Continuación de Refugio Peligroso

Publicado por Cyshara en el blog CyShArA´s bLoG. Vistas: 112

-¿De veras? ¿Acaso no viajó usted con los padres de Inuyasha?-

-Oh, esta vez sí, pero, por supuesto, me quedaré. Nunca he estado lejos de Inuyasha. Estamos demasiado… entrelazados para separarnos por largo tiempo-

-Por supuesto- dijo Kagome con frialdad –Una vieja amiga de la familia. Sé muy bien lo que quiere darme a entender. Debe ser una tranquilidad para él. Es evidente cuanto disfruta de la compañía de usted-

Inuyasha parecía furioso; su rostro se ensombreció al darse cuenta que su esposa estaba charlando con Kikyo. Regresó de prisa y, después de bajar al suelo a Kurumi, le dio la mano a Kagome para dirigirse a una de las mesas.

-No sé que opine la novia- rechinando los dientes –Pero el novio tiene hambre-

-Siempre fuiste insaciable, Inuyasha-

El comentario de Kikyo propició una sonrisa forzada en el rostro del novio.

-Tu y yo nos conocemos muy bien, ¿no es verdad?- tomó de nuevo a su esposa del brazo y se la llevó, pero Kagome se dio cuenta de que esa mujer no buscaba solo amistad. Kikyo Fujisawa había pretendido casarse con Inuyasha y no iba a darse por vencida. Al parecer, consideraba el apresurado matrimonio con Kagome solo un pequeño impedimento.

Kagome se alegró de que la recepción terminara. Charló con personas que no volvería a ver, sonrió hasta que su cara se quedó rígida, y Kurumi se sentía intimidada por la gente. Kagome no encontraba a Sango y se tranquilizó al ver que hablaba con Inu Taisho; entonces le hizo una seña discreta. Inuyasha se había marchado a recoger el coche. Era hora de irse y ella lo esperó en el vestíbulo, con Kurumi acurrucada en su hombro.

-¿Por qué hiciste esto Inuyasha? Sabías que vendría a verte tan pronto te instalaras en Inglaterra. Nuestra pelea no tuvo importancia-

Kagome se detuvo de inmediato al oír la voz suplicante de Kikyo. Estaban parados en un hueco del vestíbulo, y la penumbra de una tarde nevada hizo a Kagome casi invisible para ellos.

-Tuvimos muchísimas peleas- aclaró Inuyasha irónico –Le última fue solo una mas, y no tuvo influencia alguna sobre mí-

-Influyó lo suficiente para que te apresuraras a casarte- Kikyo temblaba y estaba apunto de llorar –Solo por que te acostaste con ella…-

-Kagome es tan pura como la nieve- la interrumpió Inuyasha con evidente regocijo.

-¿Quieres darme a entender que es frígida? Lo aparenta con esa cara serena como de hielo, y ese horrible peinado de solterona. Es muy distinta a nosotros, querido-

-Ella tiene todo lo que deseo- la voz de él era tranquila.

-¡Una familia! ¡Eres un demonio! Igual que tu padre. Una familia es un magnífico escudo, ¿no es verdad?-

-Tienes una imaginación muy tormentosa, Kikyo-

-Lo suficiente para saber que desearas que yo esté cerca, y me quedaré aquí, Inuyasha. No voy a regresar a los Estados unidos- le arrojó los brazos al cuello, dándole un beso en los labios, e Inuyasha la apartó mientras reía con voz baja.

-Nunca imaginé que lo harías, Kikyo. Conozco todos tus movimientos, ¿crees que no lo esperaba?-

Kagome regresó con lentitud al concurrido salón. Kurumi estaba dormida y Kagome la estrechaba con fuerza entre sus brazos. En su fuero interno surgió un dolor que jamás había experimentado; los celos la torturaban. Buscó a Sango, con el deseo de que se fueran sin Inuyasha, mas era imposible.



La casa estaba preciosa. Inuyasha le había dado a Kagome mano libre para el amueblado, mas ella siguió los consejos de la bien conocida firma de diseñadores de interiores que él había contratado. Las antigüedades propiedad de ella y de Sango los habían impresionado, y poco a poco, mientras los días pasaban de prisa, la cabaña que durante tiempo fue su casa quedó vacía, y sus propios muebles fueron colocados entre los nuevos accesorios de la casa. Todo armonizó a la perfección, valió la pena el arduo trabajo de Kagome y, cuando regresaron a la casa que sería su hogar, la cara de Sango compensaba todo el esfuerzo.

-Es nuestro hogar- le susurró a Kagome, con lágrimas en los ojos –A papá le hubiera gustado mucho-

Mientras las dos hermanas se abrazaban, Inuyasha entró al vestíbulo con una mujer regordeta, de aspecto maternal.

-Kagome, te presento a Kaede, nuestra ama de llaves. Kaede, mi esposa Kagome y mi cuñada Sango-

Kagome pensaba que las sorpresas habían terminado, pero una vez más, su esposo la asombraba. Apenas tuvo tiempo de volver a la realidad y estrechar la mano extendida de la empleada, cuando Kaede se puso de cuclillas frente a Kurumi, con su amable cara arrugada por las sonrisas.

-Preciosa, pareces una pintura- le dijo, con amabilidad.

-Es Kurumi, nuestra hija- la información de Inuyasha era firme y, cuando Kagome le dirigió una mirada de asombro, entrecerró los ojos con visible regocijo.

-La niña se parece mucho a usted, señora Taisho. No así a su padre-

-En lo absoluto- contestó Kagome con ironía.

-¡Amén!- susurró Sango, y no obstante que la señora Kaede parecía un poco desconcertada. Inuyasha tenía una expresión de agrado.

-¿Puedo ir a mi dormitorio nuevo?- preguntó Kurumi mientras Kaede iba a la cocina a preparar el té, y Sango avanzó unos pasos con su entusiasmo acostumbrado.

-Yo también iré al mío, preciosa. Está junto al tuyo, pequeña. Ya están aquí todos tus juguetes. Quiero arreglar mi ropa-

Mientras subían la escalera, Kagome desvió la mirada hacia Inuyasha y le sorprendió mirándola de frente, con la boca contraída por la ironía

-¿Para que necesito un ama de llaves?- le preguntó con cierto desesperación
-En mi vida he tenido una-

-Te las arreglarás-le aseguró él –Te he visto salir airosa de la oficina llena de gente, incluyéndome a mí. Kaede parece ser muy dócil. Además, no estás aquí para convertirte en una esclava del hogar. Kurumi, Sango y yo te necesitamos. No queremos que trabajes demasiado. Eres la anfitriona, no la cocinera. Y además eres mi esposa-

La decisión con que hablaba propició que Kagome sintiera un escalofrío, y cuando le informó a Inuyasha que iría a su habitación para cambiarse de ropa, él subió la escalera junto a ella; sin duda iba en la misma dirección. Kagome no había estado en la casa por varios días. Desocupar la cabaña y sacar varios objetos de la bodega absorbió casi todo su tiempo antes de la boda, e Inuyasha se había ofrecido a dar los últimos toques.

-No se cual es mi dormitorio- reconoció ella, un poco nerviosa. De manera deliberada había dispuesto las habitaciones de Sango y Kurumi, mas aplazó sus propios planes, ya que le parecía incómodo discutirlo con Inuyasha. Ahora se sentía más avergonzada que nunca.

-Estamos aquí-Kagome se paró en el umbral, negándose a entrar, como una adolescente inexperta, mas la mano de su esposo en la parte trasera de su espalda la empujó hacia la enorme habitación que daba hacia los jardines del frente.

-No tengas miedo- le dijo con sequedad –Este es tu dormitorio. El mío está aquí- empujó las puertas de comunicación y Kagome echó un vistazo a la otra habitación, que daba hacia el frente.

-Me aseguraste que tendría mi propio dormitorio- comentó, mas él se paró frente a ella mirándola como si fuese una niña incapaz de controlar la lengua.

-Tienes propio dormitorio, Kagome. Este es. El mío está en la puerta contigua. ¿Quería que estuviera del otro lado de la casa y que durmiera en el armario de escobas? Estamos casados. Kaede te llamó hace unos minutos por tu nombre de casada. Estoy dispuesto a pasar por alto tus temores y preocupaciones, tu terror por los hombres, pero hasta cierto límite. No quiero parecer un idiota ni contrariar a Sango-

-¿Sango?-

-Tu hermana. Esa vivaz jovencita que está segura que nos amamos con locura. Pensar en su desilusión si te encontrara aquí completamente aislada. Si me viera desenredándome cada mañana del cuarto de cepillo y utensilios de limpieza, rompería a llorar-

-¡Muy gracioso!- replicó Kagome, mordaz –Sango no se enterara. No vendrá a mi habitación-

-Estás en un error. El pequeño círculo de la familia es muy estrecho para tener lugares inaccesibles. La única forma de que no entre es hacerle creer que esta también es mi habitación. De ahí mi decisión de estar en el cuarto contiguo. Se supone que nuestro arreglo es secreto, por lo que Sango no debe enterarse-

-¡Desde luego que no lo sabrá!- Kagome fingió enfado para ocultar sus dudas.
-Sin embargo, conozco a mi hermana, ¿Cuánto tiempo supones que le tomará descubrir que hay otra habitación… en la cual duermes tú?-

-Creerá que es la forma en la que duermen los millonarios- contestó él afable
-Quizá no lo descubra jamás. Existe la posibilidad de que cambiemos nuestros planes originales antes de que se entere, y los dos estaremos en la habitación contigua-

-¡Me hiciste una promesa!-

-¡Ah! ¡El regreso del terror! Te dije que jamás te obligaría a hacer algo que no quisieras-

-Jamás sería capaz de…-

La oración quedó sin concluir, pues los varoniles labios cubrieron los suyos al tiempo que la abrazaba con fuerza. Kagome luchó desesperadamente, a pesar de que su corazón latía con violencia. No por indignación, sino por celos. ¿Cuánto tiempo había pasado desde que Kikyo se había apretujado contra él, besándolo? El la abrazó con más fuerza, rodeándole los brazos; su mano se cerró de forma posesiva detrás de la cabeza de su esposa; sus labios no se separaron de los de ella, y Kagome dejó de luchar.

Permitió que él diera pequeños besos a lo largo del cuello y la mandíbula, y cuando Inuyasha posó de nuevo sus labios sobre los de ella, Kagome entreabrió la boca para complacerlo.

-¿De que no eres capaz Kagome?- preguntó él con aire de triunfo –Todo lo que tiene que hacer es dejar que se derrita el hielo-

Ella parecía incapaz de hacer otra cosa que no fuera mirarlo a los ojos; un gemido escapó de sus labios entreabiertos cuando la varonil mano le acarició un seno con calidez y posesión.

Un escalofrío dulce, doloroso y emocionante parecía recorrer todo el cuerpo de Kagome, y sus ojos se cerraron en legítima defensa, ya que no había otra manera de evadirlo… su cuerpo se negaba a moverse.
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