El hombre más feliz del mundo

Publicado por Voodoo Girl en el blog The joy of what it means to be me. Vistas: 99

Cuando yo aún era una estudiante modelo, por aquellos tiempos en los que asístía a la secundaria hace ya bastantes ayeres (sumen los días de 7 años aprox.) Había un profesor que me tenía en alta estima (uno de tantos), solo recuerdo que se apellidaba Olvera... y le decía el chocotorro, decíase que mantenía affairs con algunas de las alumnas más curveadillas de la secundaria... yo le tenía cierta repulsión, pero la materia que nos impartía era de mis favoritas, el nos daba Actividades Estéticas, fué ahí donde aprendí los diferentes tipos de falacias que hay, algo de redacción y estilo y el dolor de cabeza y los instintos asesinos que afloran en el director de la obra escolar... La cosa es que en esa clase, el profesor nos dejaba escribir poemas, casi siempre me felicitaba por lo que escribía, la verdad es que ahora no recuerdo que tipo de poemas escribía en aquel entonces, le daba tan poca importancia a la tarea de esa materia que simplemente escribía lo que se me ocurriera y ya eso era todo. Una vez nos dejo escribir un cuento, yo escribí uno acerca de un par de viejos amigos que compartiendo unas copas de whiskey terminaron hablando acerca de la historia de una supuesta "aparecida" de los alrededores y terminaron haciendo una apuesta acerca de a veracidad de la historia. Cuando terminé de narrarla supe que al profesor no le había gustado, después de todo era una persona muy fácil de leer, mi historia aunque tenía un trasfondo de horror se centraba más en la conversación entre dos viejos amigos que habían compartido varias experiencias en la vida, sin más era una página cualquiera en el diario de un casi anciano. Después leyeron otros de mis compañeros, y de pronto comenzé a escuchar una historia que me llamó mucho la atención, no tanto la historia, si no quien la contaba... el cuento decía algo así como: Había una vez un rey que estaba muy enfermo... nadie se explicaba su enfermedad hasta que alguien le dijo que le curaría ponerse la camisa del hombre más feiz del mundo, pero cuando lo encontraron era tan pobre que no tenía camisa... Ese es el resúmen del cuento, si quisiera se los pondría textual tal y como mi compañera lo leyó de su cuaderno, y no por que mi memoria sea prodigiosa, si no por que ese cuento lo podría encontrar publicado bajo el título de: El hombre más feliz del mundo, y seguramente se encuentra en internet, pues para cuando mi compañera leyó el cuento en la clase yo ya lo había leído en un libro de fábulas para niños, el notar que el cuento no era de ella me hubiese parecido total y completamente irrelevante si no hubiese sido por que Daniela era precisamente una de esas personas que se creían mucho por estudiar tarde y noche, hacer todos los deberes de manera excelsa y tener una rectitud inquebrantable, más de una vez me había expresado el desdén que me tenía por no considerarme una chica que mereciera el tipo de calificaciones que tenía, las razones que tenía para decir eso no las sé, jamás se las pregunté, yo solo me limitaba a escuchar los comentarios que tenía ella para mí, voltearme y contestarle se me hacía algo cruel de mi parte, después de todo ella siempre estaba sola y sin amigos, no creía necesario provocarle. Bueno pues a decir verdad me sorprendió mucho escucharla "haciendo trampa", Daniela la recta, la estudiosa, la típica chica de diez que no pasa los exámenes por que el esfuerzo propio no se comparte. Realmente me sorprendí, me cayó como balde de agua, de pronto todo lo que ella alguna vez me había dicho me importó y me enojé... cuando terminó de contar el cuento, yo ya sentía que era una persona completamente indigna de levantar acusaciones en contra de otros, la ví sentarse en su banquillo tan pulcramente como siempre y sentarse derechita con una sonrisa de ángel en la cara mientras el profesor maravillado le decía cuan bueno era su cuento.

Al día siguiente llevé mi libro de fábulas a la escuela, Daniela como siempre se sentó al lado de mi pupitre a decirme lo intrigada que le tenía el hecho que alguien como yo tuviera calificaciones tan buenas como las de ella, mientras escuchaba sus divagaciones intelectualoides llenas de cínica incertidumbre, saqué el libro de mi mochila, busqué el cuento titulado "El hombre más feliz del mundo", se lo mostré y con voz bajita asegurándome de que absolutamente nadie a excepción de ella me escuchara le dije: Felicidades! me da mucho gusto que hayas publicado tan rápido!... Daniela como era de esperarse se le quedo viendo al libro, me volteo a ver a mí, volteo a todos lados, me volvia a ver como esperando el momento en que yo la descubriera ante todos, pero gran fiasco se llevo, yo ya había guardado el libro y continúe haciendo los ejercicios de matemáticas que nos habían dejado para ese día. Me miró un rato y se fué. Nunca volví a escuchar una palabra de ella, je vaya que esos cuentos dejan moraleja.
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  • Plangman
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