Continuación de Refugio Peligroso

Publicado por Cyshara en el blog CyShArA´s bLoG. Vistas: 96

Las crueles manos la lastimaban, dañando su piel, y ella luchaba haciendo un esfuerzo por no gritar. Si gritaba, Sango acudiría de inmediato y podría salir dañada también.

-¡No! ¡No! ¡Déjame ir!- exclamaba con voz entrecortada al tiempo que daba patadas. Trataba de liberarse de las manos que la lastimaban, y sólo conseguía que su agresor se enfureciera más; su peso se hacía intolerable, aumentando su pánico, asfixiándola -¡No!- cuando levantó la voz, él la golpeó, hiriéndole el brazo, y al oírla gritar de dolor, la apretó con más fuerza.

-¡Kagome! ¡Kagome! ¡Despierta!-

Fue como luchar dentro de un cueva oscura; la repentina voz aumentó su terror; luchaba de manera irreflexiva. Sus ojos se negaron a abrirse y entonces alguien la sacudió.

-¡Kagome! Abre los ojos ¡Despierta!-
Al abrir los ojos, la luz la cegó; las lágrimas corrían por su pálido rostro.

-¿Inuyasha?- lo miró desconcertada, mas no pudo controlar el llanto. La puerta de comunicación estaba abierta de par en par e Inuyasha estaba sentado a su lado, sus manos sobre los brazos de su esposa.

-Tuviste una pesadilla. Te oí luchar y decir algo entre dientes y, al venir para acá, escuché ese grito horrendo- después de soltarla, se pasó la mano por el cabello –Creí que te estaban violando-

Ella se mordió el labio para controlar las lágrimas, por fortuna él no la veía.

-Fue… un sueño-

-Esa es una declaración incompleta- la miró con gesto torcido y ella en ese momento comenzó a enfocarlo. Era la primera vez que lo veía con bata y apartó de prisa la mirada para evitar enfrentarse con aquellos ojos grises.

-Si te sientes bien, me voy- su voz había recuperado la frialdad cuando se puso de pie, dispuesto a dejarla sola -¿Quieres beber algo?-

-Sí. Voy… a levantarme para preparar una taza de té. Necesito pasearme un poco y… y…-

-No trates de fingir. ¿Dónde está tu bata?- al verla sobre un silla, extendió la mano –Después de esto, creo que yo necesito algo más fuerte que el té. Bajaré contigo-

La esperó de pie y ella se levantó de la cama para ponerse la bata que él le entregó. Aún temblaba a causa de la pesadilla. Estaba demasiado agradecida por la presencia de Inuyasha como para sentir aprensiones, y el hecho de que su camisón fuera transparente y los tirantes del grueso de un listón, parecía no importarle.

-¿Qué es esto?- Inuyasha se detuvo en el momento en que ella estaba a punto de cubrirse los hombros con la bata; su dedo hizo un trazo sobre la pequeña pero profunda cicatriz a lo largo de la parte de arriba del brazo. El poder del sueño había sido tal que Kagome hizo una mueca como si aún le doliera –Es una vieja cicatriz. ¿Te duele?-

-No. Desde… desde luego que no-

-¿Entonces por que hiciste esa mueca de dolor?-

La volvió hacia él al no obtener respuesta; sus ojos la miraban con atención.

-¿Fue parte del sueño? ¿Te hizo Aikawa esa cicatriz?-
Kagome inclinó la cabeza al tiempo que se acomodaba la bata alrededor de su esbelta cintura… no soportaba mirar esos penetrantes ojos.

-¿Kagome?-
El tono le indicó que no estaba dispuesto a que lo engañara, y ella respiró con fuerza.

-Fue un anillo. El tenía un anillo en la mano derecho, un… un anillo ancho con piedras. Un diseño puntiagudo-

-¿Y?- sus manos estaban colocadas detrás de los hombros de Kagome, y las tensó cuando ella guardó silencio.

-El anillo se me enterró. Supongo… que fue un accidente-

-¿Un accidente?- le levantó la cara, obligándola a ver la ira en la suya –Te estaba golpeando. De eso se trataba la pesadilla. ¿Utilizó, el dorso de la mano o el puño?-

-El puño- susurró ella; el estremecimiento comenzó de nuevo en el momento en que volvió a vivir el sueño y la pesadilla del pasado –Sólo grité cuando el anillo me lastimó de forma insoportable por que… por que Sango hubiera acudido y… el podría haberla…- las lágrimas de nuevo comenzaron a bañarle la cara y el la estrechó con fuerza en sus brazos.

-¿Por qué no maté a ese maldito cuando vino esta mañana?- Rechinó los dientes -¡Lo encontraré y…!-

-¡No! ¡No, Inuyasha, por favor!- estaba tan angustiada por las amenazas de su esposo, que sin pensarlo lo abrazó por la cintura mientras Inuyasha la acercaba hacia él –Sucedió hace mucho tiempo. Lo único que me importa es la seguridad de Kurumi. Ni siquiera deseo pensar en Bancotsu-

Ella escondió la cara sobre el pecho de su esposo, sin dejar de llorar, mas él le levantó el mentón y con el otro brazo la estrechó.

-¡Pero piensas en él! Incluso aparece en tus sueños, asustándote, torturándote. ¿Crees que voy a dejarlo en paz?-

-¡Por favor, Inuyasha!- lo miró con los ojos llenos de lágrimas y el frunció el entrecejo.

-Me dejas indefenso… ¿eres consiente de ello? No puedo actuar ni protegerte como quisiera, por que nada de esto es verdadero. Aunque esté casado contigo, te dejé el derecho de que manejaras tu vida, incluso en lo relacionado con Aikawa. ¡Cielos, Kagome! Nunca hubiera hecho esto con ninguna otra mujer-

Kagome levantó la vista, sus mejillas brillaban por las lágrimas y él la miró airadamente al tiempo que le susurraba palabras de frustración, y le dio un beso en la boca.

No fue un beso suave. Su rabia y frustración se tradujeron en crueldad en su boca, misma que no estaba ahí cuando la besó con anterioridad. No obstante, este beso se convirtió en un sentimiento de sosiego, alejando de inmediato la pesadilla de la mente de Kagome. I8nvadida de deseo, ella se acercó más a él, movimiento que pareció ubicarlo en la realidad.
Levantó la cabeza, dándole la oportunidad de apartarse de él.

-Discúlpame, Kagome. Discúlpame- susurró –El cielo es testigo de que ya has sufrido demasiada crueldad- la miró con arrepentimiento, pero Kagome abrió los ojos de par en par, extasiada, y después de cerrarlos se tambaleó entre sus brazos.

-¿Kagome?- apretándola con fuerza, susurró su nombre -¿Kagome?-

No podía contestarle. Aunque estaba temerosa de sus propios actos, sus dedos apretaron la bata de Inuyasha, y aceptó ávidamente su beso.
En segundos se ausentaron de la realidad, buscándose uno al otro con avidez. Kagome le devolvía los besos furiosamente, abrazándolo con toda su fuerza, y mientras arqueaba la espalda le envolvía el cuello con los brazos; los labios masculinos de desplazaban sobre su cuello, y se acurrucaban sobre los turgentes senos cubiertos con el encaje del camisón. Con respiración pesada e irregular, Inuyasha percibía en perfume de Kagome; su cuerpo estaba alerta al menor sonido, al menor gemido de placer que ella emitiera.
Volvió a besarle la boca hasta marearla de emoción.

-No puedo dejar que te vayas, no esta vez. Te deseo, Kagome. Te deseo demasiado como para dejarte ir- le susurró y el antiguo temor de Kagome apareció, mas su cuerpo estaba apretado contra el de su esposo, y cuando él le deslizó la mano por la espalda para moldearla a su vibrante deseo, el miedo la abandonó. Lo único importante ahora, era el sentimiento de que él generaba dentro de ella, este dolor de sumergirse en él.
Kagome le acercó las caderas; su respiración era una súplica, e Inuyasha le quitó la bata y sus labios se fundieron con los de ella. El aire fresco acarició la piel femenina en el momento en que el camisón cayó al suelo. En vez de asustarse, Kagome se acercó más a él en un arrebato de emoción.

-Kagome, eres tan suave… tan hermosa…- le rozó los labios con la lengua antes de introducírsela en la boca, explorando con urgencia aquel dulzor. Le acarició un pezón hasta que ella se estremeció dentro de sus brazos, jadeando de deseo.
Kagome había perdido por completo el control, estaba enloquecida con las caricias, era una criatura temblorosa, ansiosa, que los brazos varoniles tuvieron que someter; gritos amortiguados escapaban de su garganta para enloquecerlo.

-Sí, mi amor-

Su voz se había enronquecido e incluso cuando la colocó sobre la cama, Kagome se aferró a él, abrumada; su cuerpo anhelaba tenerlo cerca, cuando Inuyasha se apartó de ella un instante para quitarse la bata.

-No voy a dejarte- susurró con voz ronca y volvió a abrazarla -Acércate-

Estaba atrapada entre dos mundos, su cuerpo ansiaba el de él, y al sentir su piel contra la propia se estremecía. Mas su mente la amonestaba. No podía hacer esto, ya que era una mujer incapaz de hacer el amor, frígida. Un sollozo se detuvo en su garganta, un sonido de agonía cuando sintió que su cuerpo también se quedaba frígido; el temor estaba a punto de ganar la batalla. Apartó la cara e Inuyasha le levantó la cabeza.

-Kagome ¡no me abandones ahora! Nos deseamos. Es algo maravilloso- dijo él, incrédulo.

-¡No puedo! No… puedo- las palabras escaparon de su boca y el repentino coraje de él desapareció al oír la voz.

-¿Estás llorando? ¿Te lastimé? ¡Por favor, mírame!- le suplicó él. Kagome sacudió la cabeza, manteniendo los ojos cerrados, la vergüenza cubría su cuerpo.

-No… no puedo ir más lejos. Lo siento, Inuyasha. La culpa es mía-

-Hace unos minutos me deseabas- le dijo él con voz ronca –Hace un minuto eras la mujer más ardiente y apasionada que he tenido en mis brazos. Estabas dispuesta a ser mía-

-Lo sé. Estaba completamente segura, mas ahora soy consiente de que no puedo. Nunca podré… soy frígida, Inuyasha. Me fue fácil aceptar el tipo de matrimonio que me propusiste, por que soy completamente insensible-

-¿Insensible?- asombrado, le acarició la cara con suavidad, no obstante le temblaban los dedos -¿De verdad? ¿Quién te dijo eso? ¿Aikawa?-

-Sí. Pero, de todos modos, lo sabía. Nunca quise que me tocara. Tampoco permití que se acercara… digamos… de esta manera, y cuando nos casamos… ¡No… pude! Fue terrible. Me repugnaba-

-Y él te obligó-

-Sí- las lágrimas rodaron por su cara, la vergüenza la abrumaba. Jamás podría mirarlo de nuevo, ahora que estaba al tanto de su absoluta degradación.
  • *Kurayami*
  • Cyshara
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