Amor perruno.

Publicado por Diderot en el blog Heaven's Gate.. Vistas: 163

Pues verán, yo tengo un perro hosky llamado Lobo que actualmente vive en el patio de mi casa y cuya edad no pasa más alla de los 10 años. Le gusta salir a la calle y olfatear a la gente que pasa, nunca mordiendo, y correr por ahí espantándo palomas y pequeños niños brabucones. Es un perro grande y rebelde y no fue hasta hoy cuando me di cuenta de lo sentimental que puede llegar a ser.

A sabiendas de que Lobo es muy famoso y muy querido por la sociedad, no nos sorprendió ver que un hombre se interesó por el animal. Nos dijo que él tenía una perrita de la misma raza y que quería ver si podíamos cruzar nuestro perro con el suyo. Accedimos con gusto, pues rara vez Lobo tenía la oportunidad...interactuar, con hembras de su misma raza. Un día después, el sujeto nos trajo a la casa a Bárbara.

Quién hubiera pensado que en cuanto Bárbara apareciera en el campo de vista del Lobo, los ojos de éste se transformarían en un par de corazones grandes y rosados y que su lengua se desenrrollaría e iría a parar al suelo. Mi perro comenzó a convulsionar de emoción mientras nosotres nos esforzabamos por sacar a la perra al patio de atrás. Casi inmediatamente después de que la sacaramos se inició una pelea a causa de la inpertinencia del Lobo por querer oler a Bárbara por donde no. Sólo fueron un par de mordiscos y gruñidos por parte de la perra, algo que no menguó el interés del Lobo por la atractiva Hosky.

Pero con el tiempo supimos que las cosas no iban nada bien. Bárbara resultó ser un fiereza dispuesta a defender su espacio personal con todo, sin importar si tenía que lastimar o no a su enamorado para lograrlo. Si al Lobo se le ocurría siquiera posar una pata sobre su lomo, no dudaría en comenzar una pelea. Las tardes eran un constante dolor de cabeza, la peluda pareja no paraba de reñir y sus ladridos levantaron las quejas de mis vecinos y mi familia. Bárbara no quería cerca al Lobo, pero él no se iba a dar por vencido.

Fue hoy en la mañana cuando pasó algo terrible. De alguna forma, Bárbara logró cruzarse al patio del vecino en busca de un lugar alejado del Lobo. Cruzó la barda que dividía al patio del vecino al exterior y logró escapar hacia la calles de la ciudad. No la hemos visto desde entonces.

Lo que me conmueve es lo que está pasando ahora en este preciso momento. El Lobo, mi podre animal con el corazón partido, no para de aullar. Ahuya como un auténtico lobo, un alarido largo y agudo que claramente denota un sentimiento de tristeza absoluta. Mi pobre perro, sé como se siente que te rechasen. Es duro, sí, pero lo superarás. Mientras tanto, sigue, sigue aullando a la luna y desahoga esa frustración tuya de un amor que no pudo ser, pues es esa sensación la que hace valer la pena el amor.
  • Pauly Hajiwara
  • Diderot
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