¡Monos!

Publicado por Viktor en el blog a blog of storm and fire. Vistas: 106

Me gustan los monos.

La tienda de mascotas los estaba vendiendo muy baratos. Pensé que era raro ya que normalmente son bastante costosos. Decidí que a caballo regalado no se le mira el diente. Compré 200. Me gustan los monos.

Llevé mis 200 monos a casa. Tengo un gran auto. Dejé que uno de ellos conduciera. Su nombre era Sigmund. Él era un retardado. De hecho, ninguno de ellos era realmente brillante. Ellos seguían pegándose entre ellos en sus genitales. Reí. Luego ellos me pegaron en mis genitales.

Dejé de reír.

Los mandé a mi habitación. Ellos no se adaptaron muy bien a su entorno. Ellos querían chillar, lanzarse unos a otros arriba del sofá a altas velocidades y chocar con la muralla. A pesar de ser divertido al principio, el espectáculo perdió su sentido en la tercera hora.

Dos horas después encontré por qué los monos eran tan baratos: todos murieron. Sin razón aparente. Ellos estaban tirados, muertos. Como cuando compras un pececito y se muere cinco horas después. Malditos monos baratos.

No sabía que hacer. Había 200 monos muertos tirados en mi habitación, en mi cama, en el vestidor, colgados en la estantería. Parece que tenía doscientas alfombrillas.

Intenté tirar uno por el inodoro. No funcionó. Quedó atascado. Ahora tenía un mono muerto y mojado y 199 monos muertos y secos.

Intenté pretender que sólo eran animales disecados. Funcionó por un momento, hasta que empezaron a descomponerse. Empezó a holer realmente mal.

Deseaba ir al baño, pero había un mono muerto en el inodoro y no quería llamar al plomero. Estaba avergonzado.

Intenté disminuir su composición congelándolos. Desafortunadamente había sólo espacio suficiente para dos monos a la vez por lo que tenía que cambiarlos cada 30 segundos. Además tuve que comer toda la comida en el refrigerador para que no se pusiera mala.

Intenté quemarlo. Poco sabía que mi cama era inflamable. Tuve que extinguir el fuego.

Entonces tenía un mono muerto mojado en el retrete, dos monos muertos congelados en mi refrigerador y 197 monos muertos carbonizados en mi cama. El olor no estaba mejorando.

Me sentí agitado ante mi incapacidad de deshacerme de mis monos y de usar el baño. Severamente le pegué a uno de mis monos. Me sentí mejor.

Intenté tirarlos, pero el hombre de la basura dijo que la ciudad no estaba permitida para deshacerce de primates carbonizados. Le dije que tenía uno mojado. Él tampoco podía tomarlo. No me molesté en preguntarle sobre los congelados.

Finalmente llegué a mi solución. Los regalé como obsequios de navidad. Mis amigos no sabían que decir. Pretendían que les gustaban pero puedo decir que estaban mintiendo. Ingratos. Entonces les pegué en los genitales.

Me gustan los monos.
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