1ª conti hentai d Enmascarados

Publicado por Ewilan en el blog gaby. Vistas: 150

El desconocido volvió a acercarse a ella y acarició sus pechos, provocando con aquel contacto que sus pezones se endurecieran y su piel se erizara por el deseo. De sus labios escapó un gemido de placer al que él respondió con una gruñido. Bajó hasta su entrepierna y la acarició con sus dedos notando como se empapaban de su humedad. Él volvió a gruñir, parecía que aquello le había complacido. Ella se había sentido preparada para él desde el momento que lo vió, pero él no lo habia sabido hasta aquel instante.

Tan rápidamente que a ella le pareció que ni siquiera le había soltado, él se deshizo de sus pantalones, dejando libre el duro sexo. Alzándola con facilidad, ambos se sumergiron en el pequeño y artificial lago de agua templada, que dió la bienvenida a aquellos cuerpos sedientos de placer. La depositó en una piedra grande y plana, semejante a un altar de una religión pagana, justo debajo de la cascada, y el chorro del agua cristalina le masajeó todo el cuerpo en un instante. Se relajó allí tumbada mientras él volvía a devorarla con los ojos. En aquella posición ella estaba justo a la altura de la cadera de él. Unos segundos después, ella agarró su duro miembro y con la otra comenzó a acariciar su propio cuerpo, empezando por sus pechos y terminando en su hambriento sexo, incitándole, invitándole a que la poseyera. Él, por el contrario, no permitió que ella llevara la iniciativa, y tomó el control rodeándo con su propia mano la que ella usaba para acariciarle el sexo. Comenzó a demandar con movimientos, que lo masturbara lentamente, marcándo el ritmo deseado. Ella deseando también esa caricia que él por el momento no le proporcionaba, dirijió su mano libre hacia el centro de su placer, buscando consuelo. Ayudada por dos dedos, separó los labios que guardaban su clítoris y movió su cuerpo de forma que uno de los chorros de agua cayera directamente en él, consiguiendo así una ininterrumpida fuente de gozo. Mientras él llegaba a su climax, ella gozaba con los espasmos de placer que notaba en su propio sexo.

Unos minutos más tarde cuando los dos ya se había recuperado y la respiración volvía a ser normal. Él la besó apasionadamente, introduciéndo su lengua en la boca de ella y explorando con ella todo su interior. Ella paladeó su sabor, era dulce como el almibar, y enseguida volvió a desearlo. Él, sintiendo el renovado deseo de ella, encaminó su boca hacia uno de sus pechos. Lamió, succionó, mordisqueó a placer hasta que a ella le dolieron los pezones de tan duros como los notaba. Los labios y la lengua de él siguieron su camino hasta la entrepierna de ella, donde se hundió para saborearla. Ella tomó con sus manos su cabeza por entre sus rodillas dobladas, apretando su lengua contra el sexo. Él respondió a aquello metiendo sus manos debajo de su trasero para alzarla y así conseguir un acceso más fácil y cómodo. La lamió y besó hasta que ella creyó que no podría soportarlo más. Él notó inmediatamente que ella le necesitaba dentro de sí. La agarró por los tobillos y tiró fuertemente de ella hasta que se hayó entre sus piernas. Introdujo su virilidad en el sexo de ella de un embate fuerte y certero. Aquella invasión rápida y no esperada hizo que ella soltara un sonoro gemido de placer. Sujetándola por las caderas, el desconocido comenzó a moverse dentro de ella primero lentamente para después ir acelerando la marcha hasta que notó que ella comenzaba a notar su climax. No dejó que aquello ocurriera, a los primeros indicios de que los gemidos acrecentaban, él se retiró y agachó su cabeza hasta meter la lengua en su ombligo, esperando a que ella se calmara. Después volvió a penetrarla de nuevo de un fuerte tirón y siguió con los movimientos lentos, dejando que toda la longitud de su miembro la acariciara por dentro. La intensidad del placer de ella volvió a llegar a la cima pero esta vez con más fuerza. Ella, imaginando que él volvería a esperar a que ella se relajara, irguió su cuerpo y le agarró las muñecas que él tenía en sus caderas, impidiendo así su retirada. Pero vió en los ojos de él que nisiquiera lo había pensado y la desarmó con una atractiva y pícara sonrisa. Los dos gemían demandando así más de parte del otro. Ella alcanzó la cumbre del placer, como nunca antes lo había sentido. Él aceleró los movimiento y también llegó al orgasmo, mientras echaba la cabeza hacia atrás y soltaba un rugido que la hizo temblar de gozo.

Cansada y totalmente satisfecha volvió a tumbarse sobre la fresca piedra y cerró los ojos mientras respiraba trabajosamente. Justo después de haberse recuperado los abrió. Él había desaparecido. Lo buscó con la mirada por todos los rincones del lugar sin éxito. No logró localizarlo. La había dejado allí, tumbada, reponiendose del sexo compartido mientras se marchaba. Se apoyó sobre un codo. Así debía ser. Volvería al año siguiente con la esperanza de encontrarlo de nuevo. Mientras su cuerpo debería añorarlo para que así su próximo encuentro fuera todavía más explosivo si era posible.
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