El Nuevo Señor de Cair Paravel - [Cap 2]

Publicado por YouraiMitala en el blog ¡Danbocity!. Vistas: 110

[FONT=&quot]Ahora dejemos un poco de lado a los jóvenes de Calormen, y enfoquémonos en los náufragos telmarinos. No bien la canoa encalló en la arena, todos bajaron, y colocaron las pertenencias que habían podido salvar sobre la arena. La playa no se extendía mucho más allá, ya que era detenida por altos y enormes acantilados. A la derecha, un gran umbral de piedra daba paso a más playa, pero con la excepción de que ésta era mucho más extensa, y a varios metros del mar se contemplaba un verde y espeso bosque. A la izquierda, los grandes peñascos impedían el paso a uno o dos kilómetros de donde estaban estas personas. Como calcularon que el mar llegaría a ellos al anochecer si acampaban junto a los escarpados acantilados, optaron por atravesar el umbral y armar su campamento junto al bosque, o incluso dentro de él, depende el clima con el cual se encontraran caído el atardecer. La noche de ese día fue espléndida. El oscuro y extenso firmamento se alzaba majestuoso sobre ellos, salpicado con cientos de estrellas titilantes. La luna permanecía en su estado completo, pero con la excepción de que ésa noche brillaba más que nunca, según el Dr. Cornelius, que tantas noches de luna llena había tenido el privilegio de presenciar. El bosque desprendía aromas impecables. Dulces y frescos, siendo una delicia para el muchacho y su profesor. Al parecer, Miraz y su general no contemplaban la belleza natural que los rodeaba, sino que estaban inmersos en sus planes para poder sobrevivir en esas “tierras desconocidas”. La hora de cenar llegó cuando Glozzelle y Caspian lograron encontrar suficiente cantidad de leña para prender una fogata. La poca comida que salvaron de Telmar fueron tres hogazas de pan, dos coliflores y un pedazo de carne de buey. Miraz, quien poseía la espada más filosa, se adentró en el bosque para tratar de cazar algún animal salvaje.[/FONT]
[FONT=&quot]Increíble es el destino, que dos semanas atrás, Arsheesh y sus cuatro hijos adoptivos habían decidido salir de campamento por algunas semanas. Ya cuando ahorraron suficientes mediaslunas, cada uno montó un corcel del establo y se adentraron en el desierto. Luego de una semana de puro andar, llegaron a Tashbaan, la gran ciudad del Sur. Allí descansaron dos días. Se hospedaron en un hotel, se relajaron y comieron y bebieron las comidas más deliciosas que se ofrecían en el bazar. Y así, luego de salir de Tashbaan siguieron a galope por el desierto durante tres días, y llegaron al camino serpenteante entre las montañas, el cual los llevaría a Narnia. Tardaron otros 4 días en cruzar los infinitos valles y mesetas, hasta que por fin llegaron al “Mar de Cair Paravel”, como se le llamaba a las hectáreas cercanas a los acantilados y el océano. Sobre los primeros, yacía el castillo en el cual, según la profecía narniana, vivirían los cuatro reyes y reinas de Narnia. Al desmontar y preparar las tiendas, Edmund notó que quedaba poca comida para el tiempo que estarían allí, sumado a la vuelta a Calormen. Por esa razón, Susan y Edmund tomaron sus arcos, y Peter y Arsheesh sus espadas, y se adentraron en el espeso bosque próximo a ellos para conseguir más comida. Las instrucciones del pescador habían sido claras: “Lucy, quédate aquí hasta que volvamos. En lo posible, busca leña en las afueras del bosque, pero no te adentres mucho en él, ya que puede ser peligroso. No hables con extraños, y cuídate mucho, sí?”. Pero, como a toda niña, la tentación de saber que había sobre los acantilados la sedujo de tal manera, que comenzó a subir. Rodeó toda una ladera, sin encontrar un camino, hasta que por fin, del otro lado, una angosta y larga escalera de piedra rodeaba los peñascos. Con sus pequeños pies pisó escalón por escalón hasta llegar al final. Ya casi al llegar, el vértigo en la niña era tal que debió continuar agachada, utilizando también las manos sobre el suelo. Al concluir las escaleras, notó que estaba del otro lado, y que bajo ella yacía la seca arena, próxima a un profundo y tranquilo océano. Delante de Lucy, un pequeño predio de césped daba lugar a una docena de manzanos, y todo el suelo permanecía cubierto de pequeñas flores azules. Continuó por el sendero, y se encontró con una enorme reja de plata, resplandeciente al chocar contra el crepúsculo dorado. Entonces fue en ese momento cuando despertó del sueño y se dio cuenta de que su padre y sus hermanos ya deberían estar buscándola. Se dio media vuelta y cuando comenzó a retornar, las enormes puertas se fueron abriendo paulatinamente, hasta estar abiertas de par en par. Nuevamente, Lucy se hundió en sus pensamientos y su enorme imaginación, con la curiosidad de que habría allí dentro. Al atravesar el umbral, se encontró dentro de una especie de gran bosque. Los árboles yacían esparcidos por doquier, como un laberinto. La niña dio sus primeros intentos de llegar a su final en vano, cuando una dríada del bosque se posó delicadamente delante de ella. “Lo único que recuerdo, es que era hermosa y delicada”, les relataba mucho después Lucy a sus nietos de aquella extravagante aventura, y así estos se lo contarían a sus hijos, y a los hijos de sus hijos. La extraña criatura estaba compuesta de pétalos de rosa que sólo contorneaban la forma del cuerpo de una mujer. Saludó a Lucy, y mientras reía alegremente le extendió su mano, para que la siguiera. Así logró llegar a otra reja de plata que se abrió ante ella. Luego del bosque, un largo y ancho camino de terracota permanecia sobre el suelo, bordeado por flores con tallos gruesos y altos, como jazmines y rosas rojas. Del lado izquierdo, el costado del acantilado, era cubierto por rejas negras y altas. Tan, tan altas, que algunos de sus picos podían acariciar las nubes. Llegado el final del camino, un enorme y majestuoso castillo se alzó, dorado y enorme, ante los ojos de Lucy. Toda la zona era invadida por una fragancia exquisita. Nunca supo como describir la paz que sentía en esos momentos. El aroma, embriagador y dulce como ninguno, la transportaba a algo mucho más allá que un sueño, donde ella podía decidir que hacer y que tocar; que sentir, y hacia donde ir.

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Siguiendo el consejo de mi má, corté el primer capítulo para que no se hiciese muy tedioso, y agrandé un chiquitín la letra :D
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