Este capitulo se llama "El Dolor del Rechazo" y esta incompleto...

Publicado por Akio Takami en el blog The Queen of The Underworld. Vistas: 351

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El Dolor del rechazo, el dolor de perder absolutamente todo lo que eres, todo lo que es tuyo por naturaleza, la ira de los guerreros que nacieron para estar en el campo, ninguno culpable, y ninguno inocente, repugnantes a los ojos del que quiere dominar una tierra que rechaza; podía sentirse en el aire la angustia, podía verse, podía olerse, los únicos en pie entre un mar de cuerpos cercenados de dos razas distintas, eran heridos de batalla, heridos de muerte, algunos heridos de una forma incorpórea mas profunda; en toda la colina de negra tierra y aire saturado de humedad de pantano, solo se veían seres de pieles azul grisácea, llorando, gimiendo, gritando de dolor, y solo quienes tenían la entereza para seguir aun en pie estaban congelados ante aquel sombrío panorama, demasiado devastados para ayudar.
Despertando de la inconsciencia provocada por el golpe de la empuñadura de una espada, abrió los ojos; imágenes horribles entraban a su mente, sonidos escalofriantes, demasiados para asimilarlos juntos, con aquel pitido en sus tímpanos, el dolor de cabeza abrumador y el olor a tierra putrefacta se inundaban sus sentidos, con el mayor esfuerzo que pudo hacer en su vida movió los brazos e impulsándose con ellos levanto su torso de la fría y podrida tierra, se apoyo con sus rodillas y se sentó sobre sus pantorrillas, dejo caer pesadamente sus brazos, levanto la vista al amplio campo de la colina, las zonas más bajas tenían cientos de cuerpos acumulados por la gravedad que los hizo rodar hasta abajo, algunos seres pálidos habían despertado al igual, e intentaban hacer reaccionar a los petrificados observadores, algunos intentaban salvar la vida de sus hermanos heridos y aliviar antes de la inevitable muerte a otros; Empezaba a asimilar la escena que tenia frente a sí, el pitido agudo en sus oídos estaba desapareciendo y los gritos y chillidos tomaban sentido y direcciones, algunos se apagaban y otros eran más estruendosos, el olor no desaparecía, y las imágenes cobraban de nuevo sentido, el dolor de cabeza no se iba.
Como pudo se puso de pie, apoyándose en algunos cuerpos, ya la muerte no era sorprendente; sentía un gran mareo y sus piernas fallaban para mantenerle en pie, y luego… volvió en sí, la preocupación por el resultado de la batalla le abrumaba, como pudo subió a una montaña de cuerpos, cuerpos cuyas pieles color rosáceo entonaban su fuerte color claro ante la oscuridad del ambiente, subió con mucho esfuerzo sobre unos diez cadáveres amontonados por alguna razón y al llegar a la cima pudo incorporarse y de alguna forma mantener el equilibrio.
Observo a su alrededor una escena de una batalla que parecía perdida, pero lo cierto es que solo sus hermanos estaban en pie, estaban demasiado ocupados en su propio sufrimiento para darse cuenta de que les observaban, todos excepto un joven que parecía poco inmutado con lo ocurrido; le observó fijamente atento a sus movimientos, la silueta de una mujer poco esbelta y delgada de largo cabello negro como la mayoría, su rostro de facciones suaves estaba lleno de barro y sangre, sus manos cortadas también llenas de la sangre del más brillante carmín, que aun brotaba mezclada con la sangre más oscura a efecto de la coagulación, sangre ajena, Sus rodillas llenas de barro y su cabello sucio de más sangre y barro, en su antebrazo izquierdo clavada una daga que al parecer no sentía en absoluto, el joven solo siguió observando desde su lugar sentado en el lodo. Ella giraba su cuerpo para poder ver ampliamente todo su alrededor, cuando volvió hacia su posición inicial fue cuando pudo empezar a sentir la miseria de semejante tragedia, como un terrible desgarro a sus vísceras sintió la más fuerte punzada del dolor, un dolor incorpóreo fuera de su medio físico, sus lagrimas brotaban y se deslizaban dificultosamente por el barro seco de sus mejillas, cayó de rodillas sobre los cuerpos y con su mano apretó con fuerza su antebrazo y fue allí cuando se encontró con el dolor de la daga clavada, la saco con rapidez y precisión dejando salir un gemido de dolor; Volvió a echar un vistazo a su alrededor, sintiéndose invadida por la tristeza y dejo salir un estruendoso grito, rompió el aire, corto lagrimas e inundo de terror el campo, muchos voltearon en busca del origen de tal estremecedor lamento, cuando las miradas se fijaron en ella se acercaron los que pudieron, como pudieron.
Ella dejo salir hasta su último aliento como si se tratase de un gas venenoso, tanta ira y dolor salieron de sí que le dejaron débil y vacía, intentó volver a bajar de la montaña de cuerpos sin vida, pero esta ya no tenía las fuerzas para mantener el equilibrio, así que se deslizo por sobre ellos dejándose caer por la gravedad, de nuevo en el lodo y sin un rumbo que tomar, intento caminar hacia los hermanos demonios que se acercaban a ella llenos de curiosidad, daba vagos pasos cortos, pasos torpes y muy lentos.
El joven sentado en el lodo comenzó a incorporarse a medida que ella se acercaba y pasaba cerca de él, observo cómo se tropezó con el brazo de un cadáver cayendo abruptamente sobre el lodo, los demás se acercaban lentamente para ayudarle, pero solo él fue lo suficientemente rápido y observador para fijarse en que había caído sobre la punta de una espada la tomo bruscamente del brazo y la levanto, en un movimiento ágil tomo el brazo de ella y rodeo su cuello, al levantarse fue evidente el daño de la espada, esta había atravesado su tórax, justo entre dos costillas; El camino con ella casi inconsciente con ayuda de la multitud de demonios hacia un puesto de avanzada bastante más lejos.



Al llegar al puesto, la salud de ella se había deteriorado al punto de que a pesar de estar consiente se encontraba ausente de su entorno, no podía analizar su situación y solo veía siluetas borrosas; El joven ayudo a recostarla sobre una camilla, uno de los pocos que no entro en calor de la batalla fue un curandero, quien miro a la joven mujer malherida con un semblante poco esperanzador.
-Puede que sea demasiado tarde- le dijo el curandero al joven- Hare lo posible…
El joven sin decir nada se limitó a observar
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