conti hentai de aguas cristalinas

Publicado por Ewilan en el blog gaby. Vistas: 201

Inuyasha le enmarcó la cara entre las palmas de las manos, bajó la cabeza y poso la boca en la suya. Lo que la sorprendió fue la dulzura, la exigencia calmosa apenas algo más que el roce de labios. Había maestría en el beso, una promesa de cosas por llegar, aunque los labios de Inuyasha eran tan suaves que parecieron fundirse con los suyos, mezclarse y finalmente entregarse a una unión perfecta.
Un calor lento la envolvió. La calidez se deslizó en su estómago y se filtro en sus extremidades hasta poseerla. El beso se prolongó; fue un beso persuasivo, amoroso, anestesiante, que daba y cogía, y que parecía no tener fin. Inuyasha le separó los labios provocativamente y deslizó la lengua en su boca, y Kagome sintió un vacío en el estómago. Sus senos se hincharon bajo la blusa y se le endurecieron los pezones allí donde rozaba con la tela.
La lengua de Inuyasha se entrelazó con la suya, y el calor la bañó. Ora la besaba de una manera, ora de otra. Kagome se aferró a la camisa de Inuyasha y le devolvió el beso. Inuyasha gruño en la boca y la rodeó con sus brazos. La besó con más intensidad aun, y Kagome empezó a temblar por todo el cuerpo.
Inuyasha la recostó en la cama y lentamente le fue quitando la ropa. Se separó para contemplarla, y Kagome sintió el calor de su mirada abrasándola en su interior. Resistió el impulso de cubrirse aunque a duras penas. Inuyasha volvió a basarla. Luego recorrió su barbilla con los labios, y ella sintió la calidez de el en la pie, debajo de la oreja, la fluidez de los besos calientes y húmedos a lo largo del cuello y del hombro. Una de las manos de Inuyasha se ahuecó sobre uno de sus pechos turgentes y lo acarició.
La inundó una oleada de placer tal que se le erizó el vello. Inuyasha inclinó la cabeza y siguió con sus besos hasta alcanzar los senos de Kagome; le lamió uno y el fuego que había prendido en ella se convirtió en ardiente llamarada.
Kagome hecho la cabeza hacia atrás, le dejó expedito el camino hacia sus senos. Inuyasha se ocupó primero de uno y luego de otro; los chupó lo lamió y mordisqueó sus pezones. Dejó que se hincharan dolorosamente y a Kagome, con el cuerpo rebosante de un sedeo vehemente hasta entonces desconocido, le latió el corazón con furia.
Kago: Inu…yasha-susurró
Deslizó sus manos temblorosas por debajo de la camisa de el desesperada por acariciarlo de igual modo. Inuyasha bajó los brazos, se quitó la camisa por la cabeza y la tiró lejos. Volvió a besarla y sus manos acariciaron su cuerpo, bajando poco a poco hasta posarse en aquel femenino lugar hecho para recibirlo. Kagome se percató de que estaba humada cuando el empezó a tocarla. Pensó que se movería para poseerla pero Inuyasha empezó a acariciarla, a separarle los pliegues de su sexo, despacio y con suavidad, para acabar penetrando la profundamente con los dedos, que se deslizaban en su interior una y otra vez.
Inuyasha empezó a quitarse los pantalones y los boxes. Cuando se puso en cima de ella, le separó los músculos con una rodilla y se colocó entre sus piernas.
Inuyasha volvió a besarla y empujó la lengua por dentro de la boca al mismo tiempo que se introducía en ella.
El cuerpo de Kagome se contrajo, tensándose de dolor, y un grito se le escapó por la garganta. Inuyasha la beso con más intensidad y no siguió hasta que ella empezó a devolverle el beso. Poco después empezó a moverse sobre ella entrando y saliendo de su cuerpo una y otra vez con lentitud y suavidad, con los músculos en tensión, alargando el placer, sus movimientos se fueron haciendo cada vez más rápidos y, flexionando las caderas, se hundió aun más en su sexo. El ritmo aumentó, envolviéndola, y el pesado entrar y salir, y la plenitud y la presión que sentía en su útero, y el calor y la necesidad, todo, la sumió en una insoportable sensación de apremio.
De repente su cuerpo se tensó, y una oleada de calor la desgarró de pies a cabeza. Pequeños escalofríos le estremecieron la piel.
Se mordió el labio cuando, con una dulzura nunca imaginada, el placer se le asentó el cuerpo. Se aferró al cuello de Inuyasha mientras este palpitaba en su interior, poseyéndola con una fuerza inusitada, incapaz de detenerse. Sintió eyaculaba en su interior.
Hubo un prolongado silencio durante el cual ninguno de los dos habló. Al final apaciguados los latidos de los corazones, Inuyasha se movió ligeramente sobre el colchón y se tumbó al lado de Kagome y la abrazó.
Inu: Te amo
Kago: Y yo a ti
Poco después Inuyasha oyó el ritmo lento y pausado de la respiración de Kagome y se dio cuenta de que se había dormido en sus brazos. Entonces tiró con mucho cuidado de la sábana y cerro los ojos a su vez, dejándose invadir por un sueño dulce y relajante, el mejor que había tenido en mucho tiempo.
Necesitas tener sesión iniciada para dejar un comentario