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Publicado por CENTSOARER en el blog Un blog que se actualiza con cierta regularidad. Vistas: 119

Me dice el chaman "si quieres casarte con ella, tienes que probar que eres digno". Yo le pregunto qué hay que hacer y él me lo dice todo. Así que:

Corro muy presto hacia la cueva y activo mis ojos nocturnos, no es que vean en la oscuridad, sino que brillan tanto que alumbran todo. 'Pienso en la meta, el resto es fácil' Ah, recuerdo esa línea de Frank Miller y la adecuo a mis intereses. La cueva fue fácil en ese inicio pero mis ojos nocturnos no servirían para siempre; por fin encuentro la parte del agua. Me advirtió el viejo que si seguía iluminando así, terminaría ciego. Así que saco una lámpara mágica con forma de lámpara común de baterías tamaño "D" --ok, tal vez el anciano era un charlatán-- y la enciendo con cuidado de que el agua, que me llega al cuello, no vaya a llegar a tapar la lámpara y descomponerla, me dijo el brujo que estaba echa con base en elemento fuego y que sería imposible que resistiera bajo el agua más de un segundo, así que evité cualquier contacto con el agua y seguí caminando casi sumergido totalmente. Las ramas en mis pies eran lo peor, me atrapaban y me daban comezón, lograron unas ronchas tremendas en mi piel y comenzaron a reír en cuanto me soltaban, como si bromearan. La lámpara no me ayudaba mucho, pero el anciano insitió que debía llevarla, que la necesitaría, que su magia me serviría en un momento crucial. Me sumergí y levanté la mano de la lámpara cuidando que no entrara al líquido (sobra decir lo que sucedería si éste entrara a la lámpara).

*Silencio mezclado con movimientos bruscos de un brazo y piernas dentro de agua fría, peleando. Hojas que se mofan bajo el agua, burbujas de aire repletas de oxígeno que atrapaba y me guardaba en los bolsillos por si acaso. Pero silencio.*

¡Y salgo! Desafortunadamente me encuentro con otro obstáculo acuático. Éste es el peor porque no eran ramas que me sujetaban sino cabezas de sujetos desconocidos, verdes. En realidad eran también plantas, pero flotantes, las cuales tenían frutos con formas de cabezas humanas, era lo de mis ojos nocturnos porque precisamente necesitan de esa luz ocular para poder crear su alimento. La cara era perfecta con rasgos rectos pero naturales, el cabello era también bastante natural y acomodado, más oscuro que la "piel", los "ojos" de esas "cabezas" eran la parte (mas) macabra pues no decían nada, estaban fijos pero parecían fijos a mí, parecían que por sí mismos planeaban mordeme hasta comerme, digo, yo sólo podía ver cómo la corriente acercaba cabezas verdes directo a mi cara sin poder empujarlas antes de tenerlas frente a frente, dios mío, ¡algunas tenían bigotes y peinados sesenteros!

Cuando finalmente salí de la corriente adversa de pseudocabezas humanas verdes --que por cierto todas eran de varón-- siguió un pasillo en el cual había una rata sujeta a una roca por una pequeña cadena, era una winstar, la reconocí al instante. Pues bien, había una pared cerca que adquirió facciones humanas y me dijo que leyera el papel que estaba sobre el comal. "¡¿Sobre el comal?!" que le grito exagerando, y la cara desapareció. Entonces decidí que era buena hora entrar al comal, pues tenía los zapatos empapados y enlodados, por otra parte ¿quién había dicho que el comal estaba caliente? Era un comal gigantesco. Me metí al comal con la intención de que, expedito, iba a tomar esa nota que me daba las siguientes instrucciones, puse la lámpara en mi bolsillo del pantalón y corrí hacia mi objetivo. Cuando llegué quise recogerla y salir del comal lo más rápido posible, pero no: ¡la jodida nota estaba pegada! Con el impulso que llevaba y el repentino freno, se me cayó la lámpara y me dí cuenta al fín que sí era mágica, mierda, cayó por un agujerito del comal y encendió la leña. ¡Pinche viejo! Carajo, fue horrible el calor, ya deseaba que hubiera sido un presuntuoso. Así que me reincorporé presto y corrí a la nota que decía "prende la leña, mata la rata y sácale unas gotas de sangre, viértelas al tarro, la manguera hará el resto".

Tomo a la rata por la cabeza y le jalo la cola fuerte, le salen unas gotas de sangre por la boca y las aprovecho, me pregunto por qué no fue un tlacuache, y es que hubiera sido revelador, enigmático, prehispánico y más difícil. Vierto la sangre donde debía y va directo al comal, ésta se seca en él y por alguna suerte que no alcanzo a observar se abre la cámara final que tiene un anillo (jeje, de compromiso). Cuando tomo el anillo se abre ua ventana y salgo en un lado cercano de los mismos terrenos de la feria.


Lo crucé tres veces en mis sueños, para poder contarlo y aún así, se me olvidaron varios detalles.







Claro que las cabezas verdes son inolvidables, hasta las podría dibujar.
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