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Publicado por Aoshi en el blog [The LionHeart]. Vistas: 76

Anoche me levanté, intentando aceptar todo lo que me pasaba en mi vida. Suspiré, conteniendo la pena y las lagrimas acumuladas. Reí, tan fuerte que parecía de aquellas carcajadas llenas de sentimientos que ni siquiera eran los que yo creía, si no que eran simplemente una forma de darme ánimos en los momentos que estaba viviendo. Cerré mis ojos, y allí me encontraba, sin ninguna razón aparente para seguir viviendo. Los abrí, y me mantuve de pie, mientras mis ojos se aguaban y de ellos podría vérseles un resplandor que nunca antes se había visto. Entré, vertiginosamente, al baño, intentando allí manifestar que todo lo que estaba ocurriendo era una simple cosa del destino, pero cuando vi el espejo, no veía una persona feliz, no veía una persona plena, con aquellos recuerdos que te marcan para toda la vida, si no que simplemente veía a una persona con una sonrisa fingida, apretando sus nudillos, respirando raudo y sin siquiera poder contenerse en ese momento. ¿Esa era mi vida? ¿¿Luchar contra todo sin tener una luz de aquel puente que la gente llamaba vida?? Di un golpe tan fuerte que rompí el cristal del espejo, sin importarme de que de mi mano brotara sangre. La sangre y el dolor no se asimilaban con todo lo que me había pasado en la vida. Grité, y rápidamente comencé a extraerme los pedazos de vidrio que tenía incrustados en mi mano, observándolos, y creyendo que allí había una forma de poder demostrar que los sentimientos que en mi vida no había demostrado, podían ver la luz. Comencé a respirar, rápidamente, como si estuviese en los últimos segundos de mi vida, intentando comprender el porqué de todo lo ocurrido. Y sin más, di otro golpe. Era estúpido. Intentaba comprender todo simplemente haciendo mierda mi cuerpo, sin importarme quién era ni quien fui. Caminé, salí de aquel baño cubierto por los pedazos de vidrio y la sangre que había goteado de mi mano. El dolor me podía, pero aún así me acosté, lentamente, cerrando mis ojos esperando que todo no fuese más que una pesadilla. Pero no pude dormir, ya no podía más, por lo que rápidamente me curé la mano con ayuda de mi hermano que me preguntaba qué pasaba y yo sólo le respondía que me había cortado con un vaso porque no tenía la valentía de decirle que soy una persona que recién estaba descubriendo recién como realmente era. Volví a acostarme, finalmente me quedé dormido, y me levanté en un mar de sangre. No de aquella sangre que brotaba de mi mano, si no la que salía de mi corazón con los sentimientos desafortunados que me habían llevado a sentir la mayor pena de mi vida. Sonreí, esta vez de forma sincera, creyendo que todo estaría bien. Me fui al baño, busqué la sangre, pero no se encontraba nada. Todo había sido limpiado tal como yo me limpié de mis pecados y de mi forma de ser que me catapultó a ser la persona que no quería pensar, pero sí actuar.
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