Historia del Alquimista.

Publicado por Rwida Raud en el blog Intradiégesis. Vistas: 37

Nuestra Señora, con el Niño Jesús en sus brazos, decidió bajar a la Tierra y visitar un monasterio. Orgullosos, todos los sacerdotes formaron una gran fila y cada uno llegaba ante la Virgen para rendirle homenaje. Uno declamó bellos poemas, otro mostró sus ilustraciones de la Biblia, un tercero dijo el nombre de todos los santos. Y así, monje tras monje, todos fueron homenajeando a Nuestra Señora y al Niño Jesús.

En el último lugar de la fila había un monje, el más humilde del convento, que nunca había aprendido los sabios textos de la época. Sus padres eran personas sencillas, que trabajaban en un viejo circo de los alrededores, y todo lo que le habían enseñado era arrojar bolas al aire y hacer algunos malabarismos.

Cuando le llegó el turno, los otros monjes querían poner fin a los homenajes, porque el antiguo malabarista no tenía nada importante que decir y podía deslucir la imagen del convento. Sin embargo, en el fondo de su corazón, también él sentía una inmensa necesidad de dar alguna cosa de sí para Jesús y la Virgen.

Avergonzado, sintiendo las miradas reprobadoras de sus hermanos, sacó del bolsillo unas naranjas y empezó a lanzarlas al aire haciendo malabarismos, que era lo único que sabía hacer.

Fue en este instante cuando el Niño Jesús sonrió y comenzó a batir palmas desde los brazos de Nuestra Señora. Y fue para este monje que la Virgen extendió los brazos, dejando que sostuviese un rato en los suyos al divino Niño.
  • Sayuri
  • Rwida Raud
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