Historia<--->Cáete angelito

Publicado por Hai Ikurei en el blog »It seems everything will turn out just fine.... Vistas: 65

Leanlo y diganme que les parece hasta donde voy xD

♥♥♥

Mmm…¿Cómo empezare?...

Había una vez…

No, muy rayado…

En un lugar muy lejano…

No, demasiado…Lejos

Haya arriba, (si algo así) donde las nubes son mas blancas que la leche, y el viento, puro como agua de manantial, deja un ambiente tan celestial que no te deja pensar en nada malo, solamente en lo bueno del futuro y en todo lo que tienes por delante, se dice que es donde Él vive, grande, fuerte y bondadoso. Tal como Él es. Rodeado de sus adorados seres blancos y de buen corazón, de aquellos seres que nos protegen de día y de noche, que nos cuidan de los que están haya abajo…

Donde el fuego es lo único que ilumina el oscuro lugar, donde los gritos y los lamentos es lo único que se puede escuchar, reside el otro el, no tan importante como aquel, pero lo suficientemente fuerte como para tener sus propios discípulos, seres oscuros que lo único que desean es ser libres, sin importarles los obstáculos o cosas espantosas que deberán de hacer para obtenerla.

Pero esto no se trata de Ellos, o de lo que poseen, o pueden o no pueden hacer. Se trata de un Ángel y un Demonio, que por cuestiones del destino (ser que aunque no se ve existe) terminaron encontrándose, solo para servir como ejemplo ante todos, y demostrar de esta manera que un ángel puede ir al infierno y un demonio puede ir al cielo…

*-*-*-*

Le tocaba revisión en el mundo de los humanos, un lugar que no le incomodaba, todo lo contrario le provocaba curiosidad. La manera en que se comunicaban, se tocaban o incluso se miraban esos seres era algo impresionante, como un código de miles de años de antigüedad esperando a ser descifrado.

El Señor le había comentado que varios seres del Inframundo habían logrado llegar al mundo de los humanos, y de esta manera llegar a poseerlos y atacar a esos seres tan delicados.

La noticia le había provocado temor, no quería que nada le sucediera a esos seres, y aprovechando su revisión, decidió echarle un vistazo principalmente a las áreas oscuras de las llamadas “ciudades”, y también a esos “bares” y “clubes nocturnos” que la gente desdichada y aburrida decidía visitar de vez en cuando.

*-*-*-*

-Ahora entiendo- decía ella, el ángel, al momento que entraba en uno de esos lugares.

Claro que ella no era vista, ni podía tampoco ser tocada; ella era la única que podía verlos, y si lo deseaba, tocarlos levemente para hacerles saber de su presencia.

El lugar poseía una tenue iluminación, y las sillas y mesas que se regaban alrededor del lugar estaban casi todas ocupadas por dos o mas personas, exceptuando una de ellas, donde se encontraba un hombre, al parecer adentrado en sus propios pensamientos, los cuales fueron rotos por una camarera que se le había acercado preguntado si deseaba que le sirviera una bebida…

-No gracias- había dicho él, mientras fijaba su vista en el escenario, donde bailaba muy provocativamente una mujer con un cuerpo tan extrañamente proporcionado que el ángel incluso llego a preguntarse como era que no se caía de boca.

Se acerco más al hombre, guiada por una fuerza que nunca había sentido, que por primera vez escuchaba en su angelical cabeza, pidiéndole, rogándole que se aproximara, diciéndole en susurros que ya no podía más, que la necesitaba.

Pudo notar como el cuerpo de aquel hombre, que al verlo más de cerca se veía mucho mas joven, se tensaba, y luego de repente volvía al estado aletargado que había adoptado desde que ella había entrado al lugar.

Finalmente logro estar detrás de él, separados por solo unos milímetros, y no pudo evitar soplar su oído derecho. ¿Que eran estas sensaciones que de pronto la invadían?

El joven no hizo ningún movimiento, lo cual provoco que otras preguntas se incrustaran en el cerebro de la pequeña angelita; pero antes de que pudiera alejarse o incluso esconderse mejor de vistas humanas, pudo notar como la cabeza cubierta de cabello negro y corto, se volteaba lentamente hasta quedar a solo centímetros de la de ella, clavándose de esta manera ojos azules en ojos castaños casi miel, que se habían detenido sin poder encontrar una salida para poder correr.

-No sabía que habían enviado Ángeles- comento él secamente, al momento que rozaba sus labios con los de ella.
No podía moverse, no sabía por que, pero se sentía como un conejo a punto de ser atacado por un lobo.

-¿Quien eres?- había logrado encontrar su voz de manera milagrosa, lo cual la hacia sentirse un poco mas relajada, al menos sabia que su Señor se encontraba con ella.

-No me digas que no te has dado cuenta- dijo él en un tono burlón casi sarcástico, pero al darse cuenta de que el ángel no daba señales de vida, lo único que pudo hacer fue suspirar y explicarle lo que ella ya debería de saber- Soy un
Demonio, encargado en tentar a los humanos a la lujuria y el deseo, vivo aquí desde hace mas de mil años, y debo de aceptar que me asombra, no solo tu ingenuidad y tu…Como puedo decirlo…¿Falta de cultura?...Si no también el hecho de que por primera vez veo a un ángel visitar mi hogar, y si me hubieran dicho con anterioridad, me hubiera vestido de manera presentable – terminó él con una sonrisa tan grande que el ángel pensó que su cara se iba a partir por la mitad.

-¿Un Demonio Lujurioso?- pregunto ella de manera inocente.

-Bueno…Si así es como nos llaman en donde vives, es eso lo que soy- dijo él finalmente, al momento que se paraba de su asiento sin llamar la atención de nadie, al parecer él también estaba usando un encanto para evitar ser visto por los humanos, y eso le provocaba aun mas curiosidad, si eso era posible, al ángel, que por alguna razón no podía ni articular palabra alguna estando cerca de ese Demonio.

*-*-*-*

Ya habían pasado varias horas, de acuerdo al tiempo de los humanos, pero para ellos solo eran unos insignificantes minutos, que no podían ser comparados con la larga línea de vida que poseían.

No paraban de hablar, parecía como si se conocieran de hace décadas, algo que intrigaba no solo al ángel sino también al demonio, que no podía quitar sus ojos del pequeño ser de cabello castaño que caminaba al lado de él.

-Así que perdiste tu vida en un accidente de transito- comento el demonio curioso.

-Si, me impresiona que te hayas quitado la vida bebiendo… ¿Petróleo?- el ángel estaba asombrado, cada vez, modificaban de manera extravagante la manera de quitarse uno mismo la vida.

-Mejor no preguntes, ese fue un amigo que me dio la idea, y luego de eso no pude quitarme eso de la cabeza, hasta que…Bueno…Ya me imagino que sabes como termina la historia- tristeza antigua opacaba su comentario, y ella lo había notado, el demonio estaba triste, no, no triste, mas bien, arrepentido.

-Lo siento- se disculpo ella al momento que se acercaba al demonio y recostaba su cabeza en el hombro de él.

Sintió como los músculos de su brazo y hombro se tensaban, mientras que él se alejaba y ponía un poco más de distancia entre ellos.

-“Me tiene miedo”- pensó ella, mientras que colocaba sus manos en la cara del demonio y de esta manera hacerlo mirarla- ¿Que sucede?

-No deberíamos estar haciendo esto-

Podría ser el colmo más grande de la historia, no, mas bien, era el colmo mas grande la historia, ahora era el demonio el que seguía las normas, y el ángel el que deseaba incumplirlas; el demonio era el que ahora le temía al castigo, y el ángel era el que deseaba indagar en lo que no sabía.

-No…No importa- dijo ella insegura, dejándose llevar por él y su intoxicante rostro- Lo que…No saben, no les hará daño…¿Verdad?- y sus ojos castaños casi miel ahora brillaban, mientras el sol descendía sobre el horizonte dejando que destellos naranjas llenaran el enorme techo del mundo.

-Sabes muy bien en lo que te estas metiendo, ¿no seria mas inteligente que te fueras?-

-Yo…-

-Tienes que irte-

-Por…-

-¡Ahora!- no había dejado que el ángel dijera otra cosa, se sentía raro, y no le gustaba para nada lo que estaba sucediendo, si haya abajo se enteraban de esto, lo mandarían a recorrer los 10 infiernos, y si era posible otros mas, porque esto no debería de estar pasando, ¡era ilógico!

Ambos se miraban fijamente a los ojos, el ángel intentando de calmar el alma del demonio y convencerlo de seguir con ella, mientras que el demonio intentaba de asustar al ángel y de esta manera lograr que ella se fuera y lo dejara solo.

-¿Como puedes ser tan malo?- preguntó ella luego de varios minutos de silencio, con lágrimas en sus ojos.

-¡¿Pues acaso se te olvido que soy un Demonio?! ¡Mi trabajo es ser malo! M-A-L-O… ¡MA-LO! ¡ESO ES LO QUE SOY! ¡PARA ESO VIVO MALDITA SEA!- gritó él, ya exhausto del ángel frente a él, deseando que se fuera y lo dejara en paz por el resto de su miserable “vida”.

Pudo notar como los cachetes de él se coloreaban de un rojo intenso, debido a la rabia y al grito que la acababa de lanzar, y su aspecto solo le produjo una necesidad mas grande de seguir ahí, y saber de una vez por todas el porque de su comportamiento. Pero al internalizar mejor lo que le había dicho, mayores lágrimas empezaron a brotar por sus finos y angelicales ojos. Le había gritado, dicho indirectamente que era una tonta buena para nada, y al mismo tiempo había maldecido.

-“Mi Señor perdónelo, por favor”- rogó ella por el demonio que la había insultado, mostrándole a su querido Padre el enorme corazón de ángel que poseía.

No le dio tiempo de responder, ya que al momento que fijaba su atención nuevamente en el demonio, se dio cuenta de que él, ya no estaba. Había desaparecido, y la había dejado sola…

*-*-*-*

-Malditos…Malditos los Ángeles…Malditos todos- blasfemaba él mientras que su alma hacia una loca carrera para alejarse del ángel.

Estaba confundido, primera vez que sentía una presión en su pecho desde hace ya varios años… ¿Acaso se sentía atraído por el ángel?

-Eso es imposible- susurró mientras que se detenía en un claro lleno de tulipanes- es como decir que Lucifer no nos tortura…-

Sus palabras se detuvieron en seco… ¡Estaba insultando a su amo! ¿Acaso estaba loco?...

-Es posible- se respondió el mismo mientras que sus labios se curveaban en una irónica sonrisa- ¡Hasta me estoy respondiendo a mi mismo!-

El viento movía suave las flores, pero el no podía sentir el viento. Ya se había acostumbrado a eso, pero por alguna razón, en ese momento deseaba sentirlo, sentir el viento en su rostro, moviéndole lentamente unas hebras de cabello, calmándolo, como siempre había sucedido cuando estaba vivo.

Imágenes borrosas de su vida pasaban por su mente, sonrisas, toques, palabras. Rostros de chicos y chicas, a los cuales el había visto o provocado morir. Hombres y mujeres mayores a los cuales les había inyectado lujuria en su sangre, sin dejarles ninguna luz, ningún sosiego al alma.

Se encontraba ahora parcialmente sentado sobre un tronco caído, con su traje negro flotando en el espacio, sin tampoco sentir el viendo que ahora pasaba sin problema a través de su etéreo cuerpo.

Recordó como el traje blanco del ángel se acoplaba a ese pequeño cuerpo, tan sutil y abierto, que se atrevió a hablar con algo que para su clase es prohibida. Recordar a ese ser solo le daban ganas de…

-¡Ya basta!- lanzo sus manos a su cabeza intentando detener las imágenes que inundaban su mente-¡Detente! ¡Basta!-

-Acaso tu propio poder te está dominando, pequeño demonio…-

Sabia muy bien de quien era esa voz, y lo único que le provocaba era sentir temor.

-Pobre de ti, y eso que eras uno de los mejores de tu clase…-

La voz le susurro otra vez, con algo de cinismo.

-Por…Favor…Has que pare…Detenlo- suplico el demonio ya sin fuerzas. No podía más, las imágenes de él y el ángel besándose lo estaban ahogando.

-No, ese es tu castigo. ¡Insolente! ¿Creías que no me enteraría imbécil? Bueno… ¡Sorpresa! Estoy aquí, lo se, además de hablar con ella me insultas. Te quedaras así, el tiempo que yo desee…-

Carcajadas inundaban el ambiente, que ahora era obscuro, abarcado por una capa de humo negra que no dejaba a los bellos tulipanes respirar, matándolas lentamente.

-Incluso, me gustaría matarte, ¿quieres morir pequeño demonio?... ¿Otra vez?-

Ahora la voz era cada vez mas débil la luz había empezado a sobreponerse en la obscuridad… ¿Acaso lo estaban ayudando?...

Luego de unos minutos todo el humo se había disipado, dejando frente a el una imagen que lo único que hizo fue empeorar su estado. Los tulipanes que anteriormente poseían colores brillantes, ahora estaban quemados, convertidos en cenizas, sin vida…

-“Así termina todo, cuando yo me acerco, sin vida…”-

Y eso era lo único que le faltaba…Que su amo le afirmara su peor temor…Que le escupiera en la cara la verdad…

La amaba, amaba a ese ser con alas blancas y de corazón grande; y ya no había manera de remediarlo…


♥♥♥♥

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