El problema con Alonso.

Publicado por Skafôlickësh en el blog This is HARDCORE. Vistas: 63

Soy una persona amargada, caprichosa, voluble, infantil, necia, inconforme, terca, apática, antipática, enamoradiza, promiscua cuando se me antoja, seria cuando se me hincha, estúpida cuando me descuido, impertinente cuando me emborracho, violenta cuando me provocan, nostálgica cuando me da el síndrome premenstrual. No soy bonita, no estoy buena, no soy especialmente encantadora, no sonrío a desconocidos, tengo un humor de la quinta jodida y me aburro fácilmente de la gente y de las cosas que más me costaron conseguir -y es por eso que las dejo que se pierdan y me regodeo en una segunda búsqueda de pertenencia que desemboca en lo mismo hasta que me tumbo el rollo y pego fuga a la tercera o cuarta vez-.

En síntesis, soy una mierda de persona con la cual nadie en sus cinco sentidos querría involucrarse jamás, al menos en el plano romántico. Pero siempre, por alguna extraña razón, la gente que se ha atrevido a hacer el intento termina volviendo, o en su defecto, olvidándose de mí mucho tiempo después de que se haya dado una ruptura de lazos. Siempre. Invariablemente.

(Y eso es algo que a mí siempre me ha gustado mucho).

En los últimos meses he recibido llamadas, mensajes y correos electrónicos con pretenciones amorosas de gente con la cual tuve que ver hace uno o dos años. Los mandé categóricamente a la mierda, pero se sentía muy bien de saber que aún manifestaban un interés en mí (salvo con Kevin, que me dará asco el resto de mi vida).

Alonso me tenía hasta la mierda cuando estábamos juntos. Teníamos ratos muy felices, sí, pero los pleitos eran verdaderas tragedias. Éramos muy distintos, demasiado. Él era muy niño y yo era muy mierda con él. Lo hice sufrir mucho y me hizo sufrir mucho. Comencé a ser novia de Luis ni un mes después de terminar con él, y le dolió, me lo dijo. Lo ví tocando en un bar, y al terminar, una puta le ayudaba a cargar los platillos y los atriles (¡y ese era mi trabajo cuando estaba con él!). Lo busqué yo -ebria-, y nos vimos un par de veces. Me dijo que todavía me quería, y que terminara con Luis. Lo hice, aunque no duró mucho, porque me enteré por él mismo que se había besado con la puta de los platillos y los atriles. Repentinamente se hartó de mí, y no lo culpo, sinceramente, porque yo misma lo hago con frecuencia, y él -igual que yo- es del tipo de personas que no gustan de estar solas y que se desafanan completamente de una relación justo cuando ven que otra tiene posibilidades de comenzar.

Lo entiendo, pero no me siento bien. Es la primera vez que me ocurre algo así, y se siente de la mierda, porque sé que esta vez no es una técnica fríamente calculada para ponerme celosa, sino que en serio se está echando a la puta esa -que para colmo de males se parece físicamente a mí-.

No andaría con él de nuevo ni a palos. Pero es la primera vez que me imagino que alguien que hubiera estado conmigo pueda estar con alguien más sintiendo las mismas -o más- cosas que yo le hice sentir, y me carcome las entrañas, no me gusta, no quiero que pase. Me purga.

(También soy una persona bastante egoísta).

Él es un niño tonto de 17 años y es la única persona en la vida que me ha hecho sentir así. Creo que por eso me está trastornando tanto últimamente.

(Y es muy triste, porque es el tipo de cosas que me hacen pensar estúpidamente "Oh cielos, ha de ser el amor de mi vida").
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