotros no le da ni un 1% de capacidad cerebral por eso dice puras mamadas; además, es negro, se hace notar con las viejas el cabrón... y, bueno, ya saben qué dicen de los negros.. jeje, ha de tener una vergotota el hijo de la chingada.

Omar, Andrés y Jesús se ríen escandalosamente, sus caras se ponen rojas, casi les salen lágrimas de los ojos, la gente los ve como extraños (más extraños) mientras tanto. Andrés recupera la compostura.

ANDRÉS (acuminada seriedad).- No... pues sí es cierto, ese güey es una creación de todos nosotros. Jaja, por eso es así el güey, les digo que yo no podía creer que existiera alguien así.

OMAR.- Sí, con razón.

Los tres siguen riendo cada vez más levemente hasta separarse, cada quien yendo a donde le corresponde. En algún momento del día, se dan cuenta que todos traen un juego de copias iguales.
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