enmascarados

Publicado por Ewilan en el blog gaby. Vistas: 167

Los dedos de Inuyasha se sumergieron entre la mata de su pelo y sujetandola por la nuca la acercó a su boca para besarla. Kagome se dejó llevar, desde el mismo instante en que entraran en piso se sabía perdida. La lengua de Inuyasha se movió dentro de ella en una lujuriosa danza que la desarmó por completo. Después de saborearla a su antojo, abandonó sus labios para dedicarse a martirizar la delicada y sensible piel de su cuello. Kagome gimió de placer al verse asaltada por maravillosas sensaciones que hicieron que su sexo se humedecira rápidamente. Sus manos cobraron vida propia y comenzaron a acariciar ansiosamente el cuerpo fuerte y musculoso del hombre. Una pasión desenfrenada se apoderó de ellos. Inuyasha comenzó a desvestir a Kagome tan rápidamente como los botones y cremalleras se lo permitieron sin dejar de besarla. No podía dejar de sertirla ni por un momento. Una vez conseguido, ella quedó desnuda frente a él y un brillo malicioso apareció en sus ojos. No podía creer lo que estaba sucediendo, no podía ser un sueño otra vez, tenía que estar segura de que esta vez ocurria de verdad. Ella se acercó a él totalmente, pegando el cuerpo al suyo, como si quisiera meterse debajo de su piel y comenzó ha dibujar un camino de fuego con su boca hacia abajo, mientras con sus manos liberaba su miembro endurecido. Inuyasha todavía de pie, apoyo una mano en una de las sillas para no perder el equilibrio. La boca de Kagome encerró totalmente su sexo para lamerlo en toda su longitud. Inuyasha cerró con fuerza la mano con la se sujetaba, haciendo que en ella se marcaran cada uno de sus nudillos que se tornaron blanquecinos, aquella mujer lo volvería loco. La lengua húmeda y juguetona de Kagome acariciaba la punta de su falo, enviando descargas de eléctrico placer. Inuyasha gemia, si seguía haciendole aquello lo mataría. La miró con la intención de que ella entendiera que no aguantaría demasiado tiempo aquel tormento pero fué un terrible error. Kagome seguia besando, masajendo y lamiendolo mientras le miraba con picardía. El deseo mezclado con la lujuria que vió en sus ojos hizo que perdiera el último atisbo de control que le quedaba y soltó un profundo gruñido. Cojiendola por la cabeza la colocó de forma que su abdomen descansara sobre el tapiz de la silla y su trasero quedaba totalmente expuesto a su amante. En aquella posición Kagome no podía ver lo que él se proponia.
Inuyasha posó sus manos en el trasero de Kagome, aquel duro y bien formado trasero que tantas veces había recordado y le había robado el sueño y lo apretó con fuerza pero sin hacerle daño. Poco después, Kagome sintió como la lengua de él comenzó a pasearse por el final de su espalda mientras subia y subia por ella poco a poco haciendo que el escalofrío que sintió al comenzar no fuera sino un lejano eco de lo que aquello era. Cuando la boca de Inuyasha se apoderó del lóbulo de su oreja notó como hacía exactamente lo mismo esta vez con otra parte de su anatomía. La punta de su miembro rozaba y acariciaba su sexo haciendo que las sensaciones se volviera cada vez más intensas y que se empezara ha formar en aquel lugar un remolino de fuego líquido que amenazaba con quemarla. El placer que sentía era tan fuerte que creyo que llegaría al clímax sin necesidad de nada más. Inuyasha se delitó escuchando los gemidos que escapaban de la garganta de Kagome y se excitó aún más. Retirándose un poco la levantó tan sólo para darle la vuelta y volverla a dejar sobre la silla y la penetró mientras de su propia boca soltaba un rugido que hubiera asustado al mismisimo demonio. Kagome envolvió con sus hermosas piernas las caderas de Inuyasha para hacer la penetración más profunda y se adaptó al ritmo impuesto por él. Mientras, Inuyasha se apoderó de un pezón que comenzó a atormentar dulcemente subsionandolo y soltandolo cada vez. Kagome le rodeó la cabeza con los brazos para pasar sus uñas por las espalda.

- Mi pequeña fierecilla –dijo Inuyasha con la voz ronca de puro deseo.

Cojiendola por la cintura la alzó sin dificultad y la apoyó en la pared. Kagome maravillada por su poderosa fuerza undió su boca en la de él donde ahogó una exclamación cuando Inuyasha siguió penetrándola con renovado empeño. Los dos estallaron en un gran final, como cohetes que estallan en el cielo tiñendolo de hermosos y brillantes colores. Inuyasha seguía sumergido en ella, todavía reticente de abandonar aquella maravillosa, humeda y cálida prisión hecha a su medida. Kagome descansó su cabeza en el hueco de su poderoso hombro mientras lo abrazaba.

- No desaparezcas ahora, otra vez no.
- No lo haré gatita, no lo haré.
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