Ahor y Mina Lovercraft

Publicado por Likhuh en el blog La forja de historias. Vistas: 162

Holaaaa!! Hoy os dejo con otra en base a los dibujos de MioRose, pero este no creo que lo valláis a entender ya que está basado en el mundo del foro de rol Reino Etéreo () Pero igualmente, si lo leéis, espero que os guste!! (aunque yo la verdad no estoy totalmente convencido del relato :S, no me termina de gustar)


Ashor y Mina Lovercraft

Nunca voy a olvidar su mirada. Dudo que él me olvide nunca, pues aún el destino nos mantiene unidos en la escuela, yo soy la enfermera y él el jefe de Darglace: luchador curtido en batallas, jefe duro y temido, pero ante todo, una persona capaz de amar. Quizás haya sido la única, quizás no sea verdad y lo que cuente ahora sea sólo el recuerdo imaginado de la mente perturbada de una vieja loca, quizás, pero me siento en necesidad de contar la que creo la verdad.

Hace diez años de esto. Él era joven e inexperto pero ya se atisbaba en él la chispa de la fortaleza y poder que hoy tiene: Era un jefe íntegro, un jugador inteligente y un emperador nato. Era el jefe de un grupo de darglaces que luchaban contra la opresión de la oscuridad y en todas las batallas era él quien soplaba ávidamente el cuerno de la victoria, pues no perdió nunca.

En lo personal era un hombre divertido y pícaro, no le importaban los sentimientos y las mujeres sólo eran para él guerreras de su tropa. Muy pocas veces se le vio acompañado de damas, y en esos casos era siempre para satisfacer sus necesidades biológicas. Fue y es siempre así, pero en toda regla existe una excepción y en este caso, fui yo.

Yo era la enfermera de la tropa, Mina Lovercraft, era tharagon y no darglace, pero mi gran fama en la medicina me hizo un hueco entre los grandes imperios, convirtiéndome así, en la enfermera del imperio de Darglace. Él traía personalmente a los pocos heridos e iba a diario a ver su recuperación, es por eso quizás que empezamos a vernos a diario y acostumbrándonos el uno al otro de tal manera que no podíamos pasar un día sin vernos.


Al principio intercambiábamos monosílabos y frases cortas que luego acabaron acompañados de sonrisas, de miradas y de palabras de afecto. Todo pasó muy deprisa y casi sin darme cuenta comprobé que estaba enamorada, que soñaba con la mirada de sus ojos grises y con su pelo azulado encima de mi cuerpo, pero más sorprendente fue cuando un día, aún no recuerdo muy bien cómo, nuestros labios se rozaron y disfruté muchísimo con el contacto. Aquello se volvió a repetir una y otra vez, hasta que ya sentía que la pasión se me desataba cuando él se acercaba. Que deseaba beber de él cuando sentía su olor almizclado, que me ruborizaba con solo ver sus ojos grises, que cuando nuestros labios se rozaban la lujuria era tan fuerte que ya no sólo deseaba besarle, pero todo aquello duró poco, me fui. Quizás temía no poder desengancharme de él, quizás lo que temía es que alguien se diera cuenta y me usaran en su contra, quizás solo deseaba ser egoísta y no sufrir, quizás, pero me fui. Pasaron muchos años antes de que volviéramos a encontrarnos. Se fundó una nueva escuela a la que llamaron Escuela del Reino Etéreo para que cualquiera de los habitantes de los cuatro reinos pudiera alcanzar la gloria. Me contrataron como la enfermera del colegio y él, como jefe de los Darglace, debía estar en la escuela. Sé que me reconoció y sé que me recuerda, pero desde entonces empezamos desde cero, él hizo como si no me conociera y ahora evita el contacto. No quiere recaer, teme no poder desengancharse.


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